NCI medNews

"Nutrición" is redistributed by University of Bonn, Medical Center

Nutrición

208/04467

Get this document via a secure connection


Descripcion
Efectos Del Tumor
Efecto De Las Terapias Del Cancer
Efectos Psicosociales
Evaluacion De La Nutricion
Pautas Generales De Control
Apoyo Enteral / Parenteral


CancerMail del Instituto Nacional del Cáncer


Información del PDQ para profesionales de la salud


Importante: La presente información está dirigida principalmente al personal médico y otros profesionales de la salud. Si usted tiene alguna pregunta relacionada al tema, puede preguntarle a su médico, comunicarse con el Servicio de Información del Cáncer al 1-800-4-CANCER (1-800-422-6237)

DESCRIPCION

La incapacidad de mantener un buen estado de nutrición es un problema particularmente común entre las personas con cáncer. El proceso de la enfermedad y su tratamiento pueden llevar a la desnutrición proteica calórica severa, el cual es el síndrome paraneoplásico o diagnóstico secundario más común en el paciente con cáncer. Es una causa principal de morbilidad y mortalidad. La desnutrición proteica calórica existe cuando la ingestión de macronutrientes es inadecuada para satisfacer los requisitos metabólicos. Puede resultar desgaste progresivo, debilidad, decaimiento, compromiso de la función inmune, posible intolerancia a la terapia y por último la muerte.

La anorexia, la pérdida del apetito o del deseo de comer, es el síntoma más común entre las personas con cáncer, esta cual puede ocurrir al principio del proceso de la enfermedad o más tarde a medida que el tumor crece y hace metástasis.[1] La anorexia está presente en un 15% a 25% de todos los pacientes con cáncer en el momento del diagnóstico y es casi universal entre los pacientes con enfermedad metastática amplia.[2,3] La anorexia es la causa más común de la disminución de ingestión de nutrientes, trayendo consigo la desnutrición, la inanición progresiva (deterioro progresivo con desgaste muscular y cambio de la composición del cuerpo) en la malignidad.

La caquexia es un síndrome clínico de desgaste manifestado por debilidad y pérdida marcada y progresiva de peso corporal, grasa y músculo.[4] La anorexia y la caquexia con frecuencia se presentan juntas; sin embargo, la caquexia puede ocurrir en individuos que ingieren cantidades adecuadas de calorías y proteínas, pero que han tenido mala absorción de nutrientes. Se ha estimado que la mitad de las personas con cáncer experimentan caquexia, dos tercios en la fase terminal de la enfermedad.[5] Además, los investigadores no han encontrado ninguna correlación entre la caquexia y el tamaño, tipo o grado del tumor.[6] Lo que se ha observado es que la caquexia del cáncer difiere de simple inanición.[7] Las personas se adaptan a la inanición reduciendo la tasa metabólica basal, mientras que entre los pacientes con cáncer, la tasa metabólica basal no se adapta y puede aumentar, disminuir o ser normal.[8] Aunque los mecanismos exactos que causan caquexia en el cáncer son desconocidos, varias teorías en cuanto a su patogénesis señalan una mezcla compleja de variables del tumor, huésped y tratamientos, haciéndola difícil para ser estudiada.

El impacto pronóstico de la pérdida de peso y desnutrición ha sido documentado desde los años 30 [9] en enfermedades benignas y más tarde en enfermedades malignas.[10-13] Se estima que hasta un 20% de las personas con cáncer pueden morir de los efectos de la inanición incluida con el cáncer o relacionada con el tratamiento. Además, el impacto que tiene la desnutrición en los costos del cuidado de la salud es importante.[14,15]

Bibliografía:

  1. Donoghue M, Nunnally C, Yasko JM: Nutritional Aspects of Cancer Care. Reston, VA: Reston Publishing Company, Inc., 1982.
  2. Langstein HN, Norton JA: Mechanisms of cancer cachexia. Hematology/Oncology Clinics of North America 5(1): 103-123, 1991.
  3. Tisdale MJ: Cancer cachexia. Anti-Cancer Drugs 4: 115-125, 1993.
  4. Theologides A: Cancer cachexia. Current Concepts in Nutrition 6: 75-94, 1977.
  5. Lindsey AM, Piper BF, Stotts NA: The phenomenon of cancer cachexia: a review. Oncology Nursing Forum 9(2): 38-42, 1982.
  6. Smith SA: Theories and intervention of nutritional deficit in neoplastic disease. Oncology Nursing Forum 9(2): 43-46, 1982.
  7. Lindsey AM: Cancer cachexia: effects of the disease and its treatment. Seminars in Oncology Nursing 2(1): 19-29, 1986.
  8. Ottery FD: Cancer cachexia: prevention, early diagnosis, and management. Cancer Practice 2(2): 123-131, 1994.
  9. Studley HO: Percentage of weight loss: a basic indicator of surgical risk in patients with chronic peptic ulcer. JAMA: Journal of the American Medical Association 106(6): 458-460, 1936.
  10. Blackburn GL, Bistrian BR, Maini BS, et al.: Nutritional and metabolic assessment of the hospitalized patient. Journal of Parenteral and Enteral Nutrition 1(1): 11-22, 1977.
  11. Tubiana M, Attie E, Flamant R, et al.: Prognostic factors in 454 cases of Hodgkin's disease. Cancer Research 31: 1801-1810, 1971.
  12. Dewys WD, Begg C, Lavin PT, et al.: Prognostic effect of weight loss prior to chemotherapy in cancer patients. American Journal of Medicine 69(4): 491-497, 1980.
  13. DeWys WD, Begg C, Band P, et al.: The impact of malnutrition on treatment results in breast cancer. Cancer Treatment Reports 65(Suppl 5): 87-91, 1981.
  14. Robinson G, Goldstein M, Levine GM: Impact of nutritional status on DRG length of stay. Journal of Parenteral and Enteral Nutrition 11(1): 49-51, 1987.
  15. Reilly JJ, Hull SF, Albert N, et al.: Economic impact of malnutrition: a model system for hospitalized patients. Journal of Parenteral and Enteral Nutrition 12(4): 371-376, 1988.

EFECTOS DEL TUMOR

Muchos problemas de nutrición en la persona con cáncer provienen de un efecto local del tumor.[1] Los tumores en crecimiento en el tracto gastrointestinal, por ejemplo, pueden causar obstrucción, náusea y vómito, deterioro de la digestión, tránsito demorado y malabsorción. Los cánceres ováricos y genitourinarios pueden ser asociados con ascitis conduciendo a saciedad temprana, desnutrición proteínica progresiva (especialmente con pérdida de líquidos durante la cirugía o paracentesis) y a desequilibrios electrolíticos y de líquidos. El dolor relacionado con el tamaño o localización del tumor puede asociarse con anorexia grave y disminución de la ingestión oral. Los tumores del sistema nervioso central que causan confusión o somnolencia pueden afectar el estado de nutrición porque la falta de atención puede conducir a una disminución en la ingestión.

Además de los efectos tumorales locales (bien sea del tumor en si o de la respuesta del paciente al tumor), los problemas de nutrición pueden también provenir de alteraciones metabólicas.[2] Puede presentarse una alteración marcada en el metabolismo normal de carbohidratos, proteínas y lípidos. Las células tumorales pueden derivar energía considerable del metabolismo de glucosa a lactato (ciclo de Cori) más que de la oxidación más completa de dióxido de carbono y agua (ciclo de Krebs).[3] Además, la conversión de lactato a glucosa para la gluconeogénesis por el hígado consume 6 moléculas de ATP por ciclo de lactato-glucosa, produciendo un ciclo ineficiente de energía. Las células tumorales requieren de una cantidad mayor de glucosa como fuente de energía, ya sea a través de una actividad enzimática alterada o debido a una hipoxia relativa inducida por vascularización precaria del tumor. Las diferencias en la contribución de la actividad del ciclo de Cori han sido vistas tanto en los pacientes que pierden peso como en los pacientes con peso estable.[2] La inhibición del fosfoenolpiruvato carboxicinasa por el sulfato de hidrazina puede disminuir el exceso de la actividad del ciclo de Cori y mejorar la tolerancia de la glucosa entre los pacientes con cáncer; sin embargo, la pérdida de peso puede ser irreversible.[2] La alteración del metabolismo proteico entre los pacientes con cáncer puede provenir de una mayor absorción de aminoácidos por las células tumorales en comparación con las células normales, disminución de la síntesis proteica, aumento de la degradación proteica y pérdida proteica a través de fístulas, o pérdidas gastrointestinales. Además, la ingestión disminuida secundaria a la anorexia, frente a las necesidades normales o mayores, es a menudo la base para un balance negativo de nitrógeno. La alteración del metabolismo lípido puede ocurrir como resultado de la movilización y el uso de ácidos grasos como una fuente adicional de energía cuando el suministro de glucosa del cuerpo es agotado por el tumor.[4] También se ha observado una disminución en la movilización de la grasa.[5,6]

Los mediadores de la caquexia primaria (es decir, caquexia sin una etiología mecánica o funcional), pueden incluir substancias con características parecidas a las de las hormonas o productos de tejidos del huésped que influyen indirectamente en el metabolismo. Estos últimos incluyen un número de citoquinas como el factor de necrosis tumoral (TNF-alfa), la interleucina-6, y el interferón gama. Además, los factores movilizantes de lípidos también han sido implicados.[2] La pérdida de estimulación entérica puede aumentar los niveles de citoquinas circulantes.

Además de las alteraciones en carbohidratos, proteínas y el metabolismo de los lípidos, las células cancerosas producen péptidos, oligonucleótidas y otros metabolitos que pueden ser responsables de la génesis de anorexia y caquexia.[2] Por ejemplo, las sustancias producidas por el tumor pueden alterar el sentido del gusto de la persona, resultando en una aversión a la carne y en una reducción en la sensación del sabor. Los tumores pueden causar anorexia mediante un efecto periférico en las células neuroendocrinas o neurorreceptores y por medio de un efecto directo en las células hipotalámicas y otras peptidérgicas del sistema nervioso central y células respondientes. La saciedad temprana o el sentido de plenitud es un síntoma frecuente en pacientes anoréxicos con cáncer, lo que sugiere la importancia de las señales inhibitorias del tracto gastrointestinal que limita la ingestión de alimentos. Los tumores también pueden producir substancias hormonales, similares a aquellas vistas en los síndromes paraneoplásicos, las cuales pueden alterar la ingestión de nutrientes, la absorción y el metabolismo.[7]

Bibliografía:

  1. Szeluga DJ, Groenwald SL, Sullivan DK: Nutritional disturbances. In: Groenwald SL, Frogge MH, Goodman M, et al.: Cancer Nursing: Principles and Practice. Boston: Jones and Bartlett Publishers, 2nd Edition, 1990, pp 495-519.
  2. Tisdale MJ: Cancer cachexia. Anti-Cancer Drugs 4: 115-125, 1993.
  3. DeWys WD: Nutritional care of the cancer patient. JAMA: Journal of the American Medical Association 244(4): 374-376, 1980.
  4. Goodlad GA, Clark CM: Protein metabolism in the tumour-bearing host. Acta Chirurgica Scandinavica. Supplementum (498): 137-140, 1980.
  5. Axelrod L, Costa G: The contribution of fat loss to weight loss in cancer. Nutrition and Cancer 2(1): 81-83, 1980.
  6. Waterhouse C: Oxidation and metabolic interconversion in malignant cachexia. Cancer Treatment Reports 65(Suppl 5): 61-66, 1981.
  7. Smith SA: Theories and intervention of nutritional deficit in neoplastic disease. Oncology Nursing Forum 9(2): 43-46, 1982.

EFECTO DE LAS TERAPIAS DEL CANCER

Las terapias del cáncer y sus efectos colaterales pueden también contribuir al deterioro progresivo de la nutrición. La terapia puede ejercer un efecto directo, como la malabsorción proteica y de grasa después de una gastrectomía o pancreatectomía, o efectos indirectos, tales como el aumento de las demandas metabólicas causadas por la infección o una reacción febril neutropénica (hay un aumento en la necesidad de calorías de aproximadamente 10% a 13% por grado arriba de los 37 grados Centígrados). Los problemas nutritivos pueden ser inducidos por cada tipo general de terapia antineoplásica.[1,2] La literatura sobre nutrición ha definido la desnutrición severa en 2 formas:

funcionalmente (riesgo mayor de morbilidad y/o mortalidad) y por grado de pérdida de peso (más del 2% por semana, 5% por mes, 7.5% por 3 meses, y 10% por 6 meses).[3] En el formato del grupo cooperativo, la toxicidad de la nutrición generalmente no toma en cuenta el déficit de base e incluye grados de pérdida de peso que son mucho más grandes que los criterios de arriba. La clasificación por grados (sin consideración del curso del tiempo) es como sigue: Grado 0 = menos de 5.0% de pérdida, Grado 1 = 5.0%-9.9%, Grado 2 = 10.0%-19.9%, Grado 3 = más de 20.0%. El grado 4 (amenaza de muerte) no está definido específicamente. Se requiere la atención a la pérdida de peso en un punto anterior del tiempo para prevenir con éxito el deterioro del peso, de la composición del cuerpo y del estado de funcionamiento.

Cirugía

La cirugía de la cabeza y del cuello puede causar directamente dificultad en la masticación y la deglución o puede estar asociada con estrés psicosocial considerable relacionado con el grado de resección quirúrgica. La cirugía esofágica puede causar estasis gástrica y mal absorción de grasa como resultado de seccionamiento vagal. La malabsorción de grasa y de proteína, el síndrome de "dumping" con hipoglucemia reactiva, así como también saciedad temprana pueden ocurrir después de cirugía gástrica. La cirugía pancreática también puede causar malabsorción de proteína y de grasa, así como también deficiencias de vitaminas y minerales, y diabetes mellitus. La cirugía del intestino delgado y del colon puede causar malabsorción de proteína y de grasa, deficiencias de vitaminas y minerales, diarrea y pérdidas excesivas de líquidos y electrólitos. La cirugía del tracto urinario puede conducir a desequilibrios de ácido-base y anormalidades electrolíticas. Además, las complicaciones de cirugía con implicaciones nutritivas pueden incluir infección, fístula (interna o enterocutánea) y síndrome de intestino corto. Los pacientes pueden activamente disminuir su ingestión oral después de una colostomía de desvío o terminal para disminuir la producción de la ostomía. Esto debe considerarse en cualquier paciente con una disminución marcada de la ingestión oral después de tal cirugía.

Quimioterapia

La quimioterapia puede causar anorexia, náusea y/o vómito, diarrea o estreñimiento, estomatitis/mucositis, alteraciones o aversiones del sabor y complicaciones infecciosas. Los síntomas que afectan la nutrición, que duran más de 2 semanas son especialmente importantes. La frecuencia y la gravedad de estos efectos secundarios dependen del tipo de fármaco, de la dosis, la combinación de fármacos y si la quimioterapia es parte de un programa de modalidad combinada. El estado de nutrición puede afectarse intensamente con el tratamiento prolongado de la neutropenia febril cuando las necesidades metabólicas pueden aumentar en un 25% con una temperatura de 39 grados Centígrados.

Radioterapia

La radioterapia está asociada con secuelas agudas y tardías que afectan el estado de nutrición. La irradiación de la cabeza y el cuello puede inducir o estar asociada con anorexia, alteraciones o aversiones del sabor, sequedad de la boca, mucositis, gingivitis, disfagia, trismo, caries dentales y formación de abscesos. La irradiación torácica puede estar asociada con esofagitis (mucositis esofágica inducida por la radiación, candidiasis o infecciones virales), disfagia, reflujo esofágico y náusea y vómito. La diarrea, náusea y vómito, la enteritis, la proctitis o la formación de fístulas, son posibles efectos secundarios causados por la irradiación abdominal o pélvica. El uso de un soporte pélvico, expansor de tejido en la pelvis, u otros métodos para remover el intestino delgado de un campo de irradiación pélvica, pueden estar incluidos como parte de la cirugía para disminuir estas complicaciones. La radioterapia también puede estar asociada con la fatiga, la cual puede resultar en disminución del apetito y de motivación para comer. Las secuelas tardías son las estrecheces, enteritis crónica por radiación, mal absorción, u obstrucción gastrointestinal.

Inmunoterapia

La inmunoterapia (p. ej., modificadores de la respuesta biológica) puede estar asociada con fiebre, fatiga y debilidad, que pueden llevar a una disminución del apetito y a una mayor necesidad de proteínas y calorías. Una vez más, las reacciones febriles están asociadas con un incremento aproximado del 10% en requisitos metabólicos por grado arriba de 37 grados centígrados.

Bibliografía:

  1. Clark J, McGee R, Preston R: Nursing management of responses to the cancer experience: nutrition. In: Clark J, McGee R, eds.: Core Curriculum for Oncology Nursing. Philadelphia: W.B. Saunders, 1992, pp 93-106.
  2. Kokal WA: The impact of antitumor therapy on nutrition. Cancer 55(1, Suppl): 273-278, 1985.
  3. Blackburn GL, Bistrian BR, Maini BS, et al.: Nutritional and metabolic assessment of the hospitalized patient. Journal of Parenteral and Enteral Nutrition 1(1): 11-22, 1977.

EFECTOS PSICOSOCIALES

Salir a comer is un enfoque mayor en las actividades sociales. Anorexia y las aversiones de la comida contribuyen a un aislamiento social cuando las personas no pueden participar en actividades comunales que son relacionadas con la comida. Múltiples factores psicológicos y sociales pueden afectar el deseo y las ganas de comer. El estrés de tener que enfrentarse con el diagnóstico de cáncer y su tratamiento puede tener una función principal. La depresión, la ansiedad y el temor son emociones comunes experimentadas por personas con cáncer y pueden contribuir a la anorexia. Una sensación de pérdida del control o de impotencia pueden también jugar un papel importante en la ingestión de nutrición. Rehusarse a comer a pesar de las fuertes recomendaciones o ruegos de los miembros de la familia, amigos o profesionales de la salud puede ser una forma en la que el paciente (quien puede sentir que no tiene alternativa a rehusarse a la terapia antineoplásica) se siente capaz de ejercer algún control en la vida. Las aversiones adquiridas a los alimentos pueden contribuir también a una ingestión oral menor, a la nausea, y/o vómitos.[1] Los individuos que hayan experimentado síntomas desagradables después de comer algún alimento específico pueden empezar a evitar este alimento o grupo de alimentos.

Los factores como vida solitaria, incapacidad de cocinar o preparar comidas, o incluso el no poder caminar a la cocina como resultado de limitaciones físicas pueden contribuir a trastornos en la comida. Una evaluación completa de la situación doméstica por parte de un(a) trabajador(a) social o personal de enfermería puede identificar factores fácilmente corregibles que contribuyen a hábitos alimenticios malos.

El establecimiento del diagnóstico de cáncer y la iniciación del tratamiento a menudo requieren que el paciente pase largos ratos lejos de las rutinas normales, incluyendo comidas. Debido a los efectos secundarios del tratamiento, las preferencias culturales alimenticias quizás no son accesibles en los lugares de tratamiento o pueden no ser bien toleradas. A la persona que le gustan los alimentos picantes y condimentados, y tiene esofagitis puede disgustarle el sabor de alimentos insípidos y comer muy poco. Las alteraciones del sabor pueden afectar psicológicamente el apetito y el deseo de comida de la persona.

Desafortunadamente, la carencia de una ingestión de nutrición adecuada conduce a un deterioro de nutrición progresivo, representando para el paciente y la familia, progresión del proceso del cáncer. El desgaste es un recuerdo constante para el paciente, la familia, y el equipo al cuidado de la salud, del diagnóstico de cáncer y el resultado precario esperado. Esto puede influenciar en forma considerable la calidad de vida, la interacción social y la apariencia. Además, con desgaste progresivo y su fatiga asociada, el paciente generalmente disminuye su interacción social. Debido al papel que los alimentos y la comida tienen en la sociedad, esto puede servir como un factor importante de aislamiento para la persona con cáncer. Estudios recientes han informado de un impacto positivo del ejercicio (p. ej., caminar o aeróbico moderado) en el sentido de bienestar, náusea y vómitos, e ingestión de nutrientes.[2] Los pacientes que están forzados a depender de métodos artificiales de alimentación (incluyendo alimentación oral forzada así como también alimentación enteral o parenteral) pueden sentir depresión, cambios de la imagen corporal, y estrés relacionado con los problemas de los tubos y equipo de alimentación.[3] Los problemas relacionados con la nutrición han sido identificados por pacientes de cáncer como el factor más importante que afecta su sentido de bienestar, más importante que el empleo continuo y la sexualidad.[4]

Bibliografía:

  1. Bernstein IL: Physiological and psychological mechanisms of cancer anorexia. Cancer Research 42(2, Suppl): 715s-720s, 1982.
  2. Ottery FD: Cancer cachexia: prevention, early diagnosis, and management. Cancer Practice 2(2): 123-131, 1994.
  3. Padilla GV, Grant MM: Psychosocial aspects of artificial feeding. Cancer 55(1, Suppl): 301-304, 1985.
  4. Padilla GV, Presant C, Grant MM, et al.: Quality of life index for patients with cancer. Research in Nursing and Health 6(3): 117-126, 1983.

EVALUACION DE LA NUTRICION

La historia clínica y el examen físico son los componentes más importantes de la evaluación del estado de nutrición. Esta deberá incluir el historial del peso (actual, usual e ideal); la evaluación de los cambios en la ingestión oral (tipo y duración); los síntomas que afectan la nutrición (incluyendo anorexia, náusea y vómitos, diarrea, estreñimiento, estomatitis/mucositis, boca seca, anormalidades del gusto/olfato, y dolor); medicamentos que pueden afectar la ingestión o los requisitos metabólicos; otras condiciones médicas que pueden afectar la ingestión oral o las opciones de intervención de nutrición; y la evaluación del estado de funcionamiento. Se deberá preguntar a la persona con cáncer sobre los cambios en la ingestión comparados con lo que es normal para ellos y la duración del cambio si hay alguno. El examen físico comprende una evaluación general de la condición física, incluyendo la evidencia de pérdida de peso, la pérdida de grasa subcutánea, el desgaste muscular, la presencia de edema sacral o tibial, o ascitis. Detsky y colaboradores han desarrollado y validado criterios estandarizados de clasificación para el grado de déficit o riesgo de nutrición.[1,2] Conocido como Evaluación Subjetiva Global (SGA, por sus siglas en inglés) del estado de nutrición, este instrumento de evaluación ha sido validado en varias poblaciones de pacientes, incluyendo poblaciones con cirugía, del virus de inmunodeficiencia humana (VIH), y del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA).[2,3] El método es sensible, específico, y tiene poca variabilidad entre los observadores, si se cuenta con la capacitación adecuada. Actualmente se está probando una modificación específicamente desarrollada para pacientes de oncología.

La obtención de la historia dietética cualitativa como cuantitativa puede ser útil en la evaluación dietética, especialmente como un medio de demostrar a la persona con cáncer y la familia o al que cuida al enfermo, los cambios que pueden hacerse para aumentar la ingestión de calorías, proteínas y micronutrientes. Datos útiles también incluyen gustos específicos del paciente, lo que no le gusta e intolerancias. Lo último puede ayudar a determinar la necesidad de enzimas complementarias específicas (lactasa, otras disacaridasas o enzimas pancreáticas).

Las medidas antropométricas tales como el grosor del pliegue cutáneo y la circunferencia del músculo de la parte media del brazo no son útiles en las situaciones clínicas. Sin embargo, la palpitación clínica de el músculo tríceps puede muchas veces proveer un excelente estimado de nutrición, siendo que los extensores tienden a perder músculo mucho mas rápido que los flexores.[4] Este método de evaluación de nutrición está limitado tanto por la técnica como por la variabilidad entre los observadores. Las evaluaciones de laboratorio que pueden contribuir a la evaluación de nutrición o a la intervención de nutrición apropiada son la evaluación del estado de la proteína visceral (transferrina sérica o albúmina), función renal y hepática, función endocrina pancreática (glucosa), electrólitos séricos y minerales (calcio, magnesio y fósforo) y evaluación hematológica (recuento total de linfocitos e índices de glóbulos rojos). Aunque no se usa rutinariamente, la prueba de hipersensibilidad cutánea retardada (prueba cutánea de antígenos) puede ser útil para calibrar la función sistémica inmune.

La determinación del balance de nitrógeno basado en el nitrógeno de urea urinaria en 24 horas (UUN, por sus siglas en inglés) es útil en los regímenes de intervención de nutrición, particularmente en el uso de nutrición enteral o parenteral. El objetivo de la intervención de nutrición es minimizar el grado de balance negativo de nitrógeno (es decir, pérdida excesiva de proteína corporal no compensada por ingestión de nutrición adecuada). El balance de nitrógeno se define como la ingestión de nitrógeno (en gramos) menos el nitrógeno resultante (en gramos) y puede estimarse por: (ingestión proteica/6.25) - (UNN+4). Si la ingestión de nitrógeno es menos que el resultante, el paciente se considera que está en balance negativo de nitrógeno, con una pérdida neta de proteína corporal. Esto contribuye a un desgaste muscular progresivo, fatiga y complicación inmune.

Bibliografía:

  1. Detsky AS, McLaughlin JR, Baker JP, et al.: What is subjective global assessment of nutritional status? Journal of Parenteral and Enteral Nutrition 11(1): 8-13, 1987.
  2. Hirsch S, de Obaldia N, Petermann M, et al.: Subjective global assessment of nutritional status: further validation. Nutrition 7(1): 35-38, 1991.
  3. Detsky AS, Baker JP, O'Rourke K, et al.: Predicting nutrition-associated complications for patients undergoing gastrointestinal surgery. Journal of Parenteral and Enteral Nutrition 11(5): 440-446, 1987.
  4. Winick M, Ed.: Hunger Disease: Studies by the Jewish Physicians in the Warsaw Ghetto. New York: John Wiley & Sons, 1979.

PAUTAS GENERALES DE CONTROL

Las opciones en el apoyo terapéutico del cuidado nutricional en la persona con cáncer son determinadas por uno o varios de los factores siguientes:

1. Presencia de un tracto gastrointestinal funcional

2. Tipo de terapia (independiente del intento curativo o de alivio), es decir,
sitio y grado de resección quirúrgica, tipo específico de quimioterapia, sitio y tamaño del campo de radiación, uso de modificadores de respuesta biológica o terapia de multimodalidad.

3. Calidad de vida, estado de funcionamiento, pronóstico

4. Determinaciones de la rentabilidad y utilidad del costo.

Se piensa que el mantenimiento de la composición corporal y un estado de nutrición adecuado pueden ayudar a que las personas con cáncer se sientan y luzcan mejor, y a mantener o mejorar el estado de funcionamiento y el estado funcional diario. También puede ayudarles a tolerar la terapia.[1] El tipo de intervención de nutrición usada dependerá de la base del riesgo o déficit de nutrición. Los problemas causados por los efectos de un tumor local pueden calmarse cuando el tumor responde a la terapia. Esos síntomas del impacto de nutrición relacionados con los efectos secundarios de la terapia, tienen que ser considerados proactivamente para asegurar medidas adecuadas del control de los síntomas. (Para mayor información, consultar el sumario del PDQ sobre Estreñimiento, Impacción y Obstrucción Intestinal; Dolor; Náusea y Vómitos; y sobre Complicaciones orales debidas a la terapia del cáncer.)

Una de las mayores causas de la anorexia en personas con cáncer es el olor de la comida. Pacientes sufriendo de anorexia no deberían estar en un cuarto donde los olores de comida puedan ser detectados. Comida con el olor reducido son preferibles para la personas con cáncer. Esto explica porque las personas con cáncer comen mejor al desayuno debido a que la mayoría de la comida de desayuno no tiene mucho olor.

Las sugerencias para ayudar a las personas con cáncer a controlar la anorexia son:[2-4]

1. Comidas pequeñas, frecuentes (cada una o dos horas siguiendo el reloj).

2. Comer alimentos (incluyendo meriendas) que sean altos en calorías y
proteínas.

3. Evitar alimentos bajos en calorías y proteínas y evitar calorías vacías (es
decir, comida sin proteínas y sin micronutrientes, tales como soda).

4. Evitar líquidos con las comidas (a menos que se usen para mejorar la boca
seca o la disfagia) para disminuir el problema de saciedad temprana.

5. Hacer que las comidas coincidan con los momentos cuando se siente mejor
durante el día; usar suplementos de nutrición cuando haya menos apetito o deseos de comer. (Generalmente, los pacientes tienden a sentirse mejor y tienen mejor apetito temprano en el día, con una disminución progresiva del apetito al avanzar el día.)

6. Probar varios suplementos de nutrición diferentes comercialmente disponibles
o diferentes recetas de bebidas ricas en proteínas y calorías o recetas de pudines. Usar el jugo de medio limón puede ayudar a quitarle el dulce excesivo y amargo sabor que a veces estorba a las personas con cáncer, pero que a veces no pueden ser detectados por una persona sin cáncer.

7. Estimular el apetito con ejercicio ligero (por ej., caminar), tomar un vaso
de vino o cerveza si no está contraindicado, y con el uso de agentes orexigénicos (estimulantes del apetito).

8. Agregar calorías y proteínas extras a los alimentos (por ej., mantequilla,
leche en polvo descremada, miel y azúcar oscura).

9. Tomar medicamentos con líquidos altos en calorías (por ej., suplementos de
nutrición comerciales) a menos que los medicamentos tengan que tomarse con el estómago vacío.

10. Crear un ambiente agradable y variado; la presentación de la comida deberá
ser atractiva (p. ej., tratar nuevas recetas, comer con amigos, preparar la comida con variación de color y de textura).

11. Probar con recetas, sabores, especias, tipos y consistencias de comida. Esto
es importante, ya que los gustos pueden cambiar de día a día.

12. Evitar aromas fuertes si son molestos. Las estrategias incluyen el uso de
bolsas para hervir, cocinar fuera en un asador, el uso del ventilador de la cocina al cocinar, servir platos fríos en lugar de calientes (ya que los olores vienen del vapor que sube), quitar las cubiertas de las bandejas de la comida del hospital en el corredor en vez de hacerlo al lado de la cama del paciente para disipar algunos de los olores. Usar un abanico portátil para ayudar a disipar los olores. Comida ordenada de afuera puede ser tolerada si se consume inmediatamente ya que los olores de preparación no son detectados (p.ej., pizza).

Sugerencias para ayudar a las personas con cáncer a manejar los cambios del sabor:

1. Usar utensilios plásticos si el paciente experimenta sabor metálico al comer.

2. Sustituir aves, pescado, huevos y queso por carnes rojas.

3. Marinar carnes en salsas dulces.

4. Servir carnes frías en vez de calientes.

5. Usar cantidades adicionales de condimentos, especias y saborizantes pero
trate de no usar condimentos que son muy dulces o amargos. El umbral elevado en cuanto al sabor puede hacer que el alimento sepa insípido y aburrido.

6. Substituir leche malteada, pudines, helados, quesos y otros alimentos altos
en proteína por carne, si el paciente tiene aversión a la carne.

7. Enjuagarse la boca antes de comer.

8. Usar bebidas con sabor a limón para estimular la saliva y el gusto pero trate
de no usar limón artificial y use dulce muy poco.

Sugerencias para prevenir las aversiones condicionadas del gusto:

1. Probar nuevos alimentos y suplementos al sentirse mejor, p. ej., los domingos
para pacientes que reciben radioterapia diariamente, o después de que el paciente sale del hospital, en vez de durante la infusión de quimioterapia.

2. Comer ligeramente la mañana en que se va a recibir quimioterapia, o varias
horas antes de recibirla.

3. Separar la introducción de nuevos sabores de los estímulos nauseantes.

Sugerencias para disminuir o aliviar ya sea la boca seca o la disfagia:

1. Comer alimentos blandos o húmedos.

2. Licuar los alimentos.

3. Lubricar los alimentos con cremas, salsas o aceites.

4. Evitar alimentos ásperos o irritantes.

5. Evitar alimentos calientes o fríos.

6. Evitar alimentos que se adhieren al techo de la boca.[5]

7. Tomar pedazos pequeños y masticarlos muy bien.[5]

Sugerencias para la estomatitis: (Consulte el sumario de PDQ sobre Complicaciones orales secundarias a la terapia del cáncer.)

Sin importar cuál sea el déficit de nutrición, la persona deberá ser animada a mantener una actitud positiva para tratar la causa y asegurar una ingestión adecuada de proteínas y calorías. Calcular los requerimientos individualizados de proteínas y calorías y explicar esto a la persona con cáncer (y/o a su familia o a la persona que atiende al paciente) permitirá metas específicas y realistas. La cantidad actual de proteínas y calorías que necesita cada paciente de cáncer variará dependiendo de la línea de base de la persona y de su estado de nutrición actual, de los déficits de nutrición particulares y de factores individuales.

Los requerimientos proteínicos para aquellos individuos que no pierden peso, es de 0.5 gramos por libra del peso ideal aproximadamente. Para la persona que ha perdido peso, que está febril o que está bajo medicamentos que demandan un mayor uso de proteínas, como los corticosteroides, es importante el intentar 0.7 gramos por libra aproximadamente. El peso ideal (IBW, por sus siglas en inglés)puede calcularse de la manera siguiente:

los 5 pies (p.ej., IBW de un hombre de 5,10" de altura = 166 libras +/- 10%)

los 5 pies (p.ej., IBW de una mujer 5,10" de altura = 150 libras +/- 10%

En términos de necesidades calóricas, podríamos usar las siguientes fórmulas:


Pautas generales de calorías requeridas (asumiendo que hay actividad ligera):

Adultos bajos de peso - multiplique el peso en libras por 18 Adultos de peso normal - multiplique el peso en libras por 16 Adultos con sobrepeso - multiplique el peso en libras por 13


Pueden requerirse calorías adicionales y una ingestión mayor de proteínas para personas y situaciones específicas. Un nutricionista oncológico (dietista, técnico en dieta, enfermera, o médico con educación especializada o capacitación en nutrición) puede ofrecer asesoramiento para determinar las necesidades apropiadas de macronutrientes (calorías y proteínas) y micronutrientes (vitaminas, electrolitos, minerales) y las opciones para intervención de nutrición.

Bibliografía:

  1. Irwin MM: Enteral and parenteral nutrition support. Seminars in Oncology Nursing 2(1): 44-54, 1986.
  2. Szeluga DJ, Groenwald SL, Sullivan DK: Nutritional disturbances. In: Groenwald SL, Frogge MH, Goodman M, et al.: Cancer Nursing: Principles and Practice. Boston: Jones and Bartlett Publishers, 2nd Edition, 1990, pp 495-519.
  3. National Cancer Institute: Eating Hints: Recipes and Tips for Better Nutrition During Cancer Treatment. Bethesda: NIH Publication, No. 91-2079, 1990.
  4. Ottery FD: Cancer cachexia: prevention, early diagnosis, and management. Cancer Practice 2(2): 123-131, 1994.
  5. Bloch AS: Nutritional management of patients with dysphagia. Oncology (Huntington NY) 7(11, Suppl): 127-137, 1993.

APOYO ENTERAL/PARENTERAL

Está disponible un algoritmo de las opciones de nutriciones [1] para abordar la nutrición proactivamente y para prevenir o tratar la desnutrición y sus complicaciones.

Las indicaciones generales para la nutrición enteral (gástrica y duodenal/yeyunal, dependiendo el sitio del impedimento de la ingestión gastrointestinal) son:

1. Impedimento gastrointestinal superior para una ingestión oral adecuada
(disfagia, estrictura esofágica, tumor, gastroparesis, obstrucción de la salida gástrica, etc.)

2. Terapia de modalidad combinada con quimioterapia y radioterapia (especialmente
con radioterapia al tracto aerodigestivo superior) con toxicidad conocida del tracto gastrointestinal o esofágico que limitará la ingestión oral adecuada.

3. Anorexia y/o incapacidad psicológica (p. ej., depresión grave,
confusión/desorientación) para mantener la ingestión oral adecuada.

4. Contraindicaciones/incapacidad para tomar volúmenes grandes de nutrición oral,
(p. ej., dolor al comer el bolo alimenticio).

Las contraindicaciones generales para la nutrición enteral son:

1. Obstrucción intestinal.

2. Náusea y vómito intratables que no responden a un régimen antiemético óptimo
(para información adicional, (Consulte el sumario de PDQ sobre Náusea y vómitos, para mayor información).

3. Intestino corto grave con salida gastrointestinal intratable a pesar de los
intentos con fórmulas enterales apropiadas e intervención farmacológica (p. ej., somatostatina).

4. Fístula del tracto gastrointestinal superior o de alta producción (relacionada
con el tumor o iatrogénica).

Indicaciones generales para nutrición parenteral (completa o suplementaria):

1. Tracto gastrointestinal no funcional en los siguientes contextos:

a. Problemas temporales que impiden la ingestión oral o enteral por más de 10 días, especialmente con déficit de nutrición básico.
b. Obstrucción u otros problemas mecánicos que se espera respondan a terapia antineoplásica o a intervención quirúrgica.
c. Problemas mecánicos/obstructivos múltiples y/o que no se pueden corregir asociados con un cáncer indolente.

2. Intestino corto grave debido a resección quirúrgica, enteritis por radiación,
fístula gastrointestinal alta e incapacidad para mantener el peso y la composición del cuerpo con un régimen enteral apropiado.

3. Deterioro de nutrición grave y/o continuo en un persona con cáncer indolente
o cualquier malignidad en la cual la desnutrición, en vez del cáncer es el problema primario.

Las contraindicaciones generales para la nutrición parenteral son:

1. Intestino operante.

2. Expectativa limitada de vida (< 40 días).

3. Falta de acceso vascular adecuado.

4. Ausencia de déficit grave de nutrición tal como incapacidad temporal para
comer (p. ej., después de cirugía).

Aunque existe una controversia continua en cuanto al beneficio final del apoyo terapéutico en la nutrición,[2] se cree que un paciente de cáncer propiamente alimentado es más capaz de tolerar tanto la terapia de cáncer como sus complicaciones.[3,4] El método de administración escogido para el apoyo de nutrición debe estar basado en los requerimientos fisiológicos del individuo, el grado de debilitación de nutrición, el proceso de la enfermedad, la duración estimada de la necesidad del apoyo y los recursos disponibles. Si el tracto gastrointestinal está funcionando y no ha sido afectado adversamente por el tratamiento de cáncer, el apoyo enteral es la vía preferida, especialmente cuando se trata de asuntos de la función del sistema inmunológico. Las opciones para la colocación de tubos de alimentación enteral son la que no requiere de cirugía (ruta de vía nasal) así como también colocación endoscópica, radiológica, laparoscópica y de cirugía abierta. Se han revisado los asuntos prácticos con respecto a las fórmulas y opciones de tubos.[5,6]

Apoyo terapéutico de la nutrición: enfoques farmacológicos [7]

La intervención farmacológica para aumentar la ingestión de nutrición oral puede variar desde el control del dolor hasta el tratamiento del estreñimiento o diarrea, el uso de agentes proquinéticos gástricos, y el uso de agentes orexigénicos específicos (estimulantes del apetito).[8] El acetato de megestrol (a dosis recomendada de 800 mg/día) ha mostrado éxito.[9,10] El uso de corticosteroides en situaciones que no sean de atención terminal no está generalmente indicado debido a la exacerbación del desgaste muscular progresivo. El dronabinol como un estimulante del apetito ha sido usado principalmente en la caquexia del SIDA, pero ha sido sugerido para pacientes de cáncer, con una dosis de 2.5 a 5 mg/día.

El sulfato de hidrazina ha sido estudiado en tres ensayos clínicos multi centro, aleatorios de fase III, patrocinados por El Instituto Nacional del Cáncer, sin embargo, no se encontró ningún beneficio clínico. Estos ensayos incluyeron 600 pacientes diagnosticados con cáncer del pulmón en estado avanzado y cáncer del colon en estado avanzado.[11-13] Los puntos finales de estos estudios incluyeron la supervivencia, aumento en peso, parámetros de nutrición y la calidad de vida. Los resultados de estos tres estudios fueron negativos, no se observaron beneficios. En los dos estudios de pacientes con cáncer del pulmón en estado avanzado, cuando se añadió sulfato de hidrazina a el régimen estándar de la quimioterapia resulto en una calidad de vida peor , sin aumento o disminución de peso, y sugiriendo una disminución de la supervivencia al compararse con el placebo.[11,12] En un ensayo en el que se evaluaba el sulfato de hidrazina en el colon del cáncer metastásico, el tiempo de supervivencia en aquellos pacientes que recibieron hidrazina, disminuyó en comparación con aquellos que recibieron placebo. Comparados con los pacientes que reciben placebo, los pacientes recibiendo sulfato de hidrazina demostraron un deterioro más rápido en el puntaje de ejecución y de los indices de calidad de vida, ademas de tener una perdida de peso más rápida. La incidencia de eventos adversos relacionados con el tratamiento, particularmente las neuropatías sensoriales y motoras fueron significativamente mayores que en los pacientes que recibieron el sulfato de hidrazina.

Bibliografía:

  1. Ottery FD: Cancer cachexia: prevention, early diagnosis, and management. Cancer Practice 2(2): 123-131, 1994.
  2. Chlebowski RT: Critical evaluation of the role of nutritional support with chemotherapy. Cancer 55(1, Suppl): 268-272, 1985.
  3. Hays DM, Merritt RJ, White L, et al.: Effect of total parenteral nutrition on marrow recovery during induction therapy for acute nonlymphocytic leukemia in childhood. Medical and Pediatric Oncology 11(2): 134-140, 1983.
  4. Copeland EM, Daly JM, Dudrick SJ: Nutrition as an adjunct to cancer treatment in the adult. Cancer Research 37(7, Part 2): 2451-2456, 1977.
  5. Bloch AS: Nutrition Management of the Cancer Patient. Rockville, Maryland: Aspen Publishers, 1990.
  6. Rombeau JL, Caldwell MD, Eds.: Clinical Nutrition: Parenteral Nutrition. Philadelphia: Saunders, 2nd ed., 1993.
  7. Nelson KA, Walsh D, Sheehan FA: The cancer anorexia-cachexia syndrome. Journal of Clinical Oncology 12(1): 213-225, 1994.
  8. Bruera E: Current pharmacological management of anorexia in cancer patients. Oncology (Huntington NY) 6(1): 125-130, 1992.
  9. Parnes H, Tait N, Aisner J: The potential of megestrol acetate in the treatment of cancer cachexia. Nutrition 5(3): 206-209, 1989.
  10. Tchekmedyian NS, Hickman M, Siau J, et al.: Treatment of cancer anorexia with megestrol acetate: impact on quality of life. Oncology (Huntington NY) 4(5): 185-192, 1990.
  11. Loprinzi CL, Goldberg RM, Su JQ, et al.: Placebo-controlled trial of hydrazine sulfate in patients with newly diagnosed non-small-cell lung cancer. Journal of Clinical Oncology 12(6): 1126-1129, 1994.
  12. Kosty MP, Fleishman SB, Herndon JE, et al.: Cisplatin, vinblastine, and hydrazine sulfate in advanced, non-small-cell lung cancer: a randomized placebo-controlled, double-blind phase III study of the Cancer and Leukemia Group B. Journal of Clinical Oncology 12(6): 1113-1120, 1994.
  13. Loprinzi CL, Kuross SA, O'Fallon JR, et al.: Randomized placebo-controlled evaluation of hydrazine sulfate in patients with advanced colorectal cancer. Journal of Clinical Oncology 12(6): 1121-1125, 1994.
Date Last Modified: 11/2002


El Sistema Computarizado de Información sobre el Cáncer PDQ contiene información adicional que no esta disponible en CancerMail: directorio de instituciones y médicos que dan tratamiento a pacientes con cáncer y un listado de protocolos de estudios clinicos activos. Para mayor información sobre el acceso al PDQ, consulte el Contenido de CancerMail y asi podra obtener los codigos referentes a la disponibilidad del PDQ.

Back to the Cancernet contents overview
HON-Code We subscribe to the HONcode principles
of the Health On the Net Foundation


Dr. G. Quade

This page was last modified on Tuesday, 29-Jan-2008 15:29:54 CET