"Náusea y vómito"
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Náusea y vómito
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- Nausea Y Vomitos Anticipatorios
- Emesis Aguda Y Retrasada
- Tratamiento De La Emesis Aguda Y Retrasada
- Manejo Alternativo De Nauseas Y Vomitos
- Radioterapia
CancerMail del Instituto Nacional del Cáncer
Información del PDQ para profesionales de la salud
Importante: La presente información está dirigida principalmente al
personal médico y otros profesionales de la salud. Si usted tiene
alguna pregunta relacionada al tema, puede preguntarle a su médico,
comunicarse con el Servicio de Información del Cáncer al
1-800-4-CANCER (1-800-422-6237)
La prevención y el control de náuseas y vómitos son de importancia capital en
el tratamiento de los pacientes con cáncer, ya que estos pueden dar lugar a
serios trastornos metabólicos, depleción nutritiva y anorexia, deterioro del
estado mental y físico del paciente, desgarros esofágicos, fracturas,
dehiscencia de alguna herida, interrupción del tratamiento antineoplásico
potencialmente útil y curativo y degeneración del cuidado propio y de la
capacidad funcional. A pesar de los adelantos en el manejo farmacológico y no
farmacológico, las náuseas y el vómito siguen siendo dos de los efectos
secundarios más inquietantes y temidos para los pacientes con cáncer y sus
familias.[1-4]
Las náuseas son un fenómeno subjetivo de una sensación oscilatoria
desagradable que se presenta en la parte posterior de la garganta y/o del
epigastrio que puede o no culminar en el vómito. El vómito es la expulsión
violenta del contenido gástrico, duodenal o yeyunal a través de la cavidad
oral. Las arcadas son movimientos gástricos y esofágicos para vomitar sin que
haya expulsión de vómito y se conocen también como "vómito seco".
Se ha utilizado varias clasificaciones de náuseas y vómitos (N&V),[1,5] entre
ellas N&V agudos, retrasados, tardíos o persistentes, crónicos,
anticipatorios, de brecha (que ocurren a pesar de buena respuesta al
tratamiento antiemético) o refractarios. También se ha hecho distinciones
relacionadas con el tipo de tratamiento (p.ej., inducido por la quimioterapia
o la radioterapia), y el curso clínico (p.ej., enfermedad avanzada o
terminal).[6,7] A pesar de esta variedad de clasificaciones, los tipos de N&V
que se describen más comúnmente son los agudos, retrasados y anticipatorios
inducidos por la quimioterapia; y N&V crónicos en el paciente con cáncer
avanzado. Aunque no hay definiciones estándar, las que aparecen a
continuación son las que se usan más frecuentemente para clasificar los
distintos tipos de náuseas y vómitos.
Náuseas y vómitos anticipatorios (ANV, siglas en inglés): consisten en náuseas
y/o vómitos que ocurren antes del comienzo de un nuevo ciclo de quimioterapia,
como respuesta a estímulos condicionados, por ejemplo, a olores, objetos y
sonidos de la sala de tratamiento. Las náuseas y los vómitos anticipatorios
son una respuesta condicionada clásica que ocurre característicamente después
de 3 ó 4 tratamientos previos de quimioterapia, después de los cuales la
persona ha tenido N&V agudos o retrasados.
Náuseas y vómitos (o emesis) agudos: Las náuseas y los vómitos experimentados
durante un período de 24 horas después de la administración de quimioterapia
se consideran N&V agudos.[1]
Náuseas y vómitos (o emesis) retrasados (o tardíos): Las náuseas y los vómitos
que ocurren 24 horas después de la administración de quimioterapia se
consideran náuseas y vómitos retrasados o tardíos. Se asocian con el
cisplatino, la ciclofosfamida y otros fármacos (p.ej., doxorrubicina e
ifosfamida) administrados en alta dosis o durante 2 ó más días consecutivos.
Náuseas y vómitos (o emesis) crónicos en el paciente de cáncer avanzado:
Están asociados con una serie de etiologías posibles. No se sabe a ciencia
cierta, ni se ha investigado bien, su causa definitiva, pero entre los
factores causales posibles se encuentran los gastrointestinales, craneales,
metabólicos, inducidos por fármacos (p.ej., morfina), la quimioterapia
citotóxica y los mecanismos inducidos por la radioterapia.[8]
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Se ha progresado en la comprensión de los mecanismos neurofisiológicos que
controlan las náuseas y los vómitos. Ambos están controlados o mediados por
el sistema nervioso central pero por mecanismos diferentes. Las náuseas son
mediadas a través del sistema nervioso autónomo. El vómito resulta de la
estimulación de un reflejo complejo que es coordinado por lo que se cree es un
verdadero centro del vómito, el cual es posible que esté ubicado en la
formación reticular dorsolateral próxima a los centros respiratorios
medulares. El centro del vómito presuntamente recibe estimulación convergente
aferente de varias vías neurológicas centrales, entre las que figuran las
siguientes:[1,2]
- una zona desencadenante quimiorreceptora (CTZ, siglas en inglés).
- la corteza cerebral y el sistema límbico, en respuesta a la estimulación
sensorial (en particular el olfato y el gusto), la aflicción psicológica y el
dolor.
- el aparato laberíntico vestibular del oído interno, en respuesta al
movimiento del cuerpo.
- estímulos periféricos de los órganos viscerales y la vasculatura (por los
nervios simpáticos espinal y vago) como resultado de productos químicos
exógenos y substancias endógenas que se acumulan durante la inflamación,
isquemia e irritación.
La CTZ está situada en el área postrema, una de las regiones
circunventriculares del cerebro en la superficie dorsal de la médula oblonga
en el extremo caudal del cuarto ventrículo. A diferencia de la vasculatura
dentro de la barrera hematoencefálica de difusión, el área postrema está
altamente vascularizada con vasos sanguíneos fenestrados que carecen de
uniones estrechas (zona occludentes) entre las células endoteliales capilares.
La CTZ está especializada anatómicamente para tomar fácilmente muestras de
los elementos presentes en la sangre circulante y en el fluido cerebroespinal
(CSF, siglas en inglés).[3,4]
La evidencia con que contamos actualmente indica que la emesis aguda posterior
a la quimioterapia comienza con la liberación de neurotransmisores por células
susceptibles a la presencia de substancias tóxicas en la sangre o en el CSF.
Las células del área postrema en la CTZ y las células enterocromafines en el
interior de la mucosa intestinal están implicadas en el inicio y la
propagación de estímulos aferentes que finalmente convergen en las estructuras
centrales correspondientes al "centro del vómito." La contribución relativa
de estas vías múltiples que culminan en los síntomas de náuseas y vómitos es
compleja y se supone que es responsable por la emetogenicidad variable
(emetogenicidad intrínseca y factores mitigantes, es decir, dosificación, vía
de administración, periodo de exposición) y las características emetógenas (o
sea, intervalo previo al comienzo, severidad y duración de los síntomas) de
los agentes.
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No todos los pacientes con cáncer tienen náuseas y/o vómitos. Las causas
más comunes son los fármacos emetógenos de la quimioterapia y la radioterapia
aplicada a la región gastrointestinal, el hígado o el cerebro. También se ha
identificado varias características en los pacientes, entre las que figuran la
incidencia y severidad de náuseas y vómitos (N&V) durante cursos anteriores de
quimioterapia, antecedentes de uso crónico de alcohol, la edad y el género del
paciente. Los pacientes que no han controlado bien las náuseas y los vómitos
durante ciclos anteriores de quimioterapia tienden a sufrir de estos en ciclos
posteriores. Es menos probable que tengan náuseas y vómitos los pacientes con
antecedentes de consumo elevado y crónico de alcohol,[1,2] y más probable que
sufran de estos síntomas la mujer [3,4] y los pacientes más jóvenes (<50
años).[3]
Otras posibles causas incluyen el desequilibrio de fluidos y de electrólitos,
como la hipercalcemia, la depleción de volumen y la intoxicación de agua;
invasión de tumor o crecimiento en la región gastrointestinal, el hígado o el
sistema nervioso central, especialmente la fosa posterior; estreñimiento;
ciertos fármacos como los opioides; infección o septicemia; o uremia. Las
variables psicológicas del estado de ansiedad (nivel de ansiedad durante las
infusiones quimioterapéuticas), y las expectaciones pretratamiento del
paciente sobre la náusea y el vómito (autopronóstico) también han sido
investigadas como indicadores que predicen la náusea postratamiento.[5-10] Al
presente los estudios han encontrado diversos resultados que varían debido al
uso de diferentes métodos de investigación. Sin embargo, estudios más
recientes y mejor diseñados han encontrado que el estado de ansiedad así como
el esperar náusea, son buenos indicadores que predicen la aparición de la
náusea postratamiento, aun después de haberse controlado algunos indicadores
fisiológicos conocidos como (la susceptibilidad a la náusea como consecuencia
del estado de embarazo o de los mareos que se producen al estar en un vehículo
en movimiento) y el potencial emetogenético de los fármacos
quimioterapéuticos.[7-9] Sin embargo, es importante hacer notar que las
esperanzas y temores de los pacientes con relación a la quimioterapia pueden
variar y cambiar con el tiempo.[11] En un estudio longitudinal [11] el temor
que sienten los pacientes al vomito antes del tratamiento, disminuyó de manera
significativa entre el período de pretratamiento hasta 3 o 6 meses después,
especialmente cuando la quimioterapia incluye medicamentos antiheméticos.
Los clínicos que tratan las náuseas y los vómitos deben estar alerta a todos
los factores y causas posibles, especialmente en el caso de los pacientes con
cáncer que pueden estar recibiendo una combinación de varios tratamientos y
medicamentos. (Ver el sumario del PDQ sobre el Dolor, para obtener mayor
información sobre la náusea y vómito inducida por el opio.)
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La prevalencia de náuseas y vómitos anticipatorios (ANV) ha variado debido a
la variedad de definiciones y métodos de evaluación.[1] Sin embargo, las
náuseas anticipatorias (AN, por sus siglas en inglés) parecen ocurrir
aproximadamente en 29% de los pacientes que reciben quimioterapia, o alrededor
de 1:3, mientras que los vómitos anticipatorios (AV, por sus siglas en inglés)
parecen suceder en 11% de los pacientes, o sea como 1:10.[2] Con la
introducción de nuevos agentes farmacológicos (antagonistas de los receptor de
5HT3), se esperaba que la prevalencia de ANV se reduciría; no obstante, los
estudios han dado resultados contradictorios. En un ensayo se observó una
incidencia menor de ANV,[3] mientras que otros 3 estudios encontraron tasas de
incidencia comparables.[2,4,5] Parece ser que los agentes 5HT3 pueden reducir
los vómitos después de la quimioterapia pero no las náuseas
postquimioterapéuticas,[2,5] y su repercusión en las náuseas y los vómitos
anticipatorios no se conoce a ciencia cierta.
Aunque se han propuesto otros mecanismos teóricos,[6] las náuseas y los
vómitos anticipatorios parecen explicarse mejor por medio del condicionamiento
clásico (conocido también como Pavloviano o condicionamiento del
respondiente). [7] En el condicionamiento clásico, un estímulo que antes era
neutral (p.ej., olores del ámbito de la quimioterapia) llegan a producir una
respuesta condicionada (o sea, ANV) después de una serie de apareamientos
previos o intentos de aprendizaje. En la quimioterapia oncológica las
primeras infusiones de quimioterapia son los intentos de aprendizaje. Los
fármacos de la quimioterapia son el estímulo no condicionado que elicita las
náuseas y los vómitos después de la quimioterapia (en algunos pacientes). Se
aparean con una serie de otros estímulos ambientales neutrales (como por
ejemplo, los olores del medio ambiente, la enfermera oncóloga, la sala de
quimioterapia). Estos estímulos que anteriormente eran neutrales se
convierten entonces en estímulos condicionados que provocan ANV en los ciclos
quimioterapéuticos posteriores. La ANV no es una indicación de
psicopatología, sino más bien una respuesta aprendida que, en otras
situaciones de la vida (como en la intoxicación con alimentos) resulta ser una
evitación adaptiva. Varios estudios correlacionales ofrecen apoyo empírico
para el condicionamiento clásico. Por ejemplo, la prevalencia de ANV antes de
cualquier quimioterapia es muy rara, y muy pocos pacientes sufren de ANV sin
antes haber padecido de náuseas postquimioterapéuticas. [8] Además, en la
mayoría de los estudios se ha observado una probabilidad más elevada de ANV
con el aumento de infusiones quimioterapéuticas, y la ANV se intensifica según
se acerca el momento de la infusión del paciente. [9] En un ensayo
experimental se mostró que una bebida nueva podía convertirse en un estímulo
condicionado a las náuseas cuando se apareaba con varios tratamientos de
quimioterapia.[10]
Se han investigado muchas variables como posibles factores que se
correlacionan con la incidencia de ANV con el fin de crear una lista de
"factores de riesgo", pero aun no hay conformidad en cuanto a los factores que
predicen la ANV. Sin embargo, un paciente que presenta menos de 3 de las 8
características siguientes rara vez padece de ANV, y un examen sistemático
después de la primera infusión de quimioterapia podría identificar a los
pacientes que corren mayor riesgo de padecer estos síntomas:[11]
------------------------------------------------------------------------------
Cuadro 1: Variables asociadas con una incidencia mayor de náuseas y vómitos
anticipatorios.
------------------------------------------------------------------------------
Características de los pacientes Menor de 50 años de edad Náuseas y vómitos
después de la última sesión de quimioterapia Náuseas de postratamiento
calificadas como "moderada, severa o intolerable" Vómitos de postratamiento
calificados como "moderados, severos o intolerables" Sensación de calor por
todo el cuerpo después de la última sesión de quimioterapia Susceptibilidad a
sufrir de la enfermedad del movimiento (cinetosis) Sudoración después de la
última sesión de quimioterapia Debilidad generalizada después de la última
sesión de quimioterapia
------------------------------------------------------------------------------
Entre las otras variables que, según se ha observado, se correlacionan con la
ANV se encuentran las siguientes: alto estado de ansiedad (ansiedad reactiva
a situaciones específicas); [12] mayor reactividad del sistema nervioso
autónomo y reacción más lenta; [13] expectativas del paciente antes de
comenzar el tratamiento de que habrá náuseas relacionadas con la
quimioterapia; [14] porcentaje de infusiones de quimioterapia seguidos por
náuseas; [15] mareo después de la quimioterapia, y mayor periodo latente antes
de que se manifiesten las náuseas y los vómitos después del tratamiento. [16]
Por último, una variable de correlación muy importante es el potencial
emetógeno de varios agentes quimioterapéuticos. No es sorprendente que los
pacientes que reciben fármacos cuyo potencial para causar náuseas y vómitos
después del tratamiento es moderado o severo tienen mayor probabilidad de
tener náuseas y vómitos anticipatorios. [12]
Las drogas antieméticas no parecen controlar las náuseas y los vómitos
anticipatorios una vez que estos se han manifestado.[2] No obstante, se ha
estudiado una serie de intervenciones de la conducta,[17] entre las que
figuran relajamiento muscular progresivo con imaginería guiada,[18]
hipnosis,[19] desensibilización sistemática,[20] electromiografía (EMG, por
sus siglas en inglés), retroalimentación biológica térmica,[21] y distracción
por medio del uso de juegos de video. [22,23] El relajamiento muscular
progresivo con imaginería guiada, la hipnosis y la desensibilización
sistemática se han investigado más y constituyen el tratamiento recomendado.
Enviar el paciente a un psicólogo o a otro profesional de salud mental
especializado y que tenga experiencia trabajando con pacientes de oncología se
recomienda cuando se identifican náuseas y vómitos anticipatorios. Mientras
más pronto se identifique las náuseas y los vómitos anticipatorios, más
probabilidad hay de que sea eficaz el tratamiento y, por lo tanto, es
imprescindible realizar un examen sistemático temprano y enviar el paciente a
los especialistas.
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Etiología
La quimioterapia es la causa de náuseas y vómitos más común relacionada con el
tratamiento. La incidencia y severidad de la emesis aguda en las personas que
reciben quimioterapia varía de acuerdo a muchos factores, entre los que
figuran el fármaco en particular, la dosis, el horario de administración, la
vía de administración y otras variables particulares a cada paciente. En la
gran mayoría de los pacientes de oncología, estos síntomas pueden evitarse o
controlarse.
Factores de riesgo
Los factores de riesgo de la emesis aguda incluyen dificultad en controlar los
síntomas con la quimioterapia anterior, género femenino, y edad joven. [1]
Clasificaciones emetógenas
La American Society of Clinical Oncology (Sociedad Americana de Oncología
Clínica, ASCO) ha desarrollado un sistema de clasificación de los agentes
quimioterapéuticos y sus respectivos riesgos de emesis aguda y retrasada. [1]
Cisplatino de alto riesgo
Se ha documentado la ocurrencia de emesis en más del 99% de los pacientes.
cisplatino (Platinol)
No cisplatino de alto riesgo
Se ha documentado la ocurrencia de emesis en 30% hasta más de 90% de los
pacientes.
dacarbazina (DTIC-Dome) actinomicina-D (Cosmegan) mecloretamina (Mustargen)
estreptozocina (Zanosar) hexametilmelamina (Hexalen) carboplatino (Paraplatin)
ciclofosfamida (Cytoxan) lomustina (CeeNU) carmustina (BiCNU) daunorrubicina
(DaunoXome) doxorrubicina (Adriamycin) epirrubicina (Pharmorubicin)
idarrubicina (Idamycin) citarabina (Cytostar) ifosfamida (Ifex)
Riesgo intermedio
Se ha documentado la ocurrencia de emesis en aproximadamente 10% a 30% de los
pacientes. irinotecán (Camptosar) mitoxantrona (Novantrone) paclitaxel (Taxol)
docetaxel (Taxotere) mitomicina (Mutamycin) topotecán (Hycamtin) gemcitabina
(Gemzar) etopósido (Vepesid) tenipósido (Vumon)
Bajo riesgo
Se ha documentado la ocurrencia de emesis en menos de 10% de los pacientes.
vinorelobina (Navelbine) fluorouracilo (Efudex) metotrexato (Rheumatrex)
tioguanina (Lanvis) mercaptopurina (Purinethol) bleomicina (Blenoxane)
1-asparaginasa (Elspar) vindesina (Eldisine) vinblastina (Velban) vincristina
(Oncovin) busulfán (Myleran) clorambucilo (Leukeran) melfalán (Alkeran)
hidroxiurea (Hydrea) fludarabina (Fludara) 2-clorodeoxiadenosina (Leustatin)
tamoxifeno (Nolvadex)
Además del potencial emetógeno, la dosis y el horario utilizados son también
factores extremadamente importantes. Por ejemplo, un fármaco con potencial
emetógeno bajo administrado en dosis elevadas puede causar un aumento
impresionante en el potencial para inducir náuseas y vómitos. Las dosis
normales de citarabina rara vez producen náuseas y vómitos, pero estos
síntomas a menudo se presentan con dosis elevadas de este fármaco. Otro
factor que debe considerarse es la combinación de fármacos. Como la mayoría
de los pacientes recibe quimioterapia combinada, debe tomarse en cuenta el
potencial emetógeno de todos los fármacos combinados y las dosis individuales
de cada fármaco.
Náusea y vómito retrasados (emesis): la náusea y el vómito que se presentan
más de 24 horas de haberse administrado la quimioterapia se le consideran como
náusea y vómitos retrasados. La náusea y el vómito retrasados están
relacionadas con la administración de cisplatino, ciclofosfamida y otros
medicamentos (p.ej., doxorrubicina e ifosfamida) administradas en altas dosis
o por dos días o más consecutivos.
Etiología Hay mucha más probabilidad de que los pacientes que sufren de emesis
aguda con la quimioterapia tengan emesis retrasada.
Factores de riesgo Todas las características predictivas de emesis aguda deben
considerarse un factor de riesgo para la emesis retrasada. La emesis
retrasada se ha asociado con niveles elevados de morbilidad y hay pocas
opciones de tratamiento de eficacia comprobada. [2-4]
Clasificaciones emetógenas Véase la sección sobre emesis aguda más arriba.
Opciones de tratamiento La emesis retrasada se trata basándose en el potencial
emetógeno del agente quimioterapéutico que se haya administrado. La ASCO
recomienda los tratamientos siguientes para la emesis retrasada. [1]
Cisplatino de alto riesgo Se recomienda tratar a todos los pacientes que
reciben cisplatino, con un corticosteroide más metoclopramida o más un
antagonista de 5-HT3 para la prevención de la emesis retrasada.
No cisplatino de alto riesgo Un corticosteroide profiláctico como agente
único, un corticosteroide profiláctico más metoclopramida, y un
corticosteroide profiláctico más un antagonista del 5-HT3 son los regímenes de
tratamiento sugeridos para la prevención de la emesis retrasada.
Riesgo intermedio o bajo Para los pacientes que están recibiendo estos agentes
quimioterapéuticos, no se sugiere el uso preventivo ordinario de antieméticos
para la emesis retrasada.
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Los agentes antieméticos son la forma más común de intervención en el manejo
de náuseas y vómitos relacionados con el tratamiento. La terapia antiemética
se funda en el control neuroquímico del vómito. A pesar de que no se
comprende con claridad el mecanismo exacto, se sabe que los neurorreceptores
periféricos y la zona desencadenante quimiorreceptora (CTZ) contienen
receptores de serotonina, histamina (H1 y H2), dopamina, acetilcolina,
opioides y muchos otros neurotransmisores endógenos.[1,2] Muchos antieméticos
actúan al bloquear competitivamente los receptores de estas substancias,
inhibiendo así la estimulación de los nervios periféricos en la CTZ, y quizás
en el "centro del vómito". La mayoría de los fármacos que tienen una
actividad antiemética comprobada pueden categorizarse en uno de los siguientes
grupos: antagonistas competitivos en los receptores dopaminérgicos (del
subtipo D2) o receptores serotoninérgicos ((del subtipo) 5-HT3 ó
5-hidroxitriptamina-3), corticosteroides o cannabinoides. Los ejemplos de
antagonistas dopaminérgicos incluyen las fenotiacinas, benzamidas de
sustitución y butirofenonas. Aunque se enumeran todas las vías de
administración para cada uno de los fármacos siguientes, la vía intramuscular
debe utilizarse solamente cuando no sea posible otra vía de acceso. La
administración intramuscular es dolorosa, se asocia con absorción errática del
fármaco y puede producir un absceso estéril o fibrosis de los tejidos. Esto
adquiere una importancia particular cuando han de administrarse más de 1 ó 2
dosis de un fármaco.
Fenotiacinas
Las fenotiacinas actúan sobre los receptores dopaminérgicos en la zona
desencadenante quimiorreceptora, y quizás en otros centros del sistema
nervioso central (SNC) y periféricamente. Con excepción de la tioridacina,
muchas fenotiacinas poseen actividad antiemética, incluyendo la clorpromacina
administrada en una dosis de 10 a 50 mg por vía oral, intramuscular,
intravenosa y rectal (dosis pediátrica para mayores de 12 años: 10 mg cada 6 a
8 horas; para menores de 12 años: 5 mg cada 6 a 8 horas); la tietilperacina
administrada en una dosis de 5 a 10 mg por vía oral, intramuscular e
intravenosa; y la perfenacina. La consideración primaria en la selección de
las fenotiacinas son las diferencias de sus características referentes a
efectos adversos, que substancialmente se correlacionan con sus clases
estructurales. Generalmente las fenotiacinas alifáticas (p.ej., la
clorpromacina, la metotrimepracina) producen sedación y efectos
anticolinérgicos, mientras que las piperacinas (p.ej., proclorperacina,
tietilperacina, perfenacina y flufenacina) están asociadas con una sedación
menor pero con mayor incidencia de reacciones extrapiramidales.
Proclorperacina
La proclorperacina es quizás el antiemético de uso más frecuente (y empírico)
y, en dosis bajas, suele ser eficaz en la prevención de las náuseas asociadas
con la radioterapia y en el tratamiento de náuseas y vómitos atribuidos a los
fármacos quimioterapéuticos que son muy poco o moderadamente emetógenos. La
proclorperacina es una fenotiacina y se puede administrar por vía oral,
intramuscular, intravenosa y rectal. Se administra generalmente en dosis de
10 a 50 mg (dosis pediátrica: 6 mg cada 4 a 6 horas). También se usan dosis
más altas (p.ej., 0,2 a 0,6 mg/kg/dosis) intravenosamente para la
quimioterapia de alto potencial emetógeno.[3,4] Las fenotiacinas pueden tener
un valor especial en el tratamiento de pacientes que tienen náuseas y vómitos
retrasados (síntomas posteriores a la fase aguda) en los regímenes de
cisplatino.[5]
Como con otros antagonistas dopaminérgicos, los efectos secundarios más
comunes de la proclorperacina son las reacciones extrapiramidales (distonías
agudas, acatisias, síndrome neuroléptico maligno [poco común], y raramente,
acinesias y discinesias), y sedación. Si la proclorperacina se administra
rápidamente por vía intravenosa en dosis elevadas, también puede causar una
marcada hipotensión. La administración que se prolonga por lo menos 30
minutos parece adecuada para evitar episodios de hipotensión.[6-8]
Butirofenonas
Droperidol y Haloperidol
Estos dos fármacos representan otra clase de antagonistas de los receptores
dopaminérgicos (subtipo D2) que son similares a las fenotiacinas estructural y
farmacológicamente. Mientras que el droperidol se usa principalmente como un
adyuvante para la inducción de anestesia, el haloperidol es indicado como
fármaco neuroléptico antipsicótico; sin embargo, ambos agentes tienen una
potente actividad antiemética. El droperidol se administra por vía
intramuscular o intravenosa, típicamente de 1 a 2,5 mg cada 2-6 horas, aunque
se han administrado dosis más elevadas (hasta 10 mg) sin complicaciones.[9,10]
El haloperidol se administra por vía intramuscular, intravenosa u oral,
típicamente de 1 a 4 mg cada 2-6 horas.[11] Ambos agentes pueden producir
reacciones extrapiramidales, acatisia, hipotensión y sedación.
Antagonistas de la dopamina 2
Metoclopramida
Benzamida de sustitución que, antes de la introducción de los antagonistas de
los receptores de serotonina (5-HT3), se consideraba el agente antiemético más
eficaz por sí solo ante la quimioterapia altamente emetógena como el
cisplatino. Aunque la metoclopramida es un antagonista competitivo en
receptores dopaminérgicos (D2), es más eficaz contra los vómitos agudos cuando
se administra por vía intravenosa en dosis elevadas (p.ej., de 0,5 a 3
mg/kg/dosis), probablemente porque es un antagonista competitivo débil (con
relación a otros antagonistas de la serotonina) en los receptores de 5-HT3.
Puede que actúe sobre la CTZ y la periferia. La metoclopramida también
aumenta la presión inferior del esfínter esofágico e incrementa la tasa del
vaciado gástrico, lo cual puede contribuir a su efecto antiemético global. Se
puede administrar por vía intravenosa en la dosis aprobada por la FDA de 1-2
mg/kg cada 2 horas (o menos frecuentemente) por 3-5 dosis. La metoclopramida
ha sido administrada sin contratiempos por inyección de bolo endovenoso en
mayores dosis únicas (hasta 6 mg/kg) y por infusión endovenosa continua, con
una dosis de bolo de "carga" y sin ella, con una eficacia comparable a los
horarios de múltiples dosis intermitentes. [12-14] La metoclopramida está
asociada con la acatisia y con efectos distónicos extrapiramidales, viéndose
estos últimos más comúnmente en personas menores de 30 años, y los primeros
apareciendo más frecuentemente en pacientes mayores de 30 años. La
difenhidramina, el mesilato de benzotropina y el trihexilfenidil se suelen
usar profiláctica o terapéuticamente para contrarrestar por medios
farmacológicos las reacciones extrapiramidales (EPR, por sus siglas en
inglés).[6,15] Mientras que la rigidez de rueda dentada, la distonía aguda y
el temblor responden a medicamentos anticolinérgicos, la acatisia, la
sensación subjetiva de desasosiego o la incapacidad para permanecer sentado,
se tratan mejor: 1)cambiando, si es posible, a un neuroléptico de menor
potencia emetógena; 2)bajando la dosis, o; 3) añadiendo una benzodiacepina (o
sea, loracepam) o un bloqueador beta (o sea, propranolol).
Antagonistas de 5-HT3
Tres antagonistas de los receptores de serotonina, el ondansetrón, el
granisetróna y el dolastrón, están a la venta en los Estados Unidos. Se cree
que los agentes de esta clase previenen las náuseas y los vómitos al impedir
que serotonina, liberada por las células enterocromafines en la mucosa
gastrointestinal, inicie la transmisión aferente al SNC a través de los
nervios simpáticos vago y espinal.[16] Es posible que los antagonistas de
5-HT3 también bloqueen la estimulación de la serotonina en la CTZ y otras
estructuras del SNC.
Ondansetrón
Varios estudios han demostrado que el ondansetrón produce una respuesta
antiemética que es igual o superior a las dosis elevadas de metoclopramida,
pero el ondansetrón tiene un perfil superior de toxicidad comparada con los
agentes antagonistas dopaminérgicos.[17-23] El ondansetrón (0,15 mg/kg) se
administra por vía intravenosa 15-30 minutos antes de la quimioterapia y se
repite cada 4 horas por dos dosis adicionales. Alternativamente, para los
pacientes mayores de 18 años, un amplio estudio de varios centros determinó
que una sola dosis de 32 mg de ondansetrón es más eficaz para tratar las
náuseas y el vómito inducidos por el cisplatino que una sola dosis de 8 mg, y
es tan eficaz como el régimen estándar de tres dosis de 0,15 mg/kg
administradas cada 4 horas empezando 30 minutos antes de la quimioterapia.[24]
Actualmente, las preparaciones orales e inyectables de ondansetrón están
aprobadas para utilizarse sin modificar la dosis en los pacientes mayores de 4
años de edad, incluso los ancianos y los pacientes con insuficiencia renal.
El ondansetrón oral se administra 3 veces al día empezando 30 minutos antes de
la quimioterapia y continuando hasta durante 2 días después de que terminar la
quimioterapia. Los pacientes mayores de 12 años de edad deben recibir 4
mg/dosis. El ondansetrón no está aprobado para usarse en niños menores de 4
años. El despejo del ondansetrón disminuye en pacientes con severa
insuficiencia hepática; por lo tanto, tales pacientes deben recibir una sola
dosis oral o inyectable no mayor de 8 mg. Actualmente no se cuenta con
ninguna información que evalúe la inocuidad de repetidas dosis diarias de
ondansetrón en los pacientes con insuficiencia hepática.
Otros horarios efectivos de dosificación, tales como la infusión intravenosa
continua (p.ej., 1 mg/h por 24 horas) o la administración oral también se han
evaluado.[24] Los efectos adversos principales incluyen dolor de cabeza (el
cual se puede tratar con analgésicos leves), constipación o diarrea, fatiga,
resequedad de la boca, y elevación transitoria asintomática en los análisis de
las funciones del hígado (transminasas de alanina)[ALT] y de aspartato [AST]),
las cuales pueden estar relacionadas con la administración simultánea de
cisplatino.[25] El ondansetrón ha estado implicada etiológicamente en algunos
estudios de casos prácticos que conciernen la trombocitopenia, la
insuficiencia renal y eventos trombóticos.[26] Además, algunos informes de
prácticos han implicado al ondansetrón como causante de reacciones
extrapiramidales. Sin embargo, no es claro, en algunos casos, si los eventos
descritos fueron de hecho reacciones extrapiramidales, y en otros informes la
evidencia se confunde por el uso simultáneo de otros agentes que se sabe
producen reacciones extrapiramidales. No obstante, la mayor ventaja de los
antagonistas de los receptores de serotonina sobre los antagonistas de los
receptores dopaminérgicos es que tienen menos efectos adversos.
Granisetrón
El granisetrón ha mostrado eficacia para prevenir y controlar las náuseas y
los vómitos en una amplia gama de dosis (p.ej., 10-80 microgramos por
kilogramo y, empíricamente, 3 mg/dosis). En los Estados Unidos, la inyección
y las tabletas orales de granisetrón están aprobadas para la profilaxis
inicial y de repetición para pacientes que reciben quimioterapia emetógena,
incluso dosis elevadas de cisplatino. El granisetrón es farmacológica y
farmacocinéticamente distinto del ondansetrón; sin embargo, clínicamente
parece ofrecer igual eficacia e inocuidad.[27-29] Ambas preparaciones de
granisetrón se administran antes de la quimioterapia, ya sea como una sola
dosis intravenosa de 10 microgramos por kilogramo (0,01 mcg/kg) ó 1 mg
oralmente (tabletas de 1 mg) cada 12 horas.
Las preparaciones de granisetrón y la inyección de ondansetrón comparten la
misma indicación contra quimioterapia altamente emetógena. En contraste, la
preparación oral de ondansetrón ha sido aprobada sólo para usarse contra las
náuseas y los vómitos asociados con la quimioterapia moderadamente emetógena.
Actualmente, la inyección de granisetrón está aprobada para usarse sin
modificar la dosificación en pacientes mayores de 2 años de edad, incluso los
ancianos y los pacientes con insuficiencia hepática y renal. El granisetrón
oral no ha sido aprobado todavía para usarse en los pacientes pediátricos.
Dolasetrón
Las preparaciones orales e inyectables se indican para la prevención de
náuseas y vómitos asociados con la quimioterapia anticáncer moderadamente
emetógena, incluso los cursos iniciales y repetidos. El dolasetrón oral debe
dosificarse como 100 mg. dentro de 1 hora antes de la quimioterapia. El
dolasetrón intravenoso debe administrarse en forma de una dosis única de 1,8
mg/kg aproximadamente 30 minutos antes de la quimioterapia.
La eficacia del dolasetrón oral en la prevención de náuseas y vómitos
inducidos por la quimioterapia se ha comprobado en un gran ensayo comparativo
aleatorio doblemente anónimo que abarcó 399 pacientes. [30] Se administró
entre 25 mg y 200 mg de dolasetrón oral 1 hora antes de la quimioterapia. El
otro grupo de la investigación consistió en la administración de ondansetrón
oral (8 mg) 1,5 horas antes de la quimioterapia y cada 8 horas después, hasta
un total de 3 dosis. La tasas de respuesta completa mejoraron según se
aumentó la dosis de dolasetrón. Tanto los 200 mg de dolasetrón como el
ondansetrón produjeron tasas de respuesta completa significativamente más
elevadas en comparación con el dolasetrón en dosis de 25 mg o 50 mg. (Se
definió la respuesta completa como la ausencia de episodios eméticos, sin usar
medicamentos antieméticos de escape.) La inyección de dolasetrón también se
ha comprobado eficaz en la prevención de náuseas y vómitos provocados por la
quimioterapia. [31]
Comparación de agentes
Los clínicos deben tener en cuenta que la información más reciente sugiere que
no hay grandes diferencias en la eficacia y toxicidad de los 3 antagonistas de
los receptores 5HT3 (ondansetrón, granisetrón, dolasetrón) que han sido
aprobados para el tratamiento de náuseas y vómitos agudos inducidos por la
quimioterapia. Estos tres agentes son equivalentes en eficacia y toxicidad
cuando se utilizan en dosis apropiadas.[32-34]
Aunque el ondansetrón, el granisetrón y el dolasetrón son superiores a otros
antieméticos, ninguno de los tres agentes proporciona tasas altas continuas de
respuesta a través de tratamientos que se administran por dos o más días
consecutivos ni durante la fase postaguda de síntomas retrasados. [35-37]
Estos agentes muestran mayor eficacia antiemética en combinación con los
corticosteroides (Véase la sección sobre Terapia de combinación).[21,38-41]
Otros antagonistas de 5HT-3 La batanoprida y el tropisetrón están actualmente
en evaluación.[42,43] Hasta ahora, los antagonistas de la serotonina no han
mostrado eficacia en tratar los síntomas de la fase retrasada (postaguda; más
de 24 horas después del tratamiento emetógeno). Además, su administración
resulta cara y podría ser inasequible para algunos pacientes.[26,44]
Antagonista de la substancia P En un estudio publicado, se administró acetil
morfolina trisustituida oral (L- 754,030) en 3 grupos de tratamiento. [2] 1)
Granisetrón + dexametasona + 400 mg de L-754,030 antes del tratamiento con
cisplatino + 300 mg de L-754,030 del segundo al quinto día. 2) Granisetrón +
dexametasona + 400 mg de L-754,030 antes del tratamiento con cisplatino +
placebo del segundo al quinto día. 3) Granisetrón + dexametasona + placebo
todos los días.
Entre los pacientes que recibieron el L-754,030 hubo una disminución
importante de vómitos durante la fase de emesis aguda en comparación con los
que recibieron el placebo (p<0,001). Además, en la fase de emesis retrasada,
hubo una disminución importante de vómitos entre los pacientes tratados con
L-754,030 en comparación con los que recibieron el placebo. También hubo una
reducción importante de náuseas en los pacientes asignados de forma aleatoria
al grupo 1 en comparación con los del grupo 3 durante la fase de emesis
retrasada (p=0,003). El trabajo no encontró efectos adversos de consideración
atribuibles al L-754,030. [45]
Otros agentes que se usan como profilaxis y tratamiento de las náuseas y los
vómitos inducidos por la quimioterapia, solos o regímenes de combinación de
antieméticos, incluyen los corticosteroides (dexametasona, metilprednisolona)
y un cannabinoide (dronabinol). Las benzodiacepinas (loracepam, midazolam,
alprazolam, diacepam) son también valiosos adjuntos en combinación con
regímenes antieméticos agudos. El informe de un caso práctico sobre la
olanzapina, un nuevo medicamento antipsicótico atípico, indica que puede tener
una función como adyuvante en el tratamiento de náuseas y vómitos provocados
por la quimioterapia. Es necesario hacer más investigaciones antes de poder
ofrecer recomendaciones definitivas. [46]
Se han publicado dos estudios recientemente que muestran que en ensayos
clínicos de fase II, una nueva clase de fármacos, los antagonistas de la
sustancia P o antagonistas de los receptores de neurocinina-1, han mostrado
mejor control de las náuseas y los vómitos agudos provocados por la
quimioterapia cuando se usan en combinación con dexametasona y antagonistas de
los receptores 5HT3. Además, y lo que es aún más importante, se controló
significativamente las náuseas y los vómitos retrasados en comparación con el
placebo. Estos agentes, usados como agentes solos, mostraron promesa en
controlar las náuseas y los vómitos retrasados. Actualmente se estudian en
ensayos clínicos de fase III. [45,47]
Corticosteroides
A veces se usan esteroides como agentes únicos contra la quimioterapia
emetógena leve y moderada, pero se utilizan más a menudo en combinaciones de
fármacos antieméticos.[48-50] Su mecanismo de acción antiemética no se
comprende cabalmente, pero puede ser que afecten la actividad prostaglandina
en el cerebro. Clínicamente, los esteroides disminuyen cuantitativamente o
eliminan los episodios de náuseas y vómitos y pueden mejorar el humor de los
pacientes, produciendo de esta forma un sensación subjetiva de bienestar o
euforia (aunque también pueden causar depresión y ansiedad). En combinación
con la metoclopramida en dosis elevadas, los esteroides pueden mitigar los
efectos adversos, tales como la frecuencia de episodios de diarrea.
Los esteroides se administran frecuentemente por vía intravenosa antes de la
quimioterapia y pueden ser repetidos o no. La dosificación y los horarios de
administración se seleccionan empíricamente. La dexametasona es a menudo el
tratamiento de elección para náuseas y vómitos en los pacientes que reciben
radiación al cerebro, ya que también reduce el edema cerebral. Se administra
por vía oral, intramuscular o intravenosa en dosis de 8 mg a 40 mg (dosis
pediátrica: 0,25-0,5 mg/kg).[51-55] La metilprednisolona también se
administran oral, intramuscular o intravenosamente en dosis y horarios que
varían de 40 mg a 500 mg cada 6-12 horas y hasta 20 dosis.[50,56]
La dexametasona también se usa oralmente para las náuseas y los vómitos
retrasados. Sin embargo, el uso prolongado de corticosteroides es
improcedente y puede causar morbilidad substancial, inclusive inmunosupresión,
debilidad muscular proximal (especialmente implicando los muslos y
antebrazos), necrosis aséptica de los huesos largos, formación de cataratas,
hiperglucemia y exacerbación de la diabetes preexistente o escalación de la
diabetes subclínica a patología clínica, supresión adrenal con
hipocortisolismo, letargia, aumento de peso, irritación de la región
gastrointestinal, insomnio, ansiedad, cambios de humor y psicosis. Como se
había mostrado anteriormente con la metoclopramida, numerosos estudios han
comprobado que la dexametasona potencializa las propiedades antieméticas de
los agentes que bloquean el 5-HT3.[38,39,57-59] Si se administra
intravenosamente, la dexametasona se debe dar en 10 ó 15 minutos, pues la
administración rápida puede causar sensaciones de calor generalizado, comezón
o ardor en la faringe, dolor perineal agudo y/o rectal transitorio. [54,60-62]
La prednisona y la hormona adrenocorticotrópica (ACTH) administradas
simultáneamente con otros agentes activos antieméticos también han mostrado
eficacia contra quimioterapia a base de cisplatino durante la fase aguda
(dentro de las 24 horas después de recibir la quimioterapia).[63-65] En un
estudio aleatorio doblemente anónimo de la metoclopramida y la dexametasona
con 1 mg de ACTH o sin él, los pacientes que recibieron profilaxis de ACTH
para la quimioterapia que contenía cisplatino experimentaron una disminución
considerable en la incidencia y la severidad de la emesis retardada hasta 72
horas después del tratamiento.[65]
Cannabinoides
Los cannabinoides también afectan supuestamente las estructuras superiores del
SNC para evitar las náuseas y los vómitos.[66] El dronabinol
(delta-9-tetrahidrocannabinol) es una de las substancias psicoactivas
presentes en la marihuana cruda. A causa de las limitaciones sociales y
culturales y del bajo índice terapéutico en dosificaciones de utilidad
clínica, los cannabinoides no se encuentran con frecuencia entre los agentes
que primero se seleccionan para uso clínico, pero pueden ser útiles y
aceptados en ciertos pacientes. El dronabinol se administra oralmente en
dosis de 5-15 miligramos por metro cuadrado 1-3 horas antes de la
quimioterapia, luego cada 2-4 horas hasta un total de 6 dosis al día.[67-69]
Los efectos adversos experimentados junto con los efectos farmacológicos y
psicogénicos de los cannabinoides incluyen un síndrome agudo de supresión,
sedación, resequedad de la boca, hipotensión ortostática, mareos y ataxia.
Los efectos que produce el dronabinol sobre el SNC en dosificaciones de
eficacia mínima incluyen la euforia o disforia; sentimientos de indiferencia,
depresión, ansiedad, paranoia y pánico; disminución de la función
cognoscitiva; pérdida de la memoria; aumento de tendencias hacia conductas
impulsivas y compulsivas; alteración de la percepción, tales como un sentido
deformado del tiempo; otras alteraciones sensoriales; alucinaciones; y,
raramente, síndrome cerebral orgánico psicótico.[70-73] Los efectos
cardiovasculares adversos se manifiestan típicamente en las dosis algo mayores
de las recomendadas para el efecto antiemético e incluyen taquicardia,
vasodilatación con efectos variables sobre la presión sanguínea, síntomas
ortostáticos y disminución de la temperatura corporal. Con la administración
crónica, la tolerancia a los efectos cardiovasculares y subjetivos pueden
ocurrir de unos días a unas semanas después del inicio del tratamiento.[66]
Benzodiacepinas Las benzodiacepinas, tales como el lorazepam, el midazolam
y el alprazolam, han llegado a reconocerse como valiosos adyuvantes en la
prevención y el tratamiento de la ansiedad y de los síntomas anticipatorios de
náuseas y vómitos que están asociados con la quimioterapia, especialmente con
los regímenes altamente emetógenos dados a los niños.[74-76] Es importante
hacer notar que las benzodiacepinas no han mostrado una actividad antiemética
intrínseca como agentes individuales. Por lo tanto, su lugar en la profilaxis
y el tratamiento antieméticos es complementario a otros agentes
antieméticos.[77] Las benzodiacepinas actúan supuestamente en las estructuras
superiores del SNC, en el tronco cerebral y la médula espinal y producen
efectos ansiolíticos, sedantes y amnésicos anterógrados. Además, disminuyen
significativamente la severidad de las reacciones extrapiramidales,
especialmente la acatisia, asociadas con los antieméticos antagonistas de los
receptores dopaminérgicos.
Loracepam
El loracepam puede administrarse por vía oral, intramuscular, intravenosa y
sublingual. La dosificación oscilan de 0,5 mg a 3 mg (alternativamente,
0,025-0,05 mg/kg, ó 1,5 miligramos por metro cuadrado, pero no más de 4
mg/dosis) en adultos y 0,03-0,05 mg/kg en niños cada 6-12 horas.[74,78-81] El
midazolam produce una sedación que puede ser desde leve hasta marcada durante
1-4,5 horas en dosis equivalentes a 0,04 mg/kg dadas por vía intravenosa en
3-5 minutos.[82,83] Se ha mostrado que el alprazolam es eficaz cuando se
administra en combinación con metoclopramida y metilprednisolona.[84]
Los efectos adversos de la benzodiacepina incluyen sedación, disturbios de la
percepción, trastornos de micción y/o defecación, disturbios visuales,
hipotensión, amnesia anterógrada, dependencia psicológica, confusión, ataxia y
disminución de la agudeza mental con intoxicación.[85]
Terapia de combinación
Los regímenes antieméticos de combinación son cada vez más populares en los
programas de tratamiento con quimioterapia altamente emetógena. Se puede usar
una combinación de varios fármacos para atacar las náuseas y los vómitos desde
varios sitios y mecanismos de acción. La mayoría de los regímenes combinan un
antagonista de la dopamina con agentes que no bloquean la dopamina. Un
ejemplo de régimen de combinación es la administración de metoclopramida,
dexametasona y loracepam a un paciente internado siendo tratado con un régimen
que contiene cisplatino, de la siguiente forma:
metoclopramida IV, 2 mg/kg antes de la quimioterapia dexametasona IV, 20 mg
antes de la quimioterapia loracepam IV, 1-2 mg antes de la quimioterapia (2 mg
si pesa más de 77 kg.) metoclopramida IV, 1 mg/kg cada 3 h por 3 dosis
dexametasona IV, 10 mg loracepam IV, 1 mg cada 4 h prn
Los regímenes de combinación de antieméticos se han convertido en la atención
estándar para controlar las náuseas y los vómitos agudos provocados por la
quimioterapia. Hoy día, los pacientes que están recibiendo quimioterapia
altamente emetógena, también reciben profilaxis con uno de los 3 antagonistas
de receptores 5HT3 aprobados, más 20 mg de dexametasona. Esto da como
resultado el control completo de las náuseas y los vómitos agudos en 70% de
los pacientes que están recibiendo quimioterapia altamente emetógena. Las
náuseas retrasadas ocurrirán en dos tercios de estos pacientes, proporción
ésta que puede reducirse a 50% con el uso de dexametasona con metoclopramida o
sin ella. Los antagonistas de los receptores 5HT3 no parecen ser útiles en el
control de las náuseas retrasadas en pacientes que recibieron regímenes
altamente hemetogénicos. [86]
Los pacientes que están recibiendo quimioterapia moderadamente emetógena deben
recibir también dexametasona profiláctica más antagonistas de los receptores
5HT3. Esto debe dar como resultado el control completo de las náuseas y los
vómitos agudos provocados por la quimioterapia en 75% a 80% de los pacientes.
Las náuseas retrasadas ocurrirán en 40% a 50% de estos pacientes, tasa que se
puede reducir algo usando dexametasona con metoclopramida o sin ella. Los
antagonistas de los receptores de 5HT3 tampoco parecen eficaces en las náuseas
retrasadas en pacientes que recibieron regímenes moderadamente hemetogénicos.
[86,87]
Al seleccionar los antieméticos, hay factores generales que se deben
considerar. Estos incluyen la dosis, la vía de administración y el horario.
Por ejemplo, las personas que reciben quimioterapia de potencial emetógeno
alto pueden requerir dosis más elevadas de antieméticos. Los pacientes que
reciben quimioterapia altamente emetógena como pacientes externos (por
ejemplo, que regresan a casa sin un acceso intravenoso continuo) podrían
beneficiarse con la administración por vía sublingual o rectal de agentes
antieméticos. Ya que la duración de la acción de los fármacos difiere
enormemente, el horario de administración de los antieméticos afectará
directamente su éxito. La acción de la metoclopramida es de corta duración
(de 2 a 3 horas) y por consecuencia deberá administrarse frecuentemente. El
loracepam, por otra parte, tiene una acción más prolongada (de 4 a 8 horas) y
no se debe administrar tan frecuentemente como la metoclopramida. La misma
consideración debe tenerse en cuenta cuando se trata de regímenes antieméticos
combinados. Cada fármaco debe considerarse por separado. El mantener un
nivel adecuado de un fármaco específico en la sangre para evitar las náuseas y
los vómitos es imprescindible para el éxito de cualquier programa antiemético.
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** NAUSEA, VOMITO, ESTREÑIMIENTO Y OBSTRUCCION INTESTINAL EN EL CANCER
AVANZADO **
Las náuseas y el vómito son síntomas comunes en pacientes con cáncer avanzado;
se presentan aproximadamente en 21% a 68% de estos pacientes.[1,2] La
fisiopatología subyacente y el tratamiento difieren un poco con respecto a las
náuseas relacionadas con la radioterapia o quimioterapia. Las náuseas
crónicas puede alterar en forma significativa la calidad de vida del paciente.
Las náuseas crónicas tienen a menudo un origen multifactorial en los pacientes
con cáncer avanzado. [1,2] Los responsables pueden ser los medicamentos,
entre ellos algunos que se prescriben con frecuencia en el cáncer avanzado,
como son los opioides, los antiinflamatorios no esteroides y los
antidepresivos del grupo de los inhibidores de la recaptación selectiva de
serotonina (SSRI, por sus siglas en inglés). En el caso de los opioides, las
náuseas por lo general desaparecen en forma espontánea unos días después de
iniciado el tratamiento. Sin embargo, en algunos casos puede persistir. Se
ha informado de náuseas como resultado de la acumulación de los metabolitos
activos de los opioides (morfina- 6-glucurónido)[3] y los pacientes con
alteraciones de la función renal pueden tener un riesgo más elevado. Los
opioides producen invariablemente estreñimiento, si no se toman medidas
profilácticas (como son el uso de un régimen laxante en forma habitual), y el
estreñimiento es una de las causas más comunes de náuseas en pacientes con
cáncer avanzado. [4-7] Las alteraciones de la motilidad gastrointestinal
inducidas por los opioides, se pueden sumar al problema de disminución de la
motilidad gastrointestinal que los pacientes experimentan como parte del
síndrome de anorexia-caquexia del cáncer avanzado. La disfunción autónoma que
acompaña a menudo este síndrome ocasiona disminución de la motilidad
gastrointestinal, saciedad temprana y náuseas crónicas. [8-10] Otras causas
de náuseas crónicas en estos pacientes incluyen presión endocraneal elevada
(debido a enfermedades cerebrales o a tumores cerebrales primarios); anomalías
metabólicas como la hipercalcemia, hiponatremia y uremia; deshidratación;
obstrucción intestinal maligna y úlceras gastroduodenales. Las náuseas, al
igual que muchos otros síntomas, puede tener componentes psicológicos que
exacerben o induzcan las náuseas crónicas.
Es indispensable efectuar una anamnesis completa donde se registre la
frecuencia y eficacia de las deposiciones y de la terapia laxante. Se deben
analizar los medicamentos concomitantes, y documentar la frecuencia y
naturaleza de las náuseas y el vómito. El examen debe tratar de excluir la
obstrucción intestinal, la retención fecal, la deshidratación y la presión
endocraneal elevada. La anamnesis y exploración física son precarias para
determinar el grado de estreñimiento. [4] Para este fin resulta útil tomar
una placa radiográfica simple del abdomen. [11] Las imágenes radiológicas
quirúrgicas del abdomen pueden ser útiles si se sospecha una obstrucción
intestinal. También ayudan las investigaciones para determinar las
concentraciones sanguíneas de electrolitos y calcio, así como de los
parámetros renales.
El tratamiento se centra en la identificación de las causas subyacentes, en
solucionarlas en cuanto sea posible y en controlar los síntomas. [1,2] El
conocimiento básico de las vías eméticas y la identificación de las posibles
causas subyacentes sirven de guía para la selección de los antieméticos. Se
han propuesto múltiples regímenes de antieméticos para el control de las
náuseas crónicas en el cáncer avanzado. Sin embargo, faltan estudios
prospectivos que comparen un régimen con otro. La metoclopramida y la
domperidona se recomiendan generalmente como terapia de primera línea, porque
mejoran la motilidad gastrointestinal y actúan sobre la zona gatillo de los
quimiorreceptores (como resultado de sus propiedades antidopaminérgicas). [12]
La metoclopramida se puede administrar por vía oral o parenteral (subcutánea o
intravenosa) en dosis de 10 mg, cuatro veces al día, o cada cuatro horas,
dependiendo de la gravedad de las náuseas. También se deben ordenar dosis de
rescate según la necesidad, para controlar el empeoramiento del episodio de
náuseas, que se pueda presentar. Los efectos adversos de tipo extrapiramidal
son una complicación potencial de estos medicamentos, pero parecen ocurrir con
poca frecuencia. La domperidona, que actualmente no se encuentra disponible
en los Estados Unidos, está asociada con menos de estos efectos adversos.
Desafortunadamente el medicamento no se encuentra disponible para
administración parenteral. Se pueden utilizar dimenhidrinato (Dramamine) o
antihistamínicos, si se sospecha una obstrucción intestinal completa (en la
cual están contraindicados los agentes procinéticos),o si los pacientes no
toleran otros antieméticos. El haloperidol, un potente agente
antidopaminérgico, podría considerarse si la obstrucción intestinal es el
problema subyacente. [13] Las fenotiacinas se utilizan algunas veces, pero la
alta incidencia de efectos adversos, como somnolencia y efectos
anticolinérgicos relacionados (hipotensión ortostática y confusión), limitan
su uso. La clorpromazina tiene una actividad antiemética modesta pero una
alta incidencia de sedación, hipotensión postural y efectos anticolinérgicos
adversos, mientras que los derivados de la piperazina como la proclorperazina,
son antieméticos más fuertes, pero causan más efectos secundarios
extrapiramidales. El butilbromuro de hioscina, por otra parte, puede ser útil
para pacientes que experimenten cólico debido a una obstrucción intestinal
completa.
En pacientes con náuseas crónicas intratables, una infusión parenteral
continua de metoclopramida puede ser útil, en dosis de 60 mg a 120 mg al día.
[14] En determinados pacientes también puede ser útil el uso racional de
corticosteroides como la dexametasona, en conjunción con un antiemético
tradicional. No se conoce el mecanismo exacto de acción ni la dosis óptima de
corticosteroides para esta indicación.
En contraste con las náuseas inducidas por la radioterapia o quimioterapia, no
está clara la utilidad de los antagonistas de los receptores de 5-HT3 (como el
ondasetrón) en el caso de náuseas crónicas en cáncer avanzado, pero parecen
estar limitados a un número pequeño de casos muy especiales, específicamente a
aquellos en donde los demás tratamientos han fracasado. [15]
El tratamiento del estreñimiento puede dividirse en intervenciones generales y
medidas terapéuticas. [16] Las intervenciones generales incluyen la
prevención del estreñimiento por medio del uso regular de regímenes laxantes,
especialmente en pacientes que están en tratamiento con opioides, y en la
eliminación , hasta donde sea posible, de factores médicos que puedan
contribuir al estreñimiento (como por ejemplo, la suspensión de medicamentos
que causen estreñimiento y no sean indispensables). Los regímenes laxantes
profilácticos pueden consistir en ablandadores de las heces, como el docusato
y en estimulantes intestinales, como las sennosidas. En ocasiones se puede
agregar lactulosa. Estos regímenes se deben revisar en forma periódica, para
ajustar la dosificación, dependiendo de la regularidad de las deposiciones.
Aunque en general se recomiendan las dietas con alto contenido de fibra,
pueden ser difíciles de cumplir para los pacientes con cáncer muy avanzado.
Los productos que aumentan el volumen de las heces, como el psyllium o la
celulosa, con frecuencia no son adecuados para pacientes con cáncer avanzado.
La alta cantidad de líquidos que es necesario tomar con estos productos,
resulta con frecuencia intolerable para los pacientes con cáncer avanzado.
Las intervenciones terapéuticas para el tratamiento rutinario del
estreñimiento se pueden administrar por vía oral o rectal. Los laxantes
orales incluyen aumentadores de volumen, agentes osmóticos, catárticos de
contacto y agentes para lavado del colon. Los laxantes salinos, incluidas las
sales de sodio (fosfato de sodio) y las de magnesio (citrato de magnesio),
pueden ser útiles para tratar un estreñimiento establecido. Los fosfatos de
sodio se administran generalmente por vía rectal en un enema, pero también
existen soluciones orales disponibles. El citrato de magnesio se administra
por lo general por vía oral y puede ser especialmente útil si el estreñimiento
es principalmente en el intestino proximal. El bisacodilo, un catártico de
contacto disponible en forma de supositorio, puede ser útil para tratar un
estreñimiento establecido. Cuando el estreñimiento haya desaparecido, se debe
revisar el régimen laxante (sennosida y docusato) con el fin de optimizarlo.
La acción de las sales de sodio y magnesio no es fisiológica, debe evitarse su
administración continua y periódica. Los laxantes salinos se deben utilizar
con precaución en pacientes con disfunción renal o insuficiencia cardiaca. En
ocasiones se utilizan enemas de aceite mineral que actúan a la vez como
lubricantes y como ablandadores de las heces. Sin embargo, pueden interferir
con la absorción de las vitaminas solubles en la grasa y presentan un riesgo
de neumonía lipoidea en pacientes debilitados. El uso de enemas y
supositorios rectales está por lo general limitado al tratamiento agudo, a
corto plazo, de los episodios más graves de estreñimiento. No obstante, los
pacientes con problemas intestinales neurógenos (por ejemplo, los pacientes
con compresión irreversible de la médula espinal), requieren tratamiento
continuo y periódico con supositorios, como parte de su cuidado intestinal.
La vía rectal está contraindicada en pacientes con compromiso de la integridad
de la mucosa de la pared intestinal.
Desafortunadamente no se han llevado a cabo estudios adecuados que comparen
los diversos laxantes, para poder hacer recomendaciones que se basen en
pruebas, sobre el régimen laxante óptimo. Los pacientes con cáncer avanzado
tienen riesgo de volverse estreñidos y por lo general requieren un régimen de
evacuación periódica, aunque no estén comiendo. Esta necesidad se incrementa
cuando están en un tratamiento con opioides. En ocasiones los pacientes
presentan un síndrome de intestino narcótico resistente al tratamiento, a
pesar de un intenso cuidado intestinal. Puede ser útil administrar por vía
oral un antagonista de los opioides, como la naloxona, pero este enfoque
requiere más investigación. [5-7] La dosis óptima no se ha identificado y
existe riesgo de que se precipite una abstinencia sistémica por opioides.
Aproximadamente el 20% de los pacientes que recibieron el antagonista en un
estudio, experimentaron el síndrome de abstinencia por opioides.
El enfoque inicial para evaluar y tratar la obstrucción intestinal maligna en
el paciente con cáncer avanzado, consiste en determinar si la obstrucción es
reversible o no y si es parcial o completa. [17,18] Se debe evaluar la
posibilidad de realizar una resección o una derivación intestinal. Existen
diversas opciones médicas para aumentar la comodidad de los pacientes con
obstrucciones intestinales inoperables.[19,20] Los procedimientos quirúrgicos
menos agresivos, como la inserción de una sonda para gastrostomía con salida
de aire, pueden proporcionar un considerable alivio. Cuando la obstrucción es
completa e irreversible, la creación de ostomías también puede proporcionar
alivio. Las sondas nasogástricas se pueden utilizar en forma temporal
mientras la obstrucción desaparece, pero cuando ésta es irreversible, se deben
considerar otras opciones, como la inserción de una sonda de gastrostomía.
Los antieméticos con propiedades procinéticas están relativamente
contraindicados en presencia de una obstrucción completa y en esos casos se
pueden requerir alternativas, como un antihistamínico o haloperidol. La
experiencia clínica sugiere que los corticosteroides (p.ej., dexametasona en
dosis inicial de 6 mg a 10 mg por vía subcutánea, 3 ó 4 veces al día), pueden
ser útiles para obstrucción intestinal maligna. [17,18] La dosis óptima y la
duración del tratamiento todavía no están definidas. La hidratación y
medicamentos como los opioides y los antieméticos se deben suministrar por
vías diferentes a la oral. La vía subcutánea puede ser muy conveniente y
eficaz para la administración, tanto de hidratación como de opioides. Esta
vía es tan eficaz como la intravenosa pero es menos invasiva y requiere menos
mantenimiento. La octreotida, un análogo de la somatostatina, puede ser útil
en dosis de 100 mcg a 200 mcg por vía subcutánea, tres veces al día, en casos
de obstrucción que no responde a tratamientos. [17,18,21] En los Estados
Unidos generalmente se administra como una infusión continua. Si la
obstrucción ocasiona un cólico intenso, se puede considerar el uso del
butilbromuro de hioscina. El uso de dispositivos colónicos como férulas
endoluminales en determinados pacientes está adquiriendo una mayor atención.
[22,23]
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También se emplean estrategias no farmacológicas para controlar las náuseas y
los vómitos. Éstas incluyen alteraciones alimenticias, hipnosis, acupuntura e
imaginería dirigida, las cuales pueden alterar positivamente la forma en que
el paciente percibe la experiencia de la quimioterapia, pero no altera
necesariamente los episodios eméticos.[1-3] Estas estrategias son quizás más
útiles en el tratamiento de las náuseas y los vómitos anticipatorios (AVN)
pero pueden también mejorar un programa de tratamiento farmacológico (Véase la
sección sobre el tratamiento de la AVN al principio de este sumario).
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Correlaciones
Los pacientes que reciben radiación en la región gastrointestinal o en el
cerebro tienen la mayor posibilidad de sufrir náuseas y vómitos como efectos
secundarios. Las células de la región gastrointestinal se dividen rápidamente
y, por lo tanto, son muy sensibles a la radioterapia. En el cerebro, se cree
que la radiación estimula el centro del vómito o la zona desencadenante
quimiorreceptora (CTZ, por sus siglas en inglés). Al igual que en la
quimioterapia, los factores de las dosis de radiación también tienen una
función en la determinación de la posible ocurrencia de náuseas y vómitos.
Por lo general, según más elevada sea la dosis fraccional y mayor la cantidad
de tejido irradiado, mayor es la posibilidad de que haya náuseas y vómitos.
Además, mientras mayor es la porción de la región gastrointestinal irradiada
(especialmente si el campo de irradiación comprende el intestino delgado y el
estómago), mayor es la posibilidad de que haya náuseas y vómitos. Por
ejemplo, la irradiación de todo el cuerpo antes del transplante de médula ósea
tiene una alta probabilidad de inducir náuseas y vómitos como efectos
secundarios agudos.
Prevalencia
Las náuseas y los vómitos provocados por la radioterapia pueden ser agudos y
autolimitantes, y suelen ocurrir entre media hora y varias horas después del
tratamiento. Los pacientes observan que los síntomas mejoran en los días en
que no están recibiendo tratamiento. También puede haber efectos acumulativos
en el caso de los pacientes que reciben radioterapia a la región
gastrointestinal.[1]
Tratamiento
Las tasas de respuesta completa con los antagonistas de 5HT3 para la
irradiación de cuerpo completo varía entre 50% y 90%.[2-4] No se ha estudiado
cuál es la función de los corticosteroides en combinación con los antagonistas
de 5-HT3.
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Date Last Modified: 11/2002
El Sistema Computarizado de Información sobre el Cáncer PDQ contiene
información adicional que no esta disponible en CancerMail: directorio de
instituciones y médicos que dan tratamiento a pacientes con cáncer y un
listado de protocolos de estudios clinicos activos. Para mayor información
sobre el acceso al PDQ, consulte el Contenido de CancerMail y asi podra
obtener los codigos referentes a la disponibilidad del PDQ.
Dr. G. Quade
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