"Fatiga"
is redistributed by University
of Bonn, Medical Center
Fatiga
208/04461
Get this document via a secure connection
- Descripcion
- Patogenesis De La Fatiga
- Factores Contribuyentes
- Evaluacion
- Intervencion
- Consideraciones Posteriores Al Tratamiento
CancerMail del Instituto Nacional del Cáncer
Información del PDQ para profesionales de la salud
Importante: La presente información está dirigida principalmente al
personal médico y otros profesionales de la salud. Si usted tiene
alguna pregunta relacionada al tema, puede preguntarle a su médico,
comunicarse con el Servicio de Información del Cáncer al
1-800-4-CANCER (1-800-422-6237)
La fatiga es una de las quejas más comunes entre las personas diagnosticadas
con cáncer.[1] La fatiga existe en 14% a 96% de las personas con cáncer,
especialmente entre los individuos que se encuentran bajo tratamiento.[2-5]
La fatiga es difícil de describir y, al tratar de hacerlo, los pacientes se
expresan de diversas formas, utilizando términos como cansado, débil,
extenuado, agotado, harto, fatigado, pesado o lento. Los profesionales de la
salud también se esfuerzan por describir la fatiga, empleando términos como
astenia, fatiga, lasitud, postración, intolerancia al ejercicio, falta de
energía y debilidad.
Definir la fatiga ha puesto a prueba durante muchos años el ingenio de
clínicos e investigadores. Por lo general, la fatiga puede ser definida como
un trastorno caracterizado por aflicción y disminución del funcionamiento
relacionado con una disminución de energía.[6,7] Las manifestaciones
específicas pueden ser de naturales física, mental o emocional. Para fines
clínicos y de investigación, es útil tratar de distinguir la fatiga
significativa relacionada con el cáncer de los otros tipos de fatiga para
orientar terapias específicas hacia la etiología subyacente.
La fatiga aguda es un cansancio normal o esperado caracterizado por síntomas
intermitentes localizados, inicio rápido y duración corta. Mientras que el
descanso restaura completamente al individuo saludable, llevándolo a su nivel
normal de funcionamiento, la presencia de la enfermedad neoplásica disminuye
esta capacidad restauradora. La fatiga crónica es persistente, dura semanas, y
no se anticipa que termine pronto.[1] La fatiga crónica describe una fatiga
prolongada y debilitante que es persistente o recidivante. La enfermedad se
diagnostica a veces en la población médica general.[8] Aunque una variedad
de factores relacionados con el tratamiento y la enfermedad pueden contribuir
al desarrollo de la fatiga, los mecanismos bioquímicos, fisiológicos y
psicológicos de este complejo de síntomas no se entienden bien. No existe un
procedimiento médico estándar para la evaluación y el tratamiento de la fatiga
en los pacientes de cáncer.
Para muchos pacientes diagnosticados con cáncer, la fatiga puede convertirse
en un asunto crítico en sus vidas. Puede afectar la sensación de bienestar
personal, la productividad diaria, actividades de la vida cotidiana,
relaciones con parientes y amigos, y el cumplimiento del tratamiento.[6,9]
Los recursos económicos pueden verse limitados cuando las personas que sufren
de fatiga se ven forzados a entrar en programas de incapacidad o se quedan sin
trabajo. Los resultados del tratamiento pueden entonces verse comprometidos
debido a las dificultades de mantener seguros de salud, los problemas de
acceso a la atención médica o frente a las barreras económicas para obtener un
tratamiento agresivo.[10]
Por lo tanto, conocer a fondo la fatiga puede conducir a la iniciación de
intervenciones eficaces. Se han validado varios instrumentos para medir la
fatiga en los pacientes de cáncer y se están utilizando para caracterizar el
síntoma de fatiga y su efecto en la calidad de vida.[11-17] Intervenciones
como el uso de la epoteína alfa que intentan mejorar la calidad de la vida y
la capacidad de funcionamiento del paciente están en evaluación y han dado
resultados prometedores.[18,19]
Bibliografía:
-
Miaskowski C, Portenoy RK: Update on the assessment and management of
cancer-related fatigue. Principles and Practice of Supportive Oncology
Updates 1(2): 1-10, 1998.
-
Irvine DM, Vincent L, Bubela N, et al.: A critical appraisal of the
research literature investigating fatigue in the individual with cancer.
Cancer Nursing 14(4): 188-199, 1991.
-
Vogelzang NJ, Breitbart W, Cella D, et al.: Patient, caregiver, and
oncologist perceptions of cancer-related fatigue: results of a tripart
assessment survey. The Fatigue Coalition. Seminars in Hematology 34(3
suppl 2): 4-12, 1997.
-
Detmar SB, Aaronson NK, Wever LD, et al.: How are you feeling? Who wants
to know? Patients' and oncologists' preferences for discussing
health-related quality-of-life issues. Journal of Clinical Oncology
18(18): 3295-3301, 2000.
- Costantini M, Mencaglia E, Giulio PD, et al.: Cancer patients as
"experts" in defining quality of life domains. A multicentre survey by
the Italian Group for the Evaluation of Outcomes in Oncology (IGEO).
Quality of Life Research 9(2): 151-159, 2000.
-
Pickard-Holley S: Fatigue in cancer patients: a descriptive study.
Cancer Nursing 14(1): 13-19, 1991.
-
Stone P, Richards M, Hardy J: Fatigue in patients with cancer. European
Journal of Cancer 34(11): 1670-1676, 1998.
-
Fukuda K, Straus SE, Hickie I, et al.: The chronic fatigue syndrome: a
comprehensive approach to its definition and study. International
Chronic Fatigue Syndrome Study Group. Annals of Internal Medicine
121(12): 953-959, 1994.
-
Glaus A: Assessment of fatigue in cancer and non-cancer patients and in
healthy individuals. Supportive Care in Cancer 1(6): 305-315, 1993.
-
Curt GA: The impact of fatigue on patients with cancer: overview of
FATIGUE 1 and 2. The Oncologist 5(suppl 2): 9-12, 2000.
-
Yellen SB, Cella DF, Webster K, et al.: Measuring fatigue and other
anemia-related symptoms with the Functional Assessment of Cancer Therapy
(FACT) Measurement System. Journal of Pain and Symptom Management
13(2): 63-74, 1997.
-
Piper BF, Dibble SL, Dodd MJ, et al.: The revised Piper Fatigue Scale:
psychometric evaluation in women with breast cancer. Oncology Nursing
Forum 25(4): 677-684, 1998.
-
Schwartz AL: The Schwartz Cancer Fatigue Scale: testing reliability and
validity. Oncology Nursing Forum 25(4): 711-717, 1998.
-
Hann DM, Jacobsen PB, Azzarello LM, et al.: Measurement of fatigue in
cancer patients: development and validation of the Fatigue Symptom
Inventory. Quality of Life Research 7(4): 301-310, 1998.
-
Aaronson LS, Teel CS, Cassmeyer V, et al.: Defining and measuring
fatigue. Journal of Nursing Scholarship 31(1): 45-50, 1999.
-
Mendoza TR, Wang XS, Cleeland CS, et al.: The rapid assessment of fatigue
severity in cancer patients: use of the Brief Fatigue Inventory. Cancer
85(5): 1186-1196, 1999.
-
Okuyama T, Akechi T, Kugaya A, et al.: Development and validation of the
Cancer Fatigue Scale: a brief, three-dimensional, self-rating scale for
assessment of fatigue in cancer patients. Journal of Pain and Symptom
Management 19(1): 5-14, 2000.
-
Glaspy J, Bukowski R, Steinberg D, et al.: Impact of therapy with epoetin
alfa on clinical outcomes in patients with nonmyeloid malignancies
during cancer chemotherapy in community oncology practice. Procrit Study
Group. Journal of Clinical Oncology 15(3): 1218-1234, 1997.
-
Demetri GD, Kris M, et al, for the Procrit Study Group: Quality-of-life
benefit in chemotherapy patients treated with epoetin alfa is
independent of disease response or tumor type: results from a
prospective oncology study. Journal of Clinical Oncology 16(10):
3412-3425, 1998.
El mecanismo preciso que causa o que fomenta la fatiga en los pacientes de
cáncer se desconoce. Es probable que muchos mecanismos diferentes desempeñen
esta función.[1] Se ha propuesto varios modelos para el estudio de la fatiga.
la tensión nerviosa prolongada que produce una respuesta de estrés podría
utilizarse como modelo para la fatiga.[2] Las personas con cáncer
frecuentemente padecen de tensión nerviosa extraordinaria por un largo período
de tiempo, lo que les hace gastar energía y sentir un alto nivel de fatiga.
En contraste, un estudio mostró que las necesidades energéticas varían en esta
población,[3] lo que indica que, además de estos, hay otros factores que
contribuyen a la fatiga.
Se ha propuesto un modelo neurofisiológico para estudiar la fatiga. Este
modelo tiene componentes tanto centrales como periféricos. Su componente
central consiste en la psiquis, el cerebro y la médula espinal. El sistema
periférico consiste en nervios periféricos, sarcolema muscular, sistema
tubular transverso, liberación de calcio, acción recíproca de la actina y la
miosina, calor y tensión de puente cruzado y rendimiento de fuerza y energía.
El trastorno de los componentes centrales provoca falta de motivación,
deterioro en la transmisión de la médula espinal y el mal funcionamiento o
agotamiento de las células cerebrales en la región hipotalámica. El deterioro
del componente periférico pueden causar deterioro en la transmisión de la
función nerviosa periférica en la unión neuromuscular, afectando así la
activación de la fibra. Se dice que ambos tipos de deterioro desempeñan una
función en la fatiga crónica. El mecanismo central puede ser la clave para
explicar la fatiga extrema de pacientes tratados con bioterapia.[4] Aún está
por establecerse si los regímenes quimioterapéuticos potencialmente
neurotóxicos causan fatiga a través de este mecanismo. Además, muchos
individuos con cáncer pueden estar recibiendo al mismo tiempo fármacos
analgésicos, hipnóticos, antidepresivos, antieméticos o anticonvulsivos.
Debido a que muchos de estos fármacos ejercen su efecto en el sistema nervioso
central, pueden agravar significativamente el problema de la fatiga.
Otra perspectiva en el estudio de la fatiga se concentra en la reducción de
depósitos de proteínas en el músculo esquelético que pueden ser el resultado
del factor endógeno de necrosis tumoral (TNF, por sus siglas en inglés) o del
TNF administrado como terapia antineoplásica. Esta debilidad muscular
requeriría que los individuos usen una cantidad de energía extraordinaria para
generar la fuerza contráctil adecuada al hacer ejercicio o al sentarse o
pararse durante períodos prolongados de tiempo.[5]
Por último, se ha propuesto un esquema conceptual de la fatiga que abarca
factores bioquímicos, fisiológicos y de conducta que causan manifestaciones de
fatiga.[6] Estos factores son modificados por la percepción de fatiga. Se
cree que hay trece modalidades que influyen en la fatiga: acumulación de
metabólitos, cambios en la energía y modalidad energética fundamental,
modalidad de actividad y descanso, modalidad de sueño y vigilia, modalidad de
la enfermedad, modalidad del tratamiento, modalidad de los síntomas, modalidad
psicológicas, modalidad de oxigenación, cambios en la modalidad de regulación
y transmisión, y otras modalidades relacionadas (p.ej., medio ambiente,
sucesos de la vida, ritmos circadianos únicos).
Bibliografía:
-
Miaskowski C, Portenoy RK: Update on the assessment and management of
cancer-related fatigue. Principles and Practice of Supportive Oncology
Updates 1(2): 1-10, 1998.
-
Aistars J: Fatigue in the cancer patient: a conceptual approach to a
clinical problem. Oncology Nursing Forum 14(6): 25-30, 1987.
-
Kaempfer SH, Lindsey AM: Energy expenditure in cancer: a review. Cancer
Nursing 9(4): 194-199, 1986.
-
Funk SG, Tornquist EM, Champagne MT, et al., eds.: Key Aspects of
Comfort: Management of Pain, Fatigue and Nausea. New York: Springer
Publishing, 1989.
-
St. Pierre BA, Kaspar CE, Lindsey AM: Fatigue mechanisms in patients with
cancer: effects of tumor necrosis factor and exercise on skeletal
muscle. Oncology Nursing Forum 19(3): 419-425, 1992.
-
Piper BF, Lindsey AM, Dodd MJ: Fatigue mechanisms in cancer patients:
developing nursing theory. Oncology Nursing Forum 14(6): 17-23, 1987.
Aunque resulta claro que la fatiga es frecuente entre los pacientes de cáncer,
ha resultado difícil identificar variables correlacionadas homogéneas en esta
población de pacientes. Los factores implicados con mayor frecuencia son los
siguientes: tratamiento del cáncer, anemia, fármacos, caquexia y anorexia,
trastornos metabólicos, deficiencia hormonal, aflicción psicológica,
trastornos del sueño, inactividad excesiva, deterioro pulmonar, disfunción
neuromuscular, dolor, infección y enfermedad médica concomitante.[1-7] Algunos
de estos factores se examinan más abajo.
La fatiga es un síntoma común que acompaña a la cirugía, la quimioterapia, la
radioterapia y a la terapia mediante modificadores de la respuesta biológica.
La fatiga relacionada con la quimioterapia y la radioterapia puede estar
asociada a la anemia o con una acumulación de los desechos que resultan de la
destrucción de las células.[8,9] En el caso de la radiación, la fatiga puede
estar asociada a una mayor demanda de energía para reparar el tejido epitelial
dañado.[10]
Se ha asociado una serie de factores patológicos, medioambientales,
psicológicos y nutritivos con la fatiga que resulta de la quimioterapia.
Algunas respuestas psicológicas al diagnóstico y tratamiento del cáncer son
los cambios de estado de ánimo y trastorno de la modalidad del sueño. Las
respuestas fisiológicas, entre ellas náusea, vómito, dolor crónico y caquexia,
también han sido citadas como factores que causan fatiga.[11]
Hace mucho tiempo que la fatiga se asocia con la exposición a la radiación;
sin embargo, el fenómeno de la fatiga que acompaña la radioterapia no se
entiende bien.[11] Una serie de estudios de investigación documentan la
existencia de un síndrome de fatiga que no es específico al tipo de enfermedad
ni al sitio de radiación, y que muestra una reducción paulatina de la fatiga
una vez que el paciente termina su tratamiento.[10,12-15] No obstante,
algunos de estos estudios indican que no todos los pacientes recuperan el
nivel de energía que tenían antes del tratamiento. No se han identificado
factores etiológicos específicos ni correlaciones de la fatiga asociada a la
radioterapia.[11] Entre los factores de riesgo relacionados con la
persistencia de bajos niveles de energía en los pacientes de cáncer se
encuentran mayor edad, enfermedad avanzada y terapia de modalidad
combinada.[16]
La fatiga es un efecto tóxico del tratamiento con una variedad de agentes
bioterapéuticos que limita la dosis de ese tratamiento. La terapéutica
biológica expone a los pacientes con cáncer a citocinas exógenas y
endógenas.[17] La fatiga relacionada con la terapéutica biológica ocurre por
lo general como parte de una constelación de síntomas llamados síndrome
parecido a la influenza. Este síndrome incluye fatiga, fiebre, escalofríos,
mialgias, dolores de cabeza e indisposición.[18] La fatiga mental y el
déficit cognoscitivo también han sido identificados como efectos secundarios
de la terapia biológica.[19] La clase de agente bioterapéutico utilizado puede
influir en el tipo de fatiga que se siente y su modalidad.
Muchas personas con cáncer se someten a cirugía para determinar el diagnóstico
o seleccionar el tratamiento. A pesar de la alta incidencia de fatiga
postoperatoria observada en la medicina clínica, existen pocos proyectos de
investigación que examinen las causas y correlaciones de la fatiga
postoperatoria en las personas con cáncer.[11] Está claro, sin embargo, que
la fatiga es un problema postoperatorio que mejora con el tiempo y se agrava
con la fatiga producida por otros tratamientos de cáncer.[11]
Los datos indican que la anemia podría ser un factor importante en la fatiga
relacionada con el cáncer y en la calidad de vida de los pacientes de
cáncer.[8,20,21] La anemia puede estar relacionada a la enfermedad misma o
deberse a la terapia. De vez en cuando la anemia no es más que una dolencia
que ocurre al mismo tiempo sin estar relacionada ni a la enfermedad ni a la
terapia. A menudo la anemia contribuye significativamente a los síntomas de
las personas con cáncer. Para cada paciente en particular, puede ser difícil
discernir cuál es el efecto actual de la anemia, ya que suelen haber otros
problemas que confunden la habilidad de sopesar las repercusiones específicas
de la anemia. Estas repercusiones varían de acuerdo a factores como la
rapidez con que comienza, la edad del paciente, el estado del volumen
plasmático y el número y severidad de las enfermedades concomitantes.[22] En
un hospital importante, se llevó a cabo una revisión retrospectiva con el fin
de entender el problema de la anemia en los pacientes que reciben
radioterapia. Inicialmente, la anemia era prevalente en el 48% de los
pacientes y luego aumentó a 57% durante la terapia. El aumento fue más común
en la mujeres que en los hombres (64% versus 51), sin embargo, los hombres con
cáncer de la próstata, fueron quienes tuvieron el mayor aumento de anemia
durante la radioterapia.[23] En algunos cánceres como el de la cervix y el de
la cabeza y cuello, la anemia es uno de los indicadores que predice que tanto
la supervivencia como la calidad de vida de los pacientes bajo radioterapia,
será precaria.[24-27]
La fatiga a menudo ocurre cuando los requisitos energéticos del cuerpo exceden
el abastecimiento de las fuentes de energía.[28,29] En las personas con
cáncer, puede haber tres mecanismos principales implicados: alteración de la
capacidad del cuerpo para procesar nutrientes eficazmente, aumento de los
requisitos energéticos del cuerpo y disminución de la ingestión de nutrientes
energéticos. Las causas de las alteraciones nutricionales se enumeran en el
CUADRO 1.
------------------------------------------------------------------------------
CUADRO 1: FACTORES DE NUTRICION/ENERGIA
------------------------------------------------------------------------------
Mecanismos Causas
------------------------------------------------------------------------------
Capacidad alterada para procesar Metabolismo defectuoso de glucosa,
nutrientes lípidos y proteínas
------------------------------------------------------------------------------
Mayores requisitos de energía Consumo de nutrientes por el tumor y
competencia del tumor por esos
nutrientes
Estado hipermetabólico debido al
crecimiento del tumor
Infección/fiebre
Disnea
------------------------------------------------------------------------------
Reducción de la ingestión de nutrientes Anorexia
energéticos Náusea/vómitos
Diarrea
Obstrucción intestinal
------------------------------------------------------------------------------
Se cree que numerosos factores relacionados con el estado de ánimo, las
creencias, actitudes y reacciones a la tensión nerviosa de las personas con
cáncer contribuyen al desarrollo de la fatiga crónica. Las causas no
orgánicas comprenden aproximadamente entre 40% y 60% de los casos de fatiga en
las poblaciones médicas generales. La ansiedad y la depresión son los
trastornos psiquiátricos más comunes.[30]
La depresión puede ser un síndrome mórbido incapacitante que afecta
aproximadamente de 15% a 25% de las personas que padecen de cáncer.[31] La
presencia de la depresión, manifestada como pérdida de interés, dificultad de
concentración, letargo y pérdida de la esperanza, puede agravar las causas
físicas de la fatiga en estos individuos y persistir incluso después de
resueltas las causas físicas.[32] La ansiedad y el temor relacionado con el
diagnóstico de cáncer como también su impacto en el bienestar físico,
psicosocial y económico de la persona, son fuentes de tensión emocional. Sólo
la ansiedad asociada con el diagnóstico del cáncer puede ocasionar fatiga. Un
estudio con 74 pacientes de cáncer de seno en etapa temprana, sin historial
médico de trastornos afectivos, evaluó varios síntomas que tenían que ver con
el reajuste a su nueva condición, aproximadamente dos semanas después del
diagnóstico; cerca del 45% notaron índices de fatiga que variaba de altos a
moderados. Esta fatiga pudo ser el resultado secundario del aumento en la
tensión cognoscitiva de tener que lidiar con el diagnóstico o el insomnio, el
cual el 60% de los pacientes definieron como moderado o grave. Por lo tanto,
la fatiga puede comenzar antes del tratamiento debido a las preocupaciones u
otros factores cognoscitivos, tanto primarios como secundarios al insomnio.
Esta fatiga se puede agravar mediante algunas formas de tratamiento.[33] (Para
mayor información, ver el sumario del PDQ sobre la depresión y la ansiedad.)
El deterioro de las funciones cognoscitivas, incluso la disminución de la
atención y el deterioro de la percepción y el pensamiento, se asocia por lo
general a la fatiga.[34] Aunque la fatiga y el deterioro cognoscitivo están
conectados, el mecanismo implícito de esta asociación no es claro. Las
exigencias mentales inherentes en el diagnóstico y tratamiento del cáncer se
han documentado bien; sin embargo, poco se sabe acerca del problema
concomitante de la fatiga de atención en las personas con cáncer. Los
problemas de atención son comunes durante el tratamiento de cáncer y después
de él. Algunos de los problemas de atención observados pueden ser causados
por la fatiga de atención.[35,36] La fatiga de atención puede ser aliviada
con actividades que promuevan descanso y recuperación de la atención dirigida.
Aunque el sueño es necesario para aliviar la fatiga de atención y restaurar
esa función, éste resulta insuficiente cuando hay altos requisitos de
atención. La literatura empírica indica que el medio ambiente natural
contiene las propiedades para restaurar la atención y aliviar la fatiga de
atención.
Las interrupciones del sueño, malos hábitos al dormir, reducción de las horas
de descanso nocturno o grandes períodos de inactividad o sueño diurno, son
algunos de los factores que causan o contribuyen a la fatiga relacionada con
el cáncer (CRF, por sus siglas en inglés). Los pacientes que desarrollaban
menos actividad durante el día a la vez que despertaban con mayor frecuencia
durante las noches, fueron quienes informaron de manera consistente, de un
mayor grado de CRF. Aquellos pacientes con una actividad pico más baja, según
las medidas tomadas por un monitor de actividad estilo reloj pulsera,
experimentaron los niveles más altos de fatiga.[6]
Algunos medicamentos además de los que se usan durante la quimioterapia pueden
contribuir a la fatiga. Con frecuencia los opioides que se utilizan en el
tratamiento del dolor relacionado con el cáncer, causan somnolencia, y esta
varía dependiendo del individuo. Otros tipos de medicamentos como los
antidepresivos tricíclicos, neurolépticos, bloqueadores beta, benzodiazepinas,
antihistaminas, etc, podrían también producir como efecto secundario un estado
de somnolencia. El tomar varios medicamentos a la vez, podría aumentar estos
efectos.
Bibliografía:
-
Blesch KS, Paice JA, Wickham R, et al.: Correlates of fatigue in people
with breast or lung cancer. Oncology Nursing Forum 18(1): 81-87, 1991.
-
Groopman JE: Fatigue in cancer and HIV/AIDS. Oncology (Huntington NY)
12(3): 335-344 (discussion 345-346, 351), 1998.
-
Irvine DM, Vincent L, Bubela N, et al.: A critical appraisal of the
research literature investigating fatigue in the individual with cancer.
Cancer Nursing 14(4): 188-199, 1991.
-
Hickok JT, Morrow GR, McDonald S, et al.: Frequency and correlates of
fatigue in lung cancer patients receiving radiation therapy:
implications for management. Journal of Pain and Symptom Management
11(6): 370-377, 1996.
-
Von Hoff D: Asthenia: incidence, etiology, pathophysiology, and
treatment. Cancer Therapeutics 1: 184-197, 1998.
-
Berger AM, Farr L: The influence of daytime inactivity and nighttime
restlessness on cancer-related fatigue. Oncology Nursing Forum 26(10):
1663-1671, 1999.
-
Engstrom CA, Strohl RA, Rose L, et al.: Sleep alterations in cancer
patients. Cancer Nursing 22(2): 143-148, 1999.
-
Glaspy J, Bukowski R, Steinberg D, et al.: Impact of therapy with epoetin
alfa on clinical outcomes in patients with nonmyeloid malignancies
during cancer chemotherapy in community oncology practice. Procrit Study
Group. Journal of Clinical Oncology 15(3): 1218-1234, 1997.
-
Cella D, Mo F, Peterman A: Anemia, fatigue, and quality of life in people
with cancer and HIV infection. Blood 88(10 suppl 1): A571, 146a, 1996.
-
Haylock PJ, Hart LK: Fatigue in patients receiving localized radiation.
Cancer Nursing 2(6): 461-467, 1979.
-
Winningham ML, Nail LM, Burke MB, et al.: Fatigue and the cancer
experience: the state of the knowledge. Oncology Nursing Forum 21(1):
23-36, 1994.
-
King KB, Nail LM, Kreamer K, et al.: Patients' descriptions of the
experience of receiving radiation therapy. Oncology Nursing Forum
12(4): 55-61, 1985.
-
Greenberg DB, Sawicka J, Eisenthal S, et al.: Fatigue syndrome due to
localized radiation. Journal of Pain and Symptom Management 7(1):
38-45, 1992.
-
Nail LM: Coping with intracavitary radiation treatment for gynecologic
cancer. Cancer Practice 1(3): 218-224, 1993.
-
Larson PJ, Lindsey AM, Dodd MJ, et al.: Influence of age on problems
experienced by patients with lung cancer undergoing radiation therapy.
Oncology Nursing Forum 20(3): 473-480, 1993.
-
Fobair P, Hoppe RT, Bloom J, et al.: Psychosocial problems among
survivors of Hodgkin's disease. Journal of Clinical Oncology 4(5):
805-814, 1986.
-
Piper BF, Rieger PT, Brophy L, et al.: Recent advances in the management
of biotherapy-related side effects: fatigue. Oncology Nursing Forum
16(6, Suppl): 27-34, 1989.
-
Haeuber D: Recent advances in the management of biotherapy-related side
effects: flu-like syndrome. Oncology Nursing Forum 16(6, Suppl): 35-41,
1989.
-
Mattson K, Niiranen A, Ivananien N: Neurotoxicity of interferon. Cancer
Treatment Reports 67(10): 958-996, 1983.
-
Vogelzang NJ, Breitbart W, Cella D, et al.: Patient, caregiver, and
oncologist perceptions of cancer-related fatigue: results of a tripart
assessment survey. The Fatigue Coalition. Seminars in Hematology 34(3
suppl 2): 4-12, 1997.
-
Demetri GD, Kris M, et al, for the Procrit Study Group: Quality-of-life
benefit in chemotherapy patients treated with epoetin alfa is
independent of disease response or tumor type: results from a
prospective oncology study. Journal of Clinical Oncology 16(10):
3412-3425, 1998.
-
Johnston E, Crawford J: The hematologic support of the cancer patient.
In: Berger A, Portenoy RK, Weissman DE, eds.: Principles and Practice of
Supportive Oncology. Philadelphia, Pa: Lippincott-Raven Publishers,
1998, pp 549-569.
-
Bush RS: The significance of anemia in clinical radiation therapy.
International Journal of Radiation Oncology, Biology, Physics 12(11):
2047-2050, 1986.
-
Fein DA, Lee WR, Hanlon AL, et al.: Pretreatment hemoglobin level
influences local control and survival of T1-T2 squamous cell carcinomas
of the glottic larynx. Journal of Clinical Oncology 13(8): 2077-2083,
1995.
-
Girinski T, Pejovic-Lenfant MH, Bourhis J, et al.: Prognostic value of
hemoglobin concentrations and blood transfusions in advanced carcinoma
of the cervix treated by radiation therapy: results of a retrospective
study of 386 patients. International Journal of Radiation Oncology,
Biology, Physics 16(1): 37-42, 1989.
-
Dubray B, Mosseri V, Brunin F, et al.: Anemia is associated with lower
local-regional control and survival after radiation therapy for head and
neck cancer: a prospective study. Radiology 201(2): 553-558, 1996.
-
Dunst J: Hemoglobin level and anemia in radiation oncology: prognostic
impact and therapeutic implications. Seminars in Oncology 27(2 suppl
4): 4-8, 2000.
-
Watanabe S, Bruera E: Anorexia and cachexia, asthenia, and lethargy.
Hematology/Oncology Clinics of North America 10(1): 189-206, 1996.
-
MacDonald N, Alexander HR, Bruera E: Cachexia-anorexia-asthenia. Journal
of Pain and Symptom Management 10(2): 151-155, 1995.
-
Reich SG: The tired patient: psychological versus organic causes.
Hospital Medicine 22(7): 142-154, 1986.
-
Henriksson MM, Isometsa ET, Hietanen PS, et al.: Mental disorders in
cancer suicides. Journal of Affective Disorders 36(1-2): 11-20, 1995.
-
Cella D, Davis K, Breitbart W, et al.: Cancer-related fatigue: prevalence
of proposed diagnostic criteria in a United States sample of cancer
survivors. Journal of Clinical Oncology 19(14): 3385-3391, 2001.
-
Cimprich B: Pretreatment symptom distress in women newly diagnosed with
breast cancer. Cancer Nursing 22(3): 185-194, 1999.
-
Rhodes VA, Watson PM, Hanson BM: Patients' descriptions of the influence
of tiredness and weakness on self-care abilities. Cancer Nursing 11(3):
186-194, 1988.
-
Holmes S: Preliminary investigations of symptom distress in two cancer
patient populations: evaluation of a measurement instrument. Journal of
Advanced Nursing 16(4): 439-446, 1991.
-
Oberst MT, James RH: Going home: patient and spouse adjustment following
cancer surgery. Topics in Clinical Nursing 7(1):46-57, 1985.
La evaluación de la fatiga es multidimensional en su naturaleza.[1] La
literatura ambigua y la carencia que había de medios específicos para medir la
fatiga han creado dificultades en el establecimiento de pautas de evaluación y
control. La evaluación completa del paciente con fatiga comienza con la
obtención de una historia concienzuda para describir la modalidad de la fatiga
del individuo e identificar todos los factores que contribuyen a su
desarrollo. Las siguientes áreas deben ser incluidas en la evaluación
inicial:
1. La modalidad de la fatiga, incluso su principio, duración e intensidad,
así como los factores que la agravan y alivian.
2. Tipo y grado de la enfermedad y de los síntomas y los efectos secundarios
relacionados con el tratamiento.
3. La historia clínica del tratamiento.
4. Los fármacos actuales.
5. La modalidad de reposo, descanso, hábitos de relajación, costumbres y
ritos.
6. Ingesta de alimentos y cualquier cambio de apetito o de peso.
7. Los efectos de la fatiga en las actividades cotidianas y el estilo de
vida.
8. Evaluación psiquiátrica, incluso evaluación de la depresión.
9. Reconocimiento físico completo, que incluya el modo de caminar, postura y
variación del movimiento.
10. Cumplimiento del tratamiento.
11. Desempeño en el trabajo.
12. Recursos económicos.
13. Otros factores contribuyentes (p.ej. anemia, disnea, debilidad muscular).
Debe prestarse atención específica a los factores subyacentes que contribuyen
a la fatiga y pueden ser corregibles. Estos incluyen anemia, depresión,
ansiedad, dolor, deshidratación, deficiencias nutricionales (p. ej. proteínas,
calorías, vitaminas), fármacos sedantes (p. ej. opioides, benzodiacepinas),
terapias neurotóxicas, infección, fiebre, trastornos del sueño e
inmovilidad.[2,3]
Los criterios propuestos para la fatiga relacionada con el cáncer se enumeran
más adelante. Dichos criterios han sido adoptados para incluirse en la
Clasificación Internacional de Enfermedades (ICD, por sus siglas en inglés),
10ma. edición, Modificación clínica.[4] El definir la fatiga relacionada con
el cáncer como un síndrome de diagnóstico tiene algunas ventajas y desventajas
potenciales. Una de las posibles ventajas es que permitiría a los clínicos
documentar la presencia o ausencia de fatiga en un patrón reproducible.
También puede resultar útil para establecer el reembolso apropiado para el
manejo de estos descubrimientos. La desventaja potencial de este enfoque es
que puede disuadir el manejo de la fatiga que no cubre el umbral para el
diagnóstico dentro de la ICD-10. La alternativa para el enfoque basado en el
síndrome, es el enfoque basado en el síntoma. Este enfoque basado en el
síntoma se usa comúnmente para fenómenos como el dolor y la náusea. El
enfoque basado en el síndrome se usa con frecuencia para la depresión. La
utilidad de los criterios de la ICD-10 para la fatiga relacionada con el
cáncer que se mencionan abajo, aún no han sido validados.
Criterio ICD-10 para la Fatiga relacionada con el cáncer
Los siguientes síntomas han estado presentes cada día o casi todos los días
durante el mismo período de 2 semanas en el último mes:
A. Fatiga significativa, disminución de la energía o aumento de la necesidad
de descansar, fuera de proporción con cualquier modificación reciente del
nivel de actividad; además de 5 o más de los siguientes:
1. Quejas de debilidad general, extremidades pesadas.
2. Concentración o atención disminuida.
3. Disminución de la motivación o del interés en las actividades
comunes.
4. Insomnio o hipersomnio.
5. Sueño que no refresca ni restaura.
6. Percepción de que se necesita luchar para superar la inactividad.
7. Reactividad emocional marcada (p. ej. tristeza, frustración o
irritabilidad) al sentimiento de fatiga
8. La dificultad de llevar a cabo tareas cotidianas se le atribuye al
sentimiento de fatiga.
9. Percepción de que hay problemas con la memoria a corto plazo.
10. La fatiga después del ejercicio dura varias horas.
B. Los síntomas ocasionan una aflicción clínica significativa o un deterioro
en el funcionamiento social, profesional o de otras áreas importantes del
comportamiento.
C. Hay signos en la historia clínica, el reconocimiento médico o el resultado
de análisis de que los síntomas surgen como consecuencia del cáncer o de la
terapia contra el cáncer.
D. Los síntomas no surgen principalmente como consecuencia de trastornos
psiquiátricos concomitantes como una depresión intensa, trastorno de
somatización, trastorno somatoforme o delirio.
Al igual que en el caso de otros síntomas puramente subjetivos como el dolor,
podría ser necesario alentar al paciente y a otros miembros de la familia a
mencionarle al personal médico los síntomas de fatiga. Debe darse a todos los
pacientes, al comienzo de su tratamiento, información sobre la posibilidad de
que la enfermedad subyacente o los tratamientos le produzcan fatiga, sobre las
opciones para controlarla y sobre la importancia de informar al médico de
estos síntomas.[2] Los pacientes podrían no hacer mención de su fatiga, a
menos que el médico la saque a relucir en la conversación.
Aunque no existe un estándar universalmente aceptado para medir la fatiga, se
ha desarrollado una variedad de instrumentos para evaluarla.[5-13] La fatiga
también se suele evaluar mediante instrumentos multidimensionales de calidad
de vida. Los instrumentos seleccionados para evaluar la fatiga se mencionan a
continuación:
- Breve inventario de la fatiga [11]
- La evaluación funcional de la anemia por terapia de cáncer [5]
- Evaluación funcional de la fatiga por terapia de cáncer [6]
- Escala Piper de autoinforme de la fatiga [7]
- Escala de fatiga por cáncer de Schwartz [8]
- Inventario de síntomas de la fatiga [13]
- El perfil de los estados de ánimo, subescala de fatiga/inercia [9]
- Escala visual análoga de Lee para la fatiga [10]
- Escala para la fatiga del cáncer [12]
La evaluación apropiada de la anemia en el paciente de cáncer abarca historia
clínica y reconocimiento médico cuidadosos, evaluación del conteo de sangre
completo y de los índices de glóbulos rojos, y análisis de frotis sanguíneo
periférico. En combinación, la información obtenida de estas investigaciones
suele dar un diagnóstico.
Un método que se usa comúnmente para clasificar la anemia es categorizar la
anemia por el tamaño de los glóbulos rojos medidos por el volumen corpuscular
medio (VCM, por sus siglas en inglés). Las anemias microcíticas se asocian
con un VCM inferior o igual a 79 femtolitros e incluyen la anemia por
deficiencia de hierro, la talasemia y la anemia crónica. Las anemias
macrocíticas se asocian con un VCM mayor de 101 femtolitros e incluyen las
anemias relacionadas con la deficiencia de vitamina B12 o de folato, la
mielodisplasia y la enfermedad hepática. La mayoría de las anemias son
normocíticas, lo que significa que el VCM se encuentra dentro de su nivel
normal. Esta categoría de anemias incluye la anemia mielotísica (anemia
debida al remplazo neoplásico de la médula ósea), casi todas las anemia
relacionadas con la quimioterapia, la anemia debida a disfunción renal o
hepática, la anemia hemolítica y la aplástica.[14] Una población mixta de
glóbulos rojos que consista en células microcíticas y macrocíticas
(anisocitosis),sin embargo, podría indicar una etiología combinada, por
ejemplo, pérdida crónica de sangre (microcítica) que da como resultado
reticulocitosis (macrocítica). En esta situación, el VCM puede estar dentro
de su nivel normal, pero la amplitud de distribución del tamaño de los
glóbulos rojos (RDW, por sus siglas en inglés) estaría elevada.
El análisis del frotis sanguíneo periférico, aunque suele pasarse por alto,
sigue siendo un paso importante en la evaluación de la anemia. Por ejemplo,
las células sanguíneas nucleadas y las de forma de lágrima indican anemia
mielotísica. Los macroovalocitos y neutrófilos hipersegmentados suelen
indicar anemia megaloblástica. Los eritrocitos pequeños en diana y
basofílicos puntiformes se asocian con la talasemia.
Otros estudios que a veces se requieren para caracterizar la anemia en un
paciente dado incluyen pruebas de los niveles de vitamina B12 o folato, de
hierro sérico, de transferrina y de ferritina, el nivel de eritropoietina,
prueba directa e indirecta de Coombs y examen de aspirado y biopsia de la
médula ósea. En los pacientes de cáncer, la etiología subyacente suele ser
multifactorial.
Bibliografía:
-
Portenoy RK, Miaskowski C: Assessment and management of cancer-related
fatigue. In: Berger A, Portenoy RK, Weissman DE, eds.: Principles and
Practice of Supportive Oncology. Philadelphia, Pa: Lippincott-Raven
Publishers, 1998, pp 109-118.
-
Cella D, Peterman A, Passik S, et al.: Progress toward guidelines for the
management of fatigue. Oncology (Huntington NY) 12(11A): 369-377, 1998.
-
Groopman JE: Fatigue in cancer and HIV/AIDS. Oncology (Huntington NY)
12(3): 335-344 (discussion 345-346, 351), 1998.
-
Portenoy RK, Itri LM: Cancer-related fatigue: guidelines for evaluation
and management. Oncologist 4(1): 1-10, 1999.
-
Cella D: The Functional Assessment of Cancer Therapy-Anemia (FACT-An)
Scale: a new tool for the assessment of outcomes in cancer anemia and
fatigue. Seminars in Hematology 34(3 suppl 2): 13-19, 1997.
-
Cella D: Manual of the Functional Assessment of Chronic Illness Therapy
(FACIT) Scales, Vol. 4. Chicago, Ill: Evanston Northwestern Healthcare,
1997.
-
Piper BF, Dibble SL, Dodd MJ, et al.: The revised Piper Fatigue Scale:
psychometric evaluation in women with breast cancer. Oncology Nursing
Forum 25(4): 677-684, 1998.
-
Schwartz AL: The Schwartz Cancer Fatigue Scale: testing reliability and
validity. Oncology Nursing Forum 25(4): 711-717, 1998.
-
McNair D, Lorr M, Droppelman L, et al.: Profile of Mood States. San
Diego, Calif: Educational and Industrial Testing Service, 1971.
-
Lee KA, Hicks G, Nino-Murcia G: Validity and reliability of a scale to
assess fatigue. Psychiatry Research 36(3): 291-298, 1991.
-
Mendoza TR, Wang XS, Cleeland CS, et al.: The rapid assessment of fatigue
severity in cancer patients: use of the Brief Fatigue Inventory. Cancer
85(5): 1186-1196, 1999.
-
Okuyama T, Akechi T, Kugaya A, et al.: Development and validation of the
Cancer Fatigue Scale: a brief, three-dimensional, self-rating scale for
assessment of fatigue in cancer patients. Journal of Pain and Symptom
Management 19(1): 5-14, 2000.
-
Hann DM, Denniston MM, Baker F: Measurement of fatigue in cancer
patients: further validation of the Fatigue Symptom Inventory. Quality
of Life Research 9(7): 847-854, 2000.
-
Armitage JO: Management of anemia in patients with cancer. Clinical
Oncology Updates 1: 1-12, 1998.
Gran parte de la información sobre las intervenciones para aliviar la fatiga
está relacionada ya sea con sujetos saludables o personas cuya fatiga muscular
es la etiología primaria del problema o donde la fatiga es secundaria a la
anemia relacionada con el tratamiento.[1-4] Sin una determinación de los
mecanismos de la fatiga en los pacientes de oncología, las intervenciones
deben orientarse al control de síntomas y apoyo emocional. Aunque se han
hecho algunas recomendaciones para el control de la fatiga en los pacientes de
oncología, éstas son de naturaleza teórica o anecdótica y, en general, no han
sido el foco de la evaluación científica.
Como la etiología y los mecanismos de la fatiga y astenia en el paciente de
cáncer no se han podido determinar, hay una variación considerable en las
pautas habituales respecto al manejo de este síntoma. El enfoque del manejo
médico suele orientarse hacia la identificación de síntomas específicos y
síntomas correlacionados posiblemente reversibles. Por ejemplo, los pacientes
con fatiga y dolor pueden tener titulación de los fármacos analgésicos; los
pacientes con fatiga y anemia pueden recibir una transfusión de eritrocitos
concentrados, intervenciones nutricionales que incluyen alimentos ricos en
hierro, suplementos de hierro o vitaminas para corregir una deficiencia
subyacente o inyecciones de epoetina alfa; y los pacientes deprimidos y con
fatiga pueden tratarse con agentes antidepresivos y psicoestimulantes. Suele
ser útil pensar en la posibilidad de suspender los fármacos que puedan
retirarse sin peligro. No hay una modo reconocido de evaluar y tratar la
fatiga, pero hay una serie creciente de ensayos clínicos que han sido ideados
para atender este problema en el paciente de cáncer.
Aunque la fatiga es uno de los síntomas más generalizados en el cáncer, no
existen hasta la fecha ensayos publicados sobre el uso de psicoestimulantes en
el tratamiento de la fatiga. Las recomendaciones para su uso surgen
generalmente de la experiencia clínica anecdótica.[5,6] La eficacia de los
psicoestimulantes en el tratamiento de la fatiga ha sido ya establecida en las
poblaciones de pacientes con VIH y Esclerosis múltiple. Un estudio (con
pacientes VIH positivos) determinó que el metilfenidato era superior a la
pemolina que a su vez era superior al placebo en la fatiga.[6] Los
psicoestimulantes (cafeína, metilfenidato, pemolina, modafenila y
dextroanfetamina) administrados en dosis bajas son útiles para los pacientes
que están sufriendo de depresión, apatía, disminución de energía, mala
concentración y debilidad. Una vasta experiencia clínica con personas que
padecen de cáncer indica que los psicoestimulantes fomentan sensación de
bienestar, disminución de la fatiga y aumento del apetito. También son útiles
para contrarrestar los efectos sedantes de la morfina y, en comparación con
otros antidepresivos, producen un efecto rápido. Entre los efectos
secundarios más comúnmente descritos de los psicoestimulantes se encuentran
insomnio, euforia y labilidad. Las dosis elevadas y el uso prolongado pueden
producir anorexia, pesadillas, insomnio, euforia, paranoia y complicaciones
cardíacas. Estos fármacos deben administrarse en 2 dosis a las 8 AM y al
mediodía, y pueden utilizarse como adyuvantes analgésicos y para contrarrestar
la sedación producida por los opiáceos. La pemolina está a la venta en forma
de tableta masticable, permitiéndole a los pacientes que tienen dificultad al
tragar de absorber el fármaco a través de la mucosa bucal. Parece ser tan
eficaz como otros psicoestimulantes, pero deben utilizarse con precaución en
los pacientes con insuficiencia renal. Cuando se usa el tratamiento con
pemolina a largo plazo debe realizarse periódicamente pruebas de función
hepática, en caso de que se haya informado de una insuficiencia renal. Las
dosis de pemolina son de 18,75-37,5 mg a las 8 a.m. y al mediodía y pueden ser
tituladas cada 2 ó 3 días. Las dosis iniciales de metilfenidato y
dextroanfetamina son de 2,5-5,0 mg a las 8 a.m. y al mediodía para evitar los
desvelos y lograr que el paciente obtenga un absoluto descanso. La modafenila
es una no-anfetamina que actúa de manera central como estimulante del SNC,
recientemente aprobada por la Administración de Fármacos y Alimentos (FDA, por
sus siglas en inglés) para el tratamiento de la narcolepsia. Se desconoce su
mecanismo de acción exacto. A pesar de que aun no se ha estudiado de manera
empírica para tratar la fatiga relacionada con el cáncer o la sedación (i.e.,
sedación inducida por opioides) informes anecdóticos muestran que éste es útil
en el tratamiento de estos problemas. El tratamiento de modafenila se
comienza de 50 a 100 mg en las mañanas y puede escalonarse hasta 200 mg de
forma oral cada mañana. En el paciente de cáncer que tiene fatiga y que
también sufre de depresión, estos fármacos pueden comenzar a administrarse
junto con un antidepresivo no estimulante; se puede pensar en suspenderlos
cuando el antidepresivo haga efecto.[7,8]
------------------------------------------------------------------------------
CUADRO 2. PSICOESTIMULANTES PARA LOS PACIENTES DE CANCER ADULTOS
------------------------------------------------------------------------------
FARMACOS/DOSIS EFECTOS SECUNDARIOS
PRINCIPALES/COMENTARIOS
------------------------------------------------------------------------------
d-anfetamina (Dexedrine) ansiedad, desasosiego
Dosis: 2,5 mg/día (inicial)
5-30 mg/día
metilfenidato (Ritalin) ansiedad, desasosiego
Dosis: 2,5 mg/día (inicial)
5-30 mg/día
pemolina (Cylert) ansiedad, desasosiego
Dosis: 18,75 mg/día (inicial) seguir las pruebas de la función
37,5-150 mg/día hepática.
modafenil (Provigil) ansiedad, desasosiego
Dosis: 50-100 mg (inicial)
100-200 mg cada mañana
------------------------------------------------------------------------------
Basándose en la experiencia limitada, es razonable tratar un psicoestimulante,
tal como el metilfenidato, o un corticosteroide para la fatiga severa. La
terapia de esteroides a largo plazo se reserva generalmente para pacientes con
enfermedad avanzada.
La mejor manera de manejar la anemia en los pacientes con cáncer es tratando
la causa subyacente. Cuando ésta es obscura o no hay un remedio específico,
entonces el tratamiento es paliativo. Las intervenciones nutricionales,
incluso la ingesta suplementos alimenticios y de alimentos ricos en nutrientes
debe ser tomado en cuenta además de otras modalidades de tratamiento. La
transfusión de glóbulos rojos concentrados es el tratamiento que más se usa y
la forma más rápida de aliviar los síntomas en los pacientes de cáncer con
anemia sintomática. Con la transfusión hay una probabilidad muy alta de
aumentar con éxito el nivel de hemoglobina y hay poco riesgo de
complicaciones. No obstante, realizar repetidas transfusiones puede ser
incómodo y el riesgo de contraer una infección llevada por la sangre puede
preocupar a los pacientes. Otros riesgos incluyen una reacción aguda a la
transfusión, enfermedad de injerto contra huésped asociada con la transfusión,
modulación inmunitaria sutil que ocurre con la transfusión y exceso de hierro
para aquellos que reciben muchas transfusiones.[9]
Dos amplios estudios comunitarios han examinado la eficacia del alfa epoetina
en el tratamiento de la anemia relacionada con el cáncer en aquellos pacientes
que se encuentran bajo tratamiento quimioterapéutico.[4,10] Cada uno de estos
estudios empleó un diseño abierto no aleatorio e incluía como objetivos
finales de estos estudios (respuesta de la hemoglobina, requisitos de
transfusión) y una evaluación subjetiva de los testimonios personales sobre
los niveles de actividad, y calidad de vida en sentido general. En estas
circunstancias, el epoetina alfa ha sido eficaz en aumentar los niveles de
hemoglobina y disminuir las necesidades de transfusión. Además el epoetina
alfa ha estado relacionado con una mejora en lo funcional y la calidad de vida
independientemente de la respuesta tumoral. La dosis empleada en estos
estudios fue de 10.000 unidades subcutáneas 3 veces por semana. Es uso de
dosis de 40.000 unidades por semana, se ha convertido en algo común tanto en
el ambiente académico como en centros oncológicos. En una asamblea nacional se
presentaron datos no publicados que respaldan la inocuidad y eficacia de
40.000 unidades una vez a la semana.[11] Si después de 4 semanas la
hemoglobina tiene un incremento de menos de 1 g/dl, la dosis debe ser
aumentada a 60.000 unidades cada semana. El tratamiento debe cesar si la
hemoglobina es mayor de 13 g/dl. A pesar de que las características que se
toman como punto de comparación, parecen tener poco valor a la hora de
predecir la respuesta del paciente al tratamiento con epoetina humana
recombinante alfa, los índices de suero de ferritín al principio del
tratamiento pudieran resultar útiles. Algunos estudios retrospectivos sobre el
tratamiento con epoetina alfa han indicado que los pacientes que tienen un
índice reducido de suero de ferritina (con relación al punto de comparación) o
sea niveles (<400 ng/mL) tienen más probabilidades de responder al tratamiento
con epoetina alfa, mientras que los pacientes con un índice mayor de suero de
ferritina (con relación al punto de comparación) de 400 ng/mL, podrían no
responder.[12] Un estudio evaluó retrospectivamente las características
marginales entre 2289 pacientes para identificar los factores que pudiesen
predecir la respuesta a la terapia con epoetina alfa. En este estudio no se
encontró diferencia alguna entre los diversos tipos de tumores o sobre si el
paciente había recibido quimioterapia previa.[10]
Algunos estudios pequeños preliminares [13-20] sugieren que el ejercicio
(incluso caminar lenta o rápidamente) tiene beneficios potenciales para las
personas con cáncer. Entre los beneficios que se observaron en estos estudios
en un entorno clínico tenemos el mejoramiento de la energía física, estímulo
del apetito o de la capacidad de funcionamiento o ambos, con mejoramiento de
la calidad de vida y mejora de muchos aspectos del estado psicológico (tales
como mejor concepto de la vida, sentimiento de bienestar, sentido realzado de
participación y habilidad para enfrentarse a los obstáculos del cáncer y su
tratamiento). La mayoría de los ensayos clínicos de ejercicio se han enfocado
en las mujeres con cáncer de la mama y sobre la validez de generalizar los
resultados para aplicarlos a otros tipos de cáncer. Estos estudios presentan
muchas dificultades metodológicas, entre ellas errores sistemáticos y
selección de muestras que no son representativas, inhabilidad de hacer ensayos
al azar, alta tasa de deserción del programa y evaluaciones muy variadas de
las variables de la investigación y de la medida de los resultados. Las
conclusiones alas que se lleguen basadas en estos estudios como considerarse
como preliminares.
Un estudio reciente en pacientes sometidos a transplante de células madres de
sangre periférica encontró beneficios sintomáticos y una mejoría en el humor
de los pacientes que participaron en el programa de adiestramiento a
intervalos versus el grupo de control.[21,22]
Es difícil estudiar el ejercicio en los pacientes con enfermedad avanzada o
terminal, pero podría tener beneficios similares. En un estudio se observó un
mejoramiento en la habilidad de los pacientes con cáncer avanzado que estaban
bajo atención médica en asilos y que seguían un régimen de fisioterapia para
realizar sus actividades cotidianas.[23] Además, se observó mayor
satisfacción con el régimen fisicoterapéutico cuando aumentaba la
participación familiar en el programa.
Los profesionales de la salud pueden asesorar a las personas con cáncer para
desarrollar un programa de actividad y descanso que, basándose en la
evaluación de su modalidad de fatiga, les permitan utilizar mucho mejor la
energía. Cualquier cambio en la rutina diaria requiere un consumo adicional de
energía. Debe aconsejarse a los individuos con cáncer que establezcan
prioridades y mantengan un horario razonable. Los profesionales de la salud
pueden ayudar a los pacientes suministrándoles información sobre los servicios
complementarios disponibles para ayudarles con sus actividades y
responsabilidades diarias. Una consulta de terapia ocupacional puede ser útil
en la evaluación de métodos de conservación de energía. Unos buenos hábitos de
dormir, que incluyan el evitar acostarse en la cama a menos que no sea para
dormir, reducir las siestas a no más de una hora, evitar los ruidos que
distraigan (como el de la radio o la televisión) al dormir, puede ayudar a
mejorar el sueño y los ciclos de actividad.
Gran parte del control de la fatiga crónica en el paciente de cáncer implica
fomentar la adaptación y el ajuste del paciente a su estado. Se debe discutir
con el paciente la posibilidad de que la fatiga sea una incapacidad crónica.
Aunque suele ser un efecto secundario temporal esperado del tratamiento, el
problema puede persistir si otros factores siguen estando presentes.
Una meta importante del tratamiento es facilitar la autoayuda de la persona
con cáncer. Como la fatiga es el síntoma que se observa con más frecuencia
(81% de los pacientes de cáncer se quejan de fatiga),[24] es importante
transferir la responsabilidad de controlar los efectos secundarios del
profesional de la salud al paciente. Es imprescindible que los individuos con
cáncer se eduquen para que puedan desarrollar las habilidades de autocuidado
necesarias para lidiar con la fatiga.
Entre las técnicas específicas para el control de la fatiga se encuentran las
siguientes:
- Diferenciar entre la fatiga y la depresión
- Evaluar la presencia de correlaciones corregibles o causas de la fatiga (p.
ej., deshidratación, desequilibrio electrolítico, disnea y anemia)
- Evaluar los patrones de descanso y actividad durante el día al igual que
durante un período de tiempo
- Determinar el nivel de la fatiga de atención y estimular el uso de un plan
de actividades que restaure la atención, tales como caminar, cuidar el jardín
o mirar los pájaros
- Orientar al paciente con anticipación sobre la posibilidad de desarrollar
fatiga y sobre la modalidad de la fatiga que se asocia a cada tratamiento en
particular
- Estimular actividades/programas planificados de ejercicio según las
limitaciones individuales; hacer que las metas sean realistas teniendo
presente el estado de la enfermedad y los regímenes de tratamiento
- Educar a los individuos y las familias acerca de la fatiga relacionada con
el cáncer y su tratamiento
- Ayudar a que las personas con cáncer y sus familias identifiquen las
actividades que producen la fatiga y desarrollen estrategias específicas para
modificarlas
- Sugerir cambios individualizados del medio ambiente o de actividad que
puedan contrarrestar la fatiga
- Mantener la hidratación y nutrición adecuadas
- Recomendar fisioterapia para las personas con déficit
neuromusculoesqueletales
- Recomendar terapia respiratoria a las personas cuya disnea sea un factor
contribuyente a la fatiga
- Programar las actividades cotidianas importantes durante las horas de menos
fatiga y eliminar las actividades no esenciales que produzcan tensión nerviosa
- Atender el efecto negativo de los factores psicológicos y sociales que
producen tensión nerviosa y pensar cómo evitarlos o modificarlos
- Evaluar la eficacia de las intervenciones para la fatiga de manera regular y
sistemática.[25]
Bibliografía:
-
Gibson H, Edwards RH: Muscular exercise and fatigue. Sports Medicine
2(2): 120-132, 1985.
-
Hart LK: Fatigue in the patient with multiple sclerosis. Research in
Nursing and Health 1(4): 147-157, 1978.
-
Arendt J, Borbely AA, Franey C, et al.: The effects of chronic, small
doses of melatonin given in the late afternoon on fatigue in man: a
preliminary study. Neuroscience Letters 45(3): 317-321, 1984.
-
Glaspy J, Bukowski R, Steinberg D, et al.: Impact of therapy with epoetin
alfa on clinical outcomes in patients with nonmyeloid malignancies
during cancer chemotherapy in community oncology practice. Procrit Study
Group. Journal of Clinical Oncology 15(3): 1218-1234, 1997.
-
Breitbart W, Passik S, Payne D: Psychological and psychiatric
interventions in pain control. In: Doyle D, Hanks GW, MacDonald N,
eds.: Oxford Textbook of Palliative Medicine. 2nd ed. New York, NY:
Oxford University Press, 1998, pp 437-454.
-
Breitbart W, Mermelstein H: Pemoline. An alternative psychostimulant for
the management of depressive disorders in cancer patients.
Psychosomatics 33(3): 352-356, 1992.
- Feighner JP, Boyer WF: Perspectives in Psychiatry Volume 1: Selective
Serotonin Re-uptake Inhibitors: The Clinical Use of Citalopram,
Fluoxetine, Fluvoxamine, Paroxetine, and Sertraline. New York, New York:
John Wiley & Sons Ltd, 1991.
-
Fernandez F, Adams F, Holmes VF, et al.: Methylphenidate for depressive
disorders in cancer patients: an alternative to standard
antidepressants. Psychosomatics 28(9): 455-461, 1987.
-
Armitage JO: Management of anemia in patients with cancer. Clinical
Oncology Updates 1: 1-12, 1998.
-
Demetri GD, Kris M, et al, for the Procrit Study Group: Quality-of-life
benefit in chemotherapy patients treated with epoetin alfa is
independent of disease response or tumor type: results from a
prospective oncology study. Journal of Clinical Oncology
16(10): 3412-3425, 1998.
-
Gabrilove JL, Einhorn LH, Livingston RB, et al.: Once-weekly dosing of
epoetin alfa is similar to three-times-weekly dosing in increasing
hemoglobin and quality of life. Proceedings of the American Society of
Clinical Oncology 18: A2216, 574a, 1999.
-
Glaspy J, Cavill I: Role of iron in optimizing responses of anemic cancer
patients to erythropoietin. Oncology (Huntington NY) 13(4): 461-473,
1999.
- Friendenreich CM, Courneya KS: Exercise as rehabilitation for cancer
patients. Clinical Journal of Sport Medicine 6(4): 237-244, 1996.
-
Mock V, Burke MB, Sheehan P, et al.: A nursing rehabilitation program for
women with breast cancer receiving adjuvant chemotherapy. Oncology
Nursing Forum 21(5): 899-907, 1994.
-
Berglund G, Bolund C, Gustafsson U-L, et al.: One-year follow-up of the
'Starting Again' group rehabilitation programme for cancer patients.
European Journal of Cancer 30A(12): 1744-1751, 1994.
-
Shephard RJ: Exercise in the prevention and treatment of cancer: an
update. Sports Medicine 15(4): 258-280, 1993.
-
Winningham ML: Walking program for people with cancer: getting started.
Cancer Nursing 14(5): 270-276, 1991.
-
Johnson JB, Kelly AW: A multifaceted rehabilitation program for women
with cancer. Oncology Nursing Forum 17(5): 691-695, 1990.
-
Gaskin TA, LoBuglio A, Kelly P, et al.: Stretch: a rehabilitative program
for patients with breast cancer. Southern Medical Journal 82(4):
467-469, 1989.
-
Segal R, Evans W, Johnson D, et al.: Structured exercise improves
physical functioning in women with stages I and II breast cancer:
results of a randomized controlled trial. Journal of Clinical Oncology
19(3): 657-665, 2001.
-
Dimeo FC, Stieglitz RD, Novelli-Fischer U, et al.: Effects of physical
activity on the fatigue and psychologic status of cancer patients during
chemotherapy. Cancer 85(10): 2273-2277, 1999.
-
Mock V, Pickett M, Ropka ME, et al.: Fatigue and quality of life outcomes
of exercise during cancer treatment. Cancer Practice 9(3): 119-127,
2001.
-
Yoshioka H: Rehabilitation for the terminal cancer patient. American
Journal of Physical Medicine and Rehabilitation 73(3): 199-206, 1994.
-
Nail LM, Jones LS, Greene D, et al.: Use and perceived efficacy of
self-care activities in patients receiving chemotherapy. Oncology
Nursing Forum 18(5): 883-887, 1991.
-
Winningham ML, Nail LM, Burke MB, et al.: Fatigue and the cancer
experience: the state of the knowledge. Oncology Nursing Forum 21(1):
23-36, 1994.
Esta sección de postratamiento ha sido ideada especialmente para aquellos
individuos con cáncer que no han estado recibiendo terapia antineoplásica
desde hace 6 meses. Hay dos razones por las que se creó una sección separada.
En primer lugar, la etiología del problema es diferente para el individuo que
está bajo tratamiento que para aquéllos que no lo están recibiendo. En
segundo lugar, las estrategias de intervención y la información se pueden
adaptar mejor de manera que se puedan satisfacer los requisitos de ambas
poblaciones.
La fatiga es un problema distinto para los individuos después que han
terminado el tratamiento. Se ha propuesto muchas teorías para explicar la
etiología de la fatiga que padece el paciente bajo tratamiento y para explicar
el efecto de ese tratamiento en la calidad de vida. Pero muchas de estas
teorías no se aplican a la población que ha concluido su tratamiento. No
obstante, la fatiga continúa siendo un asunto importante para los individuos
que ya no reciben tratamiento y que están libres de enfermedad.
Hay indicios de que la fatiga afecta la calidad de vida de las personas que
sobreviven al cáncer de un modo significativo. En el entorno médico en
general, la experiencia de la fatiga entre los sobrevivientes de cáncer es
similar a la que experimentan los pacientes con síndrome de fatiga crónica.
[1] Se han hecho pocos estudios que indiquen qué repercusión tiene la fatiga
en la calidad de vida; algunos ejemplos se incluyen a continuación.
- Un 50% de los 29 sobrevivientes de cáncer que han tenido transplantes de
médula osea han dicho tener fatiga moderada o severa por más de un año después
del transplante. La fatiga fue uno de los tres asuntos más negativos
estudiados y tuvo mayor repercusión en la calidad de vida que cualquier otro
problema físico. [2]
- Un 56% de las 125 personas con transplante de médula ósea dijeron tener
fatiga constante entre 6 y 18 años después del transplante. [3]
- En 687 sobrevivientes de varios tipos de cáncer evaluados después del
tratamiento para estudiar asuntos relacionados con la calidad de vida, la
fatiga fue uno de los tres asuntos que afectaban la calidad de vida de manera
más negativa.[4]
- Entre 90 pacientes con un diagnóstico de enfermedad de Hodgkin o con linfoma
no Hodgkin, 30 pacientes dijeron tener falta de energía a los 32 meses, como
promedio, después del diagnóstico.[5]
- Un 37% de 403 individuos con enfermedad de Hodgkin dijeron que su nivel de
energía no había vuelto a niveles satisfactorios aun 9 años después del
tratamiento, como media. [6]
- 26% de los supervivientes de la enfermedad de Hodgking sufren de fatiga
persistente, 6 meses después del tratamiento; 50% relacionado con problemas
sicológicos. El aumento de la edad y la ausencia de síntomas psicológicos
previos, predijo cos casos de fatiga.[7]
- Un 75% de 162 mujeres tratadas con radiación para el cáncer del seno y 61%
de 173 mujeres tratadas con quimioterapia para el cáncer del seno describieron
tener una disminución de energía de 2 a 10 años después de haber concluido el
tratamiento.[8] Las terapias a largo plazo como el tamoxifeno pueden causar
fatiga.
- Se ha reportado fatiga en mujeres supervivientes de transplante de médula
ósea autóloga, (ABMT, por sus siglas en inglés) y altas dosis de tratamiento
quimioterapéutico de linfomas de 4 a 10 años post tratamiento.[9]
A pesar de que muchos estudios han documentado la incidencia de fatiga en
aquellos que ya no reciben tratamiento para el cáncer, el mecanismo específico
de la fatiga todavía se desconoce. Debido a que la fatiga es un problema
multifacético, es difícil determinar su etiología.
La información disponible sobre la fatiga de los sobrevivientes de cáncer
infantil procede de la literatura que describe los efectos sicológicos y
cognoscitivos posteriores al tratamiento. En un estudio, los resultados
cognoscitivos fueron evaluados en niños, 3 a 4 años después de diagnosticarles
cáncer cerebral. La fatiga fue un factor contribuyente al desempeño escolar
precario.[10]
En otro estudio, los sobrevivientes de leucemia linfoblástica aguda fueron
evaluados para ver su déficit cognoscitivo posterior al tratamiento y se
observó que padecían de un efecto típico de fatiga. Se cree que éster fue un
factor en la variación de los resultados de sus pruebas.[11] Anecdóticamente,
los individuos que han recibido irradiación del tórax y irradiación completa
del cuerpo, se quejan de fatiga y muestran mayor necesidad de dormir.
Las personas que han sido tratadas exitosamente contra el cáncer corren el
riesgo de padecer una serie de complicaciones específicas a los órganos que
son secundarias a su tratamiento. La fatiga que se presenta en la población
después del tratamiento, recalca la importancia de seguir atendiendo a estos
pacientes. La persistencia de la fatiga después del tratamiento requiere que
ésta sea evaluada cuidadosamente para descartar las condiciones fisiológicas
contribuyentes.
Bibliografía:
- Servaes P, van der Werf S, Prins J, et al.: Fatigue in disease-free
cancer patients compared with fatigue in patients with chronic fatigue
syndrome. Supportive Care in Cancer 9(1): 11-17, 2001.
-
Whedon M, Stearns D, Mills LE: Quality of life of long-term adult
survivors of autologous bone marrow transplantation. Oncology Nursing
Forum 22(10): 1527-1535, 1995.
-
Bush NE, Haberman M, Donaldson G, et al.: Quality of life of 125 adults
surviving 6-18 years after bone marrow transplantation. Social Science
and Medicine 40(4): 479-490, 1995.
-
Ferrell BR, Grant M, Dean GE, et al.: Bone tired: the experience of
fatigue and its impact on quality of life. Oncology Nursing Forum
23(10): 1539-1547, 1996.
-
Devlen J, Maguire P, Phillips P, et al.: Psychological problems
associated with diagnosis and treatment of lymphomas. I: Retrospective
study. British Medical Journal (Clinical Research Edition) 295(6604):
953-954, 1987.
-
Fobair P, Hoppe RT, Bloom J, et al.: Psychosocial problems among
survivors of Hodgkin's disease. Journal of Clinical Oncology 4(5):
805-814, 1986.
-
Loge JH, Abrahamsen AF, Ekeberg, et al.: Fatigue and psychiatric
morbidity among Hodgkin's disease survivors. Journal of Pain and
Symptom Management 19(2): 91-99, 2000.
-
Berglund G, Bolund C, Fornander T, et al.: Late effects of adjuvant
chemotherapy and postoperative radiotherapy on quality of life among
breast cancer patients. European Journal of Cancer 27(9): 1075-1081,
1991.
-
Knobel H, Loge JH, Nordoy T, et al.: High level of fatigue in lymphoma
patients treated with high dose therapy. Journal of Pain and Symptom
Management 19(6): 446-456, 2000.
-
Radcliffe J, Packer RJ, Atkins TE, et al.: Three- and four-year cognitive
outcome in children with noncortical brain tumors treated with
whole-brain radiotherapy. Annals of Neurology 32(4): 551-554, 1992.
-
Brouwers P: Neuropsychological abilities of long-term survivors of
childhood leukemia. In: Aaronsen NK, Beckmann J, eds.: The Quality of
Life of Cancer Patients. New York: Raven Press, 1987, pp 153-165.
Date Last Modified: 11/2002
El Sistema Computarizado de Información sobre el Cáncer PDQ contiene
información adicional que no esta disponible en CancerMail: directorio de
instituciones y médicos que dan tratamiento a pacientes con cáncer y un
listado de protocolos de estudios clinicos activos. Para mayor información
sobre el acceso al PDQ, consulte el Contenido de CancerMail y asi podra
obtener los codigos referentes a la disponibilidad del PDQ.
Dr. G. Quade
This page was last modified on Dienstag, 29-Jan-2008 15:29:53 CET