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Mieloma múltiple y otras neoplasias de células plasmáticas
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- Informacion General
- Clasificacion Celular
- Informacion Sobre Las Etapas
- Aspectos Generales De Las Opciones De Tratamiento
- Mieloma Multiple
- Plasmacitoma Oseo Aislado
- Plasmacitoma Extramedular
- Macroglobulinemia De Waldenstrom (linfoma Linfoplasmacitica)
- Gammapatia Monoclonal De Importancia Indeterminada
- Neoplasia Refractaria De Celulas Plasmaticas
CancerMail del Instituto Nacional del Cáncer
Información del PDQ para profesionales de la salud
Importante: La presente información está dirigida principalmente al
personal médico y otros profesionales de la salud. Si usted tiene
alguna pregunta relacionada al tema, puede preguntarle a su médico,
comunicarse con el Servicio de Información del Cáncer al
1-800-4-CANCER (1-800-422-6237)
El mieloma múltiple es una malignidad sistémica de las células plasmáticas muy
tratable pero rara vez curable. Es potencialmente curable cuando se presenta
como un plasmacitoma óseo solitario o como un plasmacitoma extramedular. Antes
de utilizarse la quimioterapia, el promedio de supervivencia aera cerca de 7
meses, pero con la introducción de la quimioterapia, el pronóstico mejoró
significativamente, dándose un promedio de supervivencia de 24 a 30 meses y
una supervivencia a 10 años del 3%. Las etapas de la enfermedad se clasifican
estimando la masa celular del mieloma tumoral en base a la cantidad de
proteína monoclonal o de mieloma (proteína M) existente en el suero, la orina
o ambos, junto a varios parámetros clínicos tales como las concentraciones de
hemoglobina y de calcio en el suero, el número de lesiones osteolíticas, y la
presencia o ausencia de insuficiencia renal. La etapa en que se encuentre la
enfermedad al presentarse es un factor determinante importante del tiempo de
supervivencia, pero tiene muy poca influencia en la elección del tipo de
terapia, ya que todos los pacientes (excepto aquellos pacientes poco comunes
con tumores óseos solitarios o plasmacitomas extramedulares) padecen
enfermedad generalizada. La selección del tratamiento estará influida por la
edad y salud general del paciente, terapia previa y la presencia de
complicaciones de
la enfermedad.[1-3]
El contacto inicial con el paciente es para establecer el diagnóstico
utilizando:
1. Detección de una proteína M en el suero o la orina.
2. Detección de más del 10% de células plasmáticas en un examen de médula
ósea.
3. Detección de lesiones osteolíticas u osteoporosis generalizada en
radiografías del esqueleto.
4. Presencia de plasmacitomas de tejido blando.
Bibliografía:
-
Bataille R, Harousseau JL: Multiple myeloma. New England Journal of
Medicine 336(23): 1657-1664, 1997.
-
Alexanian R, Dimopoulos M: The treatment of multiple myeloma. New
England Journal of Medicine 330(7): 484-489, 1994.
-
Malpas JS, Bergsagel DE, Kyle RA, et al. eds.: Myeloma: Biology and
Management. 2nd ed., Oxford, England: Oxford University Press, 1998.
Las enfermedades relacionadas con una proteína M incluidas en esta
presentación
son:
1. La neoplasia asintomática de células plasmáticas con evidencia mínima de
enfermedad aparte de la presencia de una proteína M (gammapatía monoclonal de
importancia indeterminada o MGUS por sus siglas en inglés).[1]
2. La neoplasia sintomática de células plasmáticas
a. que afecta principalmente a los huesos
i. mieloma múltiple (94%)
ii. plasmacitoma solitario (3%)
b. plasmacitoma extramedular (3%)
Estos generalmente se presentan en la nasofaringe, las amígdalas o los
senos paranasales.[2]
3. La macroglobulinemia. Los pacientes a menudo padecen linfadenopatía y
hepatoesplenomegalia; menos del 5% padecen lesiones osteolíticas.
a. asintomática
b. sintomática [3]
Bibliografía:
-
Blade J, Kyle RA: Monoclonal gammopathies of undetermined significance.
In: Malpas JS, Bergsagel DE, Kyle RA, et al. eds.: Myeloma: Biology and
Management. 2nd ed., Oxford, England: Oxford University Press, 1998, pp
513-544.
-
Knowling MA, Harwood AR, Bergsagel DE: Comparison of extramedullary
plasmacytomas with solitary and multiple plasma cell tumors of bone.
Journal of Clinical Oncology 1(4): 255-262, 1983.
-
Kyle RA, Garton JP: The spectrum of IgM monoclonal gammopathy in 430
cases. Mayo Clinic Proceedings 62(8): 719-731, 1987.
Nota: Algunas citas en el texto de esta sección vienen seguidas de un nivel de
evidencia. El Consejo de Redacción del PDQ usa un sistema de clasificación
formal para ayudar al lector a juzgar la solidez de las pruebas relacionadas
con los resultados observados en una estrategia terapéutica. (Si desea obtener
más información, consulte el sumario del PDQ sobre los niveles de evidencia.)
El mieloma múltiple en etapa I comprende todo lo siguiente:
1. Hemoglobina superior a 10 g/dl.
2. Calcio sérico normal.
3. Estructura ósea normal.
4. Producción baja de proteína M indicada por:
-
a. IgG inferior a 5.0 g/dl
b. IgA inferior a 3.0 g/dl
c. kappa o lambda de la orina inferior a 4 g/24 horas
Masa estimada de las células del mieloma: inferior a 0.6 billones de células
por metro cuadrado (carga baja)
Se usa la siguiente subclasificación de etapas:
-
A. creatinina inferior a 2.0 mg/dL
B. creatinina superior o igual a 2.0 mg/dL
La insuficiencia renal empeora el pronóstico independientemente de la
etapa.
Mieloma múltiple en etapa II significa que el mieloma múltiple no corresponde
ni a la etapa I ni a la etapa III.
Masa estimada de células del mieloma: 0.6 a 1.2 billones de células por metro
cuadrado (carga intermedia)
Se usa la siguiente subclasificación de etapas:
-
A. creatinina inferior a 2.0 mg/dL
B. creatinina superior o igual a 2.0 mg/dL
La insuficiencia renal empeora el pronóstico independientemente de la
etapa.
Mieloma múltiple en etapa III significa que existen uno o más de los
siguientes:
1. Hemoglobina inferior a 8.5 g/dl.
2. Calcio sérico superior a 12.0 mg/dl.
3. Más de 3 lesiones osteolíticas.
4. Producción alta de proteína M indicada por:
-
a. IgG superior a 7.0 g/dl
b. IgA superior a 5.0 g/dl
c. kappa o lambda de la orina superior a 12.0 g/24 horas
Masa estimada de células del mieloma: mayor de 1.2 billones de células por
metro cuadrado (carga alta)
Se usa la siguiente subclasificación de etapas:
-
A. creatinina inferior a 2.0 mg/dl
B. creatinina superior o igual a 2.0 mg/dl
La microglobulina beta-2 sérica ha mostrado ser un indicador confiable para el
pronóstico.[1] Puesto que la gran mayoría de pacientes con mieloma
sintomáticos son clasificados como etapa III por los criterios de
Durie/Salmon, este sistema de clasificación no ha probado ser muy útil para
identificar a los pacientes con pronóstico precario e intermedio. Muchos
investigadores están a favor de un sistema más simple que utilice solamente
las concentraciones de microglobulina beta-2 y albúmina para determinar la
etapa de los pacientes.[2] La insuficiencia renal empeora el pronóstico
independientemente de la etapa. Las anormalidades de los cromosomas 13 y 11q
y la morfología plasmablástica parecen haber pronosticado un resultado
precario en una población de pacientes cuyo mieloma fue tratado con
quimioterapia de dosis elevadas y rescate con células madre.[3,4]
El paciente padece de plasmacitoma óseo aislado si, siendo asintomático,
presenta una lesión lítica solitaria de células plasmáticas durante el examen
del esqueleto, y un examen de médula ósea de un sitio no afectado contiene
menos del 5% de células plasmáticas. Cerca del 25% de los pacientes tienen
una proteína M en el suero, la orina o ambos; ésta debería desaparecer después
de la irradiación adecuada de la lesión lítica. Las imágenes por resonancia
magnética (MRI, por sus siglas en inglés), cuando sea lo indicado
clínicamente, pueden revelar lesiones óseas insospechadas que no se habían
detectado con radiografías estándar.[5]
Aquellos pacientes con tumores aislados de células plasmáticas en los tejidos
blandos, los cuales se presentan con más frecuencia en las amígdalas, la
nasofaringe o los senos paranasales, deberían someterse a radiografías del
esqueleto y a una biopsia de médula ósea. Si estos análisis son negativos, el
paciente padece de plasmacitoma extramedular. Cerca del 25% de los pacientes
tienen proteína M en el suero, la orina o ambos; ésta debería desaparecer
después de la irradiación adecuada.
La macroglobulinemia es una proliferación de linfocitos plasmacitoides que
secretan una proteína M IgM. Los pacientes a menudo presentan linfadenopatía
y hepatoesplenomegalia, pero las lesiones óseas no son comunes. No hay ningún
sistema de clasificación que sea generalmente aceptado.
El término macroglobulinemia describe un aumento en la concentración del suero
de una IgM monoclonal.[6,7] La mayoría de los pacientes son asintomáticos y
no requieren tratamiento. Los síntomas y signos más comunes, cuando se
presentan, son fatiga, manifestaciones de hiperviscosidad (dolor de cabeza,
epistaxis, trastornos visuales) y anomalías neurológicas. Aproximadamente un
tercio de los pacientes padecen linfadenopatía y esplenomegalia. El aumento
de concentración intravascular de la IgM de peso molecular alto produce una
expansión del volumen del plasma, anemia por dilución y, en casos extremos,
insuficiencia cardíaca congestiva. Puede verse sedimento de la sangre en las
venas conjuntivales y retinales con dilatación y segmentación de vasos
(apariencia de "ristra de chorizos"), hemorragias retinales, y papiledema.
Problemas similares con la circulación de la sangre en el SNC pueden causar
ataxia, nistagmo, vértigo, confusión y trastornos de la conciencia.
Los trastornos variados asociados con la aparición de una IgM monoclonal
incluyen:
1. Gammapatía monoclonal de importancia indeterminada (MGUS, siglas en
inglés). Los pacientes son asintomáticos, la proteína M es estable y no hay
linfadenopatía, esplenomegalia o lesiones óseas.
2. Macroglobulinemia de Waldenstrom (WM, siglas en inglés). Los pacientes son
sintomáticos, tienen infiltración linfoplasmacítica de la médula y una
concentración de la IgM en el suero que va en aumento, y pueden tener
linfadenopatía o esplenomegalia. En raras ocasiones, los pacientes con WM
padecen lesiones osteolíticas. (Para mayor información, ver el sumario del PDQ
sobre el tratamiento del linfoma no Hodgkin en adultos.)
3. Un recuento linfocítico absoluto que excede 5,000 células por milímetro
cúbico. Se puede clasificar la enfermedad del paciente como leucemia
linfocítica crónica, LLC, si los linfocitos son de la variedad pequeña bien
diferenciada. LLC debe ser diferenciada de la linfoplasmacitosis que puede
ocurrir como manifestación de la presencia de WM en la sangre periférica.
4. Linfoma linfoplasmacítico. Cuando la biopsia ganglionar linfática
demuestra la característica patológica de un linfoma, éste pasa a ser el
diagnóstico.
5. Enfermedad crónica de aglutinina fría. Los pacientes tienen un título
alto de aglutinina fría y ninguna evidencia morfológica de neoplasia. Estos
pacientes a menudo tienen una anemia hemolítica que es agravada por exposición
al frío. La IgM tiene cadenas ligeras kappa en más del 90% de estos
pacientes.
Los pacientes con MGUS tienen la proteína M en el suero sin resultados de
mieloma múltiple, macroglobulinemia, amiloidosis o linfoma, y con menos de 10%
de células plasmáticas en la médula ósea. Estos pacientes son asintomáticos y
no deberían recibir tratamiento. Sin embargo, deberán ser observados
cuidadosamente ya que cerca de un 2% al año pasarán a desarrollar uno de los
neoplasmas sintomáticos de célula B y pueden entonces requerir la terapia.[8]
Bibliografía:
-
Durie BG, Stock-Novack DL, Salmon SE, et al.: Prognostic value of
pretreatment serum beta-2 microglobulin in myeloma: A Southwest Oncology
Group Study. Blood 75(4): 823-830, 1990.
-
Bataille R, Grenier J, Sany J: Beta-2-microglobulin in myeloma: optimal
use for staging, prognosis, and treatment: a prospective study of 160
patients. Blood 63(2): 468-476, 1984.
-
Tricot G, Barlogie B, Jagannath S, et al.: Poor prognosis in multiple
myeloma is associated only with partial or complete deletions of
chromosome 13 or abnormalities involving 11q and not with other
karyotype abnormalities. Blood 86(11): 4250-4256, 1995.
-
Rajkumar SV, Fonseca R, Lacy MQ, et al.: Plasmablastic morphology is an
independent predictor of poor survival after autologous stem-cell
transplantation for multiple myeloma. Journal of Clinical Oncology
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-
Moulopoulos LA, Dimopoulos MA, Weber D, et al.: Magnetic resonance
imaging in the staging of solitary plasmacytoma of bone. Journal of
Clinical Oncology 11(7): 1311-1315, 1993.
-
Kyle RA, Garton JP: The spectrum of IgM monoclonal gammopathy in 430
cases. Mayo Clinic Proceedings 62(8): 719-731, 1987.
-
Bergsagel DE: Monoclonal macroglobulinemia. In: Foley JF, Vose JM,
Armitage JO, Eds.: Current Therapy in Cancer. Philadelphia: Saunders,
1994, pp 304-307.
-
Blade J, Kyle RA: Monoclonal gammopathies of undetermined significance.
In: Malpas JS, Bergsagel DE, Kyle RA, et al. eds.: Myeloma: Biology and
Management. 2nd ed., Oxford, England: Oxford University Press, 1998, pp
513-544.
La gammapatía monoclonal de importancia indeterminada o el mieloma indolente,
deben ser claramente distinguidos del mieloma progresivo. Todo paciente con
enfermedad avanzada o sintomática debe recibir quimioterapia. El tratamiento
debe estar dirigido hacia la reducción de la carga que representan las células
tumorales y revertir cualquier complicación de la enfermedad como
insuficiencia renal, infección, hiperviscosidad o hipercalcemia con el manejo
médico apropiado.
Cuando el PDQ designa a un tratamiento como "estándar" o "bajo evaluación
clínica", esto no debe tomarse como base para determinar si se otorgan
reembolsos
Nota: Algunas citas en esta sección son seguidas por niveles de evidencia. El
consejo editorial de PDQ usa un sistema de clasificación formal para ayudar al
lector que juzgue la solidez de la evidencia unida a los resultados reportados
de una estrategia terapéutica. (Para mayor información, ver el sumario del PDQ
sobre Niveles de Evidencia.)
Las células idiotípicas de mieloma pueden encontrarse en la sangre de los
pacientes con mieloma en todas las etapas de la enfermedad.[1,2] Por esta
razón, cuando se recomiende administrar tratamiento, se deberá considerar la
quimioterapia sistémica para todos aquellos pacientes sintomáticos con
neoplasias de células plasmáticas. Los pacientes con gammapatía monoclonal de
importancia no determinada (MGUS, por sus siglas en inglés) o con mieloma
indolente asintomático no requieren tratamiento inmediato, pero debe
vigilárseles de cerca en busca de signos que evidencien la progresión de la
enfermedad.
Los pacientes con proteína M en el suero, la orina o ambos se evalúan de la
siguiente manera:
1. Mida y realice un seguimiento de la proteína M sérica mediante
electroforesis del suero. También se puede estudiar la proteína M mediante
ensayos específicos de nefelometría inmunoglobulínica, sin embargo estos
ensayos siempre sobreestiman la cantidad de proteína M porque incluyen
inmunoglobulinas normales en el resultado. Por esta razón, tanto las medidas
de base como el seguimiento de la proteína M deben ser llevadas a cabo
mediante el mismo método.[3]
2. Mida y realice un seguimiento de la cantidad de cadenas ligeras de la
proteína M excretadas en la orina cada 24 horas. Primero, mida la cantidad
total de proteína excretada cada 24 horas y multiplique este resultado por el
porcentaje de proteína úrica que es proteína M, según lo determine la
electroforesis de proteína úrica concentrada.
3. Identifique la cadena pesada y ligera de la proteína M mediante
immunofijación.
4. Mida los niveles de hemoglobina, leucocitos, plaquetas, y los conteos
diferenciales.
5. Determine el porcentaje de células plasmáticas medulares. Puede que sea
necesario tomar muestras en más de un lugar, ya que la distribución de estas
células tiende a ser irregular.
6. Tome aspiraciones de una lesión osteolítica solitaria, de tumor(es)
extramedular(es), o ganglio(s) linfático(s) hinchado(s) para determinar si son
plasmacitomas.
7. Evalúe las funciones renales con creatinina sérica y una depuración de
creatinina. La electroforesis de proteína úrica concentrada es de mucha ayuda
a la hora de diferenciar las lesiones glomerulares de las tubulares. Las
lesiones glomerulares, tales como aquéllas que resultan de los depósitos
glomerulares de amiloide o de la enfermedad de depósitos de cadena ligera, dan
como resultado el escape no selectivo de todas las proteínas séricas hacia la
orina; el patrón de electroforesis de esta orina se asemeja al patrón sérico.
En la mayoría de los pacientes de mieloma, los glomérulos funcionan con
normalidad, permitiéndole sólo a aquellas proteínas de peso molecular pequeño,
tales como la albúmina y las cadenas ligeras, filtrarse en la orina. En los
túbulos la concentración de proteínas aumenta según se reabsorbe el agua.
Esto lleva a la precipitación de las proteínas y a la formación de cilindros
tubulares, los cuales podrían ocasionar daños a las células tubulares. Con
las lesiones tubulares, el patrón típico de electroforesis muestra un máximo
de albúmina pequeño y un máximo de cadena ligera más grande en la región
globulina; este patrón tubular es el que normalmente se encuentra en los
pacientes con mieloma.
8. Mida los niveles séricos de calcio, fosfatasa alcalina, deshidrogenasa
láctica y, cuando así lo indiquen los síntomas clínicos, crioglobulinas y
viscosidad sérica.
9. Obtenga radiografías del cráneo, las costillas, las vertebras, la pelvis,
la cintura escapular y los huesos largos.
10. Realice un examen de imágenes por resonancia magnética (MIR, por sus
siglas en inglés) si se detecta una masa paraespinal, o si los síntomas
indican que puede haber compresión de la médula espinal o de la raíz de un
nervio.
11. Si existe sospecha de amiloidosis, la aspiración de grasa abdominal
subcutánea y el teñido de la biopsia de médula ósea en busca de amiloides son
las formas más fáciles y seguras de confirmar el diagnóstico.[4]
12. Mida la albúmina sérica y la globulina beta-2 como factores de diagnóstico
útiles e independientes.[5,6]
13. Tanto el índice de rotulación de la célula plasmática medular como el
receptor sérico soluble IL-6 y el número circulante de células de mieloma se
encuentran bajo evaluación como factores de pronóstico.[7]
Estos estudios iniciales deberían ser comparados con valores subsecuentes más
adelante, cuando sea necesario decidir si la enfermedad es estable o
progresiva, y si está respondiendo al tratamiento o empeorando. El reto mayor
consiste en separar el grupo de pacientes asintomáticos estables, que no
requieren tratamiento, del de pacientes con mieloma progresivo sintomático,
quienes requieren tratamiento inmediato.
Los pacientes con MGUS tienen una proteína M en el suero, la orina o ambos, y
menos del 10% de células plasmáticas en la médula, pero no muestran ninguna
otra señal o síntoma de enfermedad. Aquellos con mieloma indolente presentan
característica similares pero podrían tener más del 10% de células plasmáticas
medulares. El 1% de los pacientes de MGUS anualmente acaban desarrollando
mieloma (lo más frecuente), amiloidosis, un linfoma o leucemia linfocítica
crónica, por lo que estos pacientes deben ser observados muy
cuidadosamente.[8] El tratamiento se retrasa hasta que la enfermedad progrese
a un estado en que aparezcan signos o síntomas. Los pacientes con MGUS o
mieloma indolente no responden con mayor frecuencia, ni logran remisiones
mayores, ni sobreviven más tiempo si la quimioterapia se administra temprano
durante la enfermedad, mientras se conservan asintomáticos, en lugar de
esperar a que progrese la enfermedad antes de iniciar el tratamiento.[9]
Las opciones de tratamiento para los pacientes con mieloma asintomático varían
desde la relativamente simple quimioterapia convencional hasta la
quimioterapia de dosis altas y los transplantes de médula ósea alogénicos o de
células madre periféricas. El tipo de tratamiento sería determinado en gran
medida por la edad y salud general del paciente y debe estar sincronizado con
las preferencias del paciente y sus familiares.
La quimioterapia prolonga la supervivencia del paciente con mieloma
sintomático a un promedio de 40 a 46 meses en pacientes con enfermedad en
etapa I, 35 a 40 meses en pacientes en pacientes en etapa II, y 24 a 30 meses
en pacientes en etapa III.
Un régimen de quimioterapia que es bien tolerado, y que produce resultados
consistentes, es melfalán y prednisona (MP).[10-12]
Otros regímenes parecen producir resultados de supervivencia similares. Estos
son:
1. VAD: vincristina + doxorrubicina + dexametasona [13,14]
2. Dosis altas de dexametasona [15]
3. Ciclofosfamida + prednisona [16]
4. VBMCP (el protocolo M2): vincristina + carmustina + melfalán +
ciclofosfamida + prednisona [11,17]
5. VMCP/VBAP: vincristina + melfalán + ciclofosfamida + prednisona
alternándose con vincristina + carmustina + doxorrubicina + prednisona [11,18]
Un estudio aleatorio doble ciego de pacientes con mieloma en etapa III mostró
que una dosis intravenosa mensual de pamidronato reduce significativamente las
fracturas patológicas, el dolor en los huesos, la compresión de la médula
espinal y la necesidad de irradiación ósea (el grupo tratado presentó un 38%
de problemas de tipo esquelético en comparación con 51% del grupo placebo
después de 21 meses de terapia, p=.015).[19] [Nivel de evidencia: 1iDii]
Además, aumentó la supervivencia (la supervivencia media fue de 21 meses en
comparación con 14 meses) para aquellos pacientes que recibieron pamidronato y
quimioterapia de segunda línea o mayor.
No existen pruebas determinantes de que ningún agente alquilante es superior a
otro. Todas las dosis y programas estándar producen resultados equivalentes.
Sin embargo, la absorción y el metabolismo de algunos agentes alquilantes
merecen atención especial. El melfalán es absorbido erráticamente del tracto
gastrointestinal y la comida interfiere con esta absorción. Por esta razón,
el melfalán se debe tomar con el estómago vacío, por ejemplo 1 hora antes del
desayuno. (Los alimentos no interfieren con la absorción de la prednisona, la
cual se administra frecuentemente con el desayuno.) La eliminación del
melfalán del torrente sanguíneo se retrasa en aquellos pacientes con
insuficiencia renal, lo cual conlleva un aumento en la toxicidad; la dosis
inicial de melfalán se debe reducir en los pacientes cuyo nivel de creatinina
sérica sea superior a 2.0 miligramos por decilitro. La repetición de los
cursos de melfalán tienden a crear una toxicidad hematológica cumulativa. Si
una recuperación hematológica lenta obstaculiza la repetición del curso de
melfalán en intervalos de 6 a 7 semanas, se debe considerar el cambiar a
ciclofosfamida, la cual permite una recuperación medular más rápida.
Debido a que el melfalán es absorbido de una manera tan errática, la dosis se
debe aumentar hasta que se observe una ligera toxicidad hematológica o una
respuesta. En aquellos pacientes con función renal normal, la dosis inicial
usual es 0.25 miligramos por kilogramo al día durante 4 días, repetida a las 4
ó 6 semanas. Si no se observa ninguna toxicidad hematológica o respuesta, la
dosis se debe incrementar añadiendo entre 2 y 4 miligramos al día durante 4
días, y se debe realizar un conteo de sangre semanalmente. La dosis de
melfalán se aumenta en cursos subsecuentes hasta que se observe una ligera
leucopenia o trombocitopenia, con recuperación entre 4 y 6 semanas.
La ciclofosfamida, a diferencia del melfalán, se absorbe muy bien y la
eliminación del torrente sanguíneo no influye en su toxicidad. Además, no es
necesario reducir la dosis de ciclofosfamida en pacientes con insuficiencia
renal. La ciclofosfamida es menos tóxica a la trombopoyesis que el melfalán,
y se puede preferir a la hora del tratamiento de pacientes trombocitopénicos.
Las combinaciones de agentes alquilantes y prednisona, dados de manera
simultánea o alternante, no han logrado demostrar ser superiores a la terapia
con MP.[10,20-22];[23] [Nivel de evidencia: 1iiA] Un metaanálisis de estudios
en los que se compararon melfalán más prednisona con combinaciones de fármacos
concluyó que ambas formas de tratamiento poseían la misma eficacia.[12][Nivel
de evidencia: 1iiA] Los pacientes con recaídas después de la terapia inicial
con ciclofosfamida y prednisone, no tienen diferencia en cuanto a la
supervivencia en general (un promedio de 17 meses) cuando se les aleatoriza
con VBMCP o VAD.[24]
Los pacientes con mieloma que responden al tratamiento muestran un descenso
progresivo de la proteína M hasta alcanzar un punto estable; los tratamientos
subsecuentes con dosis convencionales no conllevan ninguna mejora. Esto ha
llevado a los investigadores a preguntarse por cuánto tiempo debe de
continuarse el tratamiento. Tres pruebas clínicas tomaron en consideración el
papel que juegan las terapias de mantenimiento;[25-27] ninguna encontró
mejoría notable en el tiempo de supervivencia. En un estudio[27] se observó
que la terapia de mantenimiento con MP prolongó la duración de la remisión
inicial (31 meses) comparado con el tratamiento de no mantenimiento (23
meses). Sin embargo no se observó ningún efecto en la supervivencia general,
porque la mayoría de los pacientes que recayeron en el grupo del estudio de no
mantenimiento respondieron de nuevo a MP, mientras que los que se encontraban
en mantenimiento con MP no respondieron a más tratamientos. La mayoría de los
terapeutas recomiendan continuar con la terapia de inducción durante al menos
12 meses. El grupo canadiense[27] indica que se continúe con la quimioterapia
de inducción siempre que la proteína M continúe decayendo; la terapia se puede
interrumpir después de que la proteína M alcance un punto estable y permanezca
estable durante 4 meses.
Se ha informado en varios estudios que la terapia de mantenimiento con
interferón alfa prolonga la duración de la remisión inicial.[28-31] Aunque el
impacto del mantenimiento con interferón en casos libres de enfermedades y
supervivencia ha variado de modo significativo entre los estudios, se llevó
acabo un meta análisis con 1543 pacientes tratados en 12 estudios y fueron
asignados al azar para recibir mantenimiento con interferón y se observó que
el mantenimiento con interferon estubo asociado con una mejoría en la
supervivencia libre de recaída (27% versus 19% a los 3 años, p<0.00001) y una
supervivencia general (12% probabilidad de reducción, p=0.04). [32] Los
efectos de toxicidad puede ser substancial y se debe sopesar contra el
beneficio potencial de la duración de la respuesta.[33]
Las lesiones líticas de la espina deben ser irradiadas si están asociadas a un
plasmacitoma extramedular (paraespinal), si existe destrucción dolorosa de un
cuerpo vertebral, o si se obtiene evidencia de compresión del cordón espinal a
través de una tomografía computarizada o un MRI.
El dolor de espalda causado por la osteoporosis y por fracturas de compresión
pequeñas de las vertebras responden mejor a la quimioterapia. La radiación a
toda la columna vertebral o a los huesos largos para la osteoporosis difusa
puede llevar a una supresión prolongada de hemopoyesis, y por tanto se
recomienda sólo en raras ocasiones.[34] Los biofosfonatos resultan útiles para
retardar o revertir la osteopenia que es tan común en los pacientes de
mieloma.[19]
El fracaso de la quimioterapia convencional para curar la enfermedad ha
llevado a los investigadores a probar la eficacia de dosis mucho más altas de
fármacos tales como el melfalán. El desarrollo de técnicas para cosechar
células madre hemopoyéticas, ya sea de muestras medulares aspiradas o de la
sangre periférica del paciente, y la infusión de estas células con el fin de
promover la recuperación hemopoyética hizo posible que los investigadores
pudieran probar grandes dosis de melfalán. De la experiencia adquirida
mediante el tratamiento de miles de pacientes de esta forma, es posible sacar
algunas conclusiones:
1. El riesgo de muerte temprana debido a la toxicicidad relacionada con el
tratamiento ha sido reducido a menos de 5%.[35] Ya no es necesario ingresar a
los pacientes en un centro médico.
2. Las terapias con dosis altas deben ser reservadas para pacientes de
mieloma que aún respondan a la quimioterapia. Los pacientes con mieloma
refractario raramente logran una respuesta completa al tratamiento de dosis
altas, y las respuestas normalmente son breves.[36]
3. La quimioterapia previa extensiva, especialmente con agentes alquilantes,
pone en peligro la hemopoyesis medular y podría hacer imposible la cosecha de
un número adecuado de células madre hemopoyéticas.
4. Después de un transplante de médula ósea autólogo, se encogieron 84
pacientes al azar para recibir tratamiento de mantenimiento con interferón o
no recibir tratamiento.[37][Nivel de evidencia: 1iiA] El grupo bajo
interferón tuvo un período mayor de supervivencia libre de progresión (46
meses en lugar de 27, p<0.025) y de supervivencia general (75% en lugar de
50%, p<0.01). Estos resultados no han sido confirmados después de un
transplante de células madre periféricas.
5. Aquellos pacientes recién diagnosticados con enfermedad progresiva
deberían ser considerados como candidatos a ensayos clínicos de nuevos
enfoques de tratamiento.[38]
6. Los pacientes más jóvenes que gocen de buena salud toleran las terapias de
altas dosis mejor que aquellos pacientes con un rendimiento precario [35].
El Intergroupe Francais du Myelome escogió al azar a 220 pacientes de mieloma
con menos de 65 años de edad que no habían recibido tratamiento previo y los
sometió a tratamiento con quimioterapia convencional (con cursos alternados de
VMCP/VBAP) en comparación con la terapia de dosis altas (140 miligramos de
melfalán por metro cuadrado e irradiación corporal total de 8 Gy repartidas en
4 fracciones durante 4 días sin protector pulmonar, seguido de rescate de
médula ósea autóloga). La supervivencia y la supervivencia libre de
enfermedad mejoraron significativamente en el grupo de dosis alta (el índice
estimado de supervivencia a 5 años fue del 52% comparado con el 12%; el índice
estimado de supervivencia a 5 años libre de incidentes fue del 28% comparado
con el 10%).[39][Nivel de evidencia: 1iiA] No obstante, las recaídas
continúan ocurriendo a un ritmo constante, de manera que en 5 años sólo el 28%
de los que recibieron terapia de dosis alta y el 10% de los que recibieron
quimioterapia convencional no han recaído. La supervivencia libre de
incidentes es significativamente mejor para el grupo de dosis altas (p=0.01),
pero no hay señales de disminución o de un punto de estabilidad en la tasa de
recaídas que indique que alguno de estos paciente haya sido curado.[39]
Aunque estos datos indiquen que la terapia mieloablativa con transplante
autólogo podría prolongar la supervivencia de los pacientes con mieloma
múltiple, este hallazgo aún requiere la confirmación del estudio intergrupal
en curso que compara la terapia estándar con las opciones de dosis altas. [38]
Durante un estudio prospectivo aleatorio, 193 pacientes con mieloma múltiple
recibieron transplantación autóloga periferal de células madres después de una
quimoterapia con dosis altas con o sin selección de CD34. A pesar de que la
selección CD34 reduce la contaminación de las células de mieloma en las
recopilaciones de células madres, no se observó una diferencia entre la
supervivencia sin enfermedades o total. [40] [Nivel de evidencia: 1iiA]
Un estudio escandinavo en el que se registró a todos los pacientes
sintomáticos que habían sido recién diagnosticados con múltiple mieloma,
indicó una mejoría en cuanto a la supervivencia después de una terapia con
dosis altas con soporte autólogo de células madres.[41] Los pacientes
recibieron terapia de inducción con VAD e inmediatamente se les tomó una
muestra de células madres después de ciclofosfamida y factor estimulante de
las colonias de granulocitos (G-CSF, por sus siglas en inglés). La terapia de
alta dosis consistió de melfalan, 200 miligramos por metro cuadrado con
soporte de célula madre y G-CSF. Los pacientes recibieron subsecuentemente
interferón como mantenimiento. El resultado de estos pacientes se comparó con
los controles históricos que cumplieron con los requisitos necesarios de
admisión en el ensayo de terapia de alta dosis. La supervivencia pareció ser
superior en el grupo que recibió tratamiento intensivo. (coeficiente de riesgo
para el grupo de control 1.62, intervalos de confianza 1.22-2.15, p=0.001). El
uso de controles históricos y la falta de información completa sobre el
pretratamiento con niveles beta-2-microglobulina puedo haber inclinado los
resultados en favor del cohorte sometido a terapia intensiva.[41] [Nivel de
evidencia:3iiiA]
Otro enfoque a la terapia de alta dosis ha sido el uso de 2 episodios
secuenciales de terapia de alta dosis con soporte de células madres(llamados
transplantes "tandem"). En un análisis retrospectivo de 1000 pacientes
tratados en la Universidad de Arkansas para las Ciencias Médicas, con terapia
de altas dosis de melfalan con base en "tandem", la tasa de mortalidad
relacionada con el tratamiento fue de aproximadamente de un 8% y la tasa de
remisión fue de 44%.[42] La supervivencia libre de complicaciones a 5 años fue
de 25%. Los mejores resultados se presentaron en los grupos de pacientes que
se consideró tenían un "riesgo favorable" en respuesta a la quimioterapia
convencional (microglobulina baja en beta-2 e índices proteínicos C-reactivos;
ausencia de anomalías en el cromosoma 13).[42] [Nivel de evidencia: 3iiiDi]
En un registro de 162 pacientes que recibieron trasplantes alogénicos de
donantes fraternos compatibles, la tasa registrada de supervivencia general
fue del 28% a 7 años.[43](Nivel de evidencia: 3iiiA) Las características
favorables de pronóstico incluyeron carga tumoral baja, enfermedad que
responde antes del trasplante y aplicación del trasplante después de terapia
de primera línea. Muchos pacientes no son lo suficientemente jóvenes o
saludables como para someterse a estas estrategias intensivas. Se ha
demostrado un efecto definido de injerto-contra-mieloma, incluyendo una
regresión en las recaídas del mieloma después de una infusión de linfocitos
donados.[44-46] Los transplantes medulares alogénicos son demasiado
arriesgados para ser considerados por la mayoría de los pacientes, pero la
posibilidad de una reacción injerto-contra-mieloma potente y posiblemente
curativa hace que este procedimiento sea atractivo. Se requieren más
investigaciones para hacer los transplantes alogénicos menos peligrosos, y
también quizás para encontrar métodos que inicien una respuesta autoinmunne a
las células del mieloma. Se está desarrollando el transplante de células
madres alogénicas no mieloablativas. Dichas estrategias apuntan a mantener la
eficacia (llamada eficacia "injerto vs tumor" mientras se reduce la mortalidad
relacionada con el trasplante)Informes iniciales indican que la enfermedad
injerto vs tumor y la mortalidad relacionada con el trasplante, permanecen
siendo un reto para este enfoque.[47]
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El paciente padece de plasmacitoma óseo aislado si se encuentra una lesión
lítica solitaria de células plasmáticas en un examen del esqueleto en un
paciente asintomático, y un examen de médula ósea de un sitio no afectado
contiene menos de 5% de células plasmáticas.[1] Una gammagrafía de imagen de
resonancia magnética de la espina completa podría identificar otras lesiones
óseas.[2] La supervivencia de los pacientes con plasmacitomas óseos aislados
tratados con radiación a la lesión es mayor de 50% a 10 años, la cual es mucho
mejor que la supervivencia con mieloma múltiple diseminado. La mayoría de los
pacientes con el tiempo desarrollarán la enfermedad diseminada y requerirán
quimioterapia; casi la mitad lo hará antes de pasar 2 años desde el
diagnóstico.[2,1] Sin embargo, aquellos pacientes con paraproteína sérica o
proteína de Bence-Jones, en quienes estas proteínas han desaparecido
completamente después de radioterapia podrían esperar permanecer libres de
enfermedad por períodos prolongados.[2,3] Los pacientes que avanzan a mieloma
múltiple tienden a responder de forma positiva a la quimioterapia con un
promedio de supervivencia de 63 meses después de la
progresión.[2,3]
Opciones de tratamiento estándar:
1. Irradiación tumoricida de la lesión.
2. Si la proteína M aumenta y se presentan otros indicios de mieloma múltiple
sintomático, es necesario administrar quimioterapia.
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Los pacientes con tumores aislados de células plasmáticas de los tejidos
blandos, los cuales ocurren con más frecuencia en las amígdalas, los senos
paranasales o la nasofaringe, deberán someterse a radiografías del esqueleto y
a una biopsia de la médula ósea (las cuales deberán ser negativas), así como a
un análisis de proteína M sérica en el suero y la orina.[1-4]
El promedio de supervivencia de pacientes con plasmacitomas extramedulares
tratados con radioterapia fue de 8.5 años en un estudio. Sin embargo, la
mayoría de estos pacientes fallecieron por causas no relacionadas al
plasmacitoma extramedular, sin ningún indicio de progreso del neoplasma de
células plasmáticas en el momento de su fallecimiento. La supervivencia libre
de progresión de los pacientes de riesgo fue del 70% a 14 años. En aquéllos
en los que la enfermedad progresó, los sitios más comunes fueron los ganglios
linfáticos regionales.[2]
Opciones de tratamiento estándar:
1. Radioterapia tumoricida a la lesión aislada con campos que cubran los
ganglios linfáticos regionales, si es posible.
2. En algunos casos, se puede considerar la resección quirúrgica, pero
normalmente viene seguida de radioterapia.[4]
3. Si la proteína M persiste o reaparece, el paciente puede necesitar terapia
adicional. En algunos pacientes, el plasmacitoma puede encogerse pero no
desaparecer, y la proteína M persiste. Estos pacientes requieren un
seguimiento cuidadoso. Deberá utilizarse la cirugía si el plasmacitoma está
en un sitio de donde puede ser extirpado fácilmente, por ejemplo, en las
amígdalas; la proteína M podría desaparecer de la sangre o la orina.
4. La quimioterapia es necesaria si la enfermedad avanza y causa síntomas.
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El linfoma linfoplasmacítico está relacionado con un suero monoclonal
paraproteína de la inmunoglobulina tipo M (macroglobulinemia de
Waldenstrom)[1,2] La mayoría de los pacientes presentan complicaciones de
médula ósea, ganglios linfáticos y bazo, y algunos pacientes desarrollan el
síndrome de hiperviscocidad. Existen otros linfomas que podrían estar
relacionados con paraproteínas de suero. El manejo del linfoma
linfoplasmacítico es similar al de otros linfomas de grado bajo,
específicamente el linfoma linfocítico difuso pequeño/leucemia linfocítica
crónica.[2-4] Si la viscocidad en relación al agua es mayor de 4, el paciente
podría estar manifestando señales de hiperviscocidad. La plasmaféresis es útil
en los síntomas agudos temporales tales como (retinopatía, enfermedad
congestiva del corazón y trastornos del sistema nervioso central), pero debe
ser combinado con quimioterapia para un control prolongado de la enfermedad.
Los pacientes sintomáticos con viscosidad sérica de 4 o menos generalmente se
les coloca directamente en quimioterapia. Podría requerirse terapia para
corregir la anemia hemolítica en pacientes con enfermedad de aglutinina fría
crónica; clorambucilo, con o sin prednisona es lo principal. Ocasionalmente
ser requiere de una habitación con calefacción para aquellos pacientes cuya
aglutinina fría se activa por escalofríos menores. Los pacientes asintomáticos
pueden ser vigilados para detectar cualquier signo de progresión de la
enfermedad sin necesidad inmediata de quimioterapia. Los análogos de
nucleosidos clorodeoxiadenosina-2 y fludarabina, han dado muestras de
actividad significativa en pacientes con linfoma linfoplasmacítico que no han
sido previamente tratados.[5-7] Los alquilantes como agentes únicos y la
quimioterapia de combinación se les considera también como regímenes activos.
[8,9] El alfa interferón también ha dado muestras de actividad en esta
enfermedad, en contraste a la respuesta precaria de pacientes con mieloma
múltiple.[10] La terapia mieloablativa con apoyo de células madres
hematopoyéticas autólogas está bajo evaluación.[11,12] Rituximab, el
anticuerpo monoclonal anti-CD20 es activo en el 30% de los pacientes
previamente tratados.[13]
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Los pacientes con gammapatía monoclonal de importancia indeterminada (MGUS,
siglas en inglés) tienen una proteína M en el suero sin síntomas o
manifestaciones de mieloma múltiple, macroglobulinemia, amiloidosis o linfoma,
y con menos de 10% de células plasmáticas en la médula ósea.[1,2] El 5% de
los pacientes desarrollarán mieloma múltiple, otra discrasia de células
plasmáticas, o linfoma en 5 años, el 15% de los mismos lo hará en 10 años, y
el 30% en 15 años. Desgraciadamente, no se puede identificar a los pacientes
que eventualmente presentarán afección maligna de células plasmáticas o
linfoma basándose en el nivel de proteína M, el recuento sanguíneo periférico,
el tipo de inmunoglobulina monoclonal, el porcentaje de células plasmáticas en
la médula ósea o los niveles de inmunoglobulinas normales. Por lo tanto,
todos los pacientes con MGUS deberán mantenerse bajo observación para detectar
el incremento de los niveles de proteína M y la presencia de una de las
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Hay 2 tipos principales de pacientes con mieloma refractario: pacientes
refractarios primarios que nunca logran responder al tratamiento y cuya
enfermedad avanza mientras reciben quimioterapia de inducción; y pacientes
refractario secundarios que responden a la quimioterapia de inducción, pero no
al tratamiento después de la recaída. El grupo primario podría responder a la
quimioterapia de dosis altas y al rescate de células madre autólogo.[1,2]
De los pacientes que no responden a la quimioterapia de inducción, un subgrupo
de alrededor del 10% padece enfermedad estable y disfruta de un pronóstico de
supervivencia que es tan bueno como el de los pacientes que responden al
tratamiento.[3,4] Cuando la naturaleza estable de la enfermedad llega a
establecerse, estos pacientes pueden interrumpir la terapia hasta que el
mieloma comience a avanzar de nuevo. Otros con mieloma refractario primario y
enfermedad progresiva requieren un cambio de terapia; las opciones existentes
se han estudiado anteriormente.[4,5]
Un informe preliminar sobre la talidomida sugiere beneficios antitumorales con
toxicidad hematológica mínima.[6] Actualmente se están realizando más pruebas
clínicas en este campo.
Para pacientes que responden a su terapia inicial, la tasa de crecimiento del
mieloma, medida según el tiempo de duplicación de la proteína M, aumenta
progresivamente con cada recaída subsecuente y la duración de las remisiones
es cada vez más corta. La función de la médula ósea se ve más afectada según
los pacientes pasan a presentar pancitopenia y entran en una fase refractaria;
en algunas ocasiones, las células del mieloma se desdiferencian y los
pacientes desarrollan plasmacitomas extramedulares. Las células del mieloma
pueden aún ser sensibles a la quimioterapia, pero la tasa del nuevo
crecimiento durante la recaída es tan rápida que no se observa una mejoría
progresiva. En esta etapa de la enfermedad, las dosis elevadas de
glucocorticoides pueden ser la mejor estrategia.[7,8] Se está evaluando la
quimioterapia de dosis elevada con el apoyo del factor de crecimiento en estas
situaciones refractarias.[9] También se pueden usar regímenes menos
mielosupresores como terapia de segunda o tercera línea.[10]
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Peripheral Blood Stem Cell Rescue vs VBMCP
(Vincristine/Carmustine/Melphalan/Cyclophosphamide/Prednisone) Following
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Date Last Modified: 11/2002
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