"Cáncer de la orofaringe"
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Cáncer de la orofaringe
208/01521
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- Informacion General
- Clasificacion Celular
- Informacion De Las Etapas
- Aspectos Generales De Las Opciones De Tratamiento
- Cancer De La Orofaringe - Etapa I
- Cancer De La Orofaringe - Etapa II
- Cancer De La Orofaringe - Etapa III
- Cancer De La Orofaringe - Etapa IV
- Cancer De La Orofaringe - Recurrente
CancerMail del Instituto Nacional del Cáncer
Información del PDQ para profesionales de la salud
Importante: La presente información está dirigida principalmente al
personal médico y otros profesionales de la salud. Si usted tiene
alguna pregunta relacionada al tema, puede preguntarle a su médico,
comunicarse con el Servicio de Información del Cáncer al
1-800-4-CANCER (1-800-422-6237)
Los pacientes que padecen de carcinoma de cabeza y cuello requieren de un examen
cuidadoso y del enfoque de un equipo multidisciplinario para determinar el manejo
óptimo. El equipo multidisciplinario incluye al cirujano especializado en la
cabeza y el cuello, al radiooncólogo, al oncólogo médico, dentista y servicios
sociales.
Se indica efectuar una endoscopia cuidadosa bajo anestesia general con trazos
detallados de ubicación de la lesión empleando descripción escrita y diagramas
específicos. Es obligatoria la confirmación por biopsia e histopatología de la
lesión como cancerosa. Durante la evaluación de la cavidad oral y de la faringe
se lleva a cabo la esofagoscopia junto con laringoscopia. Esto se hace porque
hay aproximadamente un 10% a 15% de incidencia de tumores primarios sincrónicos
(ocurren al mismo tiempo) en la cabeza y en el cuello que el tumor primario que
se presenta. El esófago es el sitio más frecuente en donde se descubren segundos
tumores primarios subclínicos. La broncoscopia no es tan productiva como los
rayos X del tórax en la definición de un segundo tumor primario y, por lo tanto,
no es obligatoria. Las lesiones se tatúan en la cavidad oral empleando tinta
china. Esto facilitará más tarde los procedimientos quirúrgicos, en particular
cuando ocurre la citorreducción como resultado de radioterapia o quimioterapia
adyuvante. No se ha encontrado que la gammagrafía hepato/esplénica ni la
gammagrafía ósea sean de valor diagnóstico significativo en la evaluación de
pacientes con cáncer de cabeza y cuello. Las gammagrafías de imágenes por
resonancia magnética (MRI, por sus siglas en inglés), a menudo son más útiles que
la tomografía computarizada (TAC) para delinear el grado del tumor primario y
metástasis a los ganglios linfáticos. Otra evaluación de diagnóstico además de la
panendoscopia incluye tomografía computarizada, angiografía,
cinefaringoesofagograma y otras modalidades que pueden utilizarse como sea
indicado.[1,2]
Como regla general para el pronóstico, al proceder uno anatómicamente de los
labios hacia atrás, hacia la hipofaringe, el pronóstico decrece. Sin embargo, es
más importante la relación de las tasas de curación al tamaño de la carga inicial
del tumor. El grosor del tumor se correlaciona con metástasis a los ganglios
linfáticos; un grosor creciente del tumor está asociado con una disminución en la
supervivencia.[3] Los cánceres avanzados presentan un pronóstico muy precario
con tasas de curación tan bajas como del 10% a 15% a pesar de la modalidad o
combinación de modalidades usadas.
La mayoría de los fracasos de tratamiento ocurren dentro de los primeros dos años
después de la terapia definitiva. Por este motivo, el seguimiento de los
pacientes durante este período debe ser frecuente y cuidadoso. Veinte a 30% de
los pacientes con cáncer de cabeza y cuello desarrollan segundos cánceres
primarios en el tracto aerodigestivo superior. Un estudio ha revelado que el
tratamiento diario de estos pacientes con dosis moderadas de isotretinoína (ácido
13-cisretinoico) durante un año puede reducir significativamente la incidencia de
segundos tumores.[4] No se demostró que haya ventaja en la supervivencia.[5,6]
Existe escasez de estudios prospectivos bien diseñados y controlados que comparen
modalidades de tratamiento en pacientes con cáncer de cabeza y cuello. Por lo
tanto, es difícil establecer de manera inequívoca la terapia ideal para una etapa
o sitio específico de cáncer que se origina en la cabeza y el cuello. En
general, puede decirse que los cánceres en etapa I y etapa II responden de igual
forma a radiación o cirugía y el tratamiento de elección se basará en las
habilidades del médico, en las necesidades del paciente y, aún más importante, el
tratamiento que cause la menor incapacidad funcional. Para tumores en etapa I y
II en la base de la lengua, cirugía más radioterapia o radioterapia externa más
implantación pueden dar mejor control que la radioterapia externa sola.[7] Los
cánceres en etapa III y los cánceres operables en etapa IV se tratan más
comúnmente con una combinación de radioterapia y cirugía.
Con mayor frecuencia la radioterapia se utiliza en forma postoperatoria. Los
pacientes con cáncer avanzado que son inoperables frecuentemente logran paliación
con radioterapia. Los pacientes en etapa III y los que están en etapa IV con
cáncer avanzado resecable deberán ser considerados para pruebas clínicas con
quimioterapia. Los pacientes con cánceres avanzados no resecables en etapa IV
también deberán ser considerados para pruebas clínicas en progreso que comprenden
quimioterapia con radiación o radiosensibilizadores con radiación.[7]
Los tumores de la cabeza y el cuello han sido claramente relacionados con el
consumo de tabaco, ingestión fuerte de alcohol y al uso de tabaco de mascar.
Higiene oral deficiente, irritación mecánica y el síndrome de Plummer-Vinson han
sido implicados en la etiología de cáncer de la cabeza y cuello. Un estudio de
casos-control ha encontrado que el uso de enjuagues bucales con contenido alto de
alcohol está asociado con un aumento del 40%-60% en malignidades orofaríngeas
después de corregir los factores etiológicos conocidos.[8] Este tópico ha sido
ya revisado.[9]
Bibliografía:
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La mayoría de los cánceres de cabeza y cuello son de la variedad de células
escamosas y pueden estar precedidos por diversas lesiones precancerosas.
Tumores menores de la glándula salival no son raros en estos sitios. Los
especímenes extraídos de las lesiones pueden mostrar que los carcinomas no son
invasores; en ese caso se aplica el término de "carcinoma in situ". Un carcinoma
invasor será ya sea bien diferenciado, mal diferenciado o indiferenciado. Se
recomienda la gradación tumoral usando la clasificación de Broder (Grado del
tumor G):
-
G1: bien diferenciado
G2: moderadamente bien diferenciado
G3: mal diferenciado
G4: muy mal diferenciado
Aunque el grado del tumor no entra en la etapa tumoral, deberá registrarse. Sin
embargo, la invasión vascular es un factor de pronóstico pobre.[1]
No hay correlación estadísticamente significativa entre el grado de
diferenciación y el comportamiento biológico del cáncer.
Otros tumores que se originan de epitelio glandular, del aparato odontogénico, de
tejido linfoide, de tejido blando y de origen óseo y de cartílago requieren una
consideración especial y no deberán ser incluidos. Se recomienda hacer uso de la
nomenclatura de la Organización Mundial de la Salud (OMS) como referencia.
El término "leucoplaquia" deberá emplearse sólo como un término clínicamente
descriptivo que significa que el observador ve un parche blanco que no desaparece
al frotar, cuyo significado dependerá de los resultados histológicos. Puede ir
desde una hiperqueratosis hasta un carcinoma real invasor temprano o puede
representar solo una infección causada por hongos, liquen plano u otra enfermedad
oral benigna.
Bibliografía:
-
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Otolaryngology, Head and Neck Surgery 115(11): 1304-1309, 1989.
Los sistemas de clasificación son todos de clasificación clínica, basada en la
mejor estimación posible del grado de la enfermedad antes del tratamiento. La
evaluación del tumor primario se basa en la inspección y palpación, cuando sea
posible, y tanto por el examen de espejos indirectos como por endoscopia directa.
El tumor debe confirmarse histológicamente y puede incluirse cualquier otro dato
patológico que se obtenga con la biopsia. Las áreas correspondientes de drenaje
ganglionar se examinan mediante palpación cuidadosa. Si un paciente presenta
recidiva, debe hacerse una reclasificación completa para seleccionar la terapia
adicional apropiada. La información de los estudios de diagnóstico por imágenes
pueden usarse en la clasificación. Las imágenes por resonancia magnética ofrecen
una ventaja sobre la tomografía computarizada en la detección y localización de
tumores de cabeza y cuello, y para distinguir los ganglios linfáticos de los
vasos sanguíneos.[1]
El Comité Americano Conjunto sobre el Cáncer (AJCC, por sus siglas en inglés) ha
designado las etapas mediante la clasificación TNM.[2]
Tumor primario (T)
-
TX: No puede evaluarse tumor primario
T0: No hay evidencia de tumor primario
Tis: Carcinoma in situ
T1: Tumor de 2 cm o menos en dimensión mayor
T2: Tumor de más de 2 cm pero no más de 4 cm en dimensión mayor
T3: Tumor de más de 4 cm en dimensión mayor
T4: Tumor invade estructuras adyacentes (p. ej., músculo(s)pterigoide,
mandíbula, paladar duro, músculo profundo [extrínseco] de la lengua,
laringe)
Ganglios linfáticos regionales (N)
-
NX: No pueden evaluarse los ganglios linfáticos regionales
N0: No hay metástasis a ganglios linfáticos regionales
N1: Metástasis en un solo ganglio linfático ipsilateral, de 3 cm o menos en su
dimensión mayor
N2: Metástasis en un solo ganglio linfático ipsilateral, más de 3 cm pero no
más de 6 cm en su dimensión mayor, o en ganglios linfáticos
ipsilaterales múltiples, ninguno más de 6 cm en su dimensión mayor, o en
ganglios linfáticos bilaterales o contralaterales, ninguno más de 6 cm
en su dimensión mayor
N2a: Metástasis en un solo ganglio linfático ipsilateral más de 3 cm pero no
más de 6 cm en su dimensión mayor
N2b: Metástasis en ganglios linfáticos ipsilaterales múltiples, ninguno más de
6 cm en su dimensión mayor
N2c: Metástasis en ganglios linfáticos bilaterales o contralaterales, ninguno
más de 6 cm en su dimensión mayor
N3: Metástasis en un ganglio linfático más de 6 cm en su dimensión mayor
En una evaluación clínica, deberá medirse el tamaño real de la masa ganglionar, y
se deberán tomar en consideración los tejidos blandos que se interponen. La
mayoría de las masas con más de 3 centimetros en diámetro no son ganglios solos
sino ganglios confluentes o tumores en tejido blando del cuello. Hay tres etapas
de ganglios clínicamente positivos: N1, N2 y N3. El uso de los subgrupos a, b y
c no se requiere pero se recomienda. Los ganglios de la línea media se
consideran ganglios homolaterales.
Metástasis distante (M)
-
MX: Metástasis distante, no puede ser evaluada
M0: No hay metástasis distante
M1: Hay metástasis distante
Tis, N0, M0
T1, N0, M0
T2, N0, M0
-
T3, N0, M0
T1, N1, M0
T2, N1, M0
T3, N1, M0
-
T4, N0, M0
T4, N1, M0
Cualquier T, N2, M0
-
Cualquier T, N3, M0
-
Cualquier T, cualquier N, M1
Bibliografía:
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Lippincott-Raven Publishers, 5th ed., 1997, pp 31-40.
La orofaringe empieza en la parte anterior donde termina la cavidad oral. Se
extiende desde el plano del paladar duro en la parte superior al plano del hueso
hioides en la parte inferior. La pared lateral comprende principalmente las
amígdalas y la fosa amigdalina, los pilares amigdalinos anteriores y posteriores
y la pared faríngea lateral. En la parte posterior, está limitada por la mucosa
de la pared faríngea que se extiende desde los límites superiores a los
inferiores descritos más arriba. Las subdivisiones de la orofaringe comprenden
la base de la lengua(que incluye los pliegues faringoepiglóticos y
glosoepiglóticos y la valécula), el arco palatino (que incluye el paladar blando,
la úvula y el pilar amigdalino anterior), la amígdala y fosa amigdalina, y la
pared faríngea (que incluye el pilar amigdalino posterior, las paredes faríngeas
laterales y posteriores).
Al intentar definir el enfoque terapéutico óptimo para la orofaringe se hace
evidente que ningún régimen terapéutico ofrece una supervivencia superior
definida sobre otros regímenes. La literatura está llena de informes que
destacan diversas opciones terapéuticas pero no contiene informes que presentan
estudios comparativos válidos de las opciones terapéuticas. La selección de la
terapia definitiva dependerá de la revisión cuidadosa de cada caso individual,
prestando atención a la clasificación del neoplasma, la condición física general
del paciente, el estado emocional del paciente, la experiencia del equipo de
tratamiento y las instalaciones disponibles para el tratamiento.
Una revisión de resultados clínicos publicados sobre radioterapia radical para el
cáncer de la cabeza y el cuello sugiere una pérdida significativa de control
local cuando la administración de radioterapia fue prolongada; por lo tanto, la
prolongación de los programas estándar de tratamiento se deberá evitar cuando sea
posible.[1,2] Los pacientes que fuman durante la radioterapia parecen tener tasa
más bajas de respuesta y duraciones más cortas de supervivencia que los que no
fuman;[3] por lo tanto, se deberá aconsejar a los pacientes que dejen de fumar al
inicio de la radioterapia. El estado de desempeño posterior a la terapia de los
pacientes con tumores primarios en la base de la lengua parece ser mejor después
de radioterapia que después de cirugía, con control local y supervivencia
similares, sugiriendo que la radioterapia puede ser superior.[4]
La evidencia acumulada ha demostrado una incidencia alta (>30%-40%) de
hipotiroidismo en pacientes que han recibido irradiación de haz externo a toda la
glándula tiroides o a la glándula pituitaria. La evaluación de la función de la
tiroides en los pacientes debe ser considerada antes de la terapia y como parte
del seguimiento postratamiento.[5,6]
Las designaciones en PDQ de que los tratamientos son "estándar" o que están "en
evaluación clínica" no deberán usarse como base para determinar reembolsos.
Bibliografía:
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in patients treated for head and neck cancer? International Journal of
Radiation Oncology, Biology, Physics 31(2): 427-429, 1995.
Cuando se utiliza radiación, es esencial la selección cuidadosa de la técnica de
radiación por un oncólogo radiólogo experimentado en el manejo de cánceres de la
cabeza y cuello. La elección del tratamiento estará dictada por los resultados
funcionales, cosméticos y socioeconómicos previstos de las opciones de
tratamiento así como también por la experiencia disponible del cirujano o
radioterapeuta. El tratamiento es individualizado para cada paciente.
Opciones de tratamiento:
Estándar:
La cirugía o la radiación tienen el mismo éxito en el control de esta etapa de
cáncer de la orofaringe.
-
1. La radiación puede ser la modalidad preferida cuando el déficit funcional
será máximo, como en la base de la lengua o las amígdalas.[1]
2. La cirugía puede ser la modalidad preferida cuando el déficit funcional
será mínimo, como en el pilar amigdalino.
En evaluación clínica:
Se deberán considerar las pruebas clínicas de radiación que evalúan esquemas de
hiperfraccionamiento.
Bibliografía:
-
Mendenhall WM, Amdur RJ, Stringer SP, et al.: Radiation therapy for
squamous cell carcinoma of the tonsillar region: a preferred alternative
to surgery? Journal of Clinical Oncology 18(11): 2219-2225. 2000.
Cuando se utiliza radiación, es esencial la selección cuidadosa de la técnica de
radiación por un oncólogo radiólogo experimentado en el manejo de cánceres de la
cabeza y cuello. La elección del tratamiento estará dictada por los resultados
funcionales, cosméticos y socioeconómicos previstos de las opciones de
tratamiento así como también por la experiencia disponible del cirujano o
radioterapeuta. El tratamiento es individualizado para cada paciente.
Opciones de tratamiento:
Estándar:
La cirugía o la radiación tienen el mismo éxito en el control de esta etapa de
cáncer de la orofaringe. La radiación puede ser la modalidad preferida cuando el
déficit funcional será máximo, como en la base de la lengua. [1]
Bibliografía:
-
Mendenhall WM, Amdur RJ, Stringer SP, et al.: Radiation therapy for
squamous cell carcinoma of the tonsillar region: a preferred alternative
to surgery? Journal of Clinical Oncology 18(11): 2219-2225. 2000.
El manejo de carcinomas de la orofaringe en etapa III es complejo y requiere la
participación multidisciplinaria de opiniones para establecer el tratamiento
óptimo. Nuevas técnicas quirúrgicas para la resección y reconstrucción que
proporcionan acceso y al menos restauración parcial de la función que han sido
desarrolladas en los últimos 7 a 10 años han extendido las opciones quirúrgicas.
La radioterapia de haz externo aumentada con implantación intersticial y
múltiples esquemas de tratamiento diario han dado nueva visión al uso de
radiación para este grupo de tumores.[1] Todos estos pacientes pueden ser
considerados candidatos para que ingresen en pruebas de quimioterapia
neoadyuvante.
En general, el tratamiento preferido ha sido combinar cirugía con radioterapia
postoperatoria cuando sea posible.[2] Este enfoque ha llegado a ser el
estándar en este grupo específico siempre que se pueda aplicar. Una radioterapia
agresiva sola, dará tasas de control equivalentes a la cirugía en los cánceres
que se originan en las amígdalas.[3]
Deberá tenerse en cuenta que los procedimientos quirúrgicos específicos y sus
modificaciones no se designan aquí específicamente, pues hay una amplia variedad
de enfoques quirúrgicos para esta área, la opinión en cuanto a la función de las
disecciones modificadas del cuello varía de un centro a otro, y existen múltiples
técnicas reconstructivas que pueden dar los mismos resultados. Basta decir que
este grupo de pacientes deberá estar bajo la responsabilidad de cirujanos
capacitados en los múltiples procedimientos disponibles y que están implicados
activa y frecuentemente en el cuidado de estos pacientes.
Opciones de tratamiento:
Estándar:
-
1. Una combinación de cirugía con radioterapia postoperatoria.[2]
2. Radioterapia para pacientes con cáncer de las amígdalas.[3]
La terapia de radiación hiperfraccionada provee una mayor tasa de control
que la terapia de radiación fraccionada estándar, para aquellos pacientes
con cáncer de la lengua en etapa III.[4]
En evaluación clínica:
-
1. Quimioterapia neoadyuvante como se emplea en pruebas clínicas ha sido
utilizada en la reducción de los tumores y de ese modo hacerlos más
tratables en forma definitiva con cirugía o radiación. La quimioterapia
se administra antes de las otras modalidades, de ahí la designación de
neoadyuvante para distinguirla de la terapia adyuvante estándar, que se
administra después o durante la terapia definitiva con radiación o después
de cirugía. Se han empleado muchas combinaciones de fármacos en la
quimioterapia neoadyuvante.[5-9]
2. La quimioterapia ha sido combinada con radioterapia en pacientes que
tienen enfermedad avanzada localmente y que se consideran no resecables
quirúrgicamente.[10-16] La mejor quimioterapia a emplear y la forma
apropiada de integrar las dos modalidades están aún sin resolver.[17]
Se están explorando también en estudios aleatorios, enfoques similares en
el paciente con tumor resecable, a quien la resección podría llevar a un
grave déficit funcional.[18] Un estudio ha demostrado que la quimioterapia
(Carboplatino más fluoracilo) con radioterapia provee un mejor control
local y una mejoría actuarial en general y de supervivencia sin enfermedad
a tres años que la radioterapia diaria sola.[19]
Un metanálisis de 63 estudios prospectivos aleatorios publicados entre
1965 y 1993 mostró una ventaja absoluta de supervivencia del 8% en el
subconjunto de pacientes que recibieron quimioterapia y radioterapia
concomitante.[20][Nivel de evidencia: 2A] Los pacientes que recibieron
quimioterapia adyuvante o neoadyuvante no tuvieron ventaja en cuanto a la
supervivencia. Sin embargo, el costo, la calidad de vida, y los datos
sobre morbilidad no estuvieron disponibles; no hubo un régimen estándar; y
se pensó que los estudios fueron muy heterogéneos para dar proporcionar
recomendaciones definitivas. Los resultados de 18 estudios en curso
podrían clarificar más el papel de la quimioterapia y radioterapia
concomitante en el manejo del cáncer de la orofaringe.
3. Se deberán considerar pruebas clínicas de radiación que evalúan esquemas
de hiperfraccionamiento o braquiterapia.[21]
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El manejo de carcinomas de la orofaringe en etapa IV es complejo y requiere la
aportación multidisciplinaria para establecer el tratamiento óptimo. Nuevas
técnicas quirúrgicas para la resección y reconstrucción que proporcionan acceso y
al menos restauración parcial de la función que han sido desarrolladas en
últimos 7 a 10 años han extendido las opciones quirúrgicas. La radioterapia de
haz externo aumentada con implantación intersticial y múltiples esquemas de
tratamiento diario han dado nueva visión al uso de radiación para este grupo de
tumores.[1] Todos estos pacientes pueden ser considerados candidatos para que
ingresen en pruebas de quimioterapia neoadyuvante.
En general, el tratamiento preferido ha sido combinar cirugía con radioterapia
postoperatoria cuando sea posible.[2] Este enfoque ha llegado a ser el estándar
en este grupo específico siempre que se pueda aplicar. Los pacientes con cáncer
de las amígdalas en etapa IVA que se trataron con radioterapia agresiva
solamente, tienen resultados similares a los pacientes tratados con terapia de
combinación[3][Nivel de evidencia: 3iiiD]
Deberá tenerse en cuenta que los procedimientos quirúrgicos específicos y sus
modificaciones no se designan aquí específicamente, pues hay una amplia variedad
de enfoques quirúrgicos para esta área, la opinión en cuanto a la función de las
disecciones modificadas del cuello varía de un centro a otro, y existen múltiples
técnicas reconstructivas que pueden dar los mismos resultados. Este grupo de
pacientes deberá estar bajo la responsabilidad de cirujanos capacitados en los
múltiples procedimientos disponibles y que están implicados activa y
frecuentemente en el cuidado de estos pacientes.
Opciones de tratamiento:
Estándar:
-
1. Una combinación de cirugía con radioterapia postoperatoria.[2]
2. Radioterapia sola para pacientes con cáncer de las amídalas en etapa
IVA.[3]
En evaluación clínica:
-
1. La quimioterapia ha sido combinada con radioterapia en pacientes que
tienen enfermedad avanzada localmente y que se consideran no resecables
quirúrgicamente.[4-9] La mejor quimioterapia a emplear y la forma
apropiada de integrar las dos modalidades están aún sin resolver.[10,11]
Se están explorando también en estudios aleatorios, enfoques similares en
el paciente con tumor resecable, a quien la resección podría llevar a un
grave déficit funcional.[12] Un estudio ha demostrado que la quimioterapia
(Carboplatino más fluoracilo) con radioterapia provee un mejor control
local y una mejoría actuarial en general y de supervivencia sin enfermedad
a tres años que la radioterapia diaria sola.[13]
Un metaanálisis de 63 estudios prospectivos aleatorios publicados entre
1965 y 1993 mostró una ventaja absoluta de supervivencia del 8% en el
subconjunto de pacientes que recibieron quimioterapia y radioterapia
concomitante.[14][Nivel de evidencia: 2A] Los pacientes que recibieron
quimioterapia adyuvante o neoadyuvante no tuvieron ventaja en cuanto a la
supervivencia. Sin embargo, el costo, la calidad de vida, y los datos
sobre morbilidad no estuvieron disponibles; no hubo un régimen estándar; y
se pensó que los estudios fueron muy heterogéneos para dar proporcionar
recomendaciones definitivas. Los resultados de 18 estudios en curso podría
clarificar más el papel de la quimioterapia y radioterapia concomitante en
el manejo del cáncer de la orofaringe.
2. Se deberán tomar en cuenta pruebas clínicas de radiación que evalúan
esquemas de hiperfraccionamiento o braquiterapia.[15]
Opciones de tratamiento:
Estándar:
Estos pacientes son candidatos para radioterapia.
En evaluación clínica:
Quimioterapia neoadyuvante como se emplea en pruebas clínicas ha sido utilizada
en la reducción de tumores y de ese modo hacerlos más tratables en forma
definitiva con cirugía o radiación. Se han empleado muchas combinaciones de
fármacos en la quimioterapia neoadyuvante.[16-21]
-
1. Quimioterapia concomitante: quimioterapia con pruebas clínicas de
radiación así como con radiosensibilizadores.[6]
2. Se deberán considerar pruebas clínicas de radiación que evalúan esquemas
de hiperfraccionamiento, braquiterapia o ambos.[15]
3. Quimioterapia simultánea y radioterapia hiperfraccionada.[22]
4. Radioterapia con haz de partículas.
5. Hipertermia combinada con radioterapia.
Seguimiento postratamiento:
Estos pacientes deberán tener un examen cuidadoso de la cabeza y cuello que
busque recurrencia cada mes durante el primer año postratamiento, cada dos meses
en el segundo año, cada tres meses en el tercer año y cada seis meses
posteriormente.
Bibliografía:
-
McGuirt WF: Panendoscopy as a screening examination for simultaneous
primary tumors in head and neck cancer: a prospective sequential study
and review of the literature. Laryngoscope 92(5): 569-576, 1982.
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National Institutes of Health: National Institutes of Health Consensus
Development Conference: magnetic resonance imaging. JAMA: Journal of
the American Medical Association 259(14): 2132-2138, 1988.
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Baredes S, Leeman DJ, Chen TS, et al.: Significance of tumor thickness in
soft palate carcinoma. Laryngoscope 103(4, Part 1): 389-393, 1993.
-
Hong WK, Lippman SM, Itri LM, et al.: Prevention of second primary tumors
with isotretinoin in squamous-cell carcinoma of the head and neck. New
England Journal of Medicine 323(12): 795-801, 1990.
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Fitzpatrick PJ, Tepperman BS, Deboer G: Multiple primary squamous cell
carcinomas in the upper digestive tract. International Journal of
Radiation Oncology, Biology, Physics 10(12): 2273-2279, 1984.
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Black RJ, Gluckman JL, Shumrick DA: Multiple primary tumors of the upper
aerodigestive tract. Clinical Otolaryngology and Allied Sciences 8(4):
277-281, 1983.
-
Housset M, Baillet F, Dessard-Diana B, et al.: A retrospective study of
three treatment techniques for T1-T2 base of tongue lesions: surgery
plus postoperative radiation, external radiation plus interstitial
implantation and external radiation alone. International Journal of
Radiation Oncology, Biology, Physics 13(4): 511-516, 1987.
-
Winn DM, Blot WJ, McLaughlin JK, et al.: Mouthwash use and oral
conditions in the risk of oral and pharyngeal cancer. Cancer Research
51(11): 3044-3047, 1991.
-
Spitz MR: Epidemiology and risk factors for head and neck cancer.
Seminars in Oncology 21(3): 281-288, 1994.
Opciones de tratamiento:
Estándar:
-
1. Resección quirúrgica si fracasa la radioterapia y si es técnicamente
factible.
2. Radioterapia cuando fracasa la cirugía si no ha sido utilizada
anteriormente en dosis curativas que excluyan tratamiento adicional.[1]
3. Recuperación quirúrgica cuando la cirugía fracasa y si es técnicamente
factible.
En evaluación clínica:
-
1. Se deberán considerar las pruebas clínicas que evalúan el uso de
quimioterapia.[2-5]
2. Pruebas clínicas que evalúan el uso de hipertermia y radioterapia.
Seguimiento postratamiento:
-
Estos pacientes deberán tener un examen cuidadoso de la cabeza y cuello que
busque recurrencia cada mes durante el primer año postratamiento, cada dos
meses en el segundo año, cada tres meses en el tercer año y cada seis meses
posteriormente. Si el paciente tiene enfermedad metastásica o recurrencia
local que ya no es susceptible de cirugía o radiación, se deberá considerar
la quimioterapia.
Bibliografía:
-
Vikram B, Strong EW, Shah JP, et al.: Intraoperative radiotherapy in
patients with recurrent head and neck cancer. American Journal of
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(CACP) + 5-fluorouracil (5-FU) infusion + CACP + 5-FU bolus for
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bleomycin, and cisplatin in head and neck cancer. Cancer 56(3):
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Jacobs C, Lyman G, Velez-Garcia E, et al.: A phase III randomized study
comparing cisplatin and fluorouracil as single agents and in combination
for advanced squamous cell carcinoma of the head and neck. Journal of
Clinical Oncology 10(2): 257-263, 1992.
Date Last Modified: 08/2001
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Dr. G. Quade
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