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Cáncer de la próstata
208/01229
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- Informacion General
- Clasificacion Celular
- Informacion De Las Etapas
- Aspectos Generales De Las Opciones De Tratamiento
- Cancer De La Prostata Etapa I
- Cancer De Prostata - Etapa II
- Cancer De La Prostata - Etapa III
- Cancer De Prostata - Etapa IV
- Cancer De Prostata - Recurrente
CancerMail del Instituto Nacional del Cáncer
Información del PDQ para profesionales de la salud
Importante: La presente información está dirigida principalmente al
personal médico y otros profesionales de la salud. Si usted tiene
alguna pregunta relacionada al tema, puede preguntarle a su médico,
comunicarse con el Servicio de Información del Cáncer al
1-800-4-CANCER (1-800-422-6237)
Nota: Existen sumarios adicionales a su disposición, que tratan sobre los
exámenes de detección y prevención del cáncer de la próstata.
Nota: Algunas citas en esta sección son seguidas por niveles de evidencia. El
consejo editorial de PDQ usa un sistema de clasificación formal para ayudar al
lector a que juzgue la solidez de la evidencia junto al informe de los resultados
de la estrategia terapéutica. (Para mayor información, ver el sumario del PDQ
sobre niveles de evidencia).
El carcinoma de próstata es predominantemente un tumor que se presenta en hombres
mayores, frecuentemente responde a tratamiento aun cuando está generalizado y
puede curarse cuando está localizado. La tasa de crecimiento tumoral varía de
muy lenta a moderadamente rápida y algunos pacientes tienen una supervivencia
prolongada incluso después de que el cáncer ha hecho metástasis a sitios
distantes, como al hueso. Puesto que la edad media para el diagnóstico es de 72
años, muchos pacientes, especialmente aquellos con tumor localizado, pueden morir
de otras enfermedades sin jamás haber padecido ninguna incapacidad significativa
proveniente de su cáncer. El enfoque al tratamiento está influido por la edad y
los problemas médicos coexistentes. Los efectos secundarios de las diversas
formas de tratamiento se deberán tomar en cuenta al seleccionar el control
apropiado. A pesar de la alta incidencia de cáncer de la próstata, todavía
existe controversia en cuanto al significado de los exámenes de detección, la
evaluación más apropiada para su clasificación en etapas y el tratamiento óptimo
para cada etapa de la enfermedad.[1] Una característica que dificulta cualquier
análisis de supervivencia después del tratamiento de cáncer de la próstata y la
comparación de las diversas estrategias de tratamiento es que existe evidencia de
un incremento en el diagnóstico de tumores no letales a medida que los métodos de
diagnóstico han mejorado con el tiempo. Las comparaciones no aleatorias de
tratamientos pueden por lo tanto ser confundidas no sólo por factores de
selección de pacientes sino también por factores de tiempo. Por ejemplo, un
estudio basado en la población en Suecia mostró que durante el período de 1960 y
finales de los años 80, previo al uso del antígeno prostático específico (PSA,
por sus siglas en inglés) para escrutinio, las tasas relativas de supervivencia a
largo plazo después del diagnóstico de cáncer de la próstata mejoraron
sustancialmente a medida que se introdujeron métodos de diagnóstico más
sensibles. Esto ocurrió a pesar de que la espera en observación o el tratamiento
hormonal paliativo fueron las estrategias de tratamiento más comunes para el
cáncer de la próstata localizado durante toda la era (menos de 150
prostatectomías radicales por año fueron realizadas en Suecia durante finales de
los años 80). Los investigadores estimaron que si todos los cánceres
diagnosticados entre 1960-1964 eran de la variedad letal, entonces por lo menos
un tercio de los cánceres diagnosticados entre 1980-1984 eran de la variedad no
letal[2][Nivel de evidencia: 3iB] Con la llegada de escrutinio de PSA, la
capacidad de diagnosticar cánceres de la próstata no letales puede aumentar. Otro
asunto que complica la comparación de resultados entre series no concurrentes de
pacientes, es la posibilidad de cambios de criterio para el diagnóstico
histológico del cáncer prostático.[3]
Aún resulta polémico el hecho de evaluar a hombres asintomáticos para cáncer de
la próstata con examen digital del recto(DRE, por sus siglas en inglés) PSA, y/o
ultrasonido.[4,5] El suero PSA y el ultrasonido transrectal son más sensibles y
aumentarán el resultado del diagnóstico de cáncer de la próstata cuando se usen
en combinación con una examinación del recto. (Para mayor infomación, ver el
sumario del PDQ sobre tratamiento del cáncer de la próstata). Sin embargo,
también están asociados con tasas altas de resultados positivos falsos y pueden
identificar algunos tumores que no amenazarán la salud del paciente.[6-8] La
morbilidad asociada al tratamiento y al proceso valuador de dichos tumores, así
como también el costo considerable, mucho más que el de un examen rectal de
rutina, complican el asunto. Además, debido a que un alto porcentaje de tumores
identificados por la PSA sola se han diseminado fuera de la próstata, los
exámenes de detección con PSA podrían no mejorar la expectativa de vida. En
cualquier caso, el clínico que usa PSA para la detección del cáncer de la
próstata debe estar consciente que no hay un estándar uniforme, de modo que si un
laboratorio cambia a un kit de prueba diferente, ensayos en serie pueden dar
valores no equivalentes a PSA.[9] El Instituto Nacional del Cáncer está
patrocinando un ensayo con varios centros que examina la importancia que tiene la
detección temprana en la disminución de la mortalidad. [10]
La supervivencia del paciente con carcinoma prostático está relacionada con la
extensión del tumor. Cuando el cáncer se limita a la glándula prostática, se
puede anticipar una supervivencia promedio de más de 5 años. Generalmente, los
pacientes con cáncer local avanzado no son curables, y una fracción substancial
de ellos morirá de su tumor, aunque el promedio de supervivencia puede ser de
hasta 5 años. Si el cáncer de la próstata se ha propagado a órganos distantes,
la terapia actual no lo curará. La supervivencia promedio es ordinariamente de
1 a 3 años, y la mayoría de tales pacientes morirá de cáncer de la próstata. Sin
embargo, aun en este grupo de pacientes, se pueden observar cursos clínicos
indoloros que duran muchos años.
Otros factores que afectan el pronóstico de pacientes con cáncer de la próstata,
que pueden ser útiles al tomar decisiones terapéuticas, incluyen el grado
histológico del tumor, la edad del paciente, otras enfermedades médicas, y el
nivel del antígeno prostático específico (PSA, por sus siglas en inglés).[11-15]
Los tumores pobremente diferenciados tienen más probabilidades de haberse
diseminado al momento del diagnóstico, y están asociados con un pronóstico más
precario. Para pacientes tratados con radioterapia, la combinación de tumor en
etapa (t) clínica, el marcador Gleason y el nivel de pretratamiento PSA pueden
ser usados para dar estimados mas agudos acerca del riesgo de relapso.[16] [Nivel
de Evidencia: 3iDi] En la mayoría de los estudios, la citometría de flujo ha
mostrado que la ploidía nuclear de ADN es un indicador independiente de
pronóstico para el progreso y para supervivencia específica a la causa en
pacientes con etapas patológicas C y D1. Los tumores diploides tienen un
resultado más favorable que los tumores tetraploides o aneuploides. El uso de
las técnicas de citometría de flujo y análisis de histogramas, para determinar el
pronóstico, requerirán estandarización.[17-20]
El tratamiento definitivo generalmente se considera para hombres más jóvenes con
cáncer de la próstata y sin enfermedades médicas concomitantes graves, pues ellos
tienen una mayor probabilidad de morir de cáncer de la próstata que hombres de
mayor edad u hombres con enfermedades médicas graves concomitantes. Los aumentos
de fosfatasa ácida sérica están asociados con un pronóstico precario tanto en la
enfermedad localizada como en la propagada. El antígeno prostático específico,
PSA, un marcador específico del órgano con gran sensibilidad y una especificidad
extremadamente alta para el tejido de la próstata, es usado con frecuencia como
un marcador tumoral.[13,14,21-26] Después de la prostatectomía radical, niveles
detectables de PSA identifican al paciente que tiene un elevado riesgo de
fracasar en el tratamiento local o enfermedad metastática.[23] Sin embargo, una
proporción substancial de pacientes con niveles elevados de PSA o en aumento
después de cirugía puede permanecer clínicamente libre de síntomas por períodos
largos de tiempo.[27] Por lo tanto, la evidencia bioquímica de fracaso que se
base sólo en un PSA elevado o que está elevándose lentamente no puede ser
suficiente para alterar el tratamiento. Por ejemplo, en un análisis
restrospectivo con cerca de 2,000 hombres que fueron sometidos a prostatectomía
radical con intención curativa y al que se le dio un seguimiento promedio de 5.3
años, 315 hombres (15%) mostraron un PSA anormal mayor o igual a 0.2ng/ml, lo
cual se estima como prueba de "recurrencia bioquímica." De estos 315 hombres, 103
de ellos (34%) desarrollaron evidencia clínica de recurrencia. El tiempo promedio
en el que desarrollaron metástasis clínica después de la recurrencia bioquímica
fue de 8 años. Una vez que estos hombres desarrollaron enfermedad metastásica, el
tiempo promedio de defunción fue de 5 años adicionales.[28]
Después de una radioterapia con intención curativa un PSA en aumento o
persistentemente elevado podría ser un factor de pronóstico de recurrencia de
enfermedad clínica. Sin embargo informes de una serie de casos han usado una
diversidad de definiciones para el "Fracaso del PSA". A pesar de que el American
Society for Therapeutic Radiology and Oncology Concensus Panel desarrolló un
criterio, hasta la fecha ninguna de las definiciones ha demostrado ser un
substituto confiable ya sea de la progresión clínica o supervivencia. [29] Por
tanto es difícil basar las decisiones sobre instituir terapia adicional en el
fracaso bioquímico. No se conoce la implicación de las varias definiciones de
"fracaso de PSA" para la supervivencia en general y tal como en las series
quirúrgicas, muchas recaídas bioquímicas (el incremento del PSA en si) podría no
manifestarse en los pacientes tratados con radiación.[30]
Después de terapia hormonal, la reducción del PSA a niveles no detectables
proporciona información referente a la duración del estado libre de progresión.
[13] Sin embargo, las disminuciones de PSA de menos de un 80% pueden no ser muy
indicadoras.[13] Sin embargo, debido a que la misma expresión de PSA está bajo
control hormonal, la terapia para limitar el andrógeno puede disminuir el nivel
del suero de PSA independientemente de la respuesta del tumor. Por lo tanto, los
clínicos no pueden confiar únicamente del nivel de PSA para controlar la
respuesta del paciente a la terapia hormonal; ellos deben seguir también
criterios clínicos.[31]
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Más del 95% de los cánceres primarios de la próstata son adenocarcinomas, y esta
discusión se limita a pacientes con este diagnóstico. En general, el grado de
diferenciación tumoral y la anormalidad del comportamiento histológico de
crecimiento están directamente relacionados con la probabilidad de metástasis y
con la muerte. Debido a la variabilidad marcada de diferenciación tumoral de un
campo microscópico a otro, muchos patólogos informarán del rango de
diferenciación entre las células malignas que están presentes en una biopsia
(grado de Gleason).[1,2] La biopsia por aspiración de la próstata (en general
se realiza transrectalmente) ha demostrado tener una exactitud diagnóstica igual
que la biopsia tradicional de aspiración central cuando el citopatólogo tiene
experiencia en esta técnica y si logra un espécimen adecuado para el análisis.[3]
La biopsia por aspiración es menos dolorosa que la biopsia central y por lo tanto
puede realizarse en pacientes ambulatorios y a intervalos periódicos durante el
seguimiento controlado. Existe polémica en cuanto a si es tan confiable para
propósitos de clasificación, especialmente en el rango de clasificación aparente
en campos diferentes.[4] Actualmente, muchos urólogos usan una pistola bióptica,
esta biopsia es relativamente indolora y se hace guiada por ultrasonido. El
riesgo de complicaciones con esta técnica es bajo. Puede usarse un procedimiento
transperineal guiado por ultrasonido en aquellos pacientes que podrían tener un
riesgo mayor de complicaciones por medio de un procedimiento transrectal.[5] En
una serie de 670 hombres que se sometieron a biopsia con aguja de calibre 18, la
tasa de complicación fue del 2%, con solamente 4 pacientes que requirieron
hospitalización.[6]
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La detección de enfermedad metastática asintomática en cáncer de la próstata se
ve afectada enormemente por los exámenes de clasificación realizados.
Actualmente, las gammagrafías óseas son las pruebas disponibles más ampliamente
usadas para determinar metástasis óseas, el sitio más común de propagación
tumoral distante. La imagen de resonancia magnética (MRI, por sus siglas en
inglés) es más sensible que la gammagrafía ósea pero no es práctica en la
evaluación de todo el esqueleto. Alguna evidencia sugiere que los niveles del
antígeno prostático específico sérico (PSA) podrían ser capaces de predecir los
resultados de la serie radionúclida del hueso en pacientes recientemente
diagnosticados. En una serie, solamente 2 de 852 pacientes (0.23%) con un PSA de
menos de 20 microgramos por litro tuvieron un rastreo óseo positivo en ausencia
de dolor óseo.[1] En otra serie de 265 pacientes con cáncer de la próstata, 0/23
con un PSA menos de 4 tuvieron un rastreo óseo positivo, y 2/114 con un PSA menos
de 10 tuvieron un rastreo óseo positivo.[2] El pronóstico es peor en pacientes
con complicación de ganglios linfáticos pélvicos. Se puede discutir si se debe
someter a todos los pacientes a una disección de ganglios linfáticos pélvicos
(PLND,por sus siglas en inglés), pero el estado ganglionar es tomado como un
asunto de curso, en pacientes que se someten a una prostatectomía radical
retropúbica. Sin embargo, en pacientes que han tenido una prostatectomía radical
perineal en quienes el valor PSA es menos de 20, y el grado de Gleason es bajo,
la evidencia señala que un PLND es probablemente innecesario, especialmente en
pacientes cuya malignidad no fue palpable pero fue detectada por
ultrasonido.[3,4] Un PLND es aún el método más preciso de evaluar metástasis a
los ganglios pélvicos, y una PLND laparoscópica ha mostrado que evalúa con
precisión los ganglios pélvicos tan eficientemente como un procedimiento
abierto.[5] Se está evaluando su función exacta en el diagnóstico y tratamiento
subsecuente, aunque ya se ha determinado que el tiempo de hospitalización después
de una PLND laparoscópica es más corto que después de un procedimiento abierto.
El factor determinante para decidir si cualquier tipo de PLND está indicado es si
la terapia definitiva puede ser alterada. De la misma forma, la biopsia
preoperatoria de la vesícula seminal puede ser útil en pacientes con ganglios
palpables quienes están siendo considerados para prostatectomía radical (al menos
que tengan un grado de Gleason bajo), ya que la complicación de la vesícula
seminal podría afectar la selección de la terapia primaria y predice metástasis a
ganglios linfáticos pélvicos.[6]
En pacientes con cáncer de la próstata clínicamente localizado (etapa A y B), el
grado patológico de Gleason y los valores enzimáticos de fosfatasa ácida
prostática sérica (aun dentro de los rangos normales) anticipan la probabilidad
de penetración capsular, invasión de vesículas seminales o compromiso de los
ganglios linfáticos regionales.[3] El análisis de una serie de 166 pacientes con
cáncer de la próstata en etapa clínica A y B que se sometieron a prostatectomía
radical reveló una correlación entre el grado Gleason de la biopsia y el riesgo
de metástasis ganglionar linfática encontrada por cirugía. Los riesgos de
metástasis ganglionares para pacientes agrupados de acuerdo a sus grados de
Gleason de las biopsias fue de 2%, 13%, y 23%, para los grados de Gleason de 5,
6, y 8 respectivamente.[7]
Un examen de ultrasonido transrectal (TRUS, por sus siglas en inglés) puede
facilitar el diagnóstico al dirigir la biopsia de aguja. Sin embargo, ultrasonido
depende del operador y no se fija por el tamaño de los ganglios linfático.
Además, un estudio multi institucional prospectivo con TRUS preoperatorio en
hombres con cáncer de la próstata clínicamente localizado que se pensó
calificarían para una prostatectomía, mostró que TRUS no fue mejor que la
examinación rectal digital en predecir la extensión del tumor extracapsular o el
envolvimiento de las vesículas seminales.[8] La tomografía computarizada puede
detectar los ganglios excesivamente agrandados pero define mal las
características intraprostáticas;[9] por lo tanto, no es confiable para la
clasificación de enfermedad ganglionar pélvica si se compara con la clasificación
quirúrgica.[10] Aunque MRI ha sido usado para detectar extensión extracapsular
de cáncer de la próstata, un valor predictivo positivo de 70% y considerable
variación entre observadores, son problemas que hacen incierto su uso rutinario
para clasificación.[11] Sin embargo, el ultrasonido y el MRI pueden reducir la
subclasificación clínica y así mejorar la selección de pacientes para terapia
local. Datos preliminares con el MRI endorrectal en espiral para imágenes de la
próstata informan de la más alta sensibilidad y especificidad para la
identificación de enfermedad limitada al órgano y extracapsular.[3,12,13] MRI es
un instrumento pobre para evaluar la enfermedad ganglionar.
Comúnmente se están usando dos sistemas para la clasificación del cáncer de la
próstata. El "Sistema Jewett" (etapas A - D) fue descrito en 1975 y desde
entonces ha sido modificado.[14] En 1997, el "Comité Estadounidense Conjunto
sobre el Cáncer (AJCC, por sus siglas en inglés) y la "International Union
Against Cancer" adoptaron un sistema TNM revisado que emplea las mismas
categorías amplias de clasificación T como el sistema Jewett pero incluye
sub-categorías de la etapa T, incluyendo una etapa para describir a pacientes
diagnosticados por medio de evaluación de PSA. Este sistema revisado de TNM es
clínicamente útil y estratifica más precisamente a pacientes diagnosticados
recientemente.[15] Ambos sistemas de clasificación se muestran adelante y ambos
se usan en el texto de este documento que discute las opciones de tratamiento.
Se ha publicado una revisión detallada de las controversias de clasificación del
cáncer de la próstata.[16]
Tumor primario (T)
-
TX: Tumor primario no puede ser evaluado
T0: No hay evidencia de tumor primario
T1: Tumor clínicamente no aparente, no palpable ni visible mediante imágenes
T1a: Descubrimiento histológico incidental del tumor en 5% o menos del
tejido resecado.
T1b: Descubrimiento histológico incidental del tumor en más del 5% del
tejido resecado.
T1c: Tumor identificado por biopsia de aguja (p.ej., a causa de PSA elevada)
T2: Tumor confinado dentro de la próstata*
-
T2a: El tumor afecta un lóbulo
T2b: El tumor afecta ambos lóbulos
T3: El tumor se extiende a través de la cápsula prostática**
-
T3a: Extensión extracapsular (unilateral o bilateral)
T3b: El tumor invade la(s) vesícula(s) seminal(es)
T4: El tumor está fijo o invade estructuras adyacentes distintas a las
vesículas seminales: el cuello de la vejiga, el esfínter externo, el
recto, los músculos elevadores y/o la pared de la pelvis
*Nota: El tumor se encuentra en uno o ambos lóbulos mediante biopsia con aguja,
pero que no es palpable o confiablemente visible por imágenes de resonancia
magnética es clasificado como T1c.
**Nota: Invasión al ápice prostático o a (pero no más allá) la cápsula prostática
no está clasificada como T3, pero si como T2.
Ganglios linfáticos regionales (N)
Los ganglios linfáticos regionales son los ganglios de la pelvis misma, que
esencialmente son los ganglios pélvicos debajo de la bifurcación de las arterias
ilíacas comunes. Incluyen los siguientes grupos (la lateralidad no afecta la
clasificación N): pélvico (NOS), hipogástrico, obturador, ilíaco (NOS, interno y
externo), periprostático y sacro (lateral, presacral, promontorio (Gerota), o
NOS). Los ganglios linfáticos distantes están fuera de los confines de la pelvis
verdadera y su complicación constituye metástasis distante. Ellos pueden
visualizarse con imágenes usando ultrasonido, tomografía computarizada,
resonancia magnética de imágenes, o linfangiografía e incluyen: ganglios aórticos
(paraaórticos, periaórticos, lumbares), ilíaco común, inguinal, inguinal
superficial (femoral), supraclavicular, cervical, escaleno y retroperitoneal
(NOS).
-
NX: Ganglios linfáticos regionales no pueden evaluarse
N0: No existe metástasis ganglionar linfática regional
N1: Metástasis en ganglio linfático regional o ganglios
Abreviación: NOS, no especificado en alguna otra forma.
Metástasis distante*** (M)
-
MX: Metástasis distante que no puede ser evaluada
MO: No hay metástasis distante
M1: Metástasis distante
-
M1a: Ganglio(s) linfático(s) no regional(es)
M1b: Hueso(s)
M1c: Otro(s) sitio(s)
***Nota: Cuando más de un lugar de metástasis está presente se usa la categoría
más adelantada,(pM1c).
Grado histopatológico (G)
-
GX: El grado no puede evaluarse
G1: Bien diferenciado (anaplasia leve)
G2: Diferenciado moderadamente (anaplasia moderada)
G3-4: Diferenciado pobremente o no diferenciado (anaplasia marcada)
-
T1a, NO, MO, G1
-
T1a, NO, MO, G2, 3-4
T1b, NO, MO, Cualquier G
T1c, NO, MO, Cualquier G
T1, NO, MO, Cualquier G
T2, N0, M0, Cualquier G
-
T3, NO, MO, Cualquier G
-
T4, NO, MO, Cualquier G
Cualquier T, N1, MO, Cualquier G
Cualquier T, Cualquier N, M1, Cualquier G
El sistema de clasificación Jewett es como se describe abajo.
Etapa A es el tumor que no puede detectarse clínicamente y que se limita a la
glándula prostática y se presenta como un resultado incidental en la cirugía
prostática.
-
Sub etapa A1:
-
el tumor está bien diferenciado con complicación focal, por lo
general no se trata
Sub etapa A2:
-
el tumor está moderadamente o mal diferenciado o complica
múltiples focos en la glándula
La etapa B es un tumor confinado a la glándula prostática.
-
Subetapa B0: tumor no palpable, detectado por PSA [17]
Subetapa B1: un sólo ganglio en un lóbulo de la próstata
Subetapa B2: complicación más extensa de un lóbulo o complicación de ambos
lóbulos
La etapa C es un tumor clínicamente localizado en el área periprostática pero que
se extiende a través de la cápsula prostática; pueden estar afectadas las
vesículas seminales.
-
Subetapa C1: extensión clínica extracapsular
Subetapa C2:
-
tumor extracapsular que produce obstrucción de la salida de la
vejiga u obstrucción de la uretra
La etapa D corresponde a enfermedad metastática.
-
Subetapa D0:
-
enfermedad clínicamente localizada (solamente en la próstata)
pero con títulos persistentemente elevados del suero enzimático
de fosfatasa ácida
Subetapa D1: solamente los ganglios linfáticos regionales
Subetapa D2:
-
ganglios linfáticos distantes, metástasis ósea u órganos
viscerales
Subetapa D3:
-
los pacientes con cáncer de la próstata en subetapa D2 que han
recaído después de adecuada terapia endocrina
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Nota: Algunas citas en esta sección son seguidas por niveles de evidencia. El
consejo editorial de PDQ usa un sistema de clasificación formal para ayudar al
lector a que juzgue la solidez de la evidencia junto al informe de los resultados
de la estrategia terapéutica. (Para mayor información, ver el sumario del PDQ
sobre los niveles de evidencia).
El tratamiento puntero del cáncer de la próstata proporciona una supervivencia
prolongada sin enfermedad para muchos pacientes con enfermedad localizada, pero
es escasamente curativo en pacientes con tumor local extenso. Aún cuando el
cáncer aparece localizado clínicamente en la glándula de la próstata, una
fracción substancial de pacientes desarrollará propagación tumoral después de
recibir terapia local con cirugía o irradiación. Esto se debe a la alta
incidencia de subclasificación clínica aun con la utilización de técnicas
actuales de diagnóstico. El tumor metastático actualmente no es curable.
Generalmente, la cirugía se reserva para pacientes con buena salud que tienen
menos de 70 años y que han elegido intervención quirúrgica.[1-3] Estos pacientes
deberán tener una tomografía ósea negativa y tumores confinados a la glándula de
la próstata (etapas I y II). La prostatectomía puede realizarse por vía perineal
o retropúbica. El enfoque perineal requiere una incisión separada para la
disección de ganglios linfáticos. La linfadenectomía laparoscópica es
técnicamente posible y puede lograrse con mucha menos morbilidad del paciente.[4]
En el caso de tumores pequeños, bien diferenciados, la incidencia de ganglios
pélvicos positivos es menos del 20% y se puede omitir la disección de ganglios
pélvicos.[5] En el caso de tumores más grandes, menos diferenciados, es más
importante efectuar la disección de ganglios pélvicos. El valor de la disección
de ganglios pélvicos (cirugía abierta o laparoscópica) no es terapéutico, pero
ahorra a los pacientes con ganglios positivos la morbilidad de la prostatectomía.
Generalmente, no se realiza una prostatectomía radical si la evaluación de las
muestras congeladas de los ganglios pélvicos revelan metástasis, y dichos
pacientes deben ser considerados para que ingresen en ensayos clínicos existentes
o que reciban radioterapia para controlar los síntomas locales. El papel de la
terapia hormonal preoperatoria ("neoadyuvante") no ha sido establecido al
presente. [6,7]
Después de prostatectomía radical, la evaluación patológica estratifica la
extensión del tumor en enfermedad limitada al órgano, limitada al espécimen y con
un margen positivo. La incidencia de recurrencia aumenta cuando el tumor no está
confinado al espécimen, (extracapsular) y/o los márgenes no son positivos. [8-10]
No se tiene información sobre el resultado de los pacientes con márgenes
quirúrgicos positivos. Los pacientes con enfermedad extraprostática, son
candidatos idóneos para los ensayos clínicos.[11] Estos ensayos incluyen
evaluación de administración postoperatoria de radiación, agentes citotóxicos y
tratamiento hormonal usando agonistas de la hormona libradora de hormona
luteinizante (LHRH) y/o antiandrógenos.
Criocirugía es una técnica quirúrgica que consiste en la destrucción de las
células de cáncer en la próstata por medio de un congelamiento intermitente del
tejido de la próstata seguido por descongelamiento.[12] [Nivel de evidencia:
3iiiDiii] Es menos establecida que la prostatectomía y los resultados a largo
plazo no son conocidos. Efectos tóxicos incluyen daño a la vejiga, problemas con
la orina, impotencia sexual y daño al recto. La técnica de criocirugía esta en
evolución.
Los candidatos para radioterapia definitiva deben tener un diagnóstico patológico
confirmado de cáncer que se limita clínicamente a la próstata y/o tejidos
circundantes (etapas I,II y III). Estos pacientes deberán tener una gammagrafía
ósea y una tomografía computarizada, que sea negativa de metástasis, pero no se
requieren la laparotomía para clasificación ni la disección de ganglios
linfáticos. La irradiación profiláctica de los ganglios linfáticos que no estén
clínica o patológicamente comprometidos, no parecen mejorar la supervivencia
general, o la supervivencia específica del cáncer de la próstata.[13] [Nivel de
evidencia: 1iiA] Además, los pacientes que no son considerados buenos candidatos
médicos para la prostatectomía radical pueden ser tratados con pocas
complicaciones si se da atención cuidadosa a la técnica de la administración.[14]
Los resultados a largo plazo con la radioterapia dependen de la etapa. Una
revisión retrospectiva de 999 pacientes tratados con irradiación de megavoltaje
mostró tasas de supervivencia de causa específica significativamente diferentes a
los 10 años por etapas T: T1 (79%), T2 (66%), T3 (55%) y T4 (22%).[15] Un nivel
inicial del antígeno prostático específico sérico mayor de 15 nanogramos por
mililitro es un indicador de falla probable con radioterapia convencional.[16]
La braquiterapia intersticial ha sido empleada en varios centros generalmente
para pacientes con tumores T1 y T2. Los pacientes son seleccionados acorde a
características favorables, que incluyen un puntaje Gleason bajo, niveles de PSA
bajos, y tumores en etapa T1-2. Se necesita más información y estudios para
definir mejor los efectos de la braquiterapia moderna intersticial en el control
de las enfermedades y la calidad de vida, y determinar la contribución de una
selección favorable de pacientes a los resultados.[17] [Nivel de evidencia:
3iiiDiii]
Los pacientes asintomáticos de edad avanzada o con enfermedad concomitante
podrían requerir la consideración de una observación cuidadosa sin tratamiento
activo inmediato, especialmente aquellos pacientes con tumores de grado bajo y en
etapa temprana.[18,19] La historia variable del carcinoma de la próstata
enfatiza la necesidad de efectuar estudios aleatorios con el fin de identificar
los beneficios estadísticos de cualquier tratamiento definitivo. Un estudio
basado en la población con 15 años de seguimiento (tiempo promedio de observación
= 12.5 años) reveló una excelente supervivencia sin ningún tratamiento en
pacientes con tumores bien o moderadamente bien diferenciados clínicamente
limitados a la próstata, independientemente de la edad del paciente.[8] Un
segundo estudio, más pequeño, basado en la población de 94 pacientes con cáncer
de la próstata clínicamente localizado controlado con una estrategia de "observar
y esperar" dio resultados muy similares a los 4-9 años de seguimiento.[20] De
hecho, en una serie seleccionada de 50 pacientes con etapa C, 48 de los cuales
tuvieron tumores bien y moderadamente bien diferenciados, las tasas específicas
de supervivencia para el cáncer de la próstata a 5 y 9 años fue del 88% y 70%.[9]
Desde el principio de la década de los 80, ha habido un aumento dramático en las
tasas de prostatectomía radical en los Estados Unidos entre hombres en las edades
de 65-79 (5.75 incremento de 1984 a 1990). Hay una amplia variación geográfica
en estas tasas, probablemente una reflexión de incertidumbre acerca de la
indicación de una prostatectomía radical y de su eficacia.[21] De hecho, se ha
llevado a cabo una revisión estructurada de la literatura de 144 artículos en un
intento de comparar las tres estrategias principales de tratamiento para cáncer
de la próstata clínicamente localizado: 1) prostatectomía radical, 2)
radioterapia definitiva, y 3) y espera vigilante.[22] Los autores concluyeron
que la manera deficiente de reportar y factores de selección dentro de las series
obstaculizaron una comparación válida de la eficacia de las tres estrategias de
tratamiento, y los que proponen cualquiera de las tres estrategias no pueden
buscar apoyo convincente en la literatura actual. En otra revisión de literatura
de series de casos de pacientes con enfermedad palpable clínicamente localizada,
los autores encontraron que las tasas de supervivencia para cáncer prostático
específico de 10 años fueron mejores en las series de prostatectomía radical
(cerca del 93%), peores en las series de radioterapia (cerca del 75%), e
intermedias con tratamiento retrasado (cerca del 85%).[23] Puesto que es
bastante improbable que la radiación empeoraría la supervivencia específica de la
enfermedad, la explicación más probable es que los factores de selección afectan
la elección del tratamiento. Tales factores de selección hacen imprecisas las
comparaciones de estrategias terapéuticas.[24] Desafortunadamente, estas series
constituyen los mismos datos en las cuales se han basado las opiniones
relacionadas con el control de cáncer clínicamente localizado. Un análisis
retrospectivo de los resultados en los hombres, demostró una tasa de
supervivencia específica de la enfermedad a 10 años del 94% para los tumores de 2
a 4 del grado Gleason y de un 75% para los tumores de 5 a 7 del grado Gleason.
[25] Esto es similar a un estudio anterior que utilizó la base de datos del
Surveillance, Epidemiology and End Results, con una tasa de sobrevivencia de 93%
y 77% respectivamente. [26]
Las complicaciones de una prostatectomía radical pueden incluir incontinencia
urinaria, estrechez uretral, impotencia y morbilidad asociada con la anestesia
general y con un procedimiento quirúrgico principal. Un análisis de los archivos
de Medicare donde se informa de 101, 604 prostatectomía radicales llevadas a cabo
entre 1991 y 1994 mostró una tasa de mortalidad operativa de 30 días del 0.54%,
una tasa de rehospitalización del 4.5%, y una tasa de complicaciones graves del
28.6%. Durante el período de estudio, estas tasas disminuyeron en 30%, 8%, y 12%
respectivamente.[27] En los hospitales donde las prostatectomías realizadas eran
menores en cantidad, se observó que la tasa de mortalidad postoperatoria en los
30 días subsiguientes fue más alta, las complicaciones postquirúrgicas fueron más
graves, la estadía en el hospital fue mayor y la tasa de rehospitalización fue
también más alta, cuando se le comparó con aquellos hospitales en los que se
llevaban a cabo mayor número de prostatectomías. Las tasas de mortalidad y
morbilidad aumentan con la edad y fueron apreciablemente más altas en los
pacientes mayores de 75 años.[21]
En una serie grande de casos de hombres a quienes se les practicó la técnica
anatómica (preservación de nervios) de prostatectomía radical, solamente cerca
del 6% de los hombres requirieron el uso de almohadillas para incontinencia
urinaria, pero una proporción adicional desconocida de hombres tuvieron goteo
urinario ocasional. Cerca del 40%-65% de los hombres que eran sexualmente
potentes antes de la cirugía retuvieron la potencia adecuada para penetración
vaginal y coito sexual.[28] La preservación de la potencia con esta técnica
depende de la etapa del tumor y de la edad del paciente, pero la operación
probablemente induce por lo menos un déficit parcial en casi todos los
pacientes.[28]
Una encuesta nacional de pacientes con Medicare que se sometieron a
prostatectomía radical de 1988 a 1990 reportaron más morbilidad que en la serie
de casos.[29] En esa encuesta, más del 30% de los hombres reportó necesitar
almohadillas o presillas para la mojadura urinaria y 63% de todos los pacientes
reportó un problema presente de mojadura. Cerca del 60% reportó no tener
erecciones desde la cirugía; cerca del 90% no tuvieron suficiente erección para
coito sexual durante el mes previo a la encuesta. Cerca del 28% reportó
tratamiento de seguimiento para cáncer con radiación y/o terapia hormonal en los
cuatro años después de su prostatectomía.
En un cohorte logitudinal basado en la población, (Estudio de resultados del
cáncer de próstata) de 1291 hombres entre 39 y 79 años de edad quienes se
sometieron a prostatectomía radical reciente debido a cáncer de la próstata, 8.4%
presentaron ya sea incontinencia urinaria frecuente o carencia de control
urinario a los 18 meses de la cirugía.[30] Cerca del 39% informaron tener un
control urinario completo y el resto tuvieron varios grados de incontinencia
urinaria. En cuanto a la incapacidad de obtener una erección suficiente para
completar el coito, se informó de un 59.9% de los hombres(65.6% de los hombres
que tuvieron cirugía no preservadora del nervio, 58.6% de los que tuvieron
cirugía unilateral preservadora del nervio, y 56.0% de los que tuvieron cirugía
bilateral preservadora del nervio, p=0.001 para la diferencia entre la cirugía
bilateral preservadora del nervio y la no preservadora del nervio.) Las razones
de las diferencias de los resultados entre la encuestas basadas en la población y
las serie de casos anteriores podrían incluir: 1) la diferencia de edad entre la
población, 2) la pericia quirúrgica en los centros principales que reportaron, 3)
factores de selección, 4) prejuicio de la publicación de la serie favorable, o 5)
métodos diferentes de recabar la información de los pacientes. Series de casos
de 93, 459 y 89 hombres que se habían sometido a prostatectomía radical por
cirujanos experimentados mostraron tasas similarmente elevadas de impotencia como
en la encuesta nacional de Medicare cuando los hombres fueron interrogados
cuidadosamente acerca de la potencia sexual, aunque los hombres en la serie de
casos eran más jóvenes en término medio que los de la encuesta de
Medicare.[31-33] En una de las series de casos se utilizó el mismo cuestionario
que en la encuesta de Medicare.[31] La tasa de incontinencia urinaria en esa
encuesta fue también similar al de la encuesta de Medicare.
Una encuesta con carácter cruzado de pacientes con cáncer de la próstata que
habían sido tratados en un ambiente de cuidado controlado ya sea por
prostatectomía radical, radiación, o espera cuidadosa mostró una substancial
disfunción sexual y urinaria en el grupo de prostatectomía.[34] Los resultados
reportados por los pacientes fueron consistentes con los de la encuesta nacional
de Medicare. Además, aunque el poder estadístico fue limitado, las diferencias
en la disfunción sexual y urinaria entre hombres que tuvieron prostatectomía
radical estándar o anatómica (preservación de nervios) no fueron estadísticamente
significativas. Este asunto, por lo tanto, requiere más estudio.
La prostatectomía radical podría también causar incontinencia fecal, y la
incidencia varía dependiendo del método quirúrgico.[35] En una encuesta nacional
con un muestreo de 907 hombres que habían sido sometidos a prostatectomía radical
al menos un año antes de la encuesta, un 32% de los hombres que habían sido
sometidos a una prostatectomía perineal(anatómica preservadora del nervio)radical
y 17% de los que fueron sometidos a prostatectomía radical retropúbica,
informaron haber tenido accidentes de incontinencia fecal. Diez por ciento y 4%
respectivamente, informaron de accidentes de incontinencia fecal de moderado a
grande. Menos del 15% de los hombres con incontinencia fecal han informado a su
médico o proveedor de servicios médicos de este trastorno.
La radioterapia definitiva de haz externo puede dar lugar a cistitis aguda,
proctitis, y a veces enteritis.[1,33,36-38] Generalmente, estas enfermedades son
reversibles pero pueden ser crónicas y rara vez requieren intervención
quirúrgica. La potencia, a corto plazo, se preserva con irradiación en la
mayoría de los casos, pero puede disminuir con el transcurso del tiempo. [38] Una
encuesta de sección cruzada de pacientes con cáncer de la próstata que habían
sido tratados en un ambiente de cuidado controlado ya sea por prostatectomía
radical, radiación, o espera cuidadosa mostró una substancial disfunción sexual y
urinaria en el grupo de radioterapia.[34] La morbilidad puede ser reducida
mediante el empleo de técnicas sofisticadas de radiación, como el uso de
aceleradores lineales, y simulación cuidadosa así como planificación del
tratamiento.[39] Los efectos secundarios de la radiación conformal tridimensional
versus radioterapia convencional usando dosis similares (dosis total de 60-64Gy)
ha sido comparada en estudios aleatorios no ciegos.[40][Nivel de evidencia: 1iiC]
No hubo diferencia en la morbilidad aguda, y los efectos secundarios lo
suficientemente severos como para requerir hospitalización, no fueron muy
frecuentes con el uso de ambas técnicas. Sin embargo, la incidencia cumulativa de
proctitis leve o severa fue más leve en el grupo conformal que en el de terapia
estándar (37% versus 56%, p=0.004). Los síntomas urinarios fueron similares en
ambos grupos, como también lo fue el control del tumor local y las tasas de
supervivencia generales con seguimiento a 5 años. La radioterapia puede
aplicarse después de una disección de ganglio linfático extraperitoneal sin un
aumento de complicaciones, si se presta atención cuidadosa a la técnica de
radiación. El campo de tratamiento no deberá incluir los ganglios pélvicos
disecados. La resección transuretral previa de la próstata (TURP) aumenta el
riesgo de estrechez más de la observada con radiación sola, pero si la radiación
se retrasa de 4 a 6 semanas después de dicha resección, el riesgo de estrechez
puede reducirse al mínimo.[41-43] Aunque el TURP de pretratamiento para aliviar
los síntomas obstructivos ha sido asociado con diseminación del tumor, el
análisis diversificado en casos clasificados patológicamente indica que esto se
debe a un pronóstico subyacente peor de los casos que requieren resección
transuretral más que al procedimiento mismo.[44]
Un estudio basado en la población de recipientes de Medicare que han recibido
radioterapia como tratamiento primario para el cáncer de la próstata, similar en
diseño a la encuesta descrita anteriormente de pacientes de Medicare que se
sometieron a la prostatectomía radical [29], se ha presentado, mostrando
apreciables diferencias en los perfiles mórbidos del postratamiento entre la
cirugía y la radiación.[45] Aunque los hombres que se sometieron a la radiación
eran mayores en el momento de la terapia inicial, tenían menos probabilidad de
decir que necesitaban almohadillas o presillas para controlar la fuga urinaria
(7% versus más de 30%). Una proporción mayor de los pacientes tratados con
radiación antes de la cirugía declaró que habían podido tener una erección
suficiente para el coito sexual en el mes antes de la encuesta (hombres <70 años
de edad, 33% de los que habían recibido radiación versus 11% de los que se
sometieron solo a la cirugía; hombres >/=70 años de edad , 27% de los que habían
recibido radiación versus 12% de los que solo tuvieron cirugía). Sin embargo,
los hombres que recibieron radiación tenían más probabilidad de decir que tenían
problemas con las funciones intestinales, especialmente movimientos frecuentes de
los intestinos (10% versus 3%). Al igual que en la encuesta de los pacientes
quirúrgicos, alrededor de 24% de los pacientes que se sometieron a la radiación
dijeron que recibieron tratamiento subsecuente adicional para un cáncer
persistente o recurrente conocido o sospechado dentro de 3 años después de la
terapia primaria.
Un cohorte prospectivo comunitario de hombres entre 55 y 74 años de edad que
fueron tratados con prostatectomía radical (N=1156) o radioterapia de haz externo
(N=435) intentó comparar las complicaciones agudas y graves de las dos
estrategias de tratamiento después de hacer ajustes en las diferencias básicas
iniciales (baseline)de las características del paciente y su salud en
general.[46] En cuanto a la morbilidad relacionada con el tratamiento agudo, la
prostatectomía radical estuvo relacionada con altas tasas de complicaciones
cardiopulmonares (5.5% vs 1.9%)al igual que la necesidad de tratamiento de las
estructuras urinarias (17.4% vs 7.2%). La radioterapia estuvo relacionada con una
proctitis rectal más aguda (18.7% vs 1.6%). Con relación a la morbilidad crónica
relacionada con el tratamiento, la prostatectomía radical estuvo relacionada con
una mayor incontinencia urinaria (9.6% vs 3.5%) e impotencia (80% vs 62%). La
radioterapia estuvo ligeramente relacionada con una mayor disminución de las
funciones intestinales.
Varias estrategias hormonales diferentes pueden beneficiar a los hombres con
diversas etapas de cáncer de la próstata. Estas son la orquiectomía bilateral,
la terapia con estrógenos, agonistas de LHRH, antiandrógenos, ketoconazol y
aminoglutetimida. Los beneficios de la orquiectomía bilateral son la facilidad
del procedimiento, no se requiere que el paciente siga instrucciones de
medicación, su inmediación para bajar los niveles de testosterona y el bajo
costo. Las desventajas son los efectos psicológicos, pérdida del libido,
impotencia, osteoporosis y calores repentinos.[47] Los estrógenos en una dosis
de 3 mg/día de dietilestilbestrol lograrán niveles de castración de testosterona.
Similar a la orquiectomía, los estrógenos pueden causar pérdida del libido e
impotencia. La ginecomastia se puede prevenir por medio de radiación de dosis
baja a los senos. Sin embargo, los estrógenos se usan rara vez en la actualidad
a causa del riesgo de efectos secundarios graves como el infarto del miocardio,
accidente cerebrovascular y embolia pulmonar. Los agonistas LHRH como la
leuprolida, goserelina y buserelina bajarán la testosterona a niveles de
castración. Similares a la orquiectomía y a los estrógenos, los agonistas LHRH
causan la impotencia, ondas de calor y pérdida del libido. Las reacciones de
destellos del tumor pueden ocurrir transitoriamente pero se pueden prevenir con
antiandrógenos o con estrógenos a corto plazo a dosis baja por varias semanas.
La flutamida, antiandrógeno puro, puede causar diarrea, sensibilidad de los senos
y nausea. Ha habido informes de casos de toxicidad mortal y no mortal del
hígado.[48] La bicalutamida puede causar nausea y sensibilidad de los senos,
ruboración, pérdida del libido e impotencia.[49] El antiandrógeno esteroide
acetato de megestrol suprime no totalmente la producción de andrógeno y no se usa
generalmente como terapia inicial. El uso de ketoconazol a largo plazo puede
resultar en impotencia, prurito, cambios en las uñas e insuficiencia adrenal. La
aminoglutetimida comúnmente causa sedación y erupciones de la piel. Se requieren
estudios adicionales que evalúen los efectos de varias terapias hormonales en la
calidad de vida.[50] No se ha completado ensayo clínico alguno que determine el
valor de añadir finasteride además de un agonista del LHRH y antiandrógeno.[51]
La deprivación de la terapia de andrógeno, también podría ocasionar osteoporosis.
Un reducido estudio, no ciego, de seguimiento breve, indica que el bifosfonato
pamidronato puede prevenir la pérdida ósea en aquellos hombres que reciben
hormonas agonistas que emiten gonadotropina para el cáncer de la próstata.[52]
Cuarenta y siete pacientes con cáncer de la próstata (41 de ellos evaluables) con
cáncer prostático local avanzado, pero sin metástasis ósea conocida, fueron
asignados de forma aleatoria para recibir mensualmente 3 depo leuprolide con o
sin pamidronato (60 mg intravenoso). No se informó de fractura ósea en ninguno de
los grupos. La sustitución de objetivos y la evaluación no ciega de estos, hace
difícil el establecer con certeza, si el uso de pamidronato prevendría la
ocurrencia de fracturas.[52][Nivel de evidencia: 1iiD]
Cuando el PDQ designa a un tratamiento como "estándar" o "en evaluación clínica",
esto no debe tomarse como base para determinar si se otorgan reembolsos.
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Nota: Algunas citas en esta sección son seguidas por niveles de evidencia. El
consejo editorial de PDQ usa un sistema de clasificación formal para ayudar al
lector a que juzgue la solidez de la evidencia junto al informe de los resultados
de la estrategia terapéutica. (Para mayor información, ver el sumario del PDQ
sobre los niveles de evidencia).
La frecuencia del cáncer de la próstata clínicamente silencioso, no metastático
que puede encontrarse en el momento de la autopsia aumenta enormemente con la
edad, y puede afectar hasta el 50%-60% de los hombres de 90 años de edad y más.
Sin duda, el descubrimiento incidental de estos cánceres ocultos al momento de
cirugía prostática que se lleva a cabo por otras razones representa una
supervivencia similar de hombres con cáncer de la próstata en etapa I comparado
con la población masculina normal, ajustado por edad. Muchos cánceres en etapa I
están bien diferenciados y afectan la glándula sólo de manera focal (T1a, NO,
MO), y la mayoría no requiere tratamiento con excepción de un seguimiento
cuidadoso.[1] En un análisis retrospectivo acumulado, 828 hombres con cáncer de
la próstata fueron controlados con terapia inicial conservadora de terapia
hormonal subsecuente dada al tiempo de la progresión sintomática de la
enfermedad. Este estudio mostró que los pacientes con tumores de grado I ó II
experimentaron una supervivencia específica de enfermedad del 87% a 10 años y que
su supervivencia general se acercó aproximadamente a la supervivencia esperada
entre hombres de edades similares en la población general.[2] Sin embargo, en
pacientes más jóvenes (50-60 años de edad) cuya supervivencia esperada es larga,
debe considerarse el tratamiento.[3] Los cánceres menos diferenciados que
implican más de unas porciones de tejido resecado (T1b, NO, MO) son
biológicamente más agresivos. Sin embargo, la prueba de 95 pacientes no fue lo
suficientemente grande para excluir una diferencia pequeña pero médicamente
significativa en la supervivencia total, ni tampoco incluyó información sobre el
tiempo con respecto al progreso, supervivencia específica del cáncer, o calidad
de vida. La prostatectomía radical, la radioterapia de haz externo y la
implantación intersticial de radioisótopos y la observación, aparentemente
producen tasas similares de supervivencia en series selectas no controladas. La
decisión de dar tratamiento debe hacerse en el contexto de la edad del paciente,
enfermedades médicas asociadas y los deseos personales del paciente.[3]
Opciones de tratamiento estándar:
1. Observación cuidadosa sin tratamiento adicional inmediato en pacientes
seleccionados.[2-5]
2. Radioterapia de haz externo.[6-10] La radioterapia definitiva debe
retrasarse 4-6 semanas después de la resección transuretral para reducir la
incidencia de estrechez.[11]
3. Prostatectomía radical generalmente con linfadenectomía pélvica (con o sin la
técnica que preserva el nervio y que está designada a preservar la
potencia).[12-14] La prostatectomía radical puede ser difícil después de una
resección transuretral de la próstata. Puede considerarse radioterapia
postoperatoria para los pacientes que se encuentran que tienen penetración
capsular o invasión de vesículas seminales por el tumor al momento de efectuar la
prostatectomía o que tienen un nivel detectable de antígeno prostático específico
más de 3 semanas después de la cirugía.[15-20] Debido a que la duración de
seguimiento en estudios disponibles es aún relativamente corta, el valor de la
radioterapia postoperatoria está por determinarse. Sin embargo, la radioterapia
postoperatoria reduce la recurrencia local.[21] Es necesario efectuar una
planificación cuidadosa del tratamiento para evitar la morbilidad.[15-20] Están
llevándose a cabo ensayos clínicos.
4. La implantación intersticial de radioisótopos (p.ej., I-125, paladio, iridio)
hecha a través de una técnica transperineal ya sea con ultrasonido o CT se está
llevando a cabo en pacientes con tumores T1 O T2A seleccionados cuidadosamente.
Los resultados a corto plazo en estos pacientes son similares a aquellos de la
prostatectomía radical o la radioterapia de rayo externo.[22-24][Nivel de
evidencia: 3iiiDiii]. Una ventaja es que el implante es efectuado como cirugía
externa. Se ha informado que la tasa de mantenimiento de la potencia sexual con
los implantes intersticiales ha sido de 86 a 92%, [22,24] lo cual se compara con
la tasa de 10 a 40% de la prostatectomía radical y 40 a 60% con la radioterapia
de rayo externo. No obstante, los síntomas del tracto urinario como la
frecuencia, la urgencia y en un grado menor la retención urinaria, han sido
observados en la mayoría de los pacientes, pero estos ceden con el tiempo.
También se han visto úlceras rectales. En una serie de dos años se observó una
tasa de complicaciones genitourinarias de grado 2 del 10% y un riesgo del 12% de
úlceras del recto. Este riesgo disminuyó proporcionalmente a medida que se
modificó la técnica de implante y con la experiencia del técnico.[22] Es
necesario dar seguimiento a estos pacientes a largo plazo para poder medir la
eficacia y los efectos secundarios del tratamiento.
La implantación retropúbica de I-125 apenas se hace porque ha sido asociada con
un aumento en las complicaciones y en la tasa de fracaso local.[25,26]
5. La radioterapia de haz externo diseñada para disminuir la exposición de
tejidos normales usando métodos como planificación de tratamiento de conformado
de 3-D basado en tomografía computarizada, está en evaluación clínica.[27]
6. Otros ensayos clínicos. Si necesita información sobre ensayos clínicos en
curso del NCI, esta están disponibles en (Http: //cancer.gov/clinical_trials).
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Nota: Algunas citas en esta sección son seguidas por niveles de evidencia. El
consejo editorial de PDQ usa un sistema de clasificación formal para ayudar al
lector a que juzgue la solidez de la evidencia junto al informe de los resultados
de la estrategia terapéutica. (Para mayor información, ver el sumario del PDQ
sobre niveles de evidencia).
- T1a, NO, MO, moderadamente diferenciada, precariamente diferenciada, o no
diferenciada o T1b, N0, M0 o T1c, N0, M0 o T1, N0, M0 o T2, N0, M0 --
Opciones de tratamiento estándar:
Para pacientes T1b, N0, M0 or T1c, N0, M0:
1. Observación cuidadosa del paciente, sin tratamiento inmediato adicional en
pacientes seleccionados.[1,2]
2. Irradiación de haz externo.[3-7] La irradiación profiláctica de los
ganglios linfáticos de la pelvis que no están clínica o patológicamente
comprometidos, no parecen mejorar la supervivencia general o la supervivencia
específica al cáncer de la próstata.[8] [Nivel de evidencia: 1iiA] Debe
retardarse la radioterapia definitiva de 4 a 6 semanas después de la resección
transuretral para reducir la incidencia de estrechez.[9]
3. Prostatectomía radical usualmente con linfadenectomía pélvica (con o sin
técnica preservadora del nervio, diseñada para preservar la potencia). [10-12] La
prostactectomía radical podría ser difícil después de una recesión transuretral
de la próstata. Se podría considerar la radioterapia post operatoria para
aquellos pacientes que tienen penetración capsular o invasión seminal vesicular
por el tumor al momento de la prostatectomía o tiene un nivel detectable de
antígeno específico a la próstata, más de tres semanas después de la cirugía.
[13-18] Debido a que la duración del seguimiento en los estudios disponibles es
todavía relativamente corta, el valor de la radioterapia post operativa está aún
por determinarse. Sin embargo, la radioterapia post operativa reduce la
recurrencia local.[19] Es necesaria una cuidadosa planificación del tratamiento,
para evitar la morbilidad.[13-18] Actualmente se están llevando a cabo ensayos
clínicos.
4. La implantación intersticial de radioisótopos (p.ej., I-125, paladio, iridio)
llevado a cabo mediante técnica transperineal ya sea con ultrasonido o guía CT en
pacientes cuidadosamente seleccionados con tumores T1 o T2A. El resultado a corto
plazo en estos pacientes son similares a aquellos de la prostatectomía radical o
radioterapia de haz externo. [20-22] [Nivel de evidencia: 3iiiDiii] Una ventaja
es que el implante se administra mediante cirugía en la oficina del cirujano. La
tasa de mantenimiento de la potencia sexual con los implantes intersticiales
varían de un 86 a 92%, [20,22] comparada con la tasa de 10 a 40% con la
prostatectomía radical o la tasa de 40 a 60% con la radioterapia de haz externo.
Sin embargo, en la mayoría de los pacientes se observa frecuencia del tracto
urinario, urgencia y la menos común retención urinaria, pero estas tienden a
subsanar con el tiempo. En algunos casos podría observarse también ulceración
rectal. En una serie, se observó una tasa de complicación de 10% en 2-años
actuaria genitourinaria de grado 2 y se vio un riesgo de ulceración rectal del
12%. Este riesgo disminuyó según aumentaba la experiencia del cirujano y la
modificación de la técnica de implante.[20] Es necesario dar seguimiento a estos
pacientes a largo plazo para poder medir la eficacia y los efectos secundarios
del tratamiento.
Las implantaciones retropúbicas a pulso de I-125, se han asociado a un incremento
en el fracaso local y la tasa de complicación de [23,24] y hoy en día se observa
raramente.
5. La terapia de radiación de haz externo diseñada para reducir la exposición
del tejido normal usando métodos tales como la tomografía computarizada basada en
3-D conforme a la planificación del tratamiento, está bajo evaluación clínica.
[25]
6. Otros ensayos clínicos. Si necesita información sobre ensayos clínicos en
curso del NCI, esta están disponibles en (Http: //cancer.gov/clincial_trials).
La prostatectomía radical, radioterapia de haz externo e implantación
intersticial externa de radioisótopos se usan en el tratamiento de cáncer de la
próstata en etapa II, aparentemente con efectos terapéuticos similares. La
prostatectomía radical y la radioterapia parecen producir tasas similares de
supervivencia con hasta 10 años de seguimiento. Para pacientes bien
seleccionados, la prostatectomía radical puede lograr una supervivencia de 15
años comparable a una población de edad correspondiente sin cáncer de la
próstata.[1] Desafortunadamente, existe una falta de ensayos aleatorios
comparativos de estos métodos de tratamiento con un prolongado seguimiento. A
los pacientes con un único ganglio pequeño de cáncer palpable (T2a, NO, MO) les
va mejor que a los pacientes en quienes la enfermedad es multiganglionar o que
afecta los dos lóbulos de la glándula (T2b, NO, MO). A los pacientes en los que
se comprueba que están libres de metástasis ganglionar por medio de una
linfadenectomía pélvica les va mejor que a los pacientes en quienes no se realiza
este procedimiento de clasificación; sin embargo, esto se debe a la selección de
pacientes que tienen un pronóstico más favorable. Se deberán tener en cuenta los
efectos secundarios de las diversas formas de terapia incluyendo impotencia,
incontinencia y lesión intestinal al determinar qué tipo de tratamiento emplear.
El único estudio aleatorio realizado hasta la fecha que compara la prostatectomía
radical en el momento de diagnóstico a la terapia de espera (observación
cuidadosa con terapia cuando sea necesaria) en cánceres en etapa I y II, no
mostró una diferencia significativa en la supervivencia.[2] Sin embargo, el
ensayo de 95 pacientes no fue lo suficientemente grande para excluir una pequeña
diferencia aunque médicamente significativa en la supervivencia general, ni
tampoco incluyó información para medir el intervalo de tiempo hasta progresión,
supervivencia específica del cáncer ni calidad de vida. En un análisis
retrospectivo, 828 hombres con cáncer de la próstata clínicamente localizado,
fueron tratados con terapia inicial conservadora con una subsecuente terapia
hormonal administrada al tiempo de la progresión sintomática de la enfermedad.
Este estudio mostró que los pacientes con tumores de grados I ó II experimentaron
una supervivencia específica de enfermedad del 87% a 10 años y que su
supervivencia general se aproximó cercanamente a la supervivencia esperada entre
hombres de edades similares en la población general.[1] La decisión de
tratamiento debe tomarse en el contexto de la edad del paciente, las enfermedades
médicas asociadas, y los deseos personales del paciente.
El papel que desempeña la terapia hormonal adyuvante en los pacientes con
enfermedad local avanzada, ha sido analizado por la Agencia para la Política del
Cuidado e Investigación de la Salud (AHCPR, por sus siglas en inglés). La mayoría
de los pacientes tienen enfermedad más avanzada, pero los pacientes con tumores
masivos T2b fueron incluidos en el grupo de estudio que revaluaba el papel de la
terapia hormonal adyuvante en pacientes con enfermedad local avanzada. La
evidencia de los ensayos clínicos aleatorios, en los que se ha comparado la
radioterapia versus radiación con supresión prolongada del andrógeno ya han sido
publicados. El metaanálisis encontró una diferencia en la tasa de supervivencia a
5 años que favorecía a la radioterapia más supresión continua del andrógeno en
comparación a la radioterapia sola (índice de peligrosidad=0.631, 95% CI=0.479-
0.831).[26] [Nivel de evidencia: 1iiA]
Opciones de tratamiento estándar:
1. Prostatectomía radical generalmente con linfadenectomía pélvica.
[10,11,27,28] Si lo permite la extensión tumoral, la disección anatómica
que preserva los nervios necesarios para la erección evita la impotencia
postoperatoria en algunos pacientes.[12,27] Se puede considerar la
radioterapia postoperatoria para pacientes que tienen penetración capsular o
invasión de vesículas seminales por el tumor al momento de la prostatectomía o un
nivel detectable del antígeno prostático específico más de 3 semanas después de
la cirugía. El valor de la radioterapia postoperatoria no se ha determinado
todavía. La radioterapia postoperatoria sí reduce la recurrencia local; aunque,
no se ha probado que extienda la supervivencia.[19] Actualmente, existen ensayos
clínicos que examinan estas interrogantes. Es necesario hacer una planificación
cuidadosa del tratamiento para evitar morbilidad.[13-18] El papel de la terapia
hormonal preoperatoria ("neoadyuvante") no ha sido establecido hasta el presente.
[29,30] También los cambios morfológicos inducidos por la ablación del andrógeno
neoadyuvante, podrían complicar la evaluación de los márgenes quirúrgicos y el
compromiso capsular.[31]
2. Irradiación de haz externo.[3-7,32] La irradiación profiláctica de los
ganglios linfáticos de la pelvis que no están clínica o patológicamente
comprometidos, no parecen mejorar la supervivencia general o la supervivencia
específica al cáncer de la próstata.[8] [Nivel de evidencia: 1iiA] Debe
retardarse la radioterapia definitiva de 4 a 6 semanas después de la resección
transuretral para reducir la incidencia de estrechez.[9] Se debería tomar en
consideración el uso de terapia hormonal adyuvante en aquellos pacientes que
presentan tumores abultados T2b.[26]
3. Observación cuidadosa sin tratamiento adicional inmediato (en pacientes
seleccionados).[1,2]
4. La implantación intersticial de radioisótopos (p.ej., I-125, paladio, iridio)
hecha a través de una técnica transperineal ya sea con ultrasonido o CT se está
llevando a cabo en pacientes con tumores T1 O T2A seleccionados cuidadosamente.
Los resultados a corto plazo en estos pacientes que han sido cuidadosamente
seleccionados son similares a aquellos de la prostatectomía radical o la
radioterapia de rayo externo.[20-22] [Nivel de evidencia: 3iiiDiii]. Una ventaja
es que el implante es efectuado como cirugía externa. Se ha informado que la tasa
de mantenimiento de la potencia sexual con los implantes intersticiales ha sido
de 86 a 92%, [20,33] lo cual se compara con la tasa de 10 a 40% de la
prostatectomía radical y 40-60% con la radioterapia de rayo externo. Sin embargo,
los síntomas del tracto urinario como frecuencia, urgencia y en un menor grado la
retención urinaria, han sido observados en la mayoría de los pacientes, pero
estos ceden con el tiempo. También se han visto úlceras rectales. En una serie de
dos años se observó una tasa de complicaciones genitourinarias de grado 2 del 10%
y un riesgo del 12% de úlceras del recto. Este riesgo disminuyó proporcionalmente
a medida que se modificó la técnica de implante y con la experiencia del
técnico.[20] Es necesario dar seguimiento a estos pacientes a largo plazo para
poder medir la eficacia y los efectos secundarios del tratamiento.
La implantación retropúbica de I-125 apenas se hace porque ha sido asociada con
un aumento en las complicaciones y en la tasa de fracaso local.[23,24]
5. La radioterapia de haz externo diseñada para disminuir la exposición de
tejidos normales usando métodos como planificación de tratamiento conformado de
3-D basado en tomografía computarizada, está en evaluación clínica.[25]
6. La criocirugía percutánea guiada por ultrasonido está en evaluación clínica.
Criocirugía es una técnica quirúrgica que consiste en la destrucción de las
células de cáncer en la próstata por medio de un congelamiento intermitente del
tejido de la próstata seguido por descongelamiento.[34] [Nivel de evidencia:
3iiiDiii] Es menos establecida que la prostatectomía y los resultados a largo
plazo no son conocidos. Efectos tóxicos incluyen daño a la vejiga, problemas con
la orina, impotencia sexual y daño al recto. La técnica de criocirugía está en
evolución.
7. Otros ensayos clínicos, que incluyen ensayos de terapia hormonal neoadyuvante
seguida de prostatectomía radical.[35,36]
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Nota: Algunas citas en esta sección son seguidas por niveles de evidencia. El
consejo editorial de PDQ usa un sistema de clasificación formal para ayudar al
lector a que juzgue la solidez de la evidencia junto al informe de los resultados
de la estrategia terapéutica. (Para mayor información, ver el sumario del PDQ
sobre niveles de evidencia).
Se utilizan la radioterapia de haz externo, la implantación intersticial de
radioisótopos y la prostatectomía radical.[1] Los resultados de la
prostatectomía radical en pacientes en etapa III son enormemente inferiores a los
que obtienen los pacientes con cáncer en etapa II. La implantación intersticial
de radioisótopos es técnicamente difícil en tumores grandes. La radioterapia de
haz externo que usa acelerador lineal es el tratamiento más apropiado para la
mayoría de los pacientes con cáncer de la próstata en etapa III y series grandes
respaldan su éxito en lograr el control de la enfermedad local y supervivencia
libre de enfermedad.[2,3] El pronóstico se ve enormemente afectado cuando se
hace una evaluación de los ganglios linfáticos regionales y se comprueba que no
están implicados. Se deberán tener en cuenta los síntomas del paciente
relacionados con el cáncer, la edad y las enfermedades médicas coexistentes antes
de decidirse por un plan terapéutico. En una serie de 372 pacientes tratados con
radioterapia y seguidos por 20 años, el 47% murió eventualmente de cáncer de la
próstata, pero un 44% murió de enfermedades intercurrentes sin evidencia de
cáncer de la próstata.[3]
La terapia hormonal debería tenerse en cuenta conjuntamente con la radiación.
Varios estudios han investigado su utilidad en pacientes con enfermedad local
avanzada. En un ensayo prospectivo aleatorio realizado por el Radiation Therapy
Oncology Group (RTOG, por sus siglas en inglés), (RTOG 85-31)los pacientes con
enfermedad T3, N0, o con cualquier enfermedad T, N1, M0 recibieron terapia de
radiación pélvica o prostática y después fueron divididos aleatoriamente para
recibir goserelina adyuvante inmediatamente o para ser observados y recibir una
administración de goserelina al momento del relapso. En los pacientes asignados a
recibir la goserelina adyuvante, el medicamento fue iniciado la última semana del
curso de radioterapia y continuado indefinidamente o hasta que hubieran señas de
progresión. La proporción de supervivencia global en cinco años de la población
completa de 945 pacientes no fue estadísticamente diferente (75% en el grupo
adyuvante versus 71% en el de observación, p=0,52). Los autores dan cuenta de una
mejoría en cinco años de la tasa de control local (84% versus 71%, p<,0001),
libertad de metástasis distante (83% versus 70%, p<,001), y supervivencia sin
enfermedad (60% versus 44%, p<.0001).[4][Nivel de evidencia: 1iiA]
Un estudio similar fue llevado a cabo por la European Organization for Research
and Treatment of Cancer (EORTC, por sus siglas en inglés). Los pacientes con
enfermedad T1, T2 (grado 3 de la OMS), NO-NX o T3, T4, NO fueron divididos al
azar para recibir radiación pélvica/prostática o radiación idéntica y goserelina
adyuvante (con ciproterona acetato durante 1 mes) comenzando con la radiación y
continuando durante 3 años. Los 401 pacientes que estaban disponibles para el
análisis fueron seguidos durante un periodo mediano de 45 meses. Los estimados
Kaplan-Meier de supervivencia global a los 5 años fueron de 79% para el grupo
recibiendo goserelina adyuvante y de 52% para el brazo de radiación sola
(p=0,001). De la misma manera, la supervivencia libre de enfermedad a los 5 años
(85% versus 48%, p<0,001) y el control local (97% versus 77%, p<0,001)
favorecieron al brazo adyuvante.[5][nivel de evidencia; 1iiA, 1iiDi] Dos estudios
en menor escala, compuestos por 78 y 91 pacientes cada uno, han mostrado
resultados similares.[6,7]
El papel que desempeña la terapia hormonal adyuvante en los pacientes con
enfermedad local avanzada, ha sido analizado por la Agencia para la Política del
Cuidado e Investigación de la Salud (AHCPR, por sus siglas en inglés). La mayoría
de los pacientes tienen enfermedad más avanzada, pero los pacientes con tumores
masivos T2b fueron incluidos en el grupo de estudio que revaluaba el papel de la
terapia hormonal adyuvante en pacientes con enfermedad local avanzada. La
evidencia de los ensayos clínicos aleatorios, en los que se ha comparado la
radioterapia versus radiación con supresión prolongada del andrógeno ya han sido
publicados. El metaanálisis encontró una diferencia en la tasa de supervivencia a
5 años que favorecía a la radioterapia más supresión continua del andrógeno en
comparación a la radioterapia sola (índice de peligrosidad=0.631, 95% CI=0.479-
0.831).[8] [Nivel de evidencia: 1iiA]
Además, el RTOG realizó un estudio sobre pacientes con enfermedad local masiva
(T2b,T2C, T3, o T4), con o sin compromiso ganglionar por debajo de la cadena
ilíaca común: se evaluó 456 hombres y se asignaron al azar para recibir radiación
sola o radiación con ablación de andrógenos comenzada 8 semanas antes de la
radiación y continuada durante 16 semanas. A los ocho años, la supervivencia
global no tuvo estadísticamente una diferencia significante. Sin embargo, el
control de la enfermedad local (70% versus 58%) y la supervivencia libre de
enfermedad (33% versus 21%) favorecieron al grupo que recibió el régimen
combinado.[9][Nivel de evidencia: 1iiA] Este ensayo solo evaluó la terapia
hormonal a corto plazo, no la terapia hormonal a largo plazo como la de los
estudios analizados por la AHCPR.
Los resultados iniciales de un estudio al azar de tratamiento inmediato de
hormonas (orquiectomía u hormona liberante análoga de la hormona luteinizante
[LHRH, por sus siglas en inglés]) versus el tratamiento aplazado (esperando
cuidadosamente con terapia hormonal en progresión) en hombres con cáncer de la
próstata local avanzada o cáncer metastático asintomáticos mostró una mejor
supervivencia en general y supervivencia especifica del cáncer de la próstata con
el tratamiento inmediato. La incidencia de fracturas patológicas, compresión de
la espina cordal y obstrucción de la uretra fueron también bajos en el
tratamiento inmediato.[10] [Nivel de evidencia: 1iiA]
Opciones de tratamiento estándar:
1. Irradiación con haz externo.[2,3,11-13] Se debe tomar en consideración la
terapia hormonal además de la radiación de haz externo. [4,5,9,8] La radioterapia
definitiva debe ser demorada de 4 a 6 semanas después de la resección
transuretral para reducir la incidencia de estrictura.[14] Está bajo evaluación
clínica una radioterapia diseñada para disminuir la exposición del tejido normal
mediante el uso de métodos tales como la tomografía de tercera dimensión
computarizada, basada en un plan de tratamiento.[15]
2. Manipulación hormonal (orquiectomía o agonista LHRH).[10] [Nivel de evidencia:
1iiA]
3. Prostatectomía radical generalmente con linfadenectomía pélvica (pacientes
altamente seleccionados).[16] Puede considerarse la radioterapia postoperatoria
para pacientes que se descubre tienen penetración capsular o invasión de
vesículas seminales por el tumor al momento de la prostatectomía o un nivel
detectable del antígeno prostático específico más de 3 semanas después de la
cirugía.[13,17,18] Sin embargo, debido a que la duración de seguimiento en
estudios disponibles es aún relativamente corta, todavía está por determinarse el
valor de la irradiación postoperatoria para reducir la incidencia de fracaso
local. Hay ensayos clínicos que se están llevando a cabo. Es necesario efectuar
una planificación cuidadosa del tratamiento para evitar la morbilidad. El rol de
la terapia hormonal ("neoadyuvante") preoperatoria, no ha sido establecido al
presente. [19,20] También los cambios morfológicos inducidos por las ablaciones
andrógenas neoadyuvantes podrían aún complicar la evaluación de los márgenes
quirúrgicos y el compromiso capsular. [21]
4. Observación cuidadosa sin tratamiento adicional inmediato.[22]
Tratamiento sintomático:
Ya que muchos de los pacientes en etapa III tienen síntomas urinarios, el
control de los síntomas es una consideración importante del tratamiento. A
menudo esto puede lograrse por medio de radioterapia, de cirugía radical,
resección transuretral de la próstata o por manipulación hormonal.
1. Radioterapia.[2,3,11,12] El tratamiento con radiación externa diseñado para
disminuir la exposición del tejido normal usando métodos tales como la tomografía
computarizada tridimensional el tratamiento de ajuste planificado está bajo
evaluación clínica.
2. Manipulaciones hormonales usadas efectivamente como terapia inicial para
cáncer de la próstata:
-
a) orquiectomía
b) leuprolida u otros agonistas de hormona liberadora de hormona
-
luteinizante (Zoladex) en preparaciones diarias o de depósito.
(Estos agentes pueden estar asociados con el surgimiento del tumor.)
c) estrógeno (dietilbestrol [DES] ya no está disponible en los Estados
-
Unidos)
d) antiandrógeno no esteroide (p.ej., flutamida, nilutamida, bicalutamida)
-
o antiandrógeno esteroide (acetato de ciproterona)
Un metaanálisis de ensayos aleatorios en los que se compararon varias
monoterapias hormonales en hombres con cáncer de la próstata en etapas III o IV
(predominantemente etapa IV) llegó a las siguientes conclusiones:
-
1) la supervivencia en general a los dos años con el uso de cualquier LHRH
agonista es similar al tratamiento con orquiectomía o 3 miligramos
diarios de DES (coeficiente de peligrosidad =1.26, 95% CI=0.92-1.39);
2) las tasas de supervivencia a dos años son similares o peores con el uso
de antiandrógenos no esteroides comparados con la orquiectomía
(coeficiente de peligrosidad =1.22, 95% CI=0.99-1.50);
3) retiros del tratamiento como substituto de efectos
secundarios adversos, se presentaron con menos frecuencia con los
agonistas LHRH (0%-4%) que con los antiandróngenos no esteroides
(4%-10%).[23] [Nivel de evidencia: 1iiA]
3. Cirugía paliativa (resección transuretral).
4. La implantación intersticial combinada con la radiación externa se está
usando en pacientes con grado de tumor T3, pero aún existe poca información.[24]
5. Ensayos clínicos que usan formas alternativas de radioterapia. Un ensayo
aleatorio del Radiation Therapy Oncology Group (RTOG) informó de un mejor control
local y supervivencia con radioterapia de haz mixto (neutrón/fotón), comparado
con radioterapia estándar de fotón.[25] Un estudio subsecuente aleatorio del
mismo grupo comparó la radioterapia rápida de neutrón a la radioterapia estándar
de fotón. El control regional local se mejoró con el tratamiento de neutrón pero
no se vio diferencia en la supervivencia en general, aunque el seguimiento fue
más corto en este ensayo. Se observó una disminución de complicaciones con el
uso de un colimador de hojas múltiples.[26] La radioterapia con rayo de protones
también está en investigación.[27]
6. Otros ensayos clínicos. [28]. Si necesita información sobre ensayos clínicos
en curso del NCI, esta está dispobible en (Http: //cancer.gov/clinical_trials/).
7. Criocirugía percutánea guiada por ultrasonido está en evaluación clínica.
Criocirugía es una técnica quirúrgica que consiste en la destrucción de las
celulas de cáncer en la próstata por medio de un congelamiento intermitente del
tejido de la próstata seguido por descongelamiento.[29][Nivel de evidencia:
3iiiDiii] Es menos establecida que la prostatectomía y los resultados a largo
plazo no son conocidos. Efectos tóxicos incluyen daño a la vejiga, problemas con
la orina, impotencia sexual y daño al recto. La técnica de criocirugía esta en
evolución.
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Nota: Algunas citas en esta sección son seguidas por niveles de evidencia. El
consejo editorial de PDQ usa un sistema de clasificación formal para ayudar al
lector a que juzgue la solidez de la evidencia junto al informe de los resultados
de la estrategia terapéutica. (Para mayor información, ver el sumario del PDQ
sobre niveles de evidencia).
- T4, NO, MO, o cualquier T, N1-3, MO, o cualquier T, cualquier N, M1 (etapa
D1 o D2) --
La selección del tratamiento dependerá de la edad del paciente, enfermedades
médicas coexistentes, síntomas y si hay metástasis distantes (más frecuentemente
ósea) o sólo complicación de ganglio linfático regional. Los síntomas más
comunes se originan en el tracto urinario o de las metástasis óseas. La
paliación del tracto urinario por medio de resección transuretral o radioterapia,
y de las metástasis óseas con radioterapia o terapia hormonal es una parte
importante en el manejo de estos pacientes.
Pacientes T4, NO, MO, o cualquier T, N1-3, MO:
La Agencia para la Política del Cuidado e Investigación de la Salud, ha mantenido
una revisión sistemática de las evidencias disponibles sobre los ensayos clínicos
aleatorizados, llevados a cabo en su Centro de Evaluación Tecnológica, en los que
se ha comparado la radioterapia versus radioterapia con supresión prolongada del
andrógeno. Este centro es un Centro Práctico, basado en la evidencia de la
Asociación Blue Cross and Blue Shield.[1][Nivel de evidencia: 1iiA] Algunos
pacientes con tumores masivos T2b fueron incluídos en los grupos estudiados. El
metaanálisis encontró una diferencia en la tasa de supervivencia a 5 años que
favorecía a la radioterapia más supresión continua del andrógeno en comparación a
la radioterapia sola (índice de peligrosidad=0.631, 95% CI=0.479-0.831). Esta
reducción en la mortalidad general, nos indica que la supresión del andrógeno
adyuvante debe ser iniciada al momento de la radiación y continuada por varios
años. Aún está por determinarse la duración óptima de la terapia y el asunto de
la utilidad de la terapia hormonal neoadyuvante.
En un ensayo pequeño aleatorizado llevado a cabo con 98 hombres que fueron
sometidos a prostatectomía radical más linfadenoctomía pélvica y en quienes se
encontró metástasis ganglional (en etapa T1-2 N1 M0), se comparó la terapia
hormonal inmediata continua con el agonista LHRH goserelin o con orquiectomía,
versus terapia diferida hasta que se documentara la progresión de la
enfermedad.[2] [Nivel de evidencia: 1iA]; [3] Después de un seguimiento medio de
7.1 años, tanto la supervivencia general como la supervivencia específicamente
relacionada con el cáncer prostático fueron superiores en el grupo de terapia
adyuvante inmediata (P= .02 y P=.001, respectivamente). Al cabo de 100 meses la
tasa de supervivencia en el grupo de terapia inmediata fue de alrededor de 80%,
versus alrededor de 60% en el grupo de terapia diferida.
Pacientes con cualquier T, cualquier N, M1:
El tratamiento hormonal es el pilar de la terapia para el cáncer prostático
metastático distante (etapa D2). Rara vez se logra curación, si es que alguna
vez sucede, no obstante se logran respuestas subjetivas u objetivas sorprendentes
durante el tratamiento en la mayoría de los pacientes. Los resultados iniciales
de un estudio al azar de tratamiento inmediato de hormonas (orquiectomía u
hormona liberante análoga de la hormona luteinizante [LHRH, por sus siglas en
inglés]) versus el tratamiento aplazado (esperando cuidadosamente con terapia
hormonal en progresión) en hombres con cáncer de la próstata local avanzada o
cáncer metastático asintomáticos mostro una mejor supervivencia en general y
supervivencia especifica del cáncer de la próstata con el tratamiento inmediato.
La incidencia de fracturas patológica, compresión de la espina cordal y
obstrucción de la uretra fueron también bajos en el tratamiento
inmediato.[4][Nivel de evidencia: 1iiA]
En algunas series, los niveles pretratamiento del antígeno prostático específico
(PSA, por sus siglas en inglés) están inversamente correlacionados con duración
libre de progresión en pacientes con cáncer metastático de la próstata que
reciben terapia hormonal. Después que se instituye la terapia hormonal, la
reducción del PSA a niveles no detectables proporciona información referente a la
duración del estado libre de progresión. Sin embargo, no se puede predecir mucho
una disminución de PSA menos de 80%.[5] La orquiectomía y los estrógenos
producen resultados similares, y la selección de un procedimiento u otro
dependerá de la preferencia del paciente y de la morbilidad de los efectos
secundarios que se esperan. Los estrógenos se asocian con el desarrollo o la
exacerbación de la enfermedad cardiovascular especialmente en dosis altas. El
dietilbestrol (DES, por sus siglas en inglés) en una dosis de 1 miligramo/día no
está asociado con tan frecuentes complicaciones cardiovasculares como lo está con
dosis más altas; sin embargo, el uso de DES ha disminuido debido a los efectos
tóxicos cardiovasculares. El DES ya no se encuentra comercialmente disponible en
los Estados Unidos. Las consecuencias psicológicas de una orquiectomía son
objetables para muchos pacientes y muchos escogerían una terapia alternativa si
fuera efectiva.[6] No hay indicación de que la orquiectomía y estrógenos
combinados sean superiores a cualquiera de los dos tratamientos administrado por
sí solo.[7]
Las estrategias que usan agonistas de hormona libradora de hormona luteinizante
(LHRH) o antiandrógenos en pacientes con cáncer de la próstata en etapa IV, han
producido una tasa similar de respuesta a tratamientos hormonales estándar.[8,9]
En un ensayo aleatorio, se encontró que leuprolida el análogo de LHRH (1
miligramo subcutáneo al día) fue tan eficaz como el DES (3 miligramos por vía
oral al día) en pacientes con cualquier T, cualquier N, M1, pero causó menos
ginecomastia, náusea/vómitos y tromboembolismos.[10] En otros estudios
aleatorios, se encontró que la goserelina (zoladex) de reserva, análogo de LHRH,
fue tan eficaz como la orquiectomía [11-13] o que DES en dosis de 3 miligramos al
día.[9] Está disponible una preparación de reserva de leuprolida (Depo Lupron),
que es terapéuticamente equivalente a leuprolida y se encuentra en dosis de
reserva mensuales o de 3 meses. Se ha mostrado que la castración es superior a
la monoterapia con bicalutamida.[14] Un pequeño estudio aleatorio comparó 1mg DES
oral, tres veces al día con 250 miligramos de flutamida 3 veces al día en
pacientes con cáncer de próstata metastático y mostró una tasa de respuestas
similares con ambos regímenes, pero una tasa superior de supervivencia con DES .
Hubo más toxicidad cardiovascular y/o tromboembólica con un significado
estadístico dudoso asociado con el tratamiento DES.[15] [Nivel de evidencia 1iA]
Se ha probado una variedad de combinaciones de terapia hormonal.
Basado en el hecho de que las glándulas adrenales continúan produciendo andrógeno
después de una castración médica o quirúrgica, se realizaron estudios de casos en
serie en que se añadió terapia antiandrógeno a la castración. Los resultados
promisorios obtenidos de tales casos en serie, llevó al uso generalizado de esta
estrategia, conocida como "bloqueo máximo del andrógeno" (MAB, por sus siglas en
inglés)o "bloqueo completo del andrógeno." Sin embargo ensayos clínicos
controlados, subsecuentes, aleatorios arrojan ciertas dudas sobre la eficacia de
añadir un antiandrógeno a la castración. En un ensayo controlado, numeroso y
aleatorio en el que se comparó el tratamiento de orquiectomía bilateral con ya
sea el antiandrógeno flutamida, o placebo, no hubo diferencia en la supervivencia
general [16][Nivel de evidencia: 1iA] A pesar de que se ha mostrado que el MAB
podría mejorar el fin un tanto subjetivo de la tasa de respuesta, cuando se
evalúa de manera prospectiva, la calidad de vida fue peor en el brazo del estudio
bajo flutamida, que en el brazo bajo placebo, primordialmente debido a que hubo
mayor cantidad de diarrea, y un desempeño emocional más precario en el grupo bajo
tratamiento con flutamida [17]. [nivel de evidencia 1iC] Un meta-análisis de 27
ensayos aleatorios de 8,275 pacientes que comparó la cirugía convencional o la
castración médica al "bloqueo máximo de andrógeno" (MAB, por sus siglas en
inglés) - castración más uso prolongado de un antiandrógeno como la flutamida,
acetato de ciproterona o nilutamida - no mostró una mejoría estadística
significativa en la supervivencia relacionada con MAB.[18] [Niveles de evidencia:
1i, 1iiA]
Cuando se examinaron en un análisis subconjunto los ensayos de supresión de
andrógeno versus supresión de andrógeno más ya sea nilutamida o flutamida, la
tasa de supervivencia absoluta en 5 años fue mejor en el grupo de terapia
combinada (2.9% mejor, 95% CI=0,3%-5.5%). Por otro lado, cuando los ensayos de
supresión de andrógeno versus supresión de andrógeno más acetato de ciproterona
fueron examinados, la tendencia absoluta de supervivencia a 5 años fue mas
precaria que la del grupo de terapia combinada(2.8% peor, 95% CI= -7.6% a
+2.0%).[18]
La Agencia para la Política del Cuidado e Investigación de la Salud, ha mantenido
una revisión sistemática de las evidencias disponibles sobre los ensayos clínicos
aleatorios de terapias hormonales únicas y el bloqueo combinado de andrógeno
llevados a cabo por su Centro de Evaluación Tecnológica, un Centro Práctico
basado en la evidencia de la Asociación Blue Cross and Blue Shield. Un
metaanálisis de ensayos aleatorios en los que se compararon varias monoterapias
hormonales en hombres con cáncer de la próstata en etapas III o IV
(predominantemente etapa IV) llegó a las siguientes conclusiones:
-
1) la supervivencia en general a los dos años con el uso de cualquier LHRH
agonista es similar al tratamiento con orquiectomía o 3 miligramos
diarios de DES (coeficiente de peligrosidad =1.26, 95% CI=0.92-1.39);
2) las tasas de supervivencia a dos años son similares o peores con el uso
de antiandrógenos no esteroides comparados con la orquiectomía
(coeficiente de peligrosidad =1.22, 95% CI=0.99-1.50);
3) retiros del tratamiento como consecuencia substituta de efectos
secundarios adversos, se presentaron con menos frecuencia con los
agonistas LHRH (0%-4%) que con los antiandróngenos no esteroides
(4%-10%).[19] [Nivel de evidencia: 1iiA]
El bloqueo combinado de andrógeno no mostró mayor utilidad que la terapia
hormonal sola con menos tolerancia del paciente. De igual forma la evidencia se
juzgó como insuficiente para determinar si los hombres que han sido recientemente
diagnosticados con enfermedad metastática asintomática, deberían ser
inmediatamente sometidos a terapia de supresión del andrógeno, o si deberían
posponerse la misma hasta que se presenten señales clínicas, o síntomas de
progresión.[1]
Un gran porcentaje de hombres experimentan calores repentinos después de una
orquiectomía bilateral o después de un tratamiento con agonistas LHRH. Estos
calores repentinos pueden persistir por años.[20] Se ha informado de varios
niveles de éxito en el manejo de estos síntomas con DES, clonidina, ciproterona,
acetato, o acetato de medroxiprogesterona (Megace).
Después de que se desarrolla la progresión tumoral en una forma de manipulación
hormonal, es poco común observar una respuesta tumoral objetiva a cualquier otra
forma.[21] Sin embargo, algunos estudios indican que el retiro de flutamida (con
o sin administración de aminoglutetimida) puede estar asociado con una
declinación en los valores de PSA y que uno puede necesitar estar al pendiente de
esta respuesta antes de iniciar una nueva terapia.[22-24] La quimioterapia puede
ser apropiada para pacientes seleccionados, pero sigue en evaluación. Hasta la
fecha, no hay evidencia que indique que la quimioterapia prolonga la
supervivencia.[25] La administración de prednisona en dosis bajas puede aliviar
los síntomas en alrededor de un tercio de los casos.[26] Si necesita información
sobre ensayos clínicos en curso del NCI, esta está disponibles en
(Http: //cancer.gov/clinical_trials).
PC-SPES es una combinación botánica de la que se dice que contiene 8 diferentes
tipos de hierbas: Crisantemo, Isatis, Regaliz, Ganoderma lúcido, Pseudoginseng,
Rubescens, Palmito sierra o serenoa y Escutelaria. Un estudio determinó que el
PC-SPES contiene una potente actividad estrogénica in vivo en animales y en
hombres con cáncer de próstata.[27] El PC-SPES indujo la ablación con andrógeno y
ocasionó, como se esperaba, efectos secundarios parecidos al estrógeno, como
sensibilidad en los senos, pérdida de la libido y trombosis.[27] Otro estudio
evaluó aún más allá el PC-SPES en hombres con cáncer progresivo de la próstata,
33 de los cuales eran dependiente del andrógeno y 37 de ellos independientes del
mismo.[28] Al igual que otros estrógenos como el DES, PC-SPES disminuyó la
testosterona y el PSA en todos los hombres participantes en el grupo dependiente
del andrógeno. Además el PC-SPES disminuyó el PSA en el 54% de los hombres con
cáncer de la próstata resistente a las hormonas, pero este efecto tuvo una
duración de sólo 16 semanas. Este resultado era también esperado, ya que estudios
preliminares mostraron una actividad similar del DES en hombres con cáncer de la
próstata resistente a las hormonas. Entre los efectos secundarios del PC-SPES
contamos con sensibilidad en los senos, y coágulos sanguíneos en algunos
pacientes. Por tanto, toda la actividad mostrada hasta la fecha por el PC-SPES es
consistente con su mecanismo de acción estrogénica. El uso de este producto,
podría confundir la interpretación de los resultados de una terapia estándar o de
un ensayo clínico. El 8 de febrero del 2002 la Administración de Fármacos y
Alimentos avisó a los consumidores que dejaran de usar el PC-SPES ya que unos
análisis llevados acabo por el Departamento de Servicios de Salud de California
reveló la presencia de contaminación con medicamentos recetados no declarados.
[29]
Opciones de tratamiento estándar:
1. Manipulaciones hormonales que se emplean efectivamente como terapia inicial
para cáncer de la próstata:[30]
-
a) orquiectomía sola o con un bloqueador andrógeno [31]
b) Agonistas de LHRH tales como leuprolida en preparaciones diarias o de
-
depósito [8,10,11,32] (Estos agentes pueden estar asociados con el
surgimiento del tumor cuando se usan solos y por lo tanto, el uso
concomitante de antiandrógenos debe ser considerado en presencia de
dolor del hígado, obstrucción uretral, o compresión de la médula
espinal.)[Nivel de evidencia: 1iiA]
c) leuprolida más flutamida [33] Sin embargo, en un meta-análisis, no
-
se ha mostrado que la adición de un antiandrógeno a la leuprolida
mejore la supervivencia.[18]
d) estrógenos (DES, clorotrianiseno, etinilestradiol, estrógenos
-
conjugados U.S.P., difosfato de DES). (El DES ya no está comercialmente
disponible en los Estados Unidos)
2. Radioterapia de haz externo para intentar curación (pacientes en etapa MO
altamente seleccionados).[34,35] Debe retrasarse la radioterapia definitiva de 4
a 6 semanas después de la resección transuretral para reducir la incidencia de
estrechez.[36]
Se debe tomar en consideración la terapia hormonal además de la irradiación de la
irradiación de haz externo.[1]
3. Radioterapia paliativa.
4. Cirugía paliativa (resección transuretral).
5. Observación cuidadosa sin tratamiento adicional inmediato (en pacientes
seleccionados).
6. Está en evaluación clínica la prostatectomía radical con orquiectomía
inmediata.[37] Una revisión retrospectiva sin control de una serie grande de
pacientes con enfermedad en cualquier T, N1-3, MO tratados en la Clínica Mayo con
prostatectomía radical concurrente y orquiectomía mostró prolongación de
intervalos a la progresión local y distante. Sin embargo, no se ha demostrado un
aumento significativo en la supervivencia.
7. Está en evaluación clínica la quimioterapia sistémica para enfermedad
refractaria a las hormonas.[25,38,39]
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En cáncer de la próstata, la selección de tratamiento adicional dependerá de
muchos factores, incluyendo el tratamiento previo, el sitio de recurrencia,
enfermedades coexistentes y consideraciones individuales de cada paciente. Puede
darse radioterapia definitiva a pacientes que fracasaron sólo localmente después
de la prostatectomía.[1-4] Un paciente ocasional puede ser salvado con
prostatectomía después de una recurrencia local posterior a radioterapia
definitiva.[5] Sin embargo, solamente cerca del 10% de los pacientes tratados
con radiación tendrán solamente recaída local. En estos pacientes, el control
prolongado de la enfermedad es a menudo posible con terapia hormonal con un
promedio de supervivencia específico de cáncer de 6 años después del fracaso
local.[6] La ablación crioquirúrgica de recurrencia después de la radiación está
frecuentemente asociada con niveles elevados de PSA y una tasa de complicación
alta. Está técnica aún está siendo sometida a evaluación clínica.[7] La mayoría
de los pacientes con recaída que inicialmente recibieron terapia locoregional con
cirugía o irradiación fracasarán con enfermedad diseminada y son tratados con
terapia hormonal. El manejo de estos pacientes con enfermedad en etapa IV se
discute en la sección anterior. La radioterapia paliativa para el dolor óseo
puede ser muy útil. Debido al pronóstico precario de los pacientes con cáncer de
la próstata con recaída o enfermedad progresiva después de terapia hormonal, las
pruebas clínicas son apropiadas. Estas incluyen pruebas en fase I y II que
emplean nuevos agentes quimioterapéuticos o biológicos.[8]
Aun en pacientes con cáncer de la próstata metastática refractaria a las
hormonas, hay alguna heterogeneidad en el pronóstico y en sensitividad retenida a
las hormonas. En tales pacientes que tienen enfermedad ósea sintomática, varios
factores están asociados con un empeoramiento del pronóstico: condición
deficiente de rendimiento, fosfatasa alcalina elevada, creatinina sérica anormal,
y respuesta previa de poca duración (<1 año) a la hormonoterapia.[9] No se ha
demostrado que tenga importancia de pronóstico el nivel absoluto del antígeno
prostático específico (PSA) al iniciar la terapia en pacientes refractarios a las
hormonas o que tienen recidiva.[10] Algunos pacientes en los cuales la enfermedad
ha avanzado mientras usaban el bloqueo androgénico combinado, pueden responder a
una variedad de terapias hormonales de segunda elección. Un 14% a 60% de los
pacientes tratados con aminoglutetimida, hidrocortisona, y las combinaciones de
estas drogas han respondido al PSA, y también han tenido respuestas clínicas de
hasta 25% cuando se han evaluado. [11]. Son conflictivos los datos de si los
cambios de PSA mientras se administra la quimioterapia predicen
supervivencia.[10,12]
Pacientes tratados con agonistas de la hormona luteinizante o con estrógeno como
la terapia primaria generalmente son mantenidos con niveles castrales de
testosterona. Un estudio de la Eastern Cooperative Oncology Group mostró que una
supervivencia superior resultó cuando pacientes estuvieron mantenidos en
depravación de andrógenos.[13] Sin embargo, otro estudio de el Southwest Oncology
Group no mostró una ventaja con el bloqueo de las andrógenos.[14]
Las metástasis óseas dolorosas pueden ser un problema importante en el cáncer de
la próstata. Se han estudiado muchas estrategias de alivio, incluyendo la
medicación para el dolor, radiación, corticosteroides, radionúclidos que se
enfocan en los huesos, nitrato de galio y bifosfonatos.[15] La radioterapia de
haz externo para alivio del dolor óseo puede ser muy útil. También, el uso de
radioisótopos, tales como el estroncio-89, ha mostrado ser efectivo como
tratamiento paliativo de algunos pacientes con metástasis osteoblásticas. Cuando
este isótopo es administrado solo, se ha reportado que reduce el dolor óseo en el
80% de los pacientes tratados,[16] y es similar a las respuestas con radiación
local o de medio cuerpo.[17] Cuando se usa como adjunto a la radioterapia de haz
externo, se mostró que el estroncio-89 retrasa la progresión de la enfermedad y
reduce los requisitos de analgesia, comparado con radioterapia de haz externo
sola.[18]
Se ha dicho que la quimioterapia tiene valor paliativo en el tratamiento de
algunos hombres con enfermedad que no reacciona al tratamiento de las hormonas.
Los ensayos clínicos continúan evaluando el valor de la quimioterapia en estos
pacientes.[19-26] La administración de prednisona en dosis bajas puede aliviar
los síntomas en algunos pacientes tratados.[27] En una comparación aleatoria con
prednisona (5 mg cuatro veces al día) con flutamida (250 mg tres veces al día) en
aquellos pacientes con progresión de la enfermedad después de una terapia
ablativa del andrógeno (castración o agonista LHRH), prednisona y flutamida
produjeron una respuesta sintomática de supervivencia, respuesta PSA y relación
entre tiempo y progreso de la enfermedad, similar.[28] Sin embargo, se notó
diferencias estadísticamente significativas en cuanto el dolor, las náuseas, el
vómito y la diarrea, entre los pacientes que recibieron prednisona. Una prueba
aleatoria mostró una mejoría en el control del dolor entre los pacientes con
resistencia hormonal tratados con mitoxantrona más prednisona en comparación con
los tratados con prednisona sola.[23] Sin embargo, no hubo diferencias
estadísticamente importantes en la supervivencia, entre los dos tratamientos.
Otros regímenes quimioterapéuticos produjeron mejorías subjetivas en los síntomas
y reducción en los niveles de PSA como los siguentes: docetaxel, paclitaxel,
estramustina/docetaxel, estramustina/etoposido, estramustina/vinblastina y
estramustina/paclitaxel. [24][Nivel de evidencia: 3iiiD];[25] Un estudio indica
que los pacientes cuyos tumores exhiben diferenciación neuroendocrina, responden
mejor a la quimioterapia.[26]
Al momento no existe ningún régimen quimioterapéutico que pueda considerarse
estándar. A los pacientes se les debe animar a que reciban tratamiento mediante
su participación en un ensayo clínico.
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Date Last Modified: 11/2002
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