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Leucemia mieloide infantil aguda/otras malignidades mieloides

208/01081

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Informacion General
Clasificacion Celular
Informacion Sobre Las Etapas
Aspectos Generales De Las Opciones De Tratamiento
Leucemia Mieloide Aguda Infantil En Remisi N
Recurrencia De La Leucemia Mieloide Aguda Infantil


CancerMail del Instituto Nacional del Cáncer


Información del PDQ para profesionales de la salud


Importante: La presente información está dirigida principalmente al personal médico y otros profesionales de la salud. Si usted tiene alguna pregunta relacionada al tema, puede preguntarle a su médico, comunicarse con el Servicio de Información del Cáncer al 1-800-4-CANCER (1-800-422-6237)

INFORMACION GENERAL

Este sumario informativo sobre el tratamiento de la Leucemia mieloide aguda en la infancia (LMA) es un compendio que abarca tanto su pronóstico y diagnóstico como su clasificación y tratamiento. El Instituto Nacional del Cáncer creó la base de datos PDQ para facilitar el acceso a la información sobre los nuevos tratamientos y su uso en el cuidado de los pacientes. La información y bibliografía de las más recientes publicaciones de la literatura especializada se incluyen aquí después de haber sido revisadas por especialistas en oncología y pediátrica.

El cáncer es poco común en los niños y adolescentes y estos deben ser siempre referidos a centros médicos que cuenten con un personal médico multidisciplinario de especialistas en cáncer con amplia experiencia en el tratamiento de los cánceres que aparecen durante la niñez y la adolescencia. Dicho personal debe contar con la pericia del médico de cabecera, subespecialistas en cirugía pediátrica, radioterapeutas, oncólogos y hematólogos pediatras, especialistas en rehabilitación, especialistas en enfermería pediátrica, trabajadores sociales y otros, con el fin de asegurarse de que los pacientes reciban el tratamiento, apoyo terapéutico y rehabilitación que determinen una calidad de vida y una supervivencia óptima. Las pautas para los centros de cáncer pediátrico y su función en el tratamiento del paciente pediátrico con cáncer han sido delineados por la Academia Estadounidense de Pediatría.[1] En estos centros oncológicos pediátricos, se llevan acabo ensayos clínicos para la mayoría de los cánceres que se presentan en niños y adolescentes, y a la mayoría de los pacientes o familiares se les ofrece la oportunidad de participar en estos ensayos. Estos ensayos clínicos para niños y adolescentes están diseñados generalmente para comparar lo que se considera una terapia potencialmente mejor con la terapia que se considera estándar. La mayor parte del progreso alcanzado en la identificación de terapias curativas para el cáncer infantil, se ha logrado a través de ensayos clínicos. Si necesita información sobre ensayos clínicos en curso del NCI, estas están disponibles en Http: //cancer.gov/clinical_trials/).

La leucemia mielógena aguda (LMA) es el tipo más común de enfermedad maligna mieloide que se presenta en la infancia. Entre 75% y 85% de los niños que la padecen logran una remisión completa luego de recibir la quimioterapia de inducción adecuada. Los niños con AML recientemente diagnosticada tienen una tasa de supervivencia a 5 años libre de eventos que se aproxima al 50%.[2-4] El factor pronóstico más constante en todos los estudios de LMA en niños es el recuento de leucocitos en el momento del diagnóstico. Los niños que tienen un recuento superior a 100.000 leucocitos por mililitro cúbico tienen mal pronóstico. Otros factores adicionales que se han asociado con mal pronóstico son la LMA secundaria y el cariotipo con monosomía 7. Los niños con aberraciones cromosómicas en células leucémicas t(8;21) e inv 16 tienen una elevada probabilidad de lograr la remisión [5-9] y una menor probabilidad de recaídas.[8,9] Los desplazamientos de la banda cromosómica 11q23, incluidas la mayoría de las LMA secundarias a la epipodofilotoxina,[10] son desfavorables en algunos estudios. En varios estudios los tipos M4 y M5 de la clasificación FAB, que tienen recuentos de leucocitos superiores a 20.000 por mililitro cúbico y que requieren más de un ciclo para alcanzar la remisión, predicen una remisión de corta duración.[6,8] Se ha demostrado que la presencia de una duplicación interna FLT-3 en tándem constituye un factor de mal pronóstico.[11,12]

La leucemia promielocítica aguda (LPA) es un subtipo diferente de la LMA y su tratamiento es distinto del de otros tipos de LMA. La aberración cromosómica característica asociada con la LPA es la t(15;17). Este desplazamiento involucra un punto crítico que incluye al receptor ácido de los retinoides y que conlleva la producción de la proteína de fusión PML-RARalpha.[13] Desde el punto de vista clínico, la LPA se caracteriza porque en el momento del diagnóstico suele haber una coagulopatía grave. [14] La mortalidad durante la inducción debida a complicaciones hemorrágicas es más común en este subtipo que en otras clasificaciones FAB.

Los niños con síndrome de Down corren un alto riesgo de sufrir una leucemia con una proporción de LLA a LMA típica de la leucemia aguda de la infancia, excepto durante los primeros tres años de vida cuando predomina la LMA (especialmente la M7).[15] Los recién nacidos con síndrome de Down pueden manifestar una síndrome mieloproliferativo transitorio (SMT). Este trastorno se parece a la LMA congénita pero mejora espontáneamente en el curso de 4 a 6 semanas. Los estudios retrospectivos indican que hasta en 30% de los bebés con síndrome de Down y SMT se desarrollará una LMA antes de los 3 años de edad.[16] Resulta interesante constatar que la mayoría de los niños con síndrome de Down y LMA pueden curarse de su leucemia.[17] El tratamiento apropiado para estos niños es menos intensivo que la terapia actual de la LMA y el trasplante de médula ósea no está indicado en la primera remisión.

Los síndromes mielodisplásicos (SMD) representan un grupo heterogéneo de trastornos de la hematopoyesis que lleva a grados variables de pancitopenia y a menudo a leucemia mieloide aguda (LMA). En adultos los síndromes mielodisplásicos han sido clasificados por el grupo Franco-Estadounidense-Británico (FAB por sus siglas en inglés) en categorías diferentes.[18] La clasificación de los síndromes mielodisplásicos del grupo FAB no constituye una clasificación adecuada de los síndromes que se presentan en los niños. El tratamiento óptimo de los síndromes mielodisplásicos en la infancia no se ha estudiado a fondo en estudios prospectivos.

La leucemia mielomonocítica juvenil (LMMJ), antes denominada leucemia mieloide crónica juvenil (LMCJ), es una enfermedad hematopoyética maligna poco frecuente en la infancia a la cual corresponde menos del 1% de todas las leucemias infantiles. [19] Numerosas características clínicas y de laboratorio diferencian a la LMMJ de la leucemia mieloide crónica de tipo adulto, una enfermedad que en ocasiones se observa en niños. Pocos abordajes distintos del trasplante de células madre han dado lugar a una supervivencia de larga duración en esta enfermedad.[20,21] Los niños con neurofibromatosis 1(NF1) corren un alto riesgo de sufrir una LMMJ [22] y hasta 14% de los casos de LMMJ se presentan en niños que tienen NF1.[23]

Bibliografía:

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  10. Pui CH, Relling MV, Rivera GK, et al.: Epipodophyllotoxin-related acute myeloid leukemia: a study of 35 cases. Leukemia 9(12): 1990-1996, 1995.
  11. Kottaridis PD, Gale RE, Frew ME, et al.: The presence of a FLT3 internal tandem duplication in patients with acute myeloid leukemia (AML) adds important prognostic information to cytogenetic risk group and response to the first cycle of chemotherapy: analysis of 854 patients. Blood 98(6): 1752-1759, 2001.
  12. Meshinchi S, Woods WG, Stirewalt DL, et al.: Prevalence and prognostic significance of Flt3 internal tandem duplication in pediatric acute myeloid leukemia. Blood 97(1): 89-94, 2001.
  13. Melnick A, Licht JD: Deconstructing a disease: RARa, its fusion partners, and their roles in the pathogenesis of acute promyelocytic leukemia. Blood 93(10): 3167-3215, 1999.
  14. Tallman MS, Hakimian D, Kwaan HC, et al.: New insights into the pathogenesis of coagulation dysfunction in acute promyelocytic leukemia. Leukemia and Lymphoma 11(1-2): 27-36, 1993.
  15. Zipursky A, Poon A, Doyle J: Leukemia in Down syndrome: a review. Pediatric Hematology and Oncology 9(2): 139-149, 1992.
  16. Homans AC, Verissimo AM, Vlacha V: Transient abnormal myelopoiesis of infancy associated with trisomy 21. American Journal of Pediatric Hematology/Oncology 15(4): 392-399, 1993.
  17. Lange BJ, Kobrinsky N, Barnard DR, et al.: Distinctive demography, biology, and outcome of acute myeloid leukemia and myelodysplastic syndrome in children with Down syndrome: Children's Cancer Group Studies 2861 and 2891. Blood 91(2): 608-615, 1998.
  18. Bennett JM, Catovsky D, Daniel MT, et al.: Proposals for the classification of the myelodysplastic syndromes. British Journal of Haematology 51(2): 189-199, 1982.
  19. Arico M, Biondi A, Pui CH: Juvenile myelomonocytic leukemia. Blood 90(2): 479-488, 1997.
  20. Sanders JE, Buckner CD, Thomas ED, et al.: Allogeneic marrow transplantation for children with juvenile chronic myelogenous leukemia. Blood 71(4): 1144-1146, 1988.
  21. Bunin N, Saunders F, Leahey A, et al.: Alternative donor bone marrow transplantation for children with juvenile myelomonocytic leukemia. Journal of Pediatric Hematology/Oncology 21(6): 479-485, 1999.
  22. Stiller CA, Chessells JM, Fitchett M: Neurofibromatosis and childhood leukaemia/lymphoma: a population-based UKCCSG study. British Journal of Cancer 70(5): 969-972, 1994.
  23. Niemeyer CM, Arico M, Basso G, et al.: Chronic myelomonocytic leukemia in childhood: a retrospective analysis of 110 cases. Blood 89(10): 3534-3543, 1997.

CLASIFICACION CELULAR

Clasificación FAB de la leucemia mieloide aguda en la infancia

El más amplio sistema de clasificación morfológica / histoquímica de la leucemia mieloide aguda fue el desarrollado por el Grupo Cooperativo Franco- Estadounidense-Británico (FAB por sus siglas en inglés).[1-4] Este sistema clasifica la LMA en los siguiente subtipos principales:

Otros subtipos en extremo infrecuentes de LMA incluyen la leucemia eosinofílica aguda y la leucemia basofílica aguda.

** La identificación de este subtipo es fundamental porque el riesgo de
complicaciones hemorrágicas mortales antes o durante la inducción es elevado
y el tratamiento apropiado es diferente. (Si desea conocer los detalles más
importantes, consulte las secciones dedicadas a la citogenética y el
tratamiento).

*** El diagnóstico del tipo M7 puede ser difícil porque los blastos se pueden
confundir con linfoblastos. Es característico que los blastos muestren
ampollas citoplásmicas. La aspiración de la médula ósea puede ser difícil a
causa de la mielofibrosis, y la biopsia de médula con tinción de reticulina
puede ser de ayuda.

De cincuenta a 60% de los niños con LMA caben dentro de la clasificación de los subtipos M1, M2, M3, M6 o M7; alrededor de 40% tiene subtipos M4 o M5. Cerca de 80% de los niños menores de 2 años de edad con diagnóstico de LMA tiene un subtipo M4 o M5. La respuesta a la quimioterapia citotóxica entre los niños con diferentes subtipos de LMA es relativamente similar. Una excepción la constituye el subtipo M3 del FAB, en el cual la remisión y la curación se alcanzan en la mayoría de los niños con LMA con ácido retinoico todo-trans más quimioterapia.

Evaluación histoquímica

El tratamiento de los niños con LMA varía de forma significativa del de la LLA. En consecuencia, es crucial diferenciar los dos tipos de leucemia aguda. Se pueden realizar tinciones histoquímicas especiales en los especímenes de biopsia de médula ósea de todos los niños con leucemia aguda a fin de confirmar el diagnóstico. Las tinciones más empleadas comprenden la mieloperoxidasa, el PAS, el negro B de Sudán y la esterasa. En casi todos los casos el patrón de tinción con estas técnicas histoquímicas permite diferenciar la LMA de la LMMA y de la LLA (ver más adelante).

                                  LMA,LPA    LMMA    LMoA  LEA   LMCA   LLA
                             M0   (M1-M3)    (M4)    (M5)  (M6)  (M7)

  Mieloperoxidasa             -      +         +       -    -      -     -
  Esterasas no específicas
    Cloroacetato              -      +         +      -/+   -      -     -
    Acetato de alfa-naftol    -      -         +*      +*   -     -/+*   -
  Negro B de Sudán            -      +         +       -    -      -     -
  PAS                         -      -        -/+     -/+   +      -     +

* El fluoruro inhibe estas reacciones.

El uso de anticuerpos monoclonales para determinar los antígenos celulares de superficie de la LMA ayuda a reforzar el diagnóstico histológico. En el diagnóstico de la leucemia deben emplearse varios anticuerpos monoclonales "específicos según el linaje" que detectan los antígenos en las células de la LMA, junto con una batería de marcadores específicos del linaje de los linfocitos T y B que ayuden a distinguir la LMA de la LLA y las leucemias de linaje mixto o bifenotípicas o biclonales. Varias designaciones de racimo de las cuales en la actualidad se piensa que son relativamente específicas del linaje para la LMA comprenden CD33, CD13, CD14, CDw41 (o antiglucoproteína plaquetaria IIB/IIIA), CD15, CD11B, CD36 y antiglucoforina A. Los antígenos B-linfocíticos asociados al linaje CD10, CD19, CD20, CD22 y CD24 pueden estar presentes en 10% a 20% las LMA, pero la inmunoglobulina monoclonal de superficie y las cadenas pesadas de inmunoglobulina citoplasmática suelen estar ausentes; de manera parecida, los antígenos T-linfocíticos específicos de linaje CD2, CD3, CD5 y CD7 están presentes en 20% a 40% de las LMA.[7-9] La expresión de antígenos linfoides asociados a las células de LMA es relativamente frecuente pero carece de significado pronóstico.[7,8]

La inmunofenotipificación también puede ayudar a distinguir algunos subtipos FAB de la LMA. La determinación de la presencia del HLA-DR puede ayudar a identificar la LPA. En general, el HLA-DR se expresa en 75% a 80% de las LMA pero rara vez lo hace en la LPA. Además, se ha observado que los casos de LPA en los cuales está presente el PML-RARalpha expresan CD34/CD15 y demuestran un patrón heterogéneo de expresión de CD13.[10] La determinación de la presencia de expresión de glucoproteína Ib, glucoproteína IIB/IIIa o antígeno del Factor VIII es de ayuda para hacer el diagnóstico de la M7 (leucemia megacariocítica). La expresión de glucoforina ayuda a hacer el diagnóstico de la M6 (eritroleucemia). [11]

Evaluación citogenética

En los niños con LMA deben realizarse análisis cromosómicos porque son importantes marcadores de diagnóstico y de pronóstico.[12] Se han identificado aberraciones cromosómicas clonales en los blastos de cerca del 75% de los niños con LMA y tienen utilidad para la definición de los subtipos con características particulares (por ejemplo, t(8;21) con M2, t(15;17) con M3, inv 16 con M4 eo, anomalías 11q23 con M4 y M5, t(1;22) con M7).

Con las sondas moleculares y las más recientes técnicas citogenéticas (por ejemplo, la fluorescencia de hibridización in situ (FISH por sus siglas en inglés)) se pueden detectar anomalías crípticas que no se evidenciaban mediante los estudios citogenéticos estándar de bandeo.[13] Esto tiene importancia clínica cuando el tratamiento óptimo difiere, como sucede en la LPA. El uso de estas técnicas permite identificar casos de LPA en los cuales se sospecha el diagnóstico pero no se identifica la t(15;17) mediante la evaluación citogenética habitual. La presencia del cromosoma Filadelfia en los niños con LMA muy probablemente representa una leucemia mielógena crónica (LMC) que se ha transformado en una LMA y no una LMA de novo.

Clasificación de los síndromes mielodisplásicos(SMD) en niños

La clasificación FAB de los SMD no se aplica íntegramente a los niños.[14] En adultos los SMD se dividen en varias categorías diferentes. La mielopoyesis anómala asociada con sangre y médula displásicas es un hallazgo frecuente. Los subtipos de SMD incluyen la anemia refractaria (AR), la AR con sideroblastos anulares (ARSA), la AR con exceso de blastos (AREB), la AREB en transformación (AREB-T) y la leucemia mielomonocítica crónica (LMMC).

Clasificación morfológica FAB basada en los hallazgos en sangre periférica y
médula ósea en los síndromes mielodisplásicos
-------------------------------------------------------------------------------
                              RA    RARS     RAEB        RAEB-T       CMML
Anemia                        +      +       +            +           +
Granulocitopenia              +/-    +/-     Usualm. +   Usualm. +    +/-
Trombocitopenia               +/-    +/-     Usualm. +   Usualm. +    +/-
Displasia medular
  eritroide                   +/-    +/-     Usualm. +   Usualm. +    +/-
  mieloide                    +/-    +/-     Usualm. +   Usualm. +    +/-
  megacariocítica             +/-    +/-     Usualm. +   Usualm. +    +/-
Bastones de Auer              -      -       -           +/-          -
Sideroblastos anulares 15%    -      +       +/-         +/-          +/-
Blastos periféricos           < 1%  < 1%     <5%         Puede ser>5% <5%
Blastos anómalos en médula    <5%    <5%     5-20%       5-30%        <5-20%
Monocitosis periférica        -      -       -           -            +
(>1 x 10 a la nueve/L)

RA= anemia refractaria
ARSA= anemia refractaria con sideroblastos anulares
AREB= anemia refractaria con exceso de blastos
AREB-T= anemia refractaria con exceso de blastos en transformación
CMML= leucemia mielomonocítica crónica

Sin embargo, la ARSA es poco frecuente en niños. La AR, AREB y AREB-T son más comunes. Los síndromes no contemplados dentro de la clasificación BFM de los SMD incluyen la leucemia mielomonocítica juvenil (LMMJ, antes conocida como leucemia mieloide crónica juvenil) y el síndrome de la monosomía 7 infantil. La LMMC comparte algunas características con la LMMC de tipo adulto [15-17] pero se trata de un síndrome diferente (ver más adelante). El síndrome de la monosomía 7 infantil incluye niños menores de 4 años de edad en el momento del diagnóstico con cualquier tipo de mielodisplasia y monosomía 7. Esta entidad comparte muchas características con la LMMJ y puede mejor ser considerada como un subtipo de esta enfermedad. Los niños mayores con monosomía 7 y características de SMD deben clasificarse con el sistema FAB SMD.

Clasificación diagnóstica de la leucemia mielomonocítica juvenil (LMMJ)

La LMMJ, antes conocida como leucemia mieloide crónica juvenil (JCML), es una leucemia infrecuente a la cual corresponde menos de 1% de los casos de leucemia en la infancia. [15] La LMMJ suele afectar a los niños pequeños (edad mediana de aproximadamente un año) y es más frecuente en los varones (la proporción de niños a niñas es de aproximadamente 2,5:1). Las características clínicas más comunes en el momento del diagnóstico son hepatoesplenomegalia (97%), linfadenopatía (76%), palidez (64%), fiebre (54%) y erupción cutánea (36%).[18] En niños que presentan los signos y síntomas clínicos sugestivos de LMMJ, para poder hacer el diagnóstico definitivo se requiere lo siguiente:[19]

             Categoría                          Elemento
Criterios mínimos de laboratorio   1. No cromosoma F, no reorganización bcr-ab1

(Los tres tienen que cumplirse)    2. Recuento de monocitos en sangre periférica
                                      > 1 x 10 a la nueve/L
                                   3. Blastos en médula ósea < 20%

Criterios diagnósticos definitivos 1. Hemoglobina F aumentada para la edad
(Al menos se deben cumplir dos)    2. Precursores mieloides en frotis de sangre
                                      periférica
                                   3. Recuento de blancos >10 x 10(a la nueve)/L
                                   4. Anomalía clonal (incluida monosomía 7)
                                   5. Hipersensibilidad al GM-CSF de los
                                      progenitores in vitro

Una característica distintiva de las células de la LMMJ es su capacidad de proliferación espontánea in vitro sin la adición de estímulos exógenos, un rasgo que proviene de que las células leucémicas son hipersensibles al factor estimulante de las colonias de granulocitos y macrófagos (GM-CSF).[20] Mientras que la mayoría de los niños con LMMJ no tiene anomalías citogenéticas detectables, una minoría muestra pérdida del cromosoma 7 en las células de la médula ósea.[18] En ocasiones se ha considerado que los niños que padecen el síndrome mielodisplásico y monosomía 7 tienen el "Síndrome de la monosomía 7", que se define por una edad menor de 4 años y pérdida del cromosoma 7.[16,21] Sin embargo, informaciones recientes favorecen poco el concepto de que la monosomía 7 sea un síndrome aparte y en lugar de ello sugieren que se considere que los niños que presentan rasgos clínicos de LMMJ tienen un trastorno independiente de la presencia o ausencia del cromosoma 7.[22]

Bibliografía:

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INFORMACION SOBRE LAS ETAPAS

En el presente no hay un sistema de estadificación de la enfermedad dotado de significado terapéutico o pronóstico. La leucemia siempre está diseminada por el sistema hematopoyético en el momento del diagnóstico, incluso en los niños que tienen leucemia mieloide aguda (LMA) quienes presentan cloromas aislados (también llamados sarcomas granulocíticos). Si estos niños no reciben quimioterapia sistémica, invariablemente se les desarrolla la LMA al cabo de meses o años. La LMA puede invadir tejidos no hematopoyéticos como las meninges, el parénquima cerebral, los testículos, los ovarios o la piel (cutis de la leucemia). La leucemia extramedular es más frecuente en los bebés que en los niños más grandes con LMA.[1]

Sin tratamiento

La LMA de la infancia se diagnostica cuando hay más de 30% de blastos en la médula ósea. Los blastos tienen las características morfológicas e histoquímicas de uno de los subtipos FAB de la LMA. También se puede diagnosticar tomando biopsia de un cloroma. Para efectos del tratamiento, se debe considerar que los niños que tienen una t(8;21) y menos de 30% de blastos en la médula tienen una LMA y no un síndrome mielodisplásico (SMD).

En remisión

Luego del tratamiento de inducción de remisión, la remisión en niños y adolescentes con LMA se define así: recuentos de sangre periférica (recuento de leucocitos, diferencial y recuento de plaquetas) que se elevan hacia la normalidad, una médula ósea de celularidad levemente disminuida a normal con menos de 5% de blastos sin signos y síntomas clínicos de la enfermedad, incluidos los del sistema nervioso central y los de otras localizaciones extramedulares. Lograr una médula hipoplásica suele ser el primer paso en la obtención de la remisión de esta enfermedad, excepción hecha de la M3 (leucemia promielocítica aguda LPA); a menudo no se necesita una fase de médula hipoplásica antes de lograr la remisión en la LProA. Adicionalmente, la recuperación precoz de la médula en cualquiera de los subtipos de LMA puede ser difícil de diferenciar de la leucemia persistente; es imperativo establecer la correlación con los recuentos sanguíneos y el cuadro clínico (quizás también con la citogenética medular) para poder emitir un juicio definitivo sobre los resultados de los hallazgos iniciales de la médula ósea en esta enfermedad. Si los hallazgos están en duda, deberá repetirse el aspirado de médula ósea en aproximadamente una semana.[1]

Bibliografía:

  1. Ebb DH, Weinstein HJ: Diagnosis and treatment of childhood acute myelogenous leukemia. Pediatric Clinics of North America 44(4): 847-862, 1997.

ASPECTOS GENERALES DE LAS OPCIONES DE TRATAMIENTO

Muchos de los avances en la supervivencia de los niños y adolescentes con leucemia mieloide aguda (LMA) se han logrado con el uso de nuevos tratamientos que han intentado mejorar los mejores tratamientos disponibles. La piedra angular del enfoque terapéutico es la quimioterapia combinada administrada sistémicamente. El tratamiento óptimo de la LMA exige el control de la enfermedad de la médula ósea y del resto del organismo. El tratamiento profiláctico del sistema nervioso central, usualmente con administración intratecal de los medicamentos, es un componente de casi todos los protocolos de tratamiento de la LMA pero hasta el momento no se ha demostrado que contribuya de forma directa a la mejora de la supervivencia.

Generalmente, el tratamiento se divide en dos fases: 1) inducción (cuyo propósito es alcanzar la remisión) y 2) consolidación/intensificación posteriores a la remisión. El tratamiento posterior a la remisión puede constar de un número variable de cursos de quimioterapia intensiva con o sin transplante de médula ósea. Por ejemplo, en el actual estudio nacional de los Estados Unidos (CCG-2961) se usa el tratamiento de inducción seguido de dos cursos de quimioterapia, uno de los cuales se hace con citarabina en altas dosis.[1] Un régimen pediátrico de LMA desarrollado por el Consejo de Investigación Médica del Reino Unido promulga el uso de tres o cuatro cursos de quimioterapia luego del curso inicial de quimioterapia de inducción de remisión.[2,3]

El tratamiento de mantenimiento no hace parte de la mayoría de los protocolos pediátricos de LMA con la excepción de los protocolos del grupo de Berlín- Francfort-Munster (BFM). En niños con LMA que han recibido tratamientos radicales, el tratamiento de mantenimiento no parece tener valor.[4] El tratamiento de la LMA suele asociarse con una mielosupresión pronunciada y prolongada y otras complicaciones. Se ha empleado el tratamiento con factores de crecimiento hematopoyéticos (G-CSF, GM-CSF) con la intención de reducir la toxicidad asociada con la mielosupresión acusada pero no tiene influencia sobre el resultado último.[5] Prácticamente todos los estudios aleatorios en adultos del uso de factores de crecimiento hematopoyéticos (G-CSF, GM-CSF) han demostrado una reducción significativa del tiempo que transcurre hasta la recuperación de los neutrófilos,[6-9] pero con grados variables de reducción de la morbilidad y poco o ningún efecto sobre la mortalidad.[5]

A causa de la intensidad del tratamiento que se instaura en los niños con LMA, estos deben estar bajo el cuidado de especialistas en oncología pediátrica y recibir el tratamiento en centros oncológicos especializados o en hospitales dotados con las instalaciones adecuadas de soporte (por ejemplo, para administrar transfusiones de glóbulos rojos y plaquetas irradiados, filtrados, o libres de citomegalovirus; para enfrentar las complicaciones infecciosas y para proporcionar un adecuado soporte emocional y del desarrollo). En paralelo con las crecientes tasas de supervivencia en los niños tratados por LMA ha venido creciendo también la conciencia sobre las secuelas de largo plazo de los diversos tratamientos. En el caso de los niños sometidos a quimioterapia intensiva, incluido el uso de las antraciclinas, es fundamental la vigilancia continua de la función cardiaca. También se sugiere practicar exámenes periódicos de las funciones renal y auditiva. Además, la irradiación corporal total que precede al trasplante de médula ósea incrementa el riesgo de falla del crecimiento, disfunción gonadal y tiroidea y aparición de cataratas.[10]

Cuando el PDQ designa a un tratamiento como "estándar" o "en evaluación clínica", esto no debe tomarse como base para determinar si se otorgan reembolsos.

Bibliografía:

  1. Lange BJ, Children's Oncology Group: Phase III Randomized Study of Intensively Timed Induction Chemotherapy Followed By Consolidation With the Same Chemotherapy Versus Fludarabine, Cytarabine, and Idarubicin, Followed By Intensification With Either High-Dose Cytarabine and Asparaginase With or Without Subsequent Interleukin-2 or Allogeneic Bone Marrow Transplantation in Children With Previously Untreated Acute Myelogenous Leukemia or Myelodysplastic Syndromes (Summary Last Modified 05/2002), COG-2961, clinical trial, active, 05/25/2000.
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  3. Webb DK, Harrison G, Stevens RF, et al.: Relationships between age at diagnosis, clinical features, and outcome of therapy in children treated in the Medical Research Council AML 10 and 12 trials of acute myeloid leukemia. Blood 98(6): 1714-1720, 2001.
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  5. Ozer H, Armitage JO, Bennett CL, et al.: 2000 update of recommendations for the use of hematopoietic colony-stimulating factors: evidence-based, clinical practice guidelines. Journal of Clinical Oncology 18(20): 3558-3585, 2000.
  6. Buchner T, Hiddemann W, Koenigsmann M, et al.: Recombinant human granulocyte-macrophage colony-stimulating factor after chemotherapy in patients with acute myeloid leukemia at higher age or after relapse. Blood 78(5): 1190-1197, 1991.
  7. Ohno R, Tomonaga M, Kobayashi T, et al.: Effect of granulocyte colony-stimulating factor after intensive induction therapy in relapsed or refractory acute leukemia. New England Journal of Medicine 323(13): 871-877, 1990.
  8. Heil G, Hoelzer D, Sanz MA, et al.: A randomized, double-blind, placebo-controlled, phase III study of filgrastim in remission induction and consolidation therapy for adults with de novo acute myeloid leukemia. Blood 90(12): 4710-4718, 1997.
  9. Godwin JE, Kopecky KJ, Head DR, et al.: A double-blind placebo-controlled trial of granulocyte colony-stimulating factor in elderly patients with previously untreated acute myeloid leukemia: a Southwest Oncology Group Study (9031). Blood 91(10): 3607-3615, 1998.
  10. Liesner RJ, Leiper AD, Hann IM, et al.: Late effects of intensive treatment for acute myeloid leukemia and myelodysplasia in childhood. Journal of Clinical Oncology 12(5): 916-924, 1994.
** LEUCEMIA MIELOIDE AGUDA Y OTRAS ENFERMEDADES MIELOIDES MALIGNAS NO TRATADAS EN LA INFANCIA **

Los principios generales que rigen el tratamiento de los niños y adolescentes con leucemia mieloide aguda (LMA) se examinan más adelante, seguidos de una discusión más específica del tratamiento de los niños con leucemia promielocítica aguda (LPA), el de los niños con síndrome de Down, el de los niños con síndrome mielodisplásico (SMD) y el de los niños con leucemia mielomonocítica juvenil (LMMJ).

Quimioterapia de inducción para la leucemia mielógena aguda

Los protocolos pediátricos contemporáneos eficaces de la LMA se acompañan de tasas de remisión completa de 75% a 90%.[1-3] De aquellos pacientes que no entran en remisión, alrededor de la mitad tiene leucemia resistente y la mitad muere de las complicaciones propias de la enfermedad o de su tratamiento. A fin de alcanzar una remisión completa suele ser necesario inducir una profunda aplasia de la médula ósea (excepción hecha de la variante M3 LPA). Dado que la quimioterapia de inducción ocasiona una acusada mielosupresión, la morbilidad y la mortalidad causadas por la aparición de infección o hemorragia durante el periodo de inducción pueden ser significativas.

Los dos fármacos más eficaces que se emplean para alcanzar la remisión en los niños con leucemia mieloide aguda (LMA) son la citarabina y una antraciclina. Los regímenes de tratamiento de inducción que se emplean con más frecuencia en pediatría usan la citarabina y una antraciclina en combinación con otros agentes como etopósido o tioguanina.[1-3] Por ejemplo, el régimen CCG DCTER utiliza citarabina, daunorrubicina, dexametasona, etopósido y tioguanina y se da en dos tratamientos de cuatro días cada uno separados por un intervalo de seis días.[3] El grupo alemán de Berlín, Francfort y Munster (BFM) ha estudiado la citarabina y la daunorrubicina más etopósido (CDE) administrados en 8 días,[2] y el Consejo de Investigación Médica del Reino Unido (MRC) ha estudiado un régimen similar de ADE administrado durante 10 días.[1] El MRC también ha estudiado la citarabina y la daunorrubicina dadas con tioguanina (DAT).[1] En un estudio aleatorio en el cual se incluyeron niños y adultos y se comparó bien sea el etopósido o la tioguanina dados con citarabina y daunorrubicina (es decir, ADE frente a DAT) no se demostró diferencia alguna entre los brazos de tioguanina y etopósido en cuanto a la tasa de remisión o la supervivencia libre de enfermedad. [4]

La antraciclina que más se ha usado en los regímenes de inducción en niños con LMA es la daunorrubicina,[1-3] aunque también se ha empleado la idarrubicina.[5] En un estudio aleatorio en niños con diagnóstico de LMA en el cual se comparó la daunorrubicina con la idarrubicina (ambas administradas con citarabina y etopósido) se observó una tendencia que favoreció a la idarrubicina, pero el pequeño beneficio de ésta en términos de la tasa de remisión y la supervivencia libre de eventos no fue estadísticamente significativo.[5] De manera similar, estudios en los cuales se han comparado la idarrubicina y la daunorrubicina en adultos con LMA no han arrojado evidencias claras de que la idarrubicina sea más eficaz que la daunorrubicina.[6] En ausencia de datos convincentes respecto a que otra antraciclina produce resultados superiores a los de la daunorrubicina cuando se administra en dosis de toxicidad equivalente, la daunorrubicina sigue siendo la antraciclina de mayor uso durante el tratamiento de inducción en los niños con LMA.

La intensidad de tratamiento de inducción influye sobre el resultado global de la terapia. El estudio CCG 2891 demostró que el tratamiento de inducción intensivo en tiempo (cursos de 4 días de tratamiento separados por intervalos de sólo 6 días) dio lugar a una mejor supervivencia libre de eventos que el tratamiento de inducción de tiempo estándar (cursos de 4 días de tratamiento separados por intervalos de dos o más semanas).[3] El grupo MRC ha intensificado el tratamiento de inducción prolongando la duración del tratamiento con citarabina a 10 días.[1] Otra forma de intensificar el tratamiento de inducción es mediante el uso de citarabina en dosis altas. Mientras que los estudios en adultos de edad mediana sugieren que la intensificación del tratamiento de inducción con citarabina en dosis alta tiene una ventaja cuando se lo compara con el uso de la citarabina en dosis estándar,[7,8] no se pudo observar un beneficio del uso de citarabina en dosis alta comparada con la dosis estándar en niños con una dosis de citarabina de 1 gm/m2 administrada dos veces al día durante 7 días combinada con daunorrubicina y tioguanina.[9]

No se han realizado estudios aleatorios para evaluar el efecto de los factores de crecimiento hematopoyéticos durante el tratamiento de inducción en pacientes pediátricos con LMA, por lo que los posibles beneficios de estos agentes en los niños con LMA tienen que extrapolarse de las experiencias obtenidas en adultos. El uso de factores de crecimiento hematopoyéticos como el factor estimulante de las colonias de granulocitos y macrófagos (GM-CSF) o el factor estimulante de las colonias de granulocitos (G-CSF) durante el tratamiento de inducción en la LMA se ha evaluado en numerosos estudios controlados con placebo con el propósito de reducir la toxicidad que se asocia con la mielosupresión prolongada.[10] El tratamiento con factores hematopoyéticos de crecimiento suele comenzar al cabo de uno o dos días de terminada la terapia citotóxica y se continúa hasta la recuperación de los granulocitos. Se ha observado una reducción de varios días en la duración de la neutropenia con el uso bien sea de G-CSF o de GM-CSF.[10] La mayoría, pero no todos, de los estudios aleatorios mostró reducciones estadísticamente significativas en la duración de la hospitalización y el uso de antibióticos en pacientes que recibieron factores de crecimiento hematopoyéticos.[10] No obstante, rara vez se han observado efectos significativos sobre la mortalidad relacionada con el tratamiento o sobre la tasa global de supervivencia.[10]

Profilaxis del sistema nervioso central

Si bien la presencia de leucemia en el sistema nervioso central en el momento del diagnóstico (es decir, la existencia de signos clínicos neurológicos o células leucémicas en el líquido cefalorraquídeo en la preparación de citocentrifugado) es más frecuente en la LMA infantil que en la leucemia linfocítica aguda (LLA) de los niños, la reducción en la supervivencia global directamente atribuible al compromiso del SNC en la actualidad es menos usual en la LMA infantil. Este hallazgo quizás guarda relación tanto con las más altas dosis de quimioterapia que se usan en la LMA (que pueden atravesar la barrera hematoencefálica) como con el hecho de que la enfermedad medular en la LMA todavía no se ha puesto eficazmente bajo control a largo plazo como sí ha ocurrido con la LLA. Los niños con LMA de los subtipos M4 y M5 tienen la más alta incidencia de leucemia del SNC (en especial aquellos que tienen aberraciones cromosómicas de tipo inv 16 o 11q23). En la actualidad se ha incorporado el uso de alguna forma de tratamiento del SNC (quimioterapia intratecal con o sin irradiación craneal) a la mayor parte de los protocolos de tratamiento de la LMA infantil y se la considera como una parte estándar de la terapia de esta enfermedad.[11]

Leucemia promielocítica aguda

La leucemia promielocítica aguda (LPA) es un subtipo aparte de la LMA y se trata de manera diferente que otros tipos de LMA. La aberración cromosómica característica que se asocia con la LPA es la t(15;17). Este desplazamiento implica un punto crítico que incluye el receptor del ácido retinoico y que conduce a la producción de la proteína de fusión PML-RARalpha.[12] Desde el punto de vista clínico, la LPA se caracteriza por una profunda coagulopatía que suele estar presente en el momento del diagnóstico.[13] La mortalidad durante la inducción a causa de complicaciones hemorrágicas es más frecuente en este subtipo que en otros de la clasificación FAB. A causa de la incidencia en extremo baja de enfermedad del SNC en los pacientes con LPA, no es preciso realizarles una punción lumbar en el momento del diagnóstico y tampoco lo es administrarles la quimioterapia intratecal profiláctica. Los estudios han mostrado que la ausencia del punto crítico de PML-RARalpha al final de la terapia, detectada por medio del monitoreo con la prueba RT-PCR, pronostica un bajo riesgo de recaída. [14-16]

Las células de leucemia de los pacientes con LPA tienen una especial sensibilidad a los efectos inductores de diferenciación del ácido retinoico todo-trans (ARTT). La razón de la enorme eficacia del ARTT en el tratamiento de la LPA reside en la capacidad que tienen las dosis farmacológicas de ARTT de superar la represión de la emisión de señales causada por la proteína de fusión PML RARalpha a concentraciones fisiológicas de ARTT. El restablecimiento de la emisión de señales conduce a la diferenciación de las células de la LPA y luego a su apoptosis por postmadurez.[17] La mayoría de los pacientes con LPA alcanza la remisión completa con el tratamiento con ARTT, aunque esta sustancia dada como farmacoterapia única en general no es curativa.[18,19] En una serie de estudios clínicos aleatorios se ha definido el beneficio que conlleva combinar el ARTT con quimioterapia durante el tratamiento de inducción, así como la utilidad de emplear el ARTT como terapia de mantenimiento. [20-22.] Con el uso del ARTT y la quimioterapia, las tasas de supervivencia a dos años de los pacientes con LPA han mejorado de cerca de 40% a 50-80%. [20,22] El tratamiento de inducción que se usa en el estudio nacional actual en niños y adultos con LPA emplea el ARTT con dosis estándar de citarabina y daunorrubicina, y el tratamiento de consolidación se hace con ARTT y daunorrubicina.[23]

Existe una variante poco frecuente de la LPA que se asocia con la t(11;17) y que da lugar a la producción de la proteína de fusión PLZR-RARalpha. Esta variante no responde bien al ARTT y su pronóstico es más desfavorable que el de la LPA con t(15;17). [24-26]

Se ha identificado también al trióxido de arsénico como un agente activo en pacientes con LPA, por cuanto de 70 a 90% de los pacientes alcanzan la remisión luego del tratamiento con esta sustancia. [27,28] La información sobre el uso del trióxido de arsénico en niños es limitada, aunque los informes publicados sugieren que los niños con LPA muestran una respuesta al agente similar a la de los adultos. [27,29] Dado que el trióxido de arsénico causa una prolongación del intervalo Q-T que puede ocasionar arritmias potencialmente mortales (por ejemplo, torsades de pointes),[30] es esencial hacer una vigilancia estrecha de los electrolitos en los pacientes que reciben este agente y mantener los valores de potasio y magnesio en la mitad del rango normal.[31]

Estudios nacionales en curso:

C9710 estudio aleatorio de fase III entre grupos organizado por el CALGB en el cual todos los pacientes reciben ARTT y quimioterapia de forma concurrente durante las fases de inducción y consolidación del tratamiento y también reciben ARTT como terapia de mantenimiento. La mitad de los pacientes mayores de 15 años recibe dos cursos adicionales de trióxido de arsénico durante la fase de inducción con el objeto de evaluar el papel que desempeña esta sustancia en los pacientes con LPA recientemente diagnosticada. Los niños menores de 15 años no reciben trióxido de arsénico. Durante la fase de mantenimiento los pacientes se distribuyen al azar para recibir bien sea ARTT solo o bien ARTT más 6- mercaptopurina diaria y metotrexate semanal.

Niños con síndrome de Down

Los niños con síndrome de Down corren un alto riesgo de sufrir una leucemia, en especial la LMA subtipo M7 y el síndrome mielodisplásico. La mayoría de los niños con LMA y síndrome de Down puede curarse de su leucemia. [32] El tratamiento apropiado en estos niños es menos intensivo que la terapia actual de la LMA y el trasplante de médula ósea no está indicado en la primera remisión. [33]

El síndrome mieloproliferativo transitorio (TMD) es un padecimiento que se encuentra en niños con síndrome de Down primordialmente durante el periodo neonatal. Se caracteriza por una proliferación incontrolada de mieloblastos. Estos blastos suelen ser de origen megacariocítico con grados variables de diferenciación y son de naturaleza clonal. No hay información referente a la presentación y la evolución natural de esta entidad. El TMD se puede diferenciar de la LMA congénita ante todo en virtud de su resolución espontánea. Por eso se trata sólo con medidas de soporte durante los primeros meses de vida.

Estudios nacionales en curso:

El Grupo de Oncología Pediátrica (COG por sus siglas en inglés) está estudiando el tratamiento de los niños con síndrome de Down. Este estudio va a evaluar la eficacia de la quimioterapia en dosis reducidas para los pacientes con síndrome de Down y diagnóstico de LMA o SMD. El objetivo es mantener o mejorar los excelentes resultados que se obtienen en la actualidad pero con menos efectos tardíos. El objetivo secundario es aumentar la base de conocimientos sobre la historia natural del TMD y facilitar las investigaciones epidemiológicas de la leucemia en el síndrome de Down.

Síndromes mielodisplásicos

En estudios recientes se ha intentado clasificar y analizar de forma retrospectiva los resultados obtenidos en niños con SMD. [34,35] Es un tema que sigue siendo problemático. La clasificación FAB del SMD en adultos sólo ayuda en parte en la categorización de los niños con SMD. Estos presentan los subtipos Franco-Estadounidense-Británicos (FAB) AR, AREB y AREB-T. Los síndromes relacionados de LMMJ y la monosomía 7 infantil también se pueden clasificar como SMD pero los examinaremos más adelante. El tratamiento óptimo de los SMD en la infancia es objeto de debate. El estudio CCG #2891, en el cual se enrolaron pacientes de 1989 a 1995, incluyó niños con síndrome mielodisplásico.[36] Hubo 77 pacientes con AR (2), AREB (33), AREB-T (26) o LMA con antecedente de SMD (16) que se enrolaron y distribuyeron aleatoriamente para recibir tratamiento de inducción estándar e intensivo en tiempo; más adelante se incluyeron en el programa de transplante alogénico de médula ósea si tenían un donante familiar apropiado, o bien se asignaron al azar a recibir transplante autólogo de médula o quimioterapia. Los pacientes con AR/AREB tuvieron una tasa de remisión baja de 45%, en tanto que las de los de AREB-T (69%) o LMA con antecedente de SMD (81%) fueron similares a las de los de LMA de novo (77%). La supervivencia a seis años fue baja en los pacientes con AR/AREB (28%) y AREB-T (30%). Los pacientes con LMA y antecedente de SMD tuvieron un resultado similar a los de LMA de novo (50% frente a 45%). El trasplante alogénico de médula ósea pareció mejorar la supervivencia en un nivel marginal de significancia (p=0.08). Con base en el análisis de los datos y la bibliografía, los autores sugieren que a los niños con antecedente de SMD que presentan una LMA (excluidos los de -7) y a muchos de los de AREB-T les va igual de bien con el tratamiento de la LMA en el momento del diagnóstico que a los que tienen la LMA. En el caso de los pacientes que alcanzan la remisión y carecen de un donante familiar pareado, no está claro si el tratamiento óptimo es la continuación de la quimioterapia radical o el trasplante de células madre de un donante alternativo. [36] Los niños con AR/ AREB no responden al tratamiento de inducción de la LMA igual de bien que los pacientes con LMA. Dado que las tasas de fracaso después del trasplante de médula ósea son más bajas en este grupo cuando se trata en el momento del diagnóstico, hay que considerar seriamente este tratamiento, en especial cuando no hay un donante familiar 5/6 o 6/6 pareado disponible. Se desconoce cuál sea el tratamiento óptimo para los pacientes con AR/AREB sin familiares pareados. Algunos de estos pacientes no necesitan tratamiento durante años y el curso de su enfermedad es indolente. Sin embargo, se pueden considerar las formas alternativas de trasplante de médula en las cuales se usan donantes pareados no familiares o quizás sangre de cordón umbilical a manera de exploración cuando se requiere el tratamiento, casi siempre cuando se desarrolla una citopenia grave. Un análisis de 37 niños con SMD tratado con los protocolos 83, 87 y 93 de AML-BFM confirmó la respuesta de inducción de 74% para los pacientes con AREB-T y sugirió que el trasplante era beneficioso.[37]

Estudios nacionales en curso:

Estudio de fase II del Grupo de Oncología Pediátrica (CCG) (#2961) (ver más arriba el esquema del estudio). Los niños con síndrome mielodisplásico son candidatos a participar en este estudio. Según el esquema del mismo, los pacientes se tratan conforme a un protocolo de tratamiento si está indicada la quimioterapia. Si está indicado un trasplante inmediato, los pacientes entran en seguimiento. Los pacientes que no requieren tratamiento inmediato también se siguen.

Leucemia mielomonocítica juvenil

Históricamente, más de 90% de los pacientes con leucemia mielomonocítica juvenil fallecía pese al uso de la quimioterapia.[38] Los pacientes parecían seguir tres cursos clínicos diferentes: 1) enfermedad rápidamente progresiva con fallecimiento en corto tiempo; 2) enfermedad transitoriamente estable seguida de avance y muerte y 3) mejoría clínica que duraba hasta 9 años antes del avance de la enfermedad o, en pocas ocasiones, supervivencia a largo plazo. Una revisión retrospectiva más reciente hecha en el Reino Unido describió 31 niños (19 LMMJ; 12 Mo 7) en quienes se usaron quimioterapia (no intensiva e intensiva) y tratamiento de ablación medular con reconstitución de la médula de un hermano o un pariente donante pareado por los antígenos de histocompatibilidad (HLA). La tasa de supervivencia proyectada a 5 años fue de 5% en pacientes con LMMJ y 40% en pacientes con Mo 7.[34]

Con base en estas observaciones de laboratorio, 12 pacientes con LMMJ se evaluaron en un estudio piloto en el que se usó ácido cis-retinoico (AC-R). [39] Las siguientes fueron las respuestas de diez pacientes evaluables: 2 CR, 3 PR, 1 MR, 4 PD. La toxicidad fue mínima. Las respuestas fueron relativamente lentas y la mayoría de los niños que padecían una enfermedad progresiva respondió al cabo de unas pocas semanas de tratamiento con AC-R.

El trasplante parece ofrecer la mejor posibilidad de curación en la LMMJ.[40,41] El siguiente es un resumen de los resultados observados en 91 pacientes con LMMJ tratados con trasplante en 16 diferentes informes: 38 pacientes (41%) seguían con vida en el momento del informe, incluidos 30 de los 60 (50%) pacientes que recibieron injerto de donantes familiares pareados por HLA o con un antígeno no pareado, 2 de 12 (17%) con donantes no pareados y 6 de 19 (32%) con donantes pareados no familiares.[42]

Estudios nacionales en curso:

Grupo de Oncología Pediátrica (COG)(#P9920): ventana de fase II de evaluación del inhibidor de la farnesil transferasa (R115777) seguido de ácido 13-cis-retinoico, citosina, arabinósido y fludarabina más trasplante de células madre hematopoyéticas en niños con leucemia mielomonocítica juvenil.

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LEUCEMIA MIELOIDE AGUDA INFANTIL EN REMISI N

Tratamiento Posterior a la remisión

Uno de los principales desafíos en el tratamiento de los niños con leucemia mieloide aguda (LMA) es prolongar la duración de la remisión inicial con quimioterapia adicional o con trasplante de médula ósea. En la práctica, la mayoría de los pacientes se tratan con quimioterapia intensiva después de que se alcanza la remisión, porque sólo un pequeño subgrupo tiene un donante familiar pareado. Este tratamiento se hace con los fármacos que se usaron en la inducción y suele incluir citarabina en dosis altas. Los estudios en adultos con LMA han demostrado que la consolidación con un régimen de citarabina en dosis altas mejora los resultados en comparación con la consolidación que se alcanza con un régimen de citarabina en dosis estándar.[1,2] En niños no se han realizado estudios aleatorios para evaluar la contribución de la citarabina en dosis altas al tratamiento posterior a la remisión, pero los estudios en que se han empleado controles históricos sugieren que la consolidación con un régimen de citarabina en dosis altas mejora los resultados en comparación con lo observado en tratamientos de consolidación menos intensivos. [3-5]

El uso del trasplante de médula ósea en la primera remisión se ha venido evaluando desde finales de los años setenta. Estudios prospectivos recientes de trasplante en niños con LMA sugieren que más de 60% a 70% de los niños que tienen donantes pareados disponibles y que se someten a trasplante alogénico de médula ósea durante su primera remisión experimentan remisiones de largo plazo.[6,7] Los estudios prospectivos de trasplante alogénico comparado con quimioterapia y/o trasplante autólogo han demostrado resultados superiores en pacientes que se asignaron a trasplante alogénico con base en la disponibilidad de un donante familiar 6/6 ó 5/6.[6-10] En el estudio MRC la diferencia (70% frente a 60%) no alcanzó significancia estadística pero los números de pacientes enrolados no le confirieron al estudio poder suficiente para demostrar esta diferencia.[7] Varios estudios clínicos grandes de grupos comparativos de niños con LMA no han logrado demostrar la existencia de beneficios para el trasplante de médula ósea por encima de la quimioterapia intensiva.[6-8,10]

Han surgido dos enfoques para el uso de trasplante alogénico de médula ósea en la primera remisión. En el primero, los pacientes que tienen características pronósticas favorables en el momento del diagnóstico sólo se someten a trasplante si tienen una recaída. El grupo de Berlín-Francfort-Munster (BFM) emplea una combinación de respuesta medular al día 15 (<5% blastos), subtipo FAB (M1 y M2 con bastones de Auer, M3 o M4Eo) para definir un grupo de buen riesgo.[11] De manera parecida, el Consejo de Investigación Médica del Reino Unido (MRC) ha identificado un grupo de pacientes de buen riesgo con una supervivencia a 7 años de 78%. Los pacientes de este grupo incluyen aquellos que tienen t(8;21), t(15;17), FAB M3, inv 16.[7] Esto muy probablemente identifica un grupo equivalente de pacientes incluidos en el grupo de riesgo estándar del BFM. El segundo enfoque es ofrecer trasplante alogénico de médula ósea a todos los pacientes que tienen un donante apropiado. Los estudios actuales del Grupo de Oncología Pediátrica (COG) asignan a todos los pacientes que tienen donantes familiares pareados apropiados a trasplante de médula ósea. Es de anotarse que los pacientes con síndrome de Down, LPA y FAB M3 o t(15;17) se tratan en un protocolo separado. No se ha establecido el papel que desempeñan los transplantes de donantes alternativos (médula de una persona no emparentada o sangre de cordón) en la primera remisión.

Si bien la quimioterapia de mantenimiento se ha incorporado al tratamiento de la LMA pediátrica y sigue en uso en los estudios del grupo de BFM, no hay datos que demuestren que el tratamiento de mantenimiento administrado después del tratamiento intensivo posterior a la remisión prolongue de forma significativa la duración de la misma.

Estudios clínicos en curso

En el siguiente estudio se excluyen los niños con síndrome de Down o leucemia promielocítica aguda (LPA):

1. En el estudio de fase III del grupo de Oncología Pediátrica (#2961), los niños
con LMA se tratan con quimioterapia de inducción con múltiples agentes. La inducción consta de 5 fármacos (idarrubicina, etopósido, dexametasona, citarabina y 6-tioguanina) administrados en los días 0 a 3, seguidos de 5 fármacos (daunorrubicina, etopósido, dexametasona, citarabina y 6-tioguanina) administrados en los días 10 a 13. Cuando los recuentos de leucocitos y plaquetas se recuperan, los niños se asignan al azar a recibir tratamiento de consolidación que consiste en la misma secuencia de 5 y 5 fármacos o a un régimen de fludarabina / citarabina / idarrubicina. La profilaxis del SNC se hace con citarabina intratecal. Se administra G-CSF desde dos días después de terminadas la inducción y la consolidación hasta que el recuento absoluto de neutrófilos supera los 1500. Los niños que tienen donantes familiares pareados se asignan a intensificación para trasplante alogénico de médula ósea. La citorreducción del trasplante se hace con busulfán y ciclofosfamida en dosis ajustadas para la edad. Los niños que no tienen donante reciben altas dosis de citarabina/L-asparaginasa (Capizzi II) y citarabina intratecal adicional. Luego de que se recuperan de la citarabina, los niños se asignan al azar a tratamiento con interleucina-2 o cuidados estándar de seguimiento.[12,13]

En el estudio CCG-2981 también se está evaluando el tratamiento de inmunomodulación con el uso de IL-2. Los fundamentos del tratamiento de inmunomodulación residen en la observación de que existe un efecto de injerto contra leucemia que es responsable de parte de la eficacia del trasplante alogénico. Los pacientes se asignan al azar para recibir interleucina-2 o seguimiento estándar después de que terminan la quimioterapia de consolidación.[14]

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RECURRENCIA DE LA LEUCEMIA MIELOIDE AGUDA INFANTIL

Aun a pesar de la inducción de una segunda remisión en cerca de la mitad de los niños con leucemia mieloide aguda (LMA) tratada con medicamentos similares a los empleados en el primer tratamiento de inducción, el pronóstico en los niños con LMA recurrente o progresiva suele ser malo.[1] Aproximadamente 50 a 60% de las recaídas se presentan dentro del primer año que sigue al diagnóstico y la gran mayoría se presenta dentro de los primeros cuatro años después de hecho el diagnóstico.[1] La vasta mayoría de las recaídas se presenta en la médula ósea, siendo bastante infrecuente la del SNC.[1] La duración de la primera remisión es un factor importante que afecta la posibilidad de lograr una segunda: los niños cuya primera remisión dura menos de un año tienen tasas de remisión sustancialmente más bajas que las de los niños cuya primera remisión dura más de un año (<50% frente a 70-80%, respectivamente). [2,3] La supervivencia en los niños cuyas primeras remisiones son más cortas también es sustancialmente más baja (de alrededor de 10%) que la de los niños cuya primera remisión sobrepasa el año (cerca de 40%).[2,3]

Los regímenes que se han usado con éxito en la inducción de remisión en niños con LMA recurrente por lo general han incluido citarabina en dosis altas administrada en combinación con otros agentes, incluidas mitoxantrona,[4] fludarabina más idarrubicina [5,6] y L-asparaginasa.[7] Los regímenes de citarabina en dosis estándar que se han empleado en el estudio MRC AML 10 en niños con diagnóstico reciente de LMA (citarabina más daunorrubicina más o bien etopósido o bien tioguanina) han redundado en tasas de remisión similares a las que se alcanzan con regímenes de citarabina en dosis altas.[3]

En el caso de los niños con leucemia promielocítica aguda recurrente (LPA), debe considerarse el uso de trióxido de arsénico o regímenes que incluyen ácido retinoico todo-trans, dependiendo del tratamiento que se haya dado durante la primera remisión. El trióxido de arsénico es un agente activo en pacientes que tienen LPA recurrente, de los cuales 70 a 90% alcanzan la remisión luego del tratamiento con este agente.[8,9] La información existente sobre el uso de trióxido de arsénico en niños es limitada, aunque los informes publicados hablan de que los niños con LPA tienen una respuesta al trióxido de arsénico similar a la de los adultos. [8,10] Dado que el trióxido de arsénico causa prolongación del intervalo Q-T que puede llevar a arritmias potencialmente mortales (por ejemplo, torsades de pointes),[11] es esencial vigilar estrechamente los electrolitos en los pacientes que reciben este agente y mantener los valores de potasio y de magnesio en la parte media del rango normal.[12]

La selección de otros tratamientos luego de alcanzar una segunda remisión depende del tratamiento anterior así como de consideraciones individuales. Suele emplearse la quimioterapia de consolidación seguida de trasplante de células madre, aunque no hay datos definitivos sobre la contribución de estas modalidades a la curación a largo plazo en los niños con LMA recurrente.[1] Hay que considerar los estudios clínicos que incluyen nuevos agentes quimioterapéuticos o biológicos o novedosos programas alternativos de trasplante de médula ósea (autólogo, con donante no familiar pareado o no pareado, de sangre del cordón). Si desea más información sobre estudios clínicos en curso, visite la página del NCI en (Http: //cancer.gov/clinical_trials/).

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Date Last Modified: 11/2002


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Dr. G. Quade

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