"Neoplasia de células plasmáticas"
is redistributed by University
of Bonn, Medical Center
Neoplasia de células plasmáticas
208/00281
Get this document via a secure connection
- Informacion General
- Clasificacion Celular
- Informacion Sobre Las Etapas
- Mieloma Multiple
- Plasmacitoma Oseo Aislado
- Plasmacitoma Extramedular
- Macroglobulinemia
- Gammapatia Monoclonal De Importancia Indeterminada
- Neoplasia Refractaria De Celulas Plasmaticas
Importante: La presente informacion esta dirigida principalmente al
personal medico y otros profesionales de la salud. Si usted tiene
alguna pregunta relacionada al tema, puede preguntarle a su medico,
comunicarse con el Servicio de Informacion del Cancer al
1-800-4-CANCER (1-800-422-6237)
El mieloma múltiple es una malignidad sistémica de las células plasmáticas muy
tratable pero rara vez curable. Es potencialmente curable cuando se presenta
como un plasmacitoma óseo solitario o como un plasmacitoma extramedular.
Antes de utilizarse la quimioterapia, el promedio de supervivencia aera cerca de
7 meses, pero con la introducción de la quimioterapia, el pronóstico mejoró
significativamente, dándose un promedio de supervivencia de 24 a 30 meses y una
supervivencia a 10 años del 3%. Las etapas de la enfermedad se clasifican
estimando la masa celular del mieloma tumoral en base a la cantidad de proteína
monoclonal o de mieloma (proteína M) existente en el suero, la orina o ambos,
junto a varios parámetros clínicos tales como las concentraciones de hemoglobina
y de calcio en el suero, el número de lesiones osteolíticas, y la presencia o
ausencia de insuficiencia renal. La etapa en que se encuentre la enfermedad al
presentarse es un factor determinante importante del tiempo de supervivencia,
pero tiene muy poca influencia en la elección del tipo de terapia, ya que todos
los pacientes (excepto aquellos pacientes poco comunes con tumores óseos
solitarios o plasmacitomas extramedulares) padecen enfermedad generalizada. La
selección del tratamiento estará influida por la edad y salud general del
paciente antes de la terapia y la presencia de complicaciones de
la enfermedad.[1-3]
El contacto inicial con el paciente es para establecer el diagnóstico utilizando:
-
1. Detección de una proteína M en el suero o la orina.
2. Detección de más del 10% de células plasmáticas en un examen de médula
ósea.
3. Detección de lesiones osteolíticas u osteoporosis generalizada en
radiografías del esqueleto.
4. Presencia de plasmacitomas de tejido blando.
Bibliografía:
-
Bataille R, Harousseau JL: Multiple myeloma. New England Journal of
Medicine 336(23): 1657-1664, 1997.
-
Alexanian R, Dimopoulos M: The treatment of multiple myeloma. New
England Journal of Medicine 330(7): 484-489, 1994.
-
Malpas JS, Bergsagel DE, Kyle RA, et al. eds.: Myeloma: Biology and
Management. 2nd ed., Oxford, England: Oxford University Press, 1998.
Las enfermedades relacionadas con una proteína M incluidas en esta presentación
son:
1. La neoplasia asintomática de células plasmáticas con evidencia mínima de
enfermedad aparte de la presencia de una proteína M (gammapatía monoclonal
de importancia indeterminada o MGUS por sus siglas en inglés).[1]
2. La neoplasia sintomática de células plasmáticas
a. que afecta principalmente a los huesos
i. mieloma múltiple 94%
ii. plasmacitoma solitario 3%
b. plasmacitoma extramedular 3%
Estos generalmente se presentan en la nasofaringe,
las amígdalas o los senos paranasales.[2]
3. La macroglobulinemia. Los pacientes a menudo padecen linfadenopatía y
hepatoesplenomegalia; menos del 5% padece lesiones osteolíticas.
a. asintomática
b. sintomática [3]
Bibliografía:
-
Blade J, Kyle RA: Monoclonal gammopathies of undetermined significance.
In: Malpas JS, Bergsagel DE, Kyle RA, et al. eds.: Myeloma: Biology and
Management. 2nd ed., Oxford, England: Oxford University Press, 1998, pp
513-544.
-
Knowling MA, Harwood AR, Bergsagel DE: Comparison of extramedullary
plasmacytomas with solitary and multiple plasma cell tumors of bone.
Journal of Clinical Oncology 1(4): 255-262, 1983.
-
Kyle RA, Garton JP: The spectrum of IgM monoclonal gammopathy in 430
cases. Mayo Clinic Proceedings 62(8): 719-731, 1987.
Algunas citas que aparecen en el texto de esta sección vienen seguidas de un
nivel de evidencia. El Consejo de Redacción del PDQ usa un sistema de
clasificación formal para ayudar al lector a juzgar la solidez de la evidencia
relacionada con los resultados observados durante el uso de una estrategia
terapéutica. Si desea obtener más información, consulte el sumario del PDQ sobre
los niveles de evidencia.
El mieloma múltiple en etapa I comprende todo lo siguiente:
-
1. Hemoglobina superior a 10 g/dl.
2. Calcio sérico normal.
3. Estructura ósea normal.
4. Producción baja de proteína M indicada por:
-
a. IgG inferior a 5.0 g/dl
b. IgA inferior a 3.0 g/dl
c. kappa o lambda de la orina inferior a 4 g/24 horas
Masa estimada de las células del mieloma: inferior a 0.6 billones de células por
metro cuadrado (carga baja)
Se usa la siguiente subclasificación de etapas:
-
A. creatinina inferior a 2.0 mg/dL
B. creatinina superior o igual a 2.0 mg/dL
La insuficiencia renal empeora el pronóstico independientemente de la
etapa.
Mieloma múltiple en etapa II significa que el mieloma múltiple no corresponde ni
a la etapa I ni a la etapa III.
Masa estimada de células del mieloma: 0.6 a 1.2 billones de células por metro
cuadrado (carga intermedia)
Se usa la siguiente subclasificación de etapas:
-
A. creatinina inferior a 2.0 mg/dL
B. creatinina superior o igual a 2.0 mg/dL
La insuficiencia renal empeora el pronóstico independientemente de la
etapa.
Mieloma múltiple en etapa III significa que existen uno o más de los siguientes:
-
1. Hemoglobina inferior a 8.5 g/dl.
2. Calcio sérico superior a 12.0 mg/dl.
3. Más de 3 lesiones osteolíticas.
4. Producción alta de proteína M indicada por:
-
a. IgG superior a 7.0 g/dl
b. IgA superior a 5.0 g/dl
c. kappa o lambda de la orina superior a 12.0 g/24 horas
Masa estimada de células del mieloma: mayor de 1.2 billones de células por
metro cuadrado (carga alta)
Se usa la siguiente subclasificación de etapas:
-
A. creatinina inferior a 2.0 mg/dl
B. creatinina superior o igual a 2.0 mg/dl
La microglobulina beta-2 sérica ha mostrado ser un indicador confiable para el
pronóstico.[1] Puesto que la gran mayoría de pacientes con mieloma
sintomáticos son clasificados como etapa III por los criterios de Durie/Salmon,
este sistema de clasificación no ha probado ser muy útil para identificar a los
pacientes con pronóstico precario e intermedio. Muchos investigadores están a
favor de un sistema más simple que utilice solamente las concentraciones de
microglobulina beta-2 y albúmina para determinar la etapa de los pacientes.[2]
La insuficiencia renal empeora el pronóstico independientemente de
la etapa. Las anormalidades de los cromosomas 13 y 11q y la morfología
plasmablástica parecen haber pronosticado un resultado precario en una población
de pacientes cuyo mieloma fue tratado con quimioterapia de dosis elevadas y
rescate con células madre.[3,4]
El paciente padece de plasmacitoma óseo aislado si, siendo asintomático, presenta
una lesión lítica solitaria de células plasmáticas durante el examen del
esqueleto, y un examen de médula ósea de un sitio no afectado contiene menos
del 5% de células plasmáticas. Cerca del 25% de los pacientes tienen una
proteína M en el suero, la orina o ambos; ésta debería desaparecer después de la
irradiación adecuada de la lesión lítica. Las imágenes por resonancia magnética
(MRI, siglas en inglés), cuando sea lo indicado clínicamente, pueden revelar
lesiones óseas insospechadas que no se habían detectado con radiografías
estándar.[5]
Aquellos pacientes con tumores aislados de células plasmáticas en los tejidos
blandos, los cuales se presentan con más frecuencia en las amígdalas, la
nasofaringe o los senos paranasales, deberían someterse a radiografías del
esqueleto y a una biopsia de médula ósea. Si estos análisis son negativos, el
paciente padece de plasmacitoma extramedular. Cerca del 25% de los pacientes
tienen proteína M en el suero, la orina o ambos; ésta debería desaparecer después
de la irradiación adecuada.
La macroglobulinemia es una proliferación de linfocitos plasmacitoides que
secretan una proteína M IgM. Los pacientes a menudo presentan linfadenopatía y
hepatoesplenomegalia, pero las lesiones óseas no son comunes. No hay ningún
sistema de clasificación que sea generalmente aceptado.
El término macroglobulinemia describe un aumento en la concentración del suero
de una IgM monoclonal.[6,7] La mayoría de los pacientes son asintomáticos y no
requieren tratamiento. Los síntomas y signos más comunes, cuando se presentan,
son fatiga, manifestaciones de hiperviscosidad (dolor de cabeza, epistaxis,
trastornos visuales) y anomalías neurológicas. Aproximadamente un tercio de los
pacientes padecen linfadenopatía y esplenomegalia. El aumento de concentración
intravascular de la IgM de peso molecular alto produce una expansión del volumen
del plasma, anemia por dilución y, en casos extremos, insuficiencia cardíaca
congestiva. Puede verse sedimento de la sangre en las venas conjuntivales y
retinales con dilatación y segmentación de vasos (apariencia de "ristra de
chorizos"), hemorragias retinales, y papiledema. Problemas similares con la
circulación de la sangre en el SNC pueden causar ataxia, nistagmo, vértigo,
confusión y trastornos de la conciencia.
Los trastornos variados asociados con la aparición de una IgM monoclonal
incluyen:
-
1. Gammapatía monoclonal de importancia indeterminada (MGUS, siglas en
inglés). Los pacientes son asintomáticos, la proteína M es relativamente
estable y no hay linfadenopatía, esplenomegalia o lesiones óseas.
2. Macroglobulinemia de Waldenstrom (WM, siglas en inglés). Los pacientes son
sintomáticos, tienen infiltración linfoplasmacítica de la médula y una
concentración de la IgM en el suero que va en aumento, y pueden tener
linfadenopatía o esplenomegalia. En raras ocasiones, los pacientes con WM
padecen lesiones osteolíticas. Para más información, consulte el sumario
del PDQ sobre el linfoma no Hodgkin en adultos.
3. Un recuento linfocítico absoluto que excede 5,000 células por milímetro
cúbico. Se puede clasificar la enfermedad del paciente como leucemia
linfocítica crónica, LLC, si los linfocitos son de la variedad pequeña
bien diferenciada. LLC debe ser diferenciada de la linfoplasmacitosis
que puede ocurrir como manifestación de la presencia de WM en la sangre
periférica.
4. Linfoma linfoplasmacítico. Cuando la biopsia ganglionar linfática demuestra
la característica patológica de un linfoma, éste pasa a ser el diagnóstico.
5. Enfermedad crónica de aglutinina fría. Los pacientes tienen un título alto
de aglutinina fría y ninguna evidencia morfológica de neoplasia. Estos
pacientes a menudo tienen una anemia hemolítica que es agravada por
exposición al frío. La IgM tiene cadenas ligeras kappa en más del 90% de
estos pacientes.
Los pacientes con MGUS tienen la proteína M en el suero sin resultados de
mieloma múltiple, macroglobulinemia, amiloidosis o linfoma, y con menos de 10%
de células plasmáticas en la médula ósea. Estos pacientes son asintomáticos y
no deberían recibir tratamiento. Sin embargo, deberán ser observados
cuidadosamente ya que cerca de un 2% al año pasarán a desarrollar uno de los
neoplasmas sintomáticos de célula B y pueden entonces requerir la terapia.[8]
Bibliografía:
-
Durie BG, Stock-Novack DL, Salmon SE, et al: Prognostic value of
pretreatment serum beta-2 microglobulin in myeloma: A Southwest Oncology
Group Study. Blood 75(4): 823-830, 1990.
-
Bataille R, Grenier J, Sany J: Beta-2-microglobulin in myeloma: optimal
use for staging, prognosis, and treatment: a prospective study of 160
patients. Blood 63(2): 468-476, 1984.
-
Tricot G, Barlogie B, Jagannath S, et al.: Poor prognosis in multiple
myeloma is associated only with partial or complete deletions of
chromosome 13 or abnormalities involving 11q and not with other
karyotype abnormalities. Blood 86(11): 4250-4256, 1995.
-
Rajkumar SV, Fonseca R, Lacy MQ, et al.: Plasmablastic morphology is an
independent predictor of poor survival after autologous stem-cell
transplantation for multiple myeloma. Journal of Clinical Oncology
17(5): 1551-1557, 1999.
-
Moulopoulos LA, Dimopoulos MA, Weber D, et al.: Magnetic resonance
imaging in the staging of solitary plasmacytoma of bone. Journal of
Clinical Oncology 11(7): 1311-1315, 1993.
-
Kyle RA, Garton JP: The spectrum of IgM monoclonal gammopathy in 430
cases. Mayo Clinic Proceedings 62(8): 719-731, 1987.
-
Bergsagel DE: Monoclonal macroglobulinemia. In: Foley JF, Vose JM,
Armitage JO, Eds.: Current Therapy in Cancer. Philadelphia: Saunders,
1994, pp 304-307.
-
Blade J, Kyle RA: Monoclonal gammopathies of undetermined significance.
In: Malpas JS, Bergsagel DE, Kyle RA, et al. eds.: Myeloma: Biology and
Management. 2nd ed., Oxford, England: Oxford University Press, 1998, pp
513-544.
Algunas citas que aparecen en el texto de esta sección vienen seguidas de un
nivel de evidencia. El Consejo de Redacción del PDQ usa un sistema de
clasificación formal para ayudar al lector a juzgar la solidez de la evidencia
relacionada con los resultados observados durante el uso de una estrategia
terapéutica. Si desea obtener más información, consulte el sumario del PDQ sobre
los niveles de evidencia.
Las células idiotípicas de mieloma pueden encontrarse en la sangre de los
pacientes con mieloma en todas las etapas de la enfermedad.[1,2] Por esta razón,
cuando se recomiende administrar tratamiento, se deberá considerar la
quimioterapia sistémica para todos aquellos pacientes sintomáticos con neoplasias
de células plasmáticas. Los pacientes con gammapatía monoclonal de importancia
no determinada (MGUS por sus siglas en inglés) o con mieloma indolente
asintomático no requieren tratamiento inmediato, pero debe vigilárseles de cerca
en busca de signos que evidencien la progresión de la enfermedad.
Los pacientes con proteína M en el suero, la orina o ambos se evalúan de la
siguiente manera:
-
1. Mida y realice un seguimiento de la proteína M sérica mediante
electroforesis del suero. También se puede estudiar la proteína M
mediante ensayos específicos de nefelometría inmunoglobulínica, sin
embargo estos ensayos siempre sobreestiman la cantidad de proteína
M porque incluyen inmunoglobulinas normales en el resultado. Por esta
razón, tanto las medidas de base como el seguimiento de la proteína M
deben ser llevadas a cabo mediante el mismo método.[3]
2. Mida y realice un seguimiento de la cantidad de cadenas ligeras de la
proteína M excretadas en la orina cada 24 horas. Primero, mida la
cantidad total de proteína excretada cada 24 horas y multiplique este
resultado por el porcentaje de proteína úrica que es proteína M, según
lo determine la electroforesis de proteína úrica concentrada.
3. Identifique la cadena pesada y ligera de la proteína M mediante
inmunoelectroforesis o immunofijación.
4. Mida los niveles de hemoglobina, leucocitos, plaquetas, y los conteos
diferenciales.
5. Determine el porcentaje de células plasmáticas medulares. Puede que sea
necesario tomar muestras en más de un lugar, ya que la distribución de
estas células tiende a ser irregular.
6. Tome aspiraciones de una lesión osteolítica solitaria, de tumor(es)
extramedular(es), o ganglio(s) linfático(s) hinchado(s) para
determinar si son plasmacitomas.
7. Evalúe las funciones renales con creatinina sérica y una depuración de
creatinina. La electroforesis de proteína úrica concentrada es de mucha
ayuda a la hora de diferenciar las lesiones glomerulares de las tubulares.
Las lesiones glomerulares, tales como aquéllas que resultan de los
depósitos glomerulares de amiloide o de la enfermedad de depósitos de
cadena ligera, dan como resultado el escape no selectivo de todas las
proteínas séricas hacia la orina; el patrón de electroforesis de esta
orina se asemeja al patrón sérico. En la mayoría de los pacientes de
mieloma, los glomérulos funcionan con normalidad, permitiéndole sólo a
aquellas proteínas de peso molecular pequeño, tales como la albúmina y las
cadenas ligeras, filtrarse en la orina. En los túbulos la concentración
de proteínas aumenta según se reabsorbe el agua. Esto lleva a la
precipitación de las proteínas y a la formación de cilindros tubulares,
los cuales podrían ocasionar daños a las células tubulares. Con las
lesiones tubulares, el patrón típico de electroforesis muestra un máximo
de albúmina pequeño y un máximo de cadena ligera más grande en la región
globulina; este patrón tubular es el que normalmente se encuentra en los
pacientes con mieloma.
8. Mida los niveles séricos de calcio, fosfatasa alcalina, deshidrogenasa
láctica y, cuando así lo indiquen los síntomas clínicos, crioglobulinas
y viscosidad sérica.
9. Obtenga radiografías del cráneo, las costillas, las vertebras, la pelvis,
la cintura escapular y los huesos largos.
10. Realice un examen de imágenes por resonancia magnética (MRI siglas en
-
inglés) si se detecta una masa paraespinal, o si los síntomas indican que
puede haber compresión de la médula espinal o de la raíz de un nervio.
11. Si existe sospecha de amiloidosis, la aspiración de grasa abdominal
-
subcutánea y el teñido de la biopsia de médula ósea en busca de amiloides
son las formas más fáciles y seguras de confirmar el diagnóstico.[4]
12. Mida la albúmina sérica y la globulina beta-2 como factores de diagnóstico
-
útiles e independientes.[5,6]
13. Tanto el índice de rotulación de la célula plasmática medular como el
-
receptor sérico soluble IL-6 y el número circulante de células de mieloma
se encuentran bajo evaluación como factores de pronóstico.[7]
Estos estudios iniciales deberían ser comparados con valores subsecuentes más
adelante, cuando sea necesario decidir si la enfermedad es estable o progresiva,
y si está respondiendo al tratamiento o empeorando. El reto mayor consiste en
separar el grupo de pacientes asintomáticos estables, que no requieren
tratamiento, del de pacientes con mieloma progresivo sintomático, quienes
requieren tratamiento inmediato.
Los pacientes con MGUS tienen una proteína M en el suero, la orina o ambos, y
menos del 10% de células plasmáticas en la médula, pero no muestran ninguna otra
señal o síntoma de enfermedad. Aquellos con mieloma indolente presentan
característica similares pero podrían tener más del 10% de células plasmáticas
medulares. Entre el 1% y el 2% de los pacientes de MGUS anualmente acaban
desarrollando mieloma (lo más frecuente), amiloidosis, un linfoma o leucemia
linfocítica crónica, por lo que estos pacientes deben ser observados muy
cuidadosamente.[8] El tratamiento se retrasa hasta que la enfermedad progrese
a un estado en que aparezcan signos o síntomas. Los pacientes con MGUS o mieloma
indolente no responden con mayor frecuencia, ni logran remisiones mayores, ni
sobreviven más tiempo si la quimioterapia se administra temprano durante la
enfermedad, mientras se conservan asintomáticos, en lugar de esperar a que
progrese la enfermedad antes de iniciar el tratamiento.[9]
Las opciones de tratamiento para los pacientes con mieloma asintomático varían
desde la relativamente simple quimioterapia convencional hasta la quimioterapia
de dosis altas y los transplantes de médula ósea alogénicos o de células madre
periféricas. El tipo de tratamiento sería determinado en gran medida por la edad
y salud general del paciente y debe estar sincronizado con las preferencias del
paciente y sus familiares.
La quimioterapia prolonga la supervivencia del paciente con mieloma sintomático
a un promedio de 40 a 46 meses en pacientes con enfermedad en etapa I, 35 a 40
meses en pacientes en pacientes en etapa II, y 24 a 30 meses en pacientes en
etapa III.
Un régimen de quimioterapia que es bien tolerado, y que produce resultados
consistentes, es melfalán y prednisona (MP).[10,11] Otros regímenes parecen
producir resultados de supervivencia similares. Estos son:
-
1. VAD: vincristina + doxorrubicina + dexametasona [12,13]
2. Dosis altas de dexametasona [14]
3. Ciclofosfamida + prednisona [15]
4. VBMCP (el protocolo M2): vincristina + carmustina + melfalán +
ciclofosfamida + prednisona [11,16]
5. VMCP/VBAP: vincristina + melfalán + ciclofosfamida + prednisona
alternándose con vincristina + carmustina + doxorrubicina + prednisona
[11,17]
Un estudio aleatorio doble ciego de pacientes con mieloma en etapa III mostró que
una dosis intravenosa mensual de pamidronato reduce significativamente las
fracturas patológicas, el dolor en los huesos, la compresión de la médula espinal
y la necesidad de irradiación ósea (el grupo tratado presentó un 38% de problemas
de tipo esquelético en comparación con 51% del grupo placebo después de 21 meses
de terapia, p=.015).[18] [Nivel de evidencia: 1iDii] Además, aumentó la
supervivencia (la supervivencia media fue de 21 meses en comparación con 14
meses) para aquellos pacientes que recibieron pamidronato y quimioterapia de
segunda línea o mayor.
No existen pruebas determinantes de que ningún agente alquilante es superior a
otro. Todas las dosis y programas estándar producen resultados equivalentes.
Sin embargo, la absorción y el metabolismo de algunos agentes alquilantes merecen
atención especial. El melfalán es absorbido erráticamente del tracto
gastrointestinal y la comida interfiere con esta absorción. Por esta razón, el
melfalán se debe tomar con el estómago vacío, por ejemplo 1 hora antes del
desayuno. (Los alimentos no interfieren con la absorción de la prednisona, la
cual se administra frecuentemente con el desayuno.) La eliminación del melfalán
del torrente sanguíneo se retrasa en aquellos pacientes con insuficiencia renal,
lo cual conlleva un aumento en la toxicidad; la dosis inicial de melfalán se debe
reducir en los pacientes cuyo nivel de creatinina sérica sea superior a 2.0
miligramos por decilitro. La repetición de los cursos de melfalán tienden a
crear una toxicidad hematológica cumulativa. Si una recuperación hematológica
lenta obstaculiza la repetición del curso de melfalán en intervalos de 6 a 7
semanas, se debe considerar el cambiar a ciclofosfamida, la cual permite una
recuperación medular más rápida.
Debido a que el melfalán es absorbido de una manera tan errática, la dosis se
debe aumentar hasta que se observe una ligera toxicidad hematológica o una
respuesta. En aquellos pacientes con función renal normal, la dosis inicial
usual es 0.25 miligramos por kilogramo al día durante 4 días, repetida a las 4
ó 6 semanas. Si no se observa ninguna toxicidad hematológica o respuesta, la
dosis se debe incrementar añadiendo entre 2 y 4 miligramos al día durante 4 días,
y se debe realizar un conteo de sangre semanalmente. La dosis de melfalán se
aumenta en cursos subsecuentes hasta que se observe una ligera leucopenia o
trombocitopenia, con recuperación entre 4 y 6 semanas.
La ciclofosfamida, a diferencia del melfalán, se absorbe muy bien y la
eliminación del torrente sanguíneo no influye en su toxicidad. Además, no es
necesario reducir la dosis de ciclofosfamida en pacientes con insuficiencia
renal. La ciclofosfamida es menos tóxica a la trombopoyesis que el melfalán, y
se puede preferir a la hora del tratamiento de pacientes trombocitopénicos.
Las combinaciones de agentes alquilantes y prednisona, dados de manera simultánea
o alternante, no han logrado demostrar ser superiores a la terapia con MP.[10,19-
21];[22] [Nivel de evidencia: 1iiA] Un metaanálisis de estudios en los que se
compararon melfalán más prednisona con combinaciones de fármacos concluyó que
ambas formas de tratamiento poseían la misma eficacia.[23][Nivel de evidencia:
1iiA] Los pacientes con recaidas después de la terapia inicial con ciclofosfamida
y prednisone, no tienen diferencia en cuanto a la supervivencia en general
(un promedio de 17 meses) cuando se les aleatoriza con VBMCP o VAD.[24]
Los pacientes con mieloma que responden al tratamiento muestran un descenso
progresivo de la proteína M hasta alcanzar un punto estable; los tratamientos
subsecuentes con dosis convencionales no conllevan ninguna mejora. Esto ha
llevado a los investigadores a preguntarse por cuánto tiempo debe de continuarse
el tratamiento. Tres pruebas clínicas tomaron en consideración el papel que
juegan las terapias de mantenimiento;[25-27] ninguna encontró mejoría notable en
el tiempo de supervivencia. En un estudio[27] se observó que la terapia de
mantenimiento con MP prolongó la duración de la remisión inicial (31 meses)
comparado con el tratamiento de no mantenimiento (23 meses). Sin embargo no se
observó ningún efecto en la supervivencia general, porque la mayoría de los
pacientes que recayeron en el grupo del estudio de no mantenimiento respondieron
de nuevo a MP, mientras que los que se encontraban en mantenimiento con MP no
respondieron a más tratamientos. La mayoría de los terapeutas recomiendan
continuar con la terapia de inducción durante al menos 12 meses. El grupo
canadiense[27] indica que se continúe con la quimioterapia de inducción siempre
que la proteína M continúe decayendo; la terapia se puede interrumpir después de
que la proteína M alcance un punto estable y permanezca estable durante 4 meses.
Se ha informado en varios estudios que la terapia de mantenimiento con interferón
alfa prolonga la duración de la remisión inicial.[28-31] La leve mejoría en
supervivencia anunciada en el estudio italiano [28] desapareció al dársele mayor
seguimiento. Se han llevado a cabo otros cinco estudios aleatorios de
mantenimiento con interferón en pacientes que respondieron a quimioterapia basada
en alquilantes. Las dosis de interferón han variado entre 2 y 5 millones de
unidades 3 veces por semana. La duración de la respuesta mejoró en 3 estudios
de 6 realizados; sin embargo, la supervivencia general solo mejoró en uno de los
estudios (el cual fue de una importancia limitada).[28-33] El mantenimiento con
interferón no debe ser considerado como terapia estándar para el mieloma. En
esta población, la toxicidad puede ser substancial y se debe sopesar contra el
beneficio potencial de la duración de la respuesta.[34]
Las lesiones líticas de la espina deben ser irradiadas si están asociadas a un
plasmacitoma extramedular (paraespinal), si existe destrucción dolorosa de un
cuerpo vertebral, o si se obtiene evidencia de compresión del cordón espinal a
través de una tomografía computarizada o un MRI.
El dolor de espalda causado por la osteoporosis y por fracturas de compresión
pequeñas de las vertebras responden mejor a la quimioterapia. La radiación a
toda la columna vertebral o a los huesos largos para la osteoporosis difusa puede
llevar a una supresión prolongada de hemopoyesis, y por tanto se recomienda sólo
en raras ocasiones.[35] Los bifosfonatos [18] o el nitrato de galio [36] podrían
resultar útiles para retardar o revertir la osteopenia que es tan común en los
pacientes de mieloma.
El fracaso de la quimioterapia convencional para curar la enfermedad ha llevado
a los investigadores a probar la eficacia de dosis mucho más altas de fármacos
tales como el melfalán. El desarrollo de técnicas para cosechar células madre
hemopoyéticas, ya sea de muestras medulares aspiradas o de la sangre periférica
del paciente, y la infusión de estas células con el fin de promover la
recuperación hemopoyética hizo posible que los investigadores pudieran probar
grandes dosis de melfalán. De la experiencia adquirida mediante el tratamiento
de miles de pacientes de esta forma, es posible sacar algunas conclusiones:
-
1. El riesgo de muerte temprana debido a la toxicicidad relacionada con el
tratamiento ha sido reducido a menos de 5%.[37] Ya no es necesario
ingresar a los pacientes en un centro médico.
2. Las terapias con dosis altas deben ser reservadas para pacientes de
mieloma que aún respondan a la quimioterapia. Los pacientes con mieloma
refractario raramente logran una respuesta completa al tratamiento de
dosis altas, y las respuestas normalmente son breves.[38]
3. La quimioterapia previa extensiva, especialmente con agentes alquilantes,
-
pone en peligro la hemopoyesis medular y podría hacer imposible la cosecha
de un número adecuado de células madre hemopoyéticas.
4. Después de un transplante de médula ósea autólogo, se encogieron 84
pacientes al azar para recibir tratamiento de mantenimiento con interferón
o no recibir tratamiento.[39][Nivel de evidencia: 1iiA] El grupo bajo
interferón tuvo un período mayor de supervivencia libre de progresión (46
meses en lugar de 27, p<o.o25) y de supervivencia general (75% en lugar
de 50%, p<0.01). Estos resultados no han sido confirmados después de un
transplante de células madre periféricas.
5. Aquellos pacientes recién diagnosticados con enfermedad progresiva
deberían ser considerados como candidatos a ensayos clínicos de nuevos
enfoques de tratamiento.[40]
6. Los pacientes más jóvenes que gocen de buena salud toleran las terapias
de altas dosis mejor que aquellos pacientes con un rendimiento precario
[37].
El Intergroupe Francais du Myelome escogió al azar a 220 pacientes de mieloma con
menos de 65 años de edad que no habían recibido tratamiento previo y los sometió
a tratamiento con quimioterapia convencional (con cursos alternados de VMCP/VBAP)
en comparación con la terapia de dosis altas (140 miligramos de melfalán por
metro cuadrado e irradiación corporal total de 8 GY repartidas en 4 fracciones
durante 4 días sin protector pulmonar, seguido de rescate de médula ósea
autóloga). La supervivencia y la supervivencia libre de enfermedad mejoraron
significativamente en el grupo de dosis alta (el índice estimado de supervivencia
a 5 años fue del 52% comparado con el 12%; el índice estimado de supervivencia
a 5 años libre de incidentes fue del 28% comparado con el 10%).[41][Nivel de
evidencia: 1iiA] No obstante, las recaídas continúan ocurriendo a un ritmo
constante, de manera que en 5 años sólo el 28% de los que recibieron terapia de
dosis alta y el 10% de los que recibieron quimioterapia convencional no han
recaído. La supervivencia libre de incidentes es significativamente mejor para
el grupo de dosis altas (p=0.01), pero no hay señales de disminución o de un
punto de estabilidad en la tasa de recaídas que sugiera que alguno de estos
paciente haya sido curado.[41] Aunque este estudio sugiere que la terapia
mieloablativa con transplante autólogo podría prolongar la supervivencia de los
pacientes con mieloma múltiple, este hallazgo aún requiere la confirmación del
estudio intergrupal en curso que compara la terapia estándar con las opciones de
dosis altas. Los pacientes pertinentes deberían considerar el tomar parte en
esta importante prueba.[40]
En un registro de 162 pacientes que recibieron trasplantes alogénicos de donantes
fraternos compatibles, la tasa registrada de supervivencia general fue del 28%
a 7 años.[42](Nivel de evidencia: 3iiiA) Las características favorables de
pronóstico incluyeron carga tumoral baja, enfermedad que responde antes del
trasplante y aplicación del trasplante después de terapia de primera línea.
Muchos pacientes no son lo suficientemente jóvenes o saludables como para
someterse a estas estrategias intensivas. Se ha demostrado un efecto definido
de injerto-contra-mieloma, incluyendo una regresión en las recaídas del mieloma
después de una infusión de linfocitos donados.[43-45] Los transplantes medulares
alogénicos son demasiado arriesgados para ser considerados por la mayoría de los
pacientes, pero la posibilidad de una reacción injerto-contra-mieloma potente y
posiblemente curativa hace que este procedimiento sea atractivo. Se requieren
más investigaciones para hacer los transplantes alogénicos menos peligrosos, y
también quizás para encontrar métodos que inicien una respuesta autoinmunne a las
células del mieloma.
Bibliografía:
-
Zandecki M, Facon T, Preudhomme C, et al.: Significance of circulating
plasma cells in multiple myeloma. Leukemia and Lymphoma 14(5-6):
491-496, 1994.
-
Billadeau D, Van Ness B, Kimlinger T, et al.: Clonal circulating cells
are common in plasma cell proliferative disorders: a comparison of
monoclonal gammopathy of undetermined significance, smoldering multiple
myeloma, and active myeloma. Blood 88(1): 289-296, 1996.
-
Riches PG, Sheldon J, Smith AM, et al.: Overestimation of monoclonal
immunoglobulin by immunochemical methods. Annals of Clinical
Biochemistry 28(Pt. 3): 253-259, 1991.
-
Gertz MA, Li CY, Shirahama T, et al.: Utility of subcutaneous fat
aspiration for the diagnosis of systemic amyloidosis (immunoglobulin
light chain). Archives of Internal Medicine 148(4): 929-933, 1988.
-
Greipp PR: Advances in the diagnosis and management of myeloma. Seminars
in Hematology 29(3, Suppl 2): 24-45, 1992.
-
Durie BG, Stock-Novack DL, Salmon SE, et al: Prognostic value of
pretreatment serum beta-2 microglobulin in myeloma: A Southwest Oncology
Group Study. Blood 75(4): 823-830, 1990.
-
Greipp PR, Witzig T: Biology and treatment of myeloma. Current Opinions
in Oncology 8(1): 20-27, 1996.
-
Blade J, Kyle RA: Monoclonal gammopathies of undetermined significance.
In: Malpas JS, Bergsagel DE, Kyle RA, et al. eds.: Myeloma: Biology and
Management. 2nd ed., Oxford, England: Oxford University Press, 1998, pp
513-544.
-
Hjorth M, Hellquist L, Holmberg E, et al.: Initial versus deferred
melphalan-prednisone therapy for asymptomatic multiple myeloma stage I:
a randomized study. European Journal of Haematology 50(2): 95-102,
1993.
-
Peest D, Deicher H, Coldewey R, et al.: Induction and maintenance therapy
in multiple myeloma: a multicenter trial of MP versus VCMP. European
Journal of Cancer and Clinical Oncology 24(6): 1061-1067, 1988.
-
Gregory WM, Richards MA, Malpas JS: Combination chemotherapy versus
melphalan and prednisolone in the treatment of multiple myeloma: an
overview of published trials. Journal of Clinical Oncology 10(2):
334-342, 1992.
-
Barlogie B, Smith L, Alexanian R: Effective treatment of advanced
multiple myeloma refractory to alkylating agents. New England Journal
of Medicine 310(21): 1353-1356, 1984.
-
Segeren CM, Sonneveld P, Van Der Holt B, et al.: Vincristine,
doxorubicin, and dexamethasone (VAD) administered as rapid intravenous
infusion for first-line treatment in untreated multiple myeloma.
British Journal of Haematology 105(1): 127-130, 1999.
-
Alexanian R, Dimopoulos MA, Delasalle K, et al.: Primary dexamethasone
treatment of multiple myeloma. Blood 80(4): 887-890, 1992.
-
Bergsagel DE: Chemotherapy of myeloma. In: Malpas JS, Bergsagel DE,
Kyle RA, et al. eds.: Myeloma: Biology and Management. 2nd ed., Oxford,
England: Oxford University Press, 1998, pp 269-302.
-
Case DC, Lee BJ, Clarkson BD: Improved survival times in multiple myeloma
treated with melphalan, prednisone, cyclophosphamide, vincristine and
BCNU: M-2 protocol. American Journal of Medicine 63(6): 897-903, 1977.
-
Durie BG, Dixon DO, Carter S, et al.: Improved survival duration with
combination chemotherapy induction for multiple myeloma: a Southwest
Oncology Group Study. Journal of Clinical Oncology 4(8): 1227-1237,
1986.
-
Berenson JR, Lichtenstein A, Porter L, et al.: Long-term pamidronate
treatment of advanced multiple myeloma patients reduces skeletal events.
Journal of Clinical Oncology 16(2): 593-602, 1998.
-
Pavlovsky S, Corrado C, Santarelli MT, et al.: An update of two
randomized trials in previously untreated multiple myeloma comparing
melphalan and prednisone versus three- and five-drug combinations: an
Argentine Group for the Treatment of Acute Leukemia study. Journal of
Clinical Oncology 6(5): 769-775, 1988.
-
Blade J, San Miguel JF, Alcala A, et al.: Alternating combination
VCMP/VBAP chemotherapy versus melphalan/prednisone in the treatment of
multiple myeloma: a randomized multicentric study of 487 patients.
Journal of Clinical Oncology 11(6): 1165-1171, 1993.
-
Oken MM, Harrington DP, Abramson N, et al.: Comparison of melphalan and
prednisone with vincristine, carmustine, melphalan, cyclophosphamide,
and prednisone in the treatment of multiple myeloma: results of Eastern
Cooperative Oncology Group Study E2479. Cancer 79(8): 1561-1567, 1997.
-
Gertz MA, Lacy MQ, Lust JA, et al.: Prospective randomized trial of
melphalan and prednisone versus vincristine, carmustine, melphalan,
cyclophosphamide, and prednisone in the treatment of primary systemic
amyloidosis. Journal of Clinical Oncology 17(1): 262-267, 1999.
-
Myeloma Trialists' Collaborative Group: Combination chemotherapy versus
melphalan plus prednisone as treatment for multiple myeloma: an overview
of 6,633 patients from 27 randomized trials. Journal of Clinical
Oncology 16(12): 3832-3842, 1998.
-
Mineur P, Menard JF, Le Loet X, et al.: VAD or VMBCP in multiple myeloma
refractory to or relapsing after cyclophosphamide-prednisone therapy
(protocol MY 85). British Journal of Haematology 103(2): 512-517, 1998.
-
Cohen HJ, Bartolucci AA, Forman WB, et al.: Consolidation and maintenance
therapy in multiple myeloma: randomized comparison of a new approach to
therapy after initial response to treatment. Journal of Clinical
Oncology 4(6): 888-899, 1986.
-
Alexanian R, Gehan E, Haut A, et al.: Unmaintained remissions in multiple
myeloma. Blood 51(6): 1005-1011, 1978.
-
Belch A, Shelley W, Bergsagel D, et al.: A randomized trial of
maintenance versus no maintenance melphalan and prednisone in responding
multiple myeloma patients. British Journal of Cancer 57(1): 94-99,
1988.
-
Mandelli F, Avvisati G, Amadori S, et al.: Maintenance treatment with
recombinant interferon alfa-2b in patients with multiple myeloma
responding to conventional induction chemotherapy. New England Journal
of Medicine 322(20): 1430-1434, 1990.
-
Westin J, Rodjer S, Turesson I, et al.: Interferon alfa-2b versus no
maintenance therapy during the plateau phase in multiple myeloma: a
randomized study. British Journal of Haematology 89: 561-568, 1995.
-
Osterborg A, Bjorkholm M, Bjoreman M, et al.: Natural interferon-alpha in
combination with melphalan/prednisone versus melphalan/prednisone in the
treatment of multiple myeloma stages II and III: a randomized study from
the Myeloma Group of Central Sweden. Blood 81(6): 1428-1434, 1993.
-
Browman GP, Bergsagel D, Sicheri D, et al.: Randomized trial of
interferon maintenance in multiple myeloma: a study of the National
Cancer Institute of Canada Clinical Trials Group. Journal of Clinical
Oncology 13(9): 2354-2360, 1995.
-
Nordic Myeloma Study Group: Interferon-alpha 2b added to
melphalan-prednisone for initial and maintenance therapy in multiple
myeloma: a randomized, controlled trial. Annals of Internal Medicine
124(2): 212-222, 1996.
-
Drayson MT, Dunn JA, Olujohungbe AB, et al.: Alpha 2B-interferon
treatment used in plateau phase of multiple myeloma increases relapse
free interval but not overall survival. Blood 88(suppl 10): A-2332,
586a, 1996.
-
Zee B, Cole B, Li T, et al.: Quality-adjusted time without symptoms or
toxicity analysis of interferon maintenance in mutiple myeloma. Journal
of Clinical Oncology 16(8): 2834-2839, 1998.
-
Catell D, Kogen Z, Donahue B, et al.: Multiple myeloma of an extremity:
must the entire bone be treated? International Journal of Radiation
Oncology, Biology, Physics 40(1): 117-119, 1998.
-
Warrell RP, Lovett D, Dilmanian FA, et al.: Low-dose gallium nitrate for
prevention of osteolysis in myeloma: results of a pilot randomized
study. Journal of Clinical Oncology 11(12): 2443-2450, 1993.
-
Jagannath S, Tricot G, Barlogie B: Autotransplants in multiple myeloma:
pushing the envelope. Hematology/Oncology Clinics of North America
11(2): 363-381, 1997.
-
Selby PJ, McElwain TJ, Nandi AC, et al.: Multiple myeloma treated with
high dose intravenous melphalan. British Journal of Haematology 66:
55-62, 1987.
-
Cunningham D, Powles R, Malpas J, et al.: A randomized trial of
maintenance interferon following high-dose chemotherapy in multiple
myeloma: long-term follow-up results. British Journal of Haematology
102(2): 495-502, 1998.
- Barlogie B, Southwest Oncology Group: NCI HIGH PRIORITY CLINICAL TRIAL
--- Phase III Randomized Study of Melphalan/Total Body Irradiation with
Peripheral Blood Stem Cell Rescue vs VBMCP
(Vincristine/Carmustine/Melphalan/Cyclophosphamide/Prednisone) Following
Standard Induction for Previously Untreated Symptomatic Multiple
Myeloma, with Further Randomization for Major Responders to Interferon
alfa vs Observation (Summary Last Modified 12/1999), SWOG-9321, clinical
trial, active, 01/15/1994.
-
Attal M, Harousseau JL, Stoppa AM, et al.: A prospective, randomized
trial of autologous bone marrow transplantation and chemotherapy in
multiple myeloma. New England Journal of Medicine 335(2): 91-97, 1996.
-
Gahrton G, Tura S, Ljungman P, et al.: Prognostic factors in allogeneic
bone marrow transplantation for multiple myeloma. Journal of Clinical
Oncology 13(6): 1312-1322, 1995.
-
Alyea EP, Schlossman RL, Canning C, et al.: CD8-depleted donor lymphocyte
infusions mediate graft-versus multiple myeloma (MM) effect. Blood
88(suppl 10): A-1021, 258a, 1996.
-
Tricot G, Vesole DH, Jagannath S, et al.: Graft-versus-myeloma effect:
proof of principle. Blood 87(3): 1196-1198, 1996.
-
Verdonck LF, Lokhorst HM, Dekker AW, et al.: Graft-versus-myeloma effect
in two cases. Lancet 347(9004): 800-801, 1996.
El paciente padece de plasmacitoma óseo aislado si se encuentra una lesión lítica
solitaria de células plasmáticas en un examen del esqueleto en un paciente
asintomático, y un examen de médula ósea de un sitio no afectado
contiene menos de 5% de células plasmáticas. La supervivencia de los pacientes
con plasmacitomas óseos aislados tratados con radiación a la lesión es mayor de
50% a 10 años, la cual es mucho mejor que la supervivencia con mieloma múltiple
diseminado. La mayoría de los pacientes con el tiempo desarrollarán la
enfermedad diseminada y requerirán quimioterapia; casi la mitad lo hará
antes de pasar 2 años desde el diagnóstico.[1,2] Sin embargo, aquellos pacientes
con niveles bajos de paraproteína sérica (<1.0 gramo por decilitro) o proteína
de Bence-Jones en quienes estas proteínas han desaparecido completamente podrían
esperar permanecer libres de enfermedad por períodos prolongados.[3] Los
pacientes que avanzan a mieloma múltiple tienden a responder de forma positiva
a la quimioterapia con un promedio de supervivencia de 63 meses después de la
progresión.[3]
Opciones de tratamiento:
-
1. Irradiación tumoricida de la lesión.
2. Si la proteína M aumenta y se presentan otros indicios de mieloma múltiple
sintomático, es necesario administrar quimioterapia.
Bibliografía:
-
Chak LY, Cox RS, Bostwick DG, et al.: Solitary plasmacytoma of bone:
treatment, progression, and survival. Journal of Clinical Oncology
5(11): 1811-1815, 1987.
-
Knowling MA, Harwood AR, Bergsagel DE: Comparison of extramedullary
plasmacytomas with solitary and multiple plasma cell tumors of bone.
Journal of Clinical Oncology 1(4): 255-262, 1983.
-
Dimopoulos MA, Goldstein J, Fuller L, et al.: Curability of solitary bone
plasmacytoma. Journal of Clinical Oncology 10(4): 587-590, 1992.
Los pacientes con tumores aislados de células plasmáticas de los tejidos blandos,
los cuales ocurren con más frecuencia en las amígdalas, los senos paranasales o
la nasofaringe, deberán someterse a radiografías del esqueleto y a una biopsia
de la médula ósea (las cuales deberán ser negativas), así como a un análisis de
proteína M sérica en el suero y la orina.[1-3]
El promedio de supervivencia de pacientes con plasmacitomas extramedulares
tratados con radioterapia fue de 8.5 años en un estudio. Sin embargo, la
mayoría de estos pacientes fallecieron por causas no relacionadas al plasmacitoma
extramedular, sin ningún indicio de progreso del neoplasma de células plasmáticas
en el momento de su fallecimiento. La supervivencia libre de progresión de los
pacientes de riesgo fue del 70% a 14 años. En aquéllos en los que la enfermedad
progresó, los sitios más comunes fueron los ganglios linfáticos regionales.[2]
Opciones de tratamiento:
-
1. Radioterapia tumoricida a la lesión aislada con campos que cubran los
ganglios linfáticos regionales, si es posible.
2. En casos extraordinarios, se puede considerar la resección quirúrgica, pero
normalmente viene seguida de radioterapia.
3. Si la proteína M persiste o reaparece, el paciente puede necesitar terapia
adicional. En algunos pacientes, el plasmacitoma puede encogerse pero no
desaparecer, y la proteína M persiste. Estos pacientes requieren un
seguimiento cuidadoso. Deberá utilizarse la cirugía si el plasmacitoma
está en un sitio de donde puede ser extirpado fácilmente, por ejemplo, en
las amígdalas; la proteína M podría desaparecer de la sangre o la orina.
4. La quimioterapia es necesaria si la enfermedad avanza y causa síntomas.
Bibliografía:
-
Meis JM, Butler JJ, Osborne BM, et al.: Solitary plasmacytomas of bone
and extramedullary plasmacytomas: a clinicopathologic and
immunohistochemical study. Cancer 59(8): 1475-1485, 1987.
-
Knowling MA, Harwood AR, Bergsagel DE: Comparison of extramedullary
plasmacytomas with solitary and multiple plasma cell tumors of bone.
Journal of Clinical Oncology 1(4): 255-262, 1983.
-
Soesan M, Paccagnella A, Chiarion-Sileni V, et al.: Extramedullary
plasmacytoma: clinical behaviour and response to treatment. Annals of
Oncology 3(1): 51-57, 1992.
Las pautas para el tratamiento de pacientes con macroglobulinemia son similares
a las del mieloma múltiple. Debido a que las macroglobulinas son
proteínas grandes, las cuales están limitadas al espacio intravascular, se deberá
observar a los pacientes en caso de presentarse el síndrome de hiperviscosidad.
No existe un sistema de clasificación de uso general. El promedio de
supervivencia de los pacientes con macroglobulinemia es más largo
(aproximadamente 60 meses) que para pacientes con mieloma múltiple. Sólo deben
recibir tratamiento los pacientes sintomáticos. Para más información sobre la
macroglobulinemia de Waldenstrom, consulte el sumario del PDQ sobre el linfoma
no Hodgkin en adultos.
Opciones de tratamiento:
-
1. Vigilancia cuidadosa de la progresión de la enfermedad sin quimioterapia
inmediata en pacientes asintomáticos.
2. Tratamiento estándar con cualquier agente alquilante, tal como
clorambucilo, administrado en un esquema diario o intermitente.[1]
Se han anunciado también buenos resultados para pacientes tratados con una
combinación de melfalán + vincristina + ciclofosfamida + carmustina +
prednisona (el protocolo M2).[2]
Bibliografía:
-
Kyle RA, Garton JP: The spectrum of IgM monoclonal gammopathy in 430
cases. Mayo Clinic Proceedings 62(8): 719-731, 1987.
-
Case DC, Ervin TJ, Boyd MA, et al.: Waldenstrom's macroglobulinemia:
long-term results with the M-2 protocol. Cancer Investigation 9(1):
1-7, 1991.
Los pacientes con gammapatía monoclonal de importancia indeterminada (MGUS,
siglas en inglés) tienen una proteína M en el suero sin síntomas o
manifestaciones de mieloma múltiple, macroglobulinemia, amiloidosis o linfoma,
y con menos de 10% de células plasmáticas en la médula ósea.[1,2] El 5% de los
pacientes desarrollarán mieloma múltiple, otra discrasia de células plasmáticas,
o linfoma en 5 años, el 15% de los mismos lo hará en 10 años, y el 30% en 15
años. Desgraciadamente, no se puede identificar a los pacientes que
eventualmente presentarán afección maligna de células plasmáticas o linfoma
basándose en el nivel de proteína M, el recuento sanguíneo periférico, el tipo
de
inmunoglobulina monoclonal, el porcentaje de células plasmáticas en la médula
ósea o los niveles de inmunoglobulinas normales. Por lo tanto, todos los
pacientes con MGUS deberán mantenerse bajo observación para detectar el
incremento de los niveles de proteína M y la presencia de una de las
malignidades anteriormente mencionadas.
Bibliografía:
-
Blade J, Kyle RA: Monoclonal gammopathies of undetermined significance.
In: Malpas JS, Bergsagel DE, Kyle RA, et al. eds.: Myeloma: Biology and
Management. 2nd ed., Oxford, England: Oxford University Press, 1998, pp
513-544.
- Kyle RA: "Benign" monoclonal gammopathy - after 20 to 35 years of
follow-up. Mayo Clinic Proceedings 68(1): 26-36, 1993.
Hay 2 tipos principales de pacientes con mieloma refractario: pacientes
refractarios primarios que nunca logran responder al tratamiento y cuya
enfermedad avanza mientras reciben quimioterapia de inducción; y pacientes
refractario secundarios que responden a la quimioterapia de inducción, pero no
al
tratamiento después de la recaída. El grupo primario podría responder a la
quimioterapia de dosis altas y al rescate de células madre autólogo.[1,2]
De los pacientes que no responden a la quimioterapia de inducción, un subgrupo
de alrededor del 10% padece enfermedad estable y disfruta de un pronóstico de
supervivencia que es tan bueno como el de los pacientes que responden al
tratamiento.[3,4] Cuando la naturaleza estable de la enfermedad llega a
establecerse, estos pacientes pueden interrumpir la terapia hasta que el mieloma
comience a avanzar de nuevo. Otros con mieloma refractario primario y enfermedad
progresiva requieren un cambio de terapia; las opciones existentes se han
estudiado anteriormente.[4,5]
Un informe preliminar sobre la talidomida sugiere beneficios antitumorales con
toxicidad hematológica mínima.[6] Actualmente se están realizando más pruebas
clínicas en este campo.
Para pacientes que responden a su terapia inicial, la tasa de crecimiento del
mieloma, medida según el tiempo de duplicación de la proteína M, aumenta
progresivamente con cada recaída subsecuente y la duración de las remisiones
es cada vez más corta. La función de la médula ósea se ve más afectada según
los pacientes pasan a presentar pancitopenia y entran en una fase refractaria;
en algunas ocasiones, las células del mieloma se desdiferencian y los pacientes
desarrollan plasmacitomas extramedulares. Las células del mieloma pueden aún ser
sensibles a la quimioterapia, pero la tasa del nuevo crecimiento durante la
recaída es tan rápida que no se observa una mejoría progresiva. En esta etapa
de la enfermedad, las dosis elevadas de glucocorticoides pueden ser la mejor
estrategia.[7,8] Se está evaluando la quimioterapia de dosis elevada con el
apoyo del factor de crecimiento en estas situaciones refractarias.[9] También
se pueden usar regímenes menos mielosupresores como terapia de segunda o tercera
línea.[10]
Bibliografía:
- Barlogie B, Southwest Oncology Group: NCI HIGH PRIORITY CLINICAL TRIAL
--- Phase III Randomized Study of Melphalan/Total Body Irradiation with
Peripheral Blood Stem Cell Rescue vs VBMCP
(Vincristine/Carmustine/Melphalan/Cyclophosphamide/Prednisone) Following
Standard Induction for Previously Untreated Symptomatic Multiple
Myeloma, with Further Randomization for Major Responders to Interferon
alfa vs Observation (Summary Last Modified 12/1999), SWOG-9321, clinical
trial, active, 01/15/1994.
-
Attal M, Harousseau JL, Stoppa AM, et al.: A prospective, randomized
trial of autologous bone marrow transplantation and chemotherapy in
multiple myeloma. New England Journal of Medicine 335(2): 91-97, 1996.
-
Bergsagel DE: Use a gentle approach for refractory myeloma patients.
Journal of Clinical Oncology 6(5): 757-758, 1988.
-
Bergsagel DE: Chemotherapy of myeloma. In: Malpas JS, Bergsagel DE,
Kyle RA, et al. eds.: Myeloma: Biology and Management. 2nd ed., Oxford,
England: Oxford University Press, 1998, pp 269-302.
-
Buzaid AC, Durie BG: Management of refractory myeloma: a review. Journal
of Clinical Oncology 6(5): 889-905, 1988.
-
Singhal S, Mehta J, Eddlemon P, et al.: Marked anti-tumor effect from
anti-angiogenesis (AA) therapy with thalidomide (T) in high risk
refactory multiple myeloma (MM). Blood A-1306: 318a, 1998.
-
Alexanian R, Barlogie B, Dixon DO: High-dose glucocorticoid treatment of
resistant myeloma. Annals of Internal Medicine 105(1): 8-11, 1986.
-
Norfolk DR, Child JA: Pulsed high dose oral prednisolone in relapsed or
refractory multiple myeloma. Hematological Oncology 7(1): 61-68, 1989.
-
Dimopoulos MA, Weber D, Kantarjian H, et al.: HyperCVAD for VAD-resistant
multiple myeloma. American Journal of Hematology 52(2): 77-81, 1996.
-
Brugnatelli S, Riccardi A, Ucci G, et al.: Experience with poorly
myelosuppressive chemotherapy schedules for advanced myeloma. British
Journal of Cancer 73(6): 794-797, 1996.
Date Last Modified: 06/2000
El Sistema Computarizado de Informacion sobre el Cancer PDQ contiene
informacion adicional que no esta disponible en CancerNet: directorio de
instituciones y medicos que dan tratamiento a pacientes con cancer y un
listado de protocolos de estudios clinicos activos. Para mayor informacion
sobre el acceso al PDQ, consulte el Contenido de CancerNet y asi podra obtener
los codigos referentes a la disponibilidad del PDQ.
PDQ por pacientes
Dr. G. Quade
This page was last modified on Thursday, 26-Sep-2002 22:57:29 CEST