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Neoplasia de células plasmáticas

208/00281

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Informacion General
Clasificacion Celular
Informacion Sobre Las Etapas
Mieloma Multiple
Plasmacitoma Oseo Aislado
Plasmacitoma Extramedular
Macroglobulinemia
Gammapatia Monoclonal De Importancia Indeterminada
Neoplasia Refractaria De Celulas Plasmaticas


Importante: La presente informacion esta dirigida principalmente al personal medico y otros profesionales de la salud. Si usted tiene alguna pregunta relacionada al tema, puede preguntarle a su medico, comunicarse con el Servicio de Informacion del Cancer al 1-800-4-CANCER (1-800-422-6237)

INFORMACION GENERAL

El mieloma múltiple es una malignidad sistémica de las células plasmáticas muy tratable pero rara vez curable. Es potencialmente curable cuando se presenta como un plasmacitoma óseo solitario o como un plasmacitoma extramedular. Antes de utilizarse la quimioterapia, el promedio de supervivencia aera cerca de 7 meses, pero con la introducción de la quimioterapia, el pronóstico mejoró significativamente, dándose un promedio de supervivencia de 24 a 30 meses y una supervivencia a 10 años del 3%. Las etapas de la enfermedad se clasifican estimando la masa celular del mieloma tumoral en base a la cantidad de proteína monoclonal o de mieloma (proteína M) existente en el suero, la orina o ambos, junto a varios parámetros clínicos tales como las concentraciones de hemoglobina y de calcio en el suero, el número de lesiones osteolíticas, y la presencia o ausencia de insuficiencia renal. La etapa en que se encuentre la enfermedad al presentarse es un factor determinante importante del tiempo de supervivencia, pero tiene muy poca influencia en la elección del tipo de terapia, ya que todos los pacientes (excepto aquellos pacientes poco comunes con tumores óseos solitarios o plasmacitomas extramedulares) padecen enfermedad generalizada. La selección del tratamiento estará influida por la edad y salud general del paciente antes de la terapia y la presencia de complicaciones de la enfermedad.[1-3]

El contacto inicial con el paciente es para establecer el diagnóstico utilizando:

1. Detección de una proteína M en el suero o la orina.

2. Detección de más del 10% de células plasmáticas en un examen de médula ósea.

3. Detección de lesiones osteolíticas u osteoporosis generalizada en radiografías del esqueleto.

4. Presencia de plasmacitomas de tejido blando.

Bibliografía:

  1. Bataille R, Harousseau JL: Multiple myeloma. New England Journal of Medicine 336(23): 1657-1664, 1997.
  2. Alexanian R, Dimopoulos M: The treatment of multiple myeloma. New England Journal of Medicine 330(7): 484-489, 1994.
  3. Malpas JS, Bergsagel DE, Kyle RA, et al. eds.: Myeloma: Biology and Management. 2nd ed., Oxford, England: Oxford University Press, 1998.

CLASIFICACION CELULAR

Las enfermedades relacionadas con una proteína M incluidas en esta presentación son:

1.  La neoplasia asintomática de células plasmáticas con evidencia mínima de
    enfermedad aparte de la presencia de una proteína M (gammapatía monoclonal
    de importancia indeterminada o MGUS por sus siglas en inglés).[1]

2.  La neoplasia sintomática de células plasmáticas
    a. que afecta principalmente a los huesos
       i. mieloma múltiple               94%
      ii. plasmacitoma solitario          3%
    b. plasmacitoma extramedular          3%

Estos generalmente se presentan en la nasofaringe,
    las amígdalas o los senos paranasales.[2]

3.  La macroglobulinemia.  Los pacientes a menudo padecen linfadenopatía y
    hepatoesplenomegalia; menos del 5% padece lesiones osteolíticas.
    a. asintomática
    b. sintomática [3]

Bibliografía:

  1. Blade J, Kyle RA: Monoclonal gammopathies of undetermined significance. In: Malpas JS, Bergsagel DE, Kyle RA, et al. eds.: Myeloma: Biology and Management. 2nd ed., Oxford, England: Oxford University Press, 1998, pp 513-544.
  2. Knowling MA, Harwood AR, Bergsagel DE: Comparison of extramedullary plasmacytomas with solitary and multiple plasma cell tumors of bone. Journal of Clinical Oncology 1(4): 255-262, 1983.
  3. Kyle RA, Garton JP: The spectrum of IgM monoclonal gammopathy in 430 cases. Mayo Clinic Proceedings 62(8): 719-731, 1987.

INFORMACION SOBRE LAS ETAPAS

Algunas citas que aparecen en el texto de esta sección vienen seguidas de un nivel de evidencia. El Consejo de Redacción del PDQ usa un sistema de clasificación formal para ayudar al lector a juzgar la solidez de la evidencia relacionada con los resultados observados durante el uso de una estrategia terapéutica. Si desea obtener más información, consulte el sumario del PDQ sobre los niveles de evidencia.

Mieloma Múltiple C

El mieloma múltiple en etapa I comprende todo lo siguiente:
1. Hemoglobina superior a 10 g/dl.

2. Calcio sérico normal.

3. Estructura ósea normal.

4. Producción baja de proteína M indicada por:

a. IgG inferior a 5.0 g/dl
b. IgA inferior a 3.0 g/dl
c. kappa o lambda de la orina inferior a 4 g/24 horas

Masa estimada de las células del mieloma: inferior a 0.6 billones de células por metro cuadrado (carga baja)

Se usa la siguiente subclasificación de etapas:

A. creatinina inferior a 2.0 mg/dL
B. creatinina superior o igual a 2.0 mg/dL

La insuficiencia renal empeora el pronóstico independientemente de la etapa.

Mieloma múltiple en etapa II significa que el mieloma múltiple no corresponde ni a la etapa I ni a la etapa III.

Masa estimada de células del mieloma: 0.6 a 1.2 billones de células por metro cuadrado (carga intermedia)

Se usa la siguiente subclasificación de etapas:

A. creatinina inferior a 2.0 mg/dL
B. creatinina superior o igual a 2.0 mg/dL

La insuficiencia renal empeora el pronóstico independientemente de la etapa.

Mieloma múltiple en etapa III significa que existen uno o más de los siguientes:

1. Hemoglobina inferior a 8.5 g/dl.

2. Calcio sérico superior a 12.0 mg/dl.

3. Más de 3 lesiones osteolíticas.

4. Producción alta de proteína M indicada por:

a. IgG superior a 7.0 g/dl
b. IgA superior a 5.0 g/dl
c. kappa o lambda de la orina superior a 12.0 g/24 horas

Masa estimada de células del mieloma: mayor de 1.2 billones de células por metro cuadrado (carga alta)

Se usa la siguiente subclasificación de etapas:

A. creatinina inferior a 2.0 mg/dl
B. creatinina superior o igual a 2.0 mg/dl

La microglobulina beta-2 sérica ha mostrado ser un indicador confiable para el pronóstico.[1] Puesto que la gran mayoría de pacientes con mieloma sintomáticos son clasificados como etapa III por los criterios de Durie/Salmon, este sistema de clasificación no ha probado ser muy útil para identificar a los pacientes con pronóstico precario e intermedio. Muchos investigadores están a favor de un sistema más simple que utilice solamente las concentraciones de microglobulina beta-2 y albúmina para determinar la etapa de los pacientes.[2] La insuficiencia renal empeora el pronóstico independientemente de la etapa. Las anormalidades de los cromosomas 13 y 11q y la morfología plasmablástica parecen haber pronosticado un resultado precario en una población de pacientes cuyo mieloma fue tratado con quimioterapia de dosis elevadas y rescate con células madre.[3,4]

Plasmacitoma óseo aislado C

El paciente padece de plasmacitoma óseo aislado si, siendo asintomático, presenta una lesión lítica solitaria de células plasmáticas durante el examen del esqueleto, y un examen de médula ósea de un sitio no afectado contiene menos del 5% de células plasmáticas. Cerca del 25% de los pacientes tienen una proteína M en el suero, la orina o ambos; ésta debería desaparecer después de la irradiación adecuada de la lesión lítica. Las imágenes por resonancia magnética (MRI, siglas en inglés), cuando sea lo indicado clínicamente, pueden revelar lesiones óseas insospechadas que no se habían detectado con radiografías estándar.[5]

Plasmacitoma extramedular

Aquellos pacientes con tumores aislados de células plasmáticas en los tejidos blandos, los cuales se presentan con más frecuencia en las amígdalas, la nasofaringe o los senos paranasales, deberían someterse a radiografías del esqueleto y a una biopsia de médula ósea. Si estos análisis son negativos, el paciente padece de plasmacitoma extramedular. Cerca del 25% de los pacientes tienen proteína M en el suero, la orina o ambos; ésta debería desaparecer después de la irradiación adecuada.

Macroglobulinemia

La macroglobulinemia es una proliferación de linfocitos plasmacitoides que secretan una proteína M IgM. Los pacientes a menudo presentan linfadenopatía y hepatoesplenomegalia, pero las lesiones óseas no son comunes. No hay ningún sistema de clasificación que sea generalmente aceptado.

El término macroglobulinemia describe un aumento en la concentración del suero de una IgM monoclonal.[6,7] La mayoría de los pacientes son asintomáticos y no requieren tratamiento. Los síntomas y signos más comunes, cuando se presentan, son fatiga, manifestaciones de hiperviscosidad (dolor de cabeza, epistaxis, trastornos visuales) y anomalías neurológicas. Aproximadamente un tercio de los pacientes padecen linfadenopatía y esplenomegalia. El aumento de concentración intravascular de la IgM de peso molecular alto produce una expansión del volumen del plasma, anemia por dilución y, en casos extremos, insuficiencia cardíaca congestiva. Puede verse sedimento de la sangre en las venas conjuntivales y retinales con dilatación y segmentación de vasos (apariencia de "ristra de chorizos"), hemorragias retinales, y papiledema. Problemas similares con la circulación de la sangre en el SNC pueden causar ataxia, nistagmo, vértigo, confusión y trastornos de la conciencia.

Los trastornos variados asociados con la aparición de una IgM monoclonal incluyen:

1. Gammapatía monoclonal de importancia indeterminada (MGUS, siglas en inglés). Los pacientes son asintomáticos, la proteína M es relativamente estable y no hay linfadenopatía, esplenomegalia o lesiones óseas.

2. Macroglobulinemia de Waldenstrom (WM, siglas en inglés). Los pacientes son sintomáticos, tienen infiltración linfoplasmacítica de la médula y una concentración de la IgM en el suero que va en aumento, y pueden tener linfadenopatía o esplenomegalia. En raras ocasiones, los pacientes con WM padecen lesiones osteolíticas. Para más información, consulte el sumario del PDQ sobre el linfoma no Hodgkin en adultos.

3. Un recuento linfocítico absoluto que excede 5,000 células por milímetro cúbico. Se puede clasificar la enfermedad del paciente como leucemia linfocítica crónica, LLC, si los linfocitos son de la variedad pequeña bien diferenciada. LLC debe ser diferenciada de la linfoplasmacitosis que puede ocurrir como manifestación de la presencia de WM en la sangre periférica.

4. Linfoma linfoplasmacítico. Cuando la biopsia ganglionar linfática demuestra la característica patológica de un linfoma, éste pasa a ser el diagnóstico.

5. Enfermedad crónica de aglutinina fría. Los pacientes tienen un título alto de aglutinina fría y ninguna evidencia morfológica de neoplasia. Estos pacientes a menudo tienen una anemia hemolítica que es agravada por exposición al frío. La IgM tiene cadenas ligeras kappa en más del 90% de estos pacientes.

Gammapatía monoclonal de importancia indeterminada

Los pacientes con MGUS tienen la proteína M en el suero sin resultados de mieloma múltiple, macroglobulinemia, amiloidosis o linfoma, y con menos de 10% de células plasmáticas en la médula ósea. Estos pacientes son asintomáticos y no deberían recibir tratamiento. Sin embargo, deberán ser observados cuidadosamente ya que cerca de un 2% al año pasarán a desarrollar uno de los neoplasmas sintomáticos de célula B y pueden entonces requerir la terapia.[8]

Bibliografía:

  1. Durie BG, Stock-Novack DL, Salmon SE, et al: Prognostic value of pretreatment serum beta-2 microglobulin in myeloma: A Southwest Oncology Group Study. Blood 75(4): 823-830, 1990.
  2. Bataille R, Grenier J, Sany J: Beta-2-microglobulin in myeloma: optimal use for staging, prognosis, and treatment: a prospective study of 160 patients. Blood 63(2): 468-476, 1984.
  3. Tricot G, Barlogie B, Jagannath S, et al.: Poor prognosis in multiple myeloma is associated only with partial or complete deletions of chromosome 13 or abnormalities involving 11q and not with other karyotype abnormalities. Blood 86(11): 4250-4256, 1995.
  4. Rajkumar SV, Fonseca R, Lacy MQ, et al.: Plasmablastic morphology is an independent predictor of poor survival after autologous stem-cell transplantation for multiple myeloma. Journal of Clinical Oncology 17(5): 1551-1557, 1999.
  5. Moulopoulos LA, Dimopoulos MA, Weber D, et al.: Magnetic resonance imaging in the staging of solitary plasmacytoma of bone. Journal of Clinical Oncology 11(7): 1311-1315, 1993.
  6. Kyle RA, Garton JP: The spectrum of IgM monoclonal gammopathy in 430 cases. Mayo Clinic Proceedings 62(8): 719-731, 1987.
  7. Bergsagel DE: Monoclonal macroglobulinemia. In: Foley JF, Vose JM, Armitage JO, Eds.: Current Therapy in Cancer. Philadelphia: Saunders, 1994, pp 304-307.
  8. Blade J, Kyle RA: Monoclonal gammopathies of undetermined significance. In: Malpas JS, Bergsagel DE, Kyle RA, et al. eds.: Myeloma: Biology and Management. 2nd ed., Oxford, England: Oxford University Press, 1998, pp 513-544.

MIELOMA MULTIPLE

Algunas citas que aparecen en el texto de esta sección vienen seguidas de un nivel de evidencia. El Consejo de Redacción del PDQ usa un sistema de clasificación formal para ayudar al lector a juzgar la solidez de la evidencia relacionada con los resultados observados durante el uso de una estrategia terapéutica. Si desea obtener más información, consulte el sumario del PDQ sobre los niveles de evidencia.

Las células idiotípicas de mieloma pueden encontrarse en la sangre de los pacientes con mieloma en todas las etapas de la enfermedad.[1,2] Por esta razón, cuando se recomiende administrar tratamiento, se deberá considerar la quimioterapia sistémica para todos aquellos pacientes sintomáticos con neoplasias de células plasmáticas. Los pacientes con gammapatía monoclonal de importancia no determinada (MGUS por sus siglas en inglés) o con mieloma indolente asintomático no requieren tratamiento inmediato, pero debe vigilárseles de cerca en busca de signos que evidencien la progresión de la enfermedad.

Los pacientes con proteína M en el suero, la orina o ambos se evalúan de la siguiente manera:

1. Mida y realice un seguimiento de la proteína M sérica mediante electroforesis del suero. También se puede estudiar la proteína M mediante ensayos específicos de nefelometría inmunoglobulínica, sin embargo estos ensayos siempre sobreestiman la cantidad de proteína M porque incluyen inmunoglobulinas normales en el resultado. Por esta razón, tanto las medidas de base como el seguimiento de la proteína M deben ser llevadas a cabo mediante el mismo método.[3]
2. Mida y realice un seguimiento de la cantidad de cadenas ligeras de la proteína M excretadas en la orina cada 24 horas. Primero, mida la cantidad total de proteína excretada cada 24 horas y multiplique este resultado por el porcentaje de proteína úrica que es proteína M, según lo determine la electroforesis de proteína úrica concentrada.
3. Identifique la cadena pesada y ligera de la proteína M mediante inmunoelectroforesis o immunofijación.
4. Mida los niveles de hemoglobina, leucocitos, plaquetas, y los conteos diferenciales.
5. Determine el porcentaje de células plasmáticas medulares. Puede que sea necesario tomar muestras en más de un lugar, ya que la distribución de estas células tiende a ser irregular.
6. Tome aspiraciones de una lesión osteolítica solitaria, de tumor(es) extramedular(es), o ganglio(s) linfático(s) hinchado(s) para determinar si son plasmacitomas.
7. Evalúe las funciones renales con creatinina sérica y una depuración de creatinina. La electroforesis de proteína úrica concentrada es de mucha ayuda a la hora de diferenciar las lesiones glomerulares de las tubulares. Las lesiones glomerulares, tales como aquéllas que resultan de los depósitos glomerulares de amiloide o de la enfermedad de depósitos de cadena ligera, dan como resultado el escape no selectivo de todas las proteínas séricas hacia la orina; el patrón de electroforesis de esta orina se asemeja al patrón sérico. En la mayoría de los pacientes de mieloma, los glomérulos funcionan con normalidad, permitiéndole sólo a aquellas proteínas de peso molecular pequeño, tales como la albúmina y las cadenas ligeras, filtrarse en la orina. En los túbulos la concentración de proteínas aumenta según se reabsorbe el agua. Esto lleva a la precipitación de las proteínas y a la formación de cilindros tubulares, los cuales podrían ocasionar daños a las células tubulares. Con las lesiones tubulares, el patrón típico de electroforesis muestra un máximo de albúmina pequeño y un máximo de cadena ligera más grande en la región globulina; este patrón tubular es el que normalmente se encuentra en los pacientes con mieloma.
8. Mida los niveles séricos de calcio, fosfatasa alcalina, deshidrogenasa láctica y, cuando así lo indiquen los síntomas clínicos, crioglobulinas y viscosidad sérica.
9. Obtenga radiografías del cráneo, las costillas, las vertebras, la pelvis, la cintura escapular y los huesos largos.
10. Realice un examen de imágenes por resonancia magnética (MRI siglas en
inglés) si se detecta una masa paraespinal, o si los síntomas indican que
puede haber compresión de la médula espinal o de la raíz de un nervio.
11. Si existe sospecha de amiloidosis, la aspiración de grasa abdominal
subcutánea y el teñido de la biopsia de médula ósea en busca de amiloides
son las formas más fáciles y seguras de confirmar el diagnóstico.[4]
12. Mida la albúmina sérica y la globulina beta-2 como factores de diagnóstico
útiles e independientes.[5,6]
13. Tanto el índice de rotulación de la célula plasmática medular como el
receptor sérico soluble IL-6 y el número circulante de células de mieloma
se encuentran bajo evaluación como factores de pronóstico.[7]

Estos estudios iniciales deberían ser comparados con valores subsecuentes más adelante, cuando sea necesario decidir si la enfermedad es estable o progresiva, y si está respondiendo al tratamiento o empeorando. El reto mayor consiste en separar el grupo de pacientes asintomáticos estables, que no requieren tratamiento, del de pacientes con mieloma progresivo sintomático, quienes requieren tratamiento inmediato.

Los pacientes con MGUS tienen una proteína M en el suero, la orina o ambos, y menos del 10% de células plasmáticas en la médula, pero no muestran ninguna otra señal o síntoma de enfermedad. Aquellos con mieloma indolente presentan característica similares pero podrían tener más del 10% de células plasmáticas medulares. Entre el 1% y el 2% de los pacientes de MGUS anualmente acaban desarrollando mieloma (lo más frecuente), amiloidosis, un linfoma o leucemia linfocítica crónica, por lo que estos pacientes deben ser observados muy cuidadosamente.[8] El tratamiento se retrasa hasta que la enfermedad progrese a un estado en que aparezcan signos o síntomas. Los pacientes con MGUS o mieloma indolente no responden con mayor frecuencia, ni logran remisiones mayores, ni sobreviven más tiempo si la quimioterapia se administra temprano durante la enfermedad, mientras se conservan asintomáticos, en lugar de esperar a que progrese la enfermedad antes de iniciar el tratamiento.[9]

Las opciones de tratamiento para los pacientes con mieloma asintomático varían desde la relativamente simple quimioterapia convencional hasta la quimioterapia de dosis altas y los transplantes de médula ósea alogénicos o de células madre periféricas. El tipo de tratamiento sería determinado en gran medida por la edad y salud general del paciente y debe estar sincronizado con las preferencias del paciente y sus familiares.

Opciones de tratamiento con quimioterapia convencional,

La quimioterapia prolonga la supervivencia del paciente con mieloma sintomático a un promedio de 40 a 46 meses en pacientes con enfermedad en etapa I, 35 a 40 meses en pacientes en pacientes en etapa II, y 24 a 30 meses en pacientes en etapa III.

Un régimen de quimioterapia que es bien tolerado, y que produce resultados consistentes, es melfalán y prednisona (MP).[10,11] Otros regímenes parecen producir resultados de supervivencia similares. Estos son:

1. VAD: vincristina + doxorrubicina + dexametasona [12,13]
2. Dosis altas de dexametasona [14]
3. Ciclofosfamida + prednisona [15]
4. VBMCP (el protocolo M2): vincristina + carmustina + melfalán + ciclofosfamida + prednisona [11,16]
5. VMCP/VBAP: vincristina + melfalán + ciclofosfamida + prednisona alternándose con vincristina + carmustina + doxorrubicina + prednisona [11,17]

Un estudio aleatorio doble ciego de pacientes con mieloma en etapa III mostró que una dosis intravenosa mensual de pamidronato reduce significativamente las fracturas patológicas, el dolor en los huesos, la compresión de la médula espinal y la necesidad de irradiación ósea (el grupo tratado presentó un 38% de problemas de tipo esquelético en comparación con 51% del grupo placebo después de 21 meses de terapia, p=.015).[18] [Nivel de evidencia: 1iDii] Además, aumentó la supervivencia (la supervivencia media fue de 21 meses en comparación con 14 meses) para aquellos pacientes que recibieron pamidronato y quimioterapia de segunda línea o mayor.

No existen pruebas determinantes de que ningún agente alquilante es superior a otro. Todas las dosis y programas estándar producen resultados equivalentes. Sin embargo, la absorción y el metabolismo de algunos agentes alquilantes merecen atención especial. El melfalán es absorbido erráticamente del tracto gastrointestinal y la comida interfiere con esta absorción. Por esta razón, el melfalán se debe tomar con el estómago vacío, por ejemplo 1 hora antes del desayuno. (Los alimentos no interfieren con la absorción de la prednisona, la cual se administra frecuentemente con el desayuno.) La eliminación del melfalán del torrente sanguíneo se retrasa en aquellos pacientes con insuficiencia renal, lo cual conlleva un aumento en la toxicidad; la dosis inicial de melfalán se debe reducir en los pacientes cuyo nivel de creatinina sérica sea superior a 2.0 miligramos por decilitro. La repetición de los cursos de melfalán tienden a crear una toxicidad hematológica cumulativa. Si una recuperación hematológica lenta obstaculiza la repetición del curso de melfalán en intervalos de 6 a 7 semanas, se debe considerar el cambiar a ciclofosfamida, la cual permite una recuperación medular más rápida.

Debido a que el melfalán es absorbido de una manera tan errática, la dosis se debe aumentar hasta que se observe una ligera toxicidad hematológica o una respuesta. En aquellos pacientes con función renal normal, la dosis inicial usual es 0.25 miligramos por kilogramo al día durante 4 días, repetida a las 4 ó 6 semanas. Si no se observa ninguna toxicidad hematológica o respuesta, la dosis se debe incrementar añadiendo entre 2 y 4 miligramos al día durante 4 días, y se debe realizar un conteo de sangre semanalmente. La dosis de melfalán se aumenta en cursos subsecuentes hasta que se observe una ligera leucopenia o trombocitopenia, con recuperación entre 4 y 6 semanas.

La ciclofosfamida, a diferencia del melfalán, se absorbe muy bien y la eliminación del torrente sanguíneo no influye en su toxicidad. Además, no es necesario reducir la dosis de ciclofosfamida en pacientes con insuficiencia renal. La ciclofosfamida es menos tóxica a la trombopoyesis que el melfalán, y se puede preferir a la hora del tratamiento de pacientes trombocitopénicos.

Las combinaciones de agentes alquilantes y prednisona, dados de manera simultánea o alternante, no han logrado demostrar ser superiores a la terapia con MP.[10,19- 21];[22] [Nivel de evidencia: 1iiA] Un metaanálisis de estudios en los que se compararon melfalán más prednisona con combinaciones de fármacos concluyó que ambas formas de tratamiento poseían la misma eficacia.[23][Nivel de evidencia:

1iiA] Los pacientes con recaidas después de la terapia inicial con ciclofosfamida y prednisone, no tienen diferencia en cuanto a la supervivencia en general (un promedio de 17 meses) cuando se les aleatoriza con VBMCP o VAD.[24]

Los pacientes con mieloma que responden al tratamiento muestran un descenso progresivo de la proteína M hasta alcanzar un punto estable; los tratamientos subsecuentes con dosis convencionales no conllevan ninguna mejora. Esto ha llevado a los investigadores a preguntarse por cuánto tiempo debe de continuarse el tratamiento. Tres pruebas clínicas tomaron en consideración el papel que juegan las terapias de mantenimiento;[25-27] ninguna encontró mejoría notable en el tiempo de supervivencia. En un estudio[27] se observó que la terapia de mantenimiento con MP prolongó la duración de la remisión inicial (31 meses) comparado con el tratamiento de no mantenimiento (23 meses). Sin embargo no se observó ningún efecto en la supervivencia general, porque la mayoría de los pacientes que recayeron en el grupo del estudio de no mantenimiento respondieron de nuevo a MP, mientras que los que se encontraban en mantenimiento con MP no respondieron a más tratamientos. La mayoría de los terapeutas recomiendan continuar con la terapia de inducción durante al menos 12 meses. El grupo canadiense[27] indica que se continúe con la quimioterapia de inducción siempre que la proteína M continúe decayendo; la terapia se puede interrumpir después de que la proteína M alcance un punto estable y permanezca estable durante 4 meses.

Se ha informado en varios estudios que la terapia de mantenimiento con interferón alfa prolonga la duración de la remisión inicial.[28-31] La leve mejoría en supervivencia anunciada en el estudio italiano [28] desapareció al dársele mayor seguimiento. Se han llevado a cabo otros cinco estudios aleatorios de mantenimiento con interferón en pacientes que respondieron a quimioterapia basada en alquilantes. Las dosis de interferón han variado entre 2 y 5 millones de unidades 3 veces por semana. La duración de la respuesta mejoró en 3 estudios de 6 realizados; sin embargo, la supervivencia general solo mejoró en uno de los estudios (el cual fue de una importancia limitada).[28-33] El mantenimiento con interferón no debe ser considerado como terapia estándar para el mieloma. En esta población, la toxicidad puede ser substancial y se debe sopesar contra el beneficio potencial de la duración de la respuesta.[34]

Las lesiones líticas de la espina deben ser irradiadas si están asociadas a un plasmacitoma extramedular (paraespinal), si existe destrucción dolorosa de un cuerpo vertebral, o si se obtiene evidencia de compresión del cordón espinal a través de una tomografía computarizada o un MRI.

El dolor de espalda causado por la osteoporosis y por fracturas de compresión pequeñas de las vertebras responden mejor a la quimioterapia. La radiación a toda la columna vertebral o a los huesos largos para la osteoporosis difusa puede llevar a una supresión prolongada de hemopoyesis, y por tanto se recomienda sólo en raras ocasiones.[35] Los bifosfonatos [18] o el nitrato de galio [36] podrían resultar útiles para retardar o revertir la osteopenia que es tan común en los pacientes de mieloma.

Opciones de quimioterapia de alta dosis para el mieloma sintomático

El fracaso de la quimioterapia convencional para curar la enfermedad ha llevado a los investigadores a probar la eficacia de dosis mucho más altas de fármacos tales como el melfalán. El desarrollo de técnicas para cosechar células madre hemopoyéticas, ya sea de muestras medulares aspiradas o de la sangre periférica del paciente, y la infusión de estas células con el fin de promover la recuperación hemopoyética hizo posible que los investigadores pudieran probar grandes dosis de melfalán. De la experiencia adquirida mediante el tratamiento de miles de pacientes de esta forma, es posible sacar algunas conclusiones:

1. El riesgo de muerte temprana debido a la toxicicidad relacionada con el tratamiento ha sido reducido a menos de 5%.[37] Ya no es necesario ingresar a los pacientes en un centro médico.
2. Las terapias con dosis altas deben ser reservadas para pacientes de mieloma que aún respondan a la quimioterapia. Los pacientes con mieloma
refractario raramente logran una respuesta completa al tratamiento de dosis altas, y las respuestas normalmente son breves.[38]
3. La quimioterapia previa extensiva, especialmente con agentes alquilantes,
pone en peligro la hemopoyesis medular y podría hacer imposible la cosecha
de un número adecuado de células madre hemopoyéticas.
4. Después de un transplante de médula ósea autólogo, se encogieron 84 pacientes al azar para recibir tratamiento de mantenimiento con interferón o no recibir tratamiento.[39][Nivel de evidencia: 1iiA] El grupo bajo interferón tuvo un período mayor de supervivencia libre de progresión (46 meses en lugar de 27, p<o.o25) y de supervivencia general (75% en lugar de 50%, p<0.01). Estos resultados no han sido confirmados después de un transplante de células madre periféricas.
5. Aquellos pacientes recién diagnosticados con enfermedad progresiva deberían ser considerados como candidatos a ensayos clínicos de nuevos enfoques de tratamiento.[40]
6. Los pacientes más jóvenes que gocen de buena salud toleran las terapias de altas dosis mejor que aquellos pacientes con un rendimiento precario [37].

El Intergroupe Francais du Myelome escogió al azar a 220 pacientes de mieloma con menos de 65 años de edad que no habían recibido tratamiento previo y los sometió a tratamiento con quimioterapia convencional (con cursos alternados de VMCP/VBAP) en comparación con la terapia de dosis altas (140 miligramos de melfalán por metro cuadrado e irradiación corporal total de 8 GY repartidas en 4 fracciones durante 4 días sin protector pulmonar, seguido de rescate de médula ósea autóloga). La supervivencia y la supervivencia libre de enfermedad mejoraron significativamente en el grupo de dosis alta (el índice estimado de supervivencia a 5 años fue del 52% comparado con el 12%; el índice estimado de supervivencia a 5 años libre de incidentes fue del 28% comparado con el 10%).[41][Nivel de evidencia: 1iiA] No obstante, las recaídas continúan ocurriendo a un ritmo constante, de manera que en 5 años sólo el 28% de los que recibieron terapia de dosis alta y el 10% de los que recibieron quimioterapia convencional no han recaído. La supervivencia libre de incidentes es significativamente mejor para el grupo de dosis altas (p=0.01), pero no hay señales de disminución o de un punto de estabilidad en la tasa de recaídas que sugiera que alguno de estos paciente haya sido curado.[41] Aunque este estudio sugiere que la terapia mieloablativa con transplante autólogo podría prolongar la supervivencia de los pacientes con mieloma múltiple, este hallazgo aún requiere la confirmación del estudio intergrupal en curso que compara la terapia estándar con las opciones de dosis altas. Los pacientes pertinentes deberían considerar el tomar parte en esta importante prueba.[40]

En un registro de 162 pacientes que recibieron trasplantes alogénicos de donantes fraternos compatibles, la tasa registrada de supervivencia general fue del 28% a 7 años.[42](Nivel de evidencia: 3iiiA) Las características favorables de pronóstico incluyeron carga tumoral baja, enfermedad que responde antes del trasplante y aplicación del trasplante después de terapia de primera línea. Muchos pacientes no son lo suficientemente jóvenes o saludables como para someterse a estas estrategias intensivas. Se ha demostrado un efecto definido de injerto-contra-mieloma, incluyendo una regresión en las recaídas del mieloma después de una infusión de linfocitos donados.[43-45] Los transplantes medulares alogénicos son demasiado arriesgados para ser considerados por la mayoría de los pacientes, pero la posibilidad de una reacción injerto-contra-mieloma potente y posiblemente curativa hace que este procedimiento sea atractivo. Se requieren más investigaciones para hacer los transplantes alogénicos menos peligrosos, y también quizás para encontrar métodos que inicien una respuesta autoinmunne a las células del mieloma.

Bibliografía:

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PLASMACITOMA OSEO AISLADO

El paciente padece de plasmacitoma óseo aislado si se encuentra una lesión lítica solitaria de células plasmáticas en un examen del esqueleto en un paciente asintomático, y un examen de médula ósea de un sitio no afectado contiene menos de 5% de células plasmáticas. La supervivencia de los pacientes con plasmacitomas óseos aislados tratados con radiación a la lesión es mayor de 50% a 10 años, la cual es mucho mejor que la supervivencia con mieloma múltiple diseminado. La mayoría de los pacientes con el tiempo desarrollarán la enfermedad diseminada y requerirán quimioterapia; casi la mitad lo hará antes de pasar 2 años desde el diagnóstico.[1,2] Sin embargo, aquellos pacientes con niveles bajos de paraproteína sérica (<1.0 gramo por decilitro) o proteína de Bence-Jones en quienes estas proteínas han desaparecido completamente podrían esperar permanecer libres de enfermedad por períodos prolongados.[3] Los pacientes que avanzan a mieloma múltiple tienden a responder de forma positiva a la quimioterapia con un promedio de supervivencia de 63 meses después de la progresión.[3]

Opciones de tratamiento:

1. Irradiación tumoricida de la lesión.

2. Si la proteína M aumenta y se presentan otros indicios de mieloma múltiple sintomático, es necesario administrar quimioterapia.

Bibliografía:

  1. Chak LY, Cox RS, Bostwick DG, et al.: Solitary plasmacytoma of bone: treatment, progression, and survival. Journal of Clinical Oncology 5(11): 1811-1815, 1987.
  2. Knowling MA, Harwood AR, Bergsagel DE: Comparison of extramedullary plasmacytomas with solitary and multiple plasma cell tumors of bone. Journal of Clinical Oncology 1(4): 255-262, 1983.
  3. Dimopoulos MA, Goldstein J, Fuller L, et al.: Curability of solitary bone plasmacytoma. Journal of Clinical Oncology 10(4): 587-590, 1992.

PLASMACITOMA EXTRAMEDULAR

Los pacientes con tumores aislados de células plasmáticas de los tejidos blandos, los cuales ocurren con más frecuencia en las amígdalas, los senos paranasales o la nasofaringe, deberán someterse a radiografías del esqueleto y a una biopsia de la médula ósea (las cuales deberán ser negativas), así como a un análisis de proteína M sérica en el suero y la orina.[1-3]

El promedio de supervivencia de pacientes con plasmacitomas extramedulares tratados con radioterapia fue de 8.5 años en un estudio. Sin embargo, la mayoría de estos pacientes fallecieron por causas no relacionadas al plasmacitoma extramedular, sin ningún indicio de progreso del neoplasma de células plasmáticas en el momento de su fallecimiento. La supervivencia libre de progresión de los pacientes de riesgo fue del 70% a 14 años. En aquéllos en los que la enfermedad progresó, los sitios más comunes fueron los ganglios linfáticos regionales.[2]

Opciones de tratamiento:

1. Radioterapia tumoricida a la lesión aislada con campos que cubran los ganglios linfáticos regionales, si es posible.

2. En casos extraordinarios, se puede considerar la resección quirúrgica, pero normalmente viene seguida de radioterapia.

3. Si la proteína M persiste o reaparece, el paciente puede necesitar terapia adicional. En algunos pacientes, el plasmacitoma puede encogerse pero no desaparecer, y la proteína M persiste. Estos pacientes requieren un seguimiento cuidadoso. Deberá utilizarse la cirugía si el plasmacitoma está en un sitio de donde puede ser extirpado fácilmente, por ejemplo, en las amígdalas; la proteína M podría desaparecer de la sangre o la orina.

4. La quimioterapia es necesaria si la enfermedad avanza y causa síntomas.

Bibliografía:

  1. Meis JM, Butler JJ, Osborne BM, et al.: Solitary plasmacytomas of bone and extramedullary plasmacytomas: a clinicopathologic and immunohistochemical study. Cancer 59(8): 1475-1485, 1987.
  2. Knowling MA, Harwood AR, Bergsagel DE: Comparison of extramedullary plasmacytomas with solitary and multiple plasma cell tumors of bone. Journal of Clinical Oncology 1(4): 255-262, 1983.
  3. Soesan M, Paccagnella A, Chiarion-Sileni V, et al.: Extramedullary plasmacytoma: clinical behaviour and response to treatment. Annals of Oncology 3(1): 51-57, 1992.

MACROGLOBULINEMIA

Las pautas para el tratamiento de pacientes con macroglobulinemia son similares a las del mieloma múltiple. Debido a que las macroglobulinas son proteínas grandes, las cuales están limitadas al espacio intravascular, se deberá observar a los pacientes en caso de presentarse el síndrome de hiperviscosidad.

No existe un sistema de clasificación de uso general. El promedio de supervivencia de los pacientes con macroglobulinemia es más largo (aproximadamente 60 meses) que para pacientes con mieloma múltiple. Sólo deben recibir tratamiento los pacientes sintomáticos. Para más información sobre la macroglobulinemia de Waldenstrom, consulte el sumario del PDQ sobre el linfoma no Hodgkin en adultos.

Opciones de tratamiento:

1. Vigilancia cuidadosa de la progresión de la enfermedad sin quimioterapia inmediata en pacientes asintomáticos.

2. Tratamiento estándar con cualquier agente alquilante, tal como clorambucilo, administrado en un esquema diario o intermitente.[1]

Se han anunciado también buenos resultados para pacientes tratados con una combinación de melfalán + vincristina + ciclofosfamida + carmustina + prednisona (el protocolo M2).[2]

Bibliografía:

  1. Kyle RA, Garton JP: The spectrum of IgM monoclonal gammopathy in 430 cases. Mayo Clinic Proceedings 62(8): 719-731, 1987.
  2. Case DC, Ervin TJ, Boyd MA, et al.: Waldenstrom's macroglobulinemia: long-term results with the M-2 protocol. Cancer Investigation 9(1): 1-7, 1991.

GAMMAPATIA MONOCLONAL DE IMPORTANCIA INDETERMINADA

Los pacientes con gammapatía monoclonal de importancia indeterminada (MGUS, siglas en inglés) tienen una proteína M en el suero sin síntomas o manifestaciones de mieloma múltiple, macroglobulinemia, amiloidosis o linfoma, y con menos de 10% de células plasmáticas en la médula ósea.[1,2] El 5% de los pacientes desarrollarán mieloma múltiple, otra discrasia de células plasmáticas, o linfoma en 5 años, el 15% de los mismos lo hará en 10 años, y el 30% en 15 años. Desgraciadamente, no se puede identificar a los pacientes que eventualmente presentarán afección maligna de células plasmáticas o linfoma basándose en el nivel de proteína M, el recuento sanguíneo periférico, el tipo de inmunoglobulina monoclonal, el porcentaje de células plasmáticas en la médula ósea o los niveles de inmunoglobulinas normales. Por lo tanto, todos los pacientes con MGUS deberán mantenerse bajo observación para detectar el incremento de los niveles de proteína M y la presencia de una de las malignidades anteriormente mencionadas.

Bibliografía:

  1. Blade J, Kyle RA: Monoclonal gammopathies of undetermined significance. In: Malpas JS, Bergsagel DE, Kyle RA, et al. eds.: Myeloma: Biology and Management. 2nd ed., Oxford, England: Oxford University Press, 1998, pp 513-544.
  2. Kyle RA: "Benign" monoclonal gammopathy - after 20 to 35 years of follow-up. Mayo Clinic Proceedings 68(1): 26-36, 1993.

NEOPLASIA REFRACTARIA DE CELULAS PLASMATICAS

Hay 2 tipos principales de pacientes con mieloma refractario: pacientes refractarios primarios que nunca logran responder al tratamiento y cuya enfermedad avanza mientras reciben quimioterapia de inducción; y pacientes refractario secundarios que responden a la quimioterapia de inducción, pero no al tratamiento después de la recaída. El grupo primario podría responder a la quimioterapia de dosis altas y al rescate de células madre autólogo.[1,2]

De los pacientes que no responden a la quimioterapia de inducción, un subgrupo de alrededor del 10% padece enfermedad estable y disfruta de un pronóstico de supervivencia que es tan bueno como el de los pacientes que responden al tratamiento.[3,4] Cuando la naturaleza estable de la enfermedad llega a establecerse, estos pacientes pueden interrumpir la terapia hasta que el mieloma comience a avanzar de nuevo. Otros con mieloma refractario primario y enfermedad progresiva requieren un cambio de terapia; las opciones existentes se han estudiado anteriormente.[4,5]

Un informe preliminar sobre la talidomida sugiere beneficios antitumorales con toxicidad hematológica mínima.[6] Actualmente se están realizando más pruebas clínicas en este campo.

Para pacientes que responden a su terapia inicial, la tasa de crecimiento del mieloma, medida según el tiempo de duplicación de la proteína M, aumenta progresivamente con cada recaída subsecuente y la duración de las remisiones es cada vez más corta. La función de la médula ósea se ve más afectada según los pacientes pasan a presentar pancitopenia y entran en una fase refractaria; en algunas ocasiones, las células del mieloma se desdiferencian y los pacientes desarrollan plasmacitomas extramedulares. Las células del mieloma pueden aún ser sensibles a la quimioterapia, pero la tasa del nuevo crecimiento durante la recaída es tan rápida que no se observa una mejoría progresiva. En esta etapa de la enfermedad, las dosis elevadas de glucocorticoides pueden ser la mejor estrategia.[7,8] Se está evaluando la quimioterapia de dosis elevada con el apoyo del factor de crecimiento en estas situaciones refractarias.[9] También se pueden usar regímenes menos mielosupresores como terapia de segunda o tercera línea.[10]

Bibliografía:

  1. Barlogie B, Southwest Oncology Group: NCI HIGH PRIORITY CLINICAL TRIAL --- Phase III Randomized Study of Melphalan/Total Body Irradiation with Peripheral Blood Stem Cell Rescue vs VBMCP (Vincristine/Carmustine/Melphalan/Cyclophosphamide/Prednisone) Following Standard Induction for Previously Untreated Symptomatic Multiple Myeloma, with Further Randomization for Major Responders to Interferon alfa vs Observation (Summary Last Modified 12/1999), SWOG-9321, clinical trial, active, 01/15/1994.
  2. Attal M, Harousseau JL, Stoppa AM, et al.: A prospective, randomized trial of autologous bone marrow transplantation and chemotherapy in multiple myeloma. New England Journal of Medicine 335(2): 91-97, 1996.
  3. Bergsagel DE: Use a gentle approach for refractory myeloma patients. Journal of Clinical Oncology 6(5): 757-758, 1988.
  4. Bergsagel DE: Chemotherapy of myeloma. In: Malpas JS, Bergsagel DE, Kyle RA, et al. eds.: Myeloma: Biology and Management. 2nd ed., Oxford, England: Oxford University Press, 1998, pp 269-302.
  5. Buzaid AC, Durie BG: Management of refractory myeloma: a review. Journal of Clinical Oncology 6(5): 889-905, 1988.
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  7. Alexanian R, Barlogie B, Dixon DO: High-dose glucocorticoid treatment of resistant myeloma. Annals of Internal Medicine 105(1): 8-11, 1986.
  8. Norfolk DR, Child JA: Pulsed high dose oral prednisolone in relapsed or refractory multiple myeloma. Hematological Oncology 7(1): 61-68, 1989.
  9. Dimopoulos MA, Weber D, Kantarjian H, et al.: HyperCVAD for VAD-resistant multiple myeloma. American Journal of Hematology 52(2): 77-81, 1996.
  10. Brugnatelli S, Riccardi A, Ucci G, et al.: Experience with poorly myelosuppressive chemotherapy schedules for advanced myeloma. British Journal of Cancer 73(6): 794-797, 1996.
Date Last Modified: 06/2000


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Dr. G. Quade

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