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Cáncer del cuello uterino
208/00103
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- Informacion General
- Clasificacion Celular
- Informacion Sobre Las Etapas
- Aspectos Generales De Las Opciones De Tratamiento
- Cancer Cervical - Etapa 0
- Cancer Cervical - Etapa IA
- Cancer Cervical - Etapa IB
- Cancer Cervical - Etapa IIA
- Cancer Cervical - Etapa IIB
- Cancer Cervical - Etapa III
- Cancer Cervical - Etapa IVA
- Cancer Cervical - Etapa IVB
- Cancer Cervical - Recurrente
CancerMail del Instituto Nacional del Cáncer
Información del PDQ para profesionales de la salud
Importante: La presente información está dirigida principalmente al
personal médico y otros profesionales de la salud. Si usted tiene
alguna pregunta relacionada al tema, puede preguntarle a su médico,
comunicarse con el Servicio de Información del Cáncer al
1-800-4-CANCER (1-800-422-6237)
Nota: El PDQ también pone a su disposición sumarios adicionales, que contienen
información por separado sobre los exámenes para la detección y la prevención del
cáncer cervical.)
El pronóstico de los pacientes con cáncer cervical depende en gran medida de lo
avanzada que se encuentre la enfermedad en el momento del diagnóstico. Debido a
que una gran mayoría de estos casos (más del 90%) podrían y deberían ser
detectados temprano a través de la prueba de Papanicolaou,[1] la tasa de
mortalidad actual es mucho más alta de lo que debería ser y refleja que, aún en
la actualidad, las pruebas de Papanicolaou no se efectúan en aproximadamente un
tercio de las mujeres que cumplen los requisitos para esta prueba.
Entre los factores principales que influyen en el pronóstico están: la etapa, el
volumen y el grado del tumor, el tipo histológico, la propagación linfática y la
invasión vascular. En un estudio extenso sobre clasificación patológico-
quirúrgica de pacientes con enfermedad clínica en etapa IB del que informó el
Grupo de Oncología Ginecológica (GOG), los factores que predijeron más
prominentemente las metástasis a ganglios linfáticos y una disminución en la
supervivencia libre de enfermedad fueron: la extensión del tumor al espacio
linfático-capilar, el aumento del tamaño del tumor y el aumento de la profundidad
de la invasión del estroma, siendo esto último lo más importante y
reproducible.[2,3] En un estudio de 1,028 pacientes tratadas con cirugía
radical, las tasas de supervivencia se relacionaron más consistentemente con el
volumen del tumor (determinado por volumetría precisa del tumor) que con la etapa
clínica o histológica.[4] Un análisis muy diverso de pronósticos variables en
626 pacientes con enfermedad localmente avanzada (principalmente de etapa II,
III, y IV) que fueron estudiadas por el Grupo de Oncología Ginecológica reveló
que el estado de los ganglios linfáticos periaórticos y pélvico, el tamaño del
tumor, la edad de la paciente y su estado de salud tenían una importancia
significativa para lograr intervalos libres de progresión y la supervivencia. El
estudio confirma la importancia contundente de los ganglios periaórticos
positivos y sugiere que se evalúen más estos ganglios en el cáncer del cuello
uterino localmente avanzado. El estado de los ganglios pélvicos era importante
solamente si los ganglios periaórticos se presentaban negativos, lo cual también
sucedía con el tamaño del tumor. La etapa clínica y la enfermedad bilateral
también jugaban un papel significativo en la supervivencia.[5] En una serie de
gran volumen de pacientes con cáncer del cuello uterino tratadas con
radioterapia, la incidencia de metástasis distante (más frecuentemente a los
pulmones, la cavidad abdominal, el hígado, y el tracto gastrointestinal)
incrementó con el aumento en la etapa de la enfermedad de un 3% en la etapa IA a
un 75% en la etapa IVA. Un análisis con muchas variaciones de los factores que
influencian la incidencia de metástasis distantes mostró que la etapa, la
extensión endometrial del tumor, y el control del tumor pélvico son indicadores
significativos de diseminación distante.[6] Existe una polémica sobre si el
adenocarcinoma del cuello uterino conlleva una prognosis más precaria que los
carcinomas escamocelulares del mismo.[7] Hay informes contradictorios acerca del
efecto del tipo de célula adenoescamoso en el resultado.[8,9] Un informe
demostró que aproximadamente el 25% de los tumores escamosos aparentes tienen
producción de mucina demostrable y se comportan más agresivamente que los
puramente escamosos, sugiriendo que cualquier diferenciación adenomatosa puede
conferir un pronóstico negativo.[10] La disminución de la supervivencia se debe
principalmente a una etapa de la enfermedad más avanzada y a complicación
ganglionar, más que al tipo celular como una variable independiente. Las mujeres
infectadas con el virus de la inmunodeficiencia humana tienen una enfermedad más
agresiva y avanzada y un pronóstico más precario.[11] Un estudio de pacientes
con carcinoma escamoso invasor del cuello uterino descubrió que la expresión
excesiva del oncogen c-myc estaba relacionada a un pronóstico más
desfavorable.[12] El número de células en la fase de síntesis podría también ser
importante en el pronóstico de carcinoma cervical temprano.[13]
Las técnicas moleculares para la identificación del ADN del virus del papiloma
humano (VPH) son altamente sensibles y específicas. Se estima que más de 6
millones de mujeres en los Estados Unidos tienen infección del VPH, por lo cual
es importante la interpretación apropiada de estos datos. Algunos estudios
epidemiológicos demuestran convincentemente que el factor de mayor riesgo para el
desarrollo de carcinomas pre-invasores o invasores del cérvix es la infección del
VPH, el cual sobrepasa en gran manera otros factores conocidos de riesgo, tales
como alta paridad, un alto número de compañeros sexuales, la primera relación
sexual con coito a una edad temprana, el estado socioeconómico bajo y un
historial como fumadora.[14,15] Algunas pacientes con infección del VPH parecen
tener un incremento mínimo del riesgo de desarrollar tumores cervicales
pre-invasores e invasores, mientras otras parecen correr un riesgo significativo
y son candidatas para programas intensivos de detección y/o intervención
temprana.
No es probable que las pruebas ADN VPH separen los pacientes con lesiones
intraepiteliales escamosas de bajo grado de los que necesitan una evaluación más
exhaustiva y los que no. Un estudio entre 642 de estas mujeres, encontró que el
83% tuvo uno o más tipos tumorogénicos HPV cuando especímenes citológicos
cervicales fueron probados mediante una técnica sensitiva (captura híbrida).[16]
Los autores del estudio y del editorial que le acompaña, concluyen que el uso de
la prueba ADN VPH en este entorno no añade ninguna información adicional que
justifique el costo.[16,17] El hecho de si la prueba ADN VPH resultará útil en
pacientes con células escamosas atípicas de importancia no determinada, está bajo
estudio por el mismo grupo.[16] los pacientes con citología anormal de alto
riesgo (clasificación Bethesda) deben ser evaluados exhaustivamente mediante
colcoscopía y biopsia.
Otros estudios muestran que las pacientes con citología de bajo riesgo y con
infección de VPH de alto riesgo con tipos 16, 18, y 31 tienen más probabilidades
de tener neoplasia intraepitelial cervical (CIN) o histopatología microinvasora
al realizarse la biopsia.[15,18-20] Existe un método que ha mostrado que la
integración de los tipos 16 y 18 de HPV en el genoma, que llevan a la
transcripción de ambos mensajes, el celular y el viral, podrían pronosticar
cuales pacientes corren un mayor riesgo de displasia de alto grado y cáncer
invasivo.[21] Algunos estudios [15,22] indican que la infección aguda con tipos
de VPH 16 y 18 confirió un riesgo de 11 a 16.9 veces de desarrollo rápido de CIN
de alto grado, pero hay datos conflictivos que requieren una mayor evaluación
antes de que se haga ninguna recomendación. No se ha realizado un seguimiento
suficiente de las pacientes con citología de bajo riesgo y tipos VPH de bajo
riesgo para cerciorarse de su riesgo. Actualmente, se están llevando a cabo
estudios para determinar cómo se puede usar la tipificación del VPH para ayudar a
estratificar a las mujeres en grupos de seguimiento y tratamiento. La
tipificación del VPH puede ser útil, particularmente en pacientes con citología
de bajo grado o citología de anormalidad no clara. Actualmente no se ha
establecido cómo se deben alterar la terapia y el seguimiento con el tipo de VPH
de bajo riesgo versus el de alto riesgo.
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El carcinoma escamocelular (epidermoide) comprende aproximadamente el 90% de los
cánceres cervicales, mientras que el adenocarcinoma comprende aproximadamente el
10% de los mismos. Los carcinomas adenoescamosos y carcinomas de células
pequeñas son relativamente poco frecuentes. Se han descrito ocasionalmente
sarcomas primarios cervicales y también se ha informado sobre la existencia de
linfomas malignos cervicales, tanto primarios como secundarios.
El carcinoma cervical tiene sus orígenes en la unión escamosa columnar ya sea en
el canal endocervical o en la porción cervicouterina. La lesión precursora es
displasia o carcinoma in situ (neoplasia intraepitelial cervical (NIC), que
posteriormente puede convertirse en cáncer invasor. Este proceso puede ser muy
lento.
Algunos estudios longitudinales han revelado que entre pacientes con cáncer
cervical in situ que no han sido tratadas, entre el 30% y el 70% desarrollarán
carcinoma invasor en un período de 10 a 12 años. Sin embargo, en alrededor del
10% de las pacientes, las lesiones pueden progresar de in situ a invasoras en
períodos inferiores a un año. A medida que se hace invasor, el tumor irrumpe a
través de la membrana basal e invade el estroma cervical. La extensión del tumor
cervical puede manifestarse en último término como una ulceración, un tumor
exofítico o la infiltración extensa del tejido subyacente incluyendo la vejiga o
el recto.
Además de la invasión local, el carcinoma cervical puede diseminarse por vía de
los linfáticos regionales o del torrente sanguíneo. La diseminación tumoral
generalmente es una función de la extensión e invasión de la lesión local. A
pesar de que, en general, el cáncer cervical progresa de manera ordenada,
ocasionalmente se puede presentar un tumor pequeño con metástasis distante. Por
este motivo, se debe evaluar cuidadosamente a las pacientes en búsqueda de
enfermedad metastática.
Las etapas se definen por clasificación de la Federación Internacional de
Ginecología y Obstetricia (FIGO) o por la clasificación TNM del Comité Americano
Conjunto Sobre el Cáncer (AJCC por sus siglas en inglés)[1-3]
Las definiciones de las categorías T corresponden a las etapas aceptadas for
FIGO.
Tumor Primario (T)
-
TX: El tumor primario no puede ser evaluado
T0: No hay evidencia de tumor primario
Tis: Carcinoma in situ
T1/I: El carcinoma cervical está estrictamente limitado al útero (no debe
tenerse en cuenta la extensión al cuerpo)
-
T1a/IA: Carcinoma invasivo diagnosticado sólo mediante microscopia. Todas
las lesiones visibles macroscópicamente--aún con invasión
superficial--son T1b/1B. Invasión estromal con profundidad máxima de
5 mm medida desde la base del epitelio y expansión horizontal de
7 mm o menos. Una invasión del espacio vascular, ya sea venosa o
linfática, no afecta la clasificación.
-
T1a1/Ia1: Invasión estromal de 3 mm o menos de profundidad y 7 mm o menos
de extensión horizontal
T1a2/IA2: Invasión estromal de más de 3 mm y no más de 5 mm con expansión
horizontal de 7 mm o menos
T1b/IB: Lesión clínicamente visible confinada al cervix o lesión
microscópica mayor de T1a2/IA2
T1b1/IB1: Lesión clínicamente visible de 4 cm o menos en su mayor
dimensión
T1b2/IB2: Lesión clínicamente visible con más de 4 cm en su mayor
dimensión
T2/II: El carcinoma se ha extendido más allá del útero pero no a la pared
pélvica ni al tercio inferior de la vagina
-
T2a/IIa: Tumor que se ha extendido al parametrio
T2b/IIb: Tumor que no se ha extendido al parametrio
T3/III: Extensión a la pared pélvica y/o se extiende al tercio inferior
de la vagina y/o causa hidronefrosis o disfunción renal
-
T3a/IIIA: El tumor se ha extendido al tercio inferior de la vagina pero no a
la pared pélvica
T3b/IIIB: Diseminación del tumor a la pared pélvica y/o causa hidronefrosis
o disfunción renal
T4/IVA: El tumor invade la mucosa de la vejiga o el recto y/o se extiende más
allá de la pelvis misma (un edema de bullar no es suficiente para
clasificar un tumor como T4)
M1/IVB: Metástasis distal
Ganglios linfáticos regionales (N)
-
NX: Los ganglios regionales no pueden ser evaluados
N0: No hay metástasis de ganglios regionales
N1: Evidencia de metástasis de ganglios regionales
Metástasis distante (M)
-
MX: La metástasis distante no puede ser evaluada
M0: No hay metástasis distante
M1: Existe metástasis distante
La etapa 0 es el carcinoma in situ, carcinoma intraepitelial. No hay invasión
del estroma.
-
Tis, N0, M0
-
T1a1, N0, M0
-
T1a2, N0, M0
-
T1b1, N0, M0
-
T1b2, N0, M0
-
T2a, N0, M0
-
T2b, N0, M0
-
T3a, N0, M0
-
T1, N1, M0
T2, N1, M0
T3a, N1, M0
T3b, Cualquier N, M0
-
T4, Cualquier N, M0
-
Cualquier T, Cualquier N, M1
La etapa I es el carcinoma estrictamente limitado al cérvix; no se debe tener en
cuenta la extensión al cuerpo uterino.
-
Etapa IA:
-
carcinomas invasivos sólo diagnosticados por microscopio. Todas las
lesiones de gran magnitud aún con invasión superficial se consideran
como cáncer en etapa Ib. La invasión se limita a la invasión del
estroma con una profundidad máxima de 5 mm* y no más de 7 mm de
ancho.
-
Etapa IA1:
-
invasión medida del estroma de no más de 3 mm de profundidad y
no más de 7 mm de diámetro.
Etapa IA2:
-
invasión medida del estroma de más de 3 mm pero no de más de 5
mm de profundidad y no más de 7 mm de diámetro.
Etapa IB:
-
lesiones clínicas limitadas al cuello uterino o lesiones
preclínicas de mayor extensión que la etapa IA.
-
Etapa IB1: lesiones clínicas de no más de 4 cm de tamaño.
Etapa IB2: lesiones clínicas de más de 4 cm de tamaño.
En la etapa II el carcinoma se extiende más allá del cérvix uterino, pero no se
ha extendido a la pared pélvica. El carcinoma afecta la vagina, pero no llega al
tercio inferior.
-
Etapa IIA:
-
no hay complicación obvia del parametrio, dos tercios de la parte
superior de la vagina se encuentran afectados.
Etapa IIB:
-
complicación obvia del parametrio, pero sin llegar a la pared
pélvica lateral.
La etapa III implica que el carcinoma se ha extendido a la pared pélvica. Acorde
al examen rectal, no hay espacio libre de cáncer entre el tumor y la pared
pélvica. El tumor afecta el tercio inferior de la vagina. Se deben incluir todos
los casos con hidronefrosis o con insuficiencia renal, a menos que se sepa que se
deben a otras causas.
-
Etapa IIIA:
-
sin extensión a la pared pélvica, pero sí al tercio inferior
de la vagina.
Etapa IIIB:
-
extensión a la pared pélvica, hidronefrosis o insuficiencia
renal.
La etapa IV implica que el carcinoma se ha extendido más allá de la pelvis
misma o ha afectado clínicamente la mucosa vesical o rectal.
-
Etapa IVA: propagación del tumor a órganos adyacentes a la pelvis.
Etapa IVB: propagación a órganos distantes.
*La profundidad de la invasión no debe ser mayor de 5 mm desde la base del
epitelio, ya se origine en la superficie o en las glándulas. La invasión del
espacio vascular, ya sea venoso o linfático, no debe alterar la clasificación.
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Cinco ensayos clínicos aleatorios en fase III, han mostrado que existe una
ventaja en cuanto a la supervivencia en general, cuando se emplea una terapia a
base de cisplatino administrada conjuntamente con radioterapia,[1-6] Mientras que
hubo un ensayo que examinó este mismo régimen y no encontró beneficio alguno.[7]
La población de pacientes en este estudio incluyó a mujeres en etapa de FIGO de
IB2 a IVA de cáncer cervical tratado con radioterapia primaria y a mujeres en
etapa de FIGO con enfermedad de I a IIA con un factor pronóstico precario
(enfermedad metastática en los ganglio linfáticos de la pelvis, enfermedad
parametrial o márgenes quirúrgicos positivos) al momento de la cirugía primaria.
A pesar de que los ensayos varían en algo dependiendo de la etapa de la
enfermedad, dosis de la radiación y los horarios de cisplatinos y radiación,
todos han mostrado de manera significativa una marcada ventaja de este enfoque de
modalidad combinada. El riesgo de mortalidad por cáncer cervical disminuyó en un
30% para quedar en 50% mediante el uso concurrente de quimioradiación. Sobre la
base de estos resultados, se debe tomar seriamente en consideración la
incorporación del uso de la quimioterapia a base de cisplatino con quimioterapia
de forma concurrente en aquellas mujeres que requieren de radioterapia para el
tratamiento del cáncer cervical.[1-8]
La clasificación quirúrgica antes del tratamiento es el método más exacto para
determinar la extensión de la enfermedad. Puesto que existe poca evidencia que
demuestre una mejor supervivencia general con el uso de la clasificación
quirúrgica de rutina, la clasificación quirúrgica generalmente se deberá realizar
sólo como parte de una prueba clínica. La clasificación quirúrgica antes del
tratamiento en enfermedad voluminosa pero localmente curable puede estar indicada
en casos seleccionados si los estudios no quirúrgicos son negativos para
enfermedad metastática. Si se detectan ganglios anormales por tomografía
computarizada o linfangiografía, la aspiración con aguja fina deberá ser negativa
antes de que se lleve a cabo un procedimiento quirúrgico de clasificación. Tanto
la cirugía como la radioterapia son igualmente efectivas para la enfermedad en
etapa temprana y de volumen pequeño.[9] Las pacientes más jóvenes pueden verse
beneficiadas con la cirugía que preserva los ovarios y evita la atrofia y
estenosis vaginal.
Los estudios sobre patrones de tratamiento demuestran claramente el efecto
negativo en el pronóstico del volumen tumoral creciente. Por lo tanto, el
tratamiento puede variar dentro de cada etapa según lo definido actualmente por
FIGO, y dependerá del volumen del tumor y del modelo de diseminación.[10]
La terapia de pacientes con cáncer del muñón cervical es eficaz, dando
resultados comparables a los que se observan en pacientes con el útero
intacto.[11]
Durante el embarazo, no se garantiza la terapia para lesiones preinvasoras del
cérvix, incluyendo carcinomas in situ, aunque se recomienda la realización de una
colposcopía experta para excluir el cáncer invasor.
El tratamiento de cáncer invasor cervical durante el embarazo depende de la etapa
del cáncer y de la edad de gestación en el momento del diagnóstico. La
estrategia tradicional es recomendar terapia inmediata adecuada a la etapa de la
enfermedad cuando el cáncer se diagnostica antes de la madurez fetal, y retrasar
la terapia solamente si el cáncer se detecta en el último trimestre.[12,13] Sin
embargo, otros informes indican que el retraso deliberado para permitir un mejor
resultado fetal puede ser una opción razonable para pacientes con cáncer cervical
en etapa Ia y en principio de Ib.[14-16]
No se deben utilizar las designaciones de PDQ que indican que un tratamiento es
"estándar" o que está "en evaluación clínica" como base para determinar
reembolsos.
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Si se tratan adecuadamente, el control tumoral de carcinomas cervicales in situ
deberá estar cerca del 100%. Se requiere una biopsia con dirección colposcópica
o una biopsia en cono realizada por expertos para excluir la enfermedad invasora
antes de iniciar terapia. También es necesaria la correlación entre una citología
y una biopsia con dirección colposcópica antes de comenzar la terapia local
ablativa. Aún así, una enfermedad invasora no reconocida tratada con terapia
ablativa inadecuada puede ser la causa más común de fracasos.[1] El fallo en la
identificación de la enfermedad, la falta de correlación entre la prueba de
Papanicolaou y los resultados de la colposcopia, un adenocarcinoma in situ o la
extensión de la enfermedad al canal endocervical hace que sea obligatoria una
conización con láser, circular, o en frío. La selección de tratamiento también
dependerá de varios factores de la paciente, incluyendo su edad, su deseo de
preservar la fertilidad y su condición médica. Pero lo más importante es que se
debe conocer la extensión de la enfermedad.
En casos selectos, el procedimiento de escisión electroquirúrgica (LEEP, siglas
en inglés), que se lleva a cabo sin necesidad de hospitalización, puede ser una
alternativa aceptable a la conización en frío. Este procedimiento que se efectúa
rápidamente en el consultorio requiere solamente anestesia local y evita los
riesgos asociados con la anestesia general de la conización en frío.[2,3] Sin
embargo, existe controversia en cuanto a la idoneidad del LEEP como reemplazo de
la conización.[4] Una prueba que compara el LEEP a la conización en frío no
mostró ninguna diferencia en la posibilidad de una escisión completa de
displasia.[5] Sin embargo, dos informes de casos sugieren que el uso de LEEP en
pacientes con cáncer oculto invasor llevó a la inhabilidad de determinar
exactamente la profundidad de la invasión cuando se cortó transversalmente un
foco del cáncer.[6]
Opciones de tratamiento estándar:
Los métodos para tratar lesiones ectocervicales incluyen:
1. Procedimiento circular de escisión electroquirúrgica (LEEP).[7,8]
2. Terapia con rayo láser.[9]
3. Conización
4. Crioterapia.[10]
Cuando el canal endocervical está afectado, se puede utilizar el tratamiento con
láser o la conización en frío en pacientes selectas para preservar su útero y
evitar la radioterapia y/o cirugía más extensa.
La histerectomía vaginal o abdominal total es una terapia aceptada para el grupo
en edad postreproductiva y se recomienda particularmente cuando el proceso
neoplásico se extiende al margen interno del cono. Para pacientes médicamente
inoperables, se puede usar una sola inserción intracavitaria con tándem y ovoides
de 5,000 miligramos horas (8,000 cGy dosis de superficie vaginal)[11]
Bibliografía:
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carcinoma of the cervix: stage IA and carcinoma in situ. International
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Opciones equivalentes de tratamiento:
1. Histerectomía total:[1]
Si la profundidad de invasión es inferior a 3 milímetros probada por biopsia en
cono con márgenes claros [2] y no se observa invasión del canal vascular ni del
linfático, la frecuencia de complicación de ganglios linfáticos es lo
suficientemente baja para que no sea necesaria la disección de ganglios
linfáticos. La ooforectomía es opcional y debe posponerse para mujeres jóvenes.
2. Conización:
Si la profundidad de invasión es inferior a 3 milímetros, no se observa invasión
del canal vascular ni del linfático y los márgenes del cono son negativos, la
conización sola puede ser apropiada en pacientes que desean preservar su
fertilidad.[1]
3. Histerectomía radical:
Para pacientes con invasión tumoral entre 3 y 5 milímetros se recomienda la
histerectomía radical con disección de ganglios linfáticos pélvicos debido al
riesgo conocido de hasta un 10% de metástasis de los ganglios linfáticos.[2] Sin
embargo, un estudio sugiere que la tasa de complicación de los ganglios
linfáticos en este grupo de pacientes podría ser mucho menor y cuestiona si la
terapia conservadora podría ser adecuada en pacientes en los que se presume que
no tienen enfermedad residual después de la conización [3] La histerectomía
radical con disección ganglionar puede también ser considerada para pacientes en
las que la profundidad de la invasión del tumor sea incierta debido a un tumor
invasor en los márgenes del cono.
4. Radiación intracavitaria sola:
Si la profundidad de invasión es inferior a 3 milímetros y no se observa invasión
del espacio capilar linfático, la frecuencia de complicación de ganglios
linfáticos es lo suficientemente baja para que no se requiera radiación de haz
externo. Se recomiendan una o dos inserciones con tándem y ovoides de 6,500 a
8,000 miligramos horas (10,000-12,500 cGy dosis de superficie vaginal).[4] La
radiación deberá reservarse para mujeres que no son candidatas quirúrgicas.
Bibliografía:
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Tanto la radioterapia como la histerectomía radical y la disección bilateral de
ganglios linfáticos, en manos de un experto, resultan en un porcentaje de
curación del 85% al 90% para pacientes con enfermedad de poco volumen. La
selección de uno de estos medios dependerá de factores de la paciente y de la
disponibilidad de expertos locales. Un estudio aleatorio informo de tasas
idénticas de supervivencia en general y libre de enfermedad a 5 años cuando se
comparó la terapia de radiación con la histeroctomía radical [1] El tamaño del
tumor primario es un importante factor de pronóstico y debe ser evaluado
cuidadosamente para escoger la terapia óptima.[2] Para adenocarcinomas que
expanden el cérvix más de 3 centímetros, el tratamiento primario deberá ser la
radioterapia.[3] Después de la clasificación quirúrgica, a las pacientes a las
que se les encuentra que padecen de enfermedad ganglionar paraaórtica con volumen
tumoral pequeño y enfermedad pélvica controlable pueden ser curadas por medio de
la irradiación pélvica y paraaórtica.[4] La resección de ganglios pélvicos
macroscópicamente complicados puede mejorar las tasas del control local con
radioterapia postoperatoria.[5] El tratamiento con radiación de campo extendido
de los ganglios periaórticos no resecados conduce al control de la enfermedad por
largo tiempo en aquellas pacientes con enfermedad ganglionar de bajo volumen (<2
centímetros) por debajo de L3.[6] Un estudio reveló una ventaja de supervivencia
en pacientes con tumores de más de 4 centímetros que recibieron radioterapia en
los ganglios paraaórticos sin evidencia histológica de la enfermedad.[7] La
toxicidad de la radiación paraaórtica es mayor que la de la radiación pélvica
sola, pero se limitó en su mayor parte a pacientes con cirugía abdominopélvica
previa.[7] Las pacientes que se sometieron a un muestreo extraperitoneal de
ganglios linfáticos tuvieron menos complicaciones intestinales que las que se
sometieron a un muestreo transperitoneal de ganglios linfáticos.[6,8,9] Los
pacientes con márgenes vaginales "cerrados" (<0.5cm) podrían beneficiarse también
de la irradiación pélvica.[10]
Cinco ensayos clínicos aleatorizados en fase III, han mostrado que existe una
ventaja en cuanto a la supervivencia en general, cuando se emplea una terapia a
base de cisplatino administrada conjuntamente con radioterapia,[11-16] Mientras
que un examen que examinó este mismo régimen, no demostró beneficio alguno.[17]
La población de pacientes en este estudio incluyó a mujeres en etapa de FIGO de
IB2 a IVA de cáncer cervical tratado con radioterapia primaria y a mujeres en
etapa de FIGO con enfermedad de I a IIA con un factor pronóstico precario
(enfermedad metastática en los ganglio linfáticos de la pelvis, enfermedad
parametrial o márgenes quirúrgicos positivos) al momento de la cirugía primaria.
A pesar de que los ensayos varían en algo dependiendo de la etapa de la
enfermedad, dosis de la radiación y los horarios de cisplatinos y radiación,
todos han mostrado de manera significativa una marcada ventaja de este enfoque de
modalidad combinada. El riesgo de mortalidad por cáncer cervical disminuyó en un
30% para quedar en 50% mediante el uso concurrente de quimioradiación. Sobre la
base de estos resultados, se debe tomar seriamente en consideración la
incorporación del uso de la quimioterapia a base de cisplatino con quimioterapia
de forma concurrente en aquellas mujeres que requieren de radioterapia para el
tratamiento del cáncer cervical.[11-18]
Opciones de tratamiento estándar:
1. Radioterapia:
Irradiación pélvica de haz externo combinada con dos o más aplicaciones
intracavitarias, basándose en informes que indican un mejor resultado con dos
implantes intracavitarios que con uno. El empleo de braquiterapia en tasas de
dosis alta para la porción intracavitaria del tratamiento está bajo evaluación
clínica [19-21]
2. Histerectomía radical y linfadenectomía bilateral pélvica.
3. Irradiación pélvica total postoperatoria más quimioterapia después de una
histerectomía radical y una linfadenectomía bilateral pélvica:
Radiación en el rango de 5,000 cGy durante 5 semanas para más quimioterapia con
cisplatino con o sin fluoracilo FU-5, es algo a tomar en cuenta en aquellos
pacientes con ganglios pélvicos positivos, márgenes quirúrgicos positivos y
enfermedad parametrial residual.[11-16]
4. Radioterapia más quimioterapia con cisplatino o cisplatino/FU-5 para
pacientes con tumores masivos.[11-16]
Bibliografía:
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Stitt JA, Fowler JF, Thomadsen BR, et al.: High dose rate intracavitary
brachytherapy for carcinoma of the cervix: the Madison system: I.
clinical and radiobiological considerations. International Journal of
Radiation Oncology, Biology, Physics 24(2): 335-348, 1992.
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Thomadsen BR, Shahabi S, Stitt JA, et al.: High dose rate intracavitary
brachytherapy for carcinoma of the cervix: the Madison system: II.
procedural and physical considerations. International Journal of
Radiation Oncology, Biology, Physics 24(2): 349-357, 1992.
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Eifel PJ: High-dose-rate brachytherapy for carcinoma of the cervix: high
tech or high risk? International Journal of Radiation Oncology,
Biology, Physics 24(2): 383-386, 1992.
Tanto la radioterapia como la histerectomía radical, en manos experimentadas, da
lugar a una tasa de curación de 75%-80%. La selección de una u otra opción
dependerá de los factores de la paciente y de la pericia local. Un estudio
aleatorio informo de tasas idénticas de supervivencia en general y libre de
enfermedad a 5 años cuando se comparó la terapia de radiación con la
histeroctomía radical [1] El tamaño del tumor primario es un importante factor de
pronóstico y debe ser evaluado cuidadosamente al escoger la terapia óptima.[2]
Para carcinomas voluminosos endocervicales de célula escamosa (>6 centímetros) o
adenocarcinomas, el tratamiento con radioterapia de alta dosis logrará un control
local y tasas de supervivencia comparables al tratamiento con radioterapia más
histerectomía. La cirugía después de la radioterapia puede estar indicada para
algunas pacientes con tumores limitados al cuello uterino que responden de manera
incompleta a la radioterapia o en quienes la anatomía vaginal les imposibilita
una braquiterapia óptima.[3] Después de la clasificación quirúrgica, a las
pacientes a las que se les encuentra que padecen de enfermedad ganglionar
paraaórtica con volumen tumoral pequeño y enfermedad pélvica controlable pueden
ser curadas por medio de la irradiación pélvica y paraaórtica.[4] La resección
de ganglios pélvicos macroscópicamente complicados puede mejorar las tasas del
control local con radioterapia postoperatoria.[5] El tratamiento con radiación
de campo extendido de los ganglios periaórticos no resecados conduce al control
de la enfermedad por largo tiempo en aquellas pacientes con enfermedad ganglionar
de bajo volumen (<2 cm) por debajo de L3.[6] Un estudio reveló ventajas de
supervivencia en pacientes que recibieron radiación a los ganglios paraórticos
sin evidencia histológica de la enfermedad.[7] La toxicidad de la radiación
paraaórtica es mayor que la de la radiación pélvica sola, pero se limitó en su
mayoría a pacientes con cirugía abdominopélvica previa.[7] Las pacientes que se
sometieron a muestreo extraperitoneal de ganglios linfáticos tuvieron menos
complicaciones intestinales que las que se sometieron a muestreo transperitoneal
de ganglios linfáticos.[6,8,9] Los pacientes con márgenes vaginales "cerrados"
(<0.5cm) podrían beneficiarse también de la irradiación pélvica.[10]
Cinco ensayos clínicos aleatorios en fase III, han mostrado que existe una
ventaja en cuanto a la supervivencia en general, cuando se emplea una terapia a
base de cisplatino administrada conjuntamente con radioterapia.[11-16] Mientras
que un examen que examinó este mismo régimen, no demostró beneficio alguno.[17]
La población de pacientes en este estudio incluyó a mujeres en etapa de FIGO de
IB2 a IVA de cáncer cervical tratado con radioterapia primaria y a mujeres en
etapa de FIGO con enfermedad de I a IIA con un factor pronóstico precario
(enfermedad metastática en los ganglio linfáticos de la pelvis, enfermedad
parametrial o márgenes quirúrgicos positivos) al momento de la cirugía primaria.
A pesar de que los ensayos varían en algo dependiendo de la etapa de la
enfermedad, dosis de la radiación y los horarios de cisplatinos y radiación,
todos han mostrado de manera significativa una marcada ventaja de este enfoque de
modalidad combinada. El riesgo de mortalidad por cáncer cervical disminuyó en un
30% para quedar en 50% mediante el uso concurrente de quimioradiación. Sobre la
base de estos resultados, se debe tomar seriamente en consideración la
incorporación del uso de la quimioterapia a base de cisplatino con quimioterapia
de forma concurrente en aquellas mujeres que requieren de radioterapia para el
tratamiento del cáncer cervical.[11-18]
Opciones de tratamiento estándar:
1. Radioterapia:
Radiación intracavitaria combinada con irradiación pélvica de haz externo. La
radiación a los ganglios paraaórticos puede indicarse en tumores primarios de 4
centímetros o más. El empleo de braquiterapia en tasas de dosis alta para la
porción intracavitaria del tratamiento está bajo evaluación clínica.[19-21]
2. Histerectomía radical y linfadenectomía pélvica.
3. Irradiación pélvica total postoperatoria más quimioterapia después de una
histerectomía radical y una linfadenectomía bilateral pélvica:
Radiación en el rango de 5,000 cGy durante 5 semanas para más quimioterapia con
cisplatino con o sin fluoracilo FU-5, es algo a tomar en cuenta en aquellos
pacientes con ganglios pélvicos positivos, márgenes quirúrgicos positivos y
enfermedad parametrial residual.[11-16]
4. Radioterapia más quimioterapia con cisplatino o cisplatino/FU-5 para
pacientes con tumores masivos.[11-16]
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tech or high risk? International Journal of Radiation Oncology,
Biology, Physics 24(2): 383-386, 1992.
El tamaño del tumor primario es un importante factor de pronóstico y debe ser
evaluado cuidadosamente al escoger la terapia óptima.[1] La supervivencia y el
control local son mejores con complicación unilateral en lugar de complicación
bilateral parametrial.[2] Las pacientes que son clasificadas quirúrgicamente como
parte de una prueba clínica y se les encuentra que tienen enfermedad ganglionar
paraaórtica con volumen tumoral pequeño y enfermedad pélvica controlable pueden
ser curadas por medio de irradiación pélvica y paraaórtica.[3] Si se planea
administrar radioterapia postoperatoria de haz externo después de la cirugía, un
muestreo extraperitoneal de ganglios linfáticos se relaciona con menos
complicaciones inducidas por radioterapia que un enfoque transperitoneal.[4] La
resección de ganglios pélvicos afectados macroscópicamente puede mejorar la tasa
de control local con radioterapia postoperatoria.[5] El tratamiento de los
ganglios periaórticos no resecados con radiación extensa de campo conduce al
control de la enfermedad por largo tiempo en las pacientes con bajo volumen (<2
centímetros) de enfermedad ganglionar por debajo de L3.[6] Un estudio reveló una
ventaja de supervivencia en pacientes que recibieron radiación a los ganglios
paraaórticos sin evidencia histológica de enfermedad.[7] La toxicidad de la
radiación paraaórtica es mayor que la de la radiación pélvica sola, pero se
limitó en su mayoría a pacientes sometidas previamente a cirugía
abdominopélvica.[7] Las pacientes que se sometieron a muestreo extraperitoneal
de ganglios linfáticos tuvieron menos complicaciones intestinales que las que
tuvieron muestreo transperitoneal de ganglios linfáticos.[4,6,8]
Cinco ensayos clínicos aleatorios en fase III, han mostrado que existe una
ventaja en cuanto a la supervivencia en general, cuando se emplea una terapia a
base de cisplatino administrada conjuntamente con radioterapia. [9-14] Mientras
que un examen que examinó este mismo régimen, no demostró beneficio alguno.[15]
La población de pacientes en este estudio incluyó a mujeres en etapa de FIGO de
IB2 a IVA de cáncer cervical tratado con radioterapia primaria y a mujeres en
etapa de FIGO con enfermedad de I a IIA con un factor pronóstico precario
(enfermedad metastática en los ganglio linfáticos de la pelvis, enfermedad
parametrial o márgenes quirúrgicos positivos) al momento de la cirugía primaria.
A pesar de que los ensayos varían en algo dependiendo de la etapa de la
enfermedad, dosis de la radiación y los horarios de cisplatinos y radiación,
todos han mostrado de manera significativa una marcada ventaja de este enfoque de
modalidad combinada. El riesgo de mortalidad por cáncer cervical disminuyó en un
30% para quedar en 50% mediante el uso concurrente de quimioradiación. Sobre la
base de estos resultados, se debe tomar seriamente en consideración la
incorporación del uso de la quimioterapia a base de cisplatino con quimioterapia
de forma concurrente en aquellas mujeres que requieren de radioterapia para el
tratamiento del cáncer cervical.[9-16]
Opciones de tratamiento estándar:
Radioterapia más quimioterapia:
Radiación intracavitaria e irradiación pélvica de haz externo combinada con
cisplatino o cisplatino/fluoracilo.[9-14]
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radiation therapy compared with pelvic radiation therapy alone as
adjuvant therapy after radical surgery in high-risk early-stage cancer
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Thomas GM: Improved treatment for cervical cancer - concurrent
chemotherapy and radiotherapy. New England Journal of Medicine 340(15):
1198-1200, 1999.
- Pearcey R, Brundage M, Drouin P, et al.: Phase III trial comparing
radical radiotherapy with and without cisplatin chemotherapy in patients
with advanced squamous cell cancer of the cervix. Journal of Clinical
Oncology 20(4): 966-972, 2002.
- Rose PG, Bundy BN: Chemoradiation for locally advanced cervical cancer:
does it help? Journal of Clinical Oncology 20(4): 891-893, 2002.
El tamaño del tumor primario es un importante factor de pronóstico y debe ser
evaluado cuidadosamente al escoger la terapia óptima.[1] Los estudios de Modelos
de Atención para pacientes en etapas IIIA y IIIB indican que la supervivencia
depende del grado de la enfermedad, así la complicación unilateral de la pared
pélvica predice un mejor resultado que la complicación bilateral, la cual, a su
vez, predice un mejor resultado que la complicación de un tercio inferior de la
pared vaginal.[2] Estos estudios también revelan un aumento progresivo en el
control local y la supervivencia, lo cual va paralelo con el aumento progresivo
de la dosis paracentral (punto A) y el uso de tratamiento intracavitario. La
tasa más alta de control central se vio con dosis paracentrales (punto A) >8,500
cGy.[3] Las pacientes que son clasificadas quirúrgicamente como parte de una
prueba clínica y que se les encuentra que tienen enfermedad ganglionar
paraaórtica con volumen tumoral pequeño y enfermedad pélvica controlable, pueden
curarse con irradiación pélvica y paraaórtica. Si se planea radioterapia de haz
externo postoperatoria después de la cirugía, el muestreo extraperitoneal de
ganglios linfáticos está asociado con menos complicaciones inducidas por la
radiación que las de una estrategia transperitoneal.[4] La resección de ganglios
pélvicos involucrados en forma macroscópica puede mejorar las tasas de control
local con radioterapia postoperatoria.[5] El tratamiento de los ganglios
periaórticos no resecados con radiación extendida de campo conduce a un control
de la enfermedad por largo tiempo en aquellas pacientes con bajo volumen (<2
centímetros) de enfermedad ganglionar por debajo de L3. Las pacientes que se
sometieron a muestreo extraperitoneal de ganglios linfáticos tuvieron menos
complicaciones intestinales que las que tuvieron muestreo transperitoneal de
ganglios linfáticos.[6]
Cinco ensayos clínicos aleatorios en fase III, han mostrado que existe una
ventaja en cuanto a la supervivencia en general, cuando se emplea una terapia a
base de cisplatino administrada conjuntamente con radioterapia. La población de
pacientes en este estudio incluyó a mujeres en etapa de FIGO de IB2 a IVA de
cáncer cervical tratado con radioterapia primaria y a mujeres en etapa de FIGO
con enfermedad de I a IIA con un factor pronóstico precario (enfermedad
metastática en los ganglio linfáticos de la pelvis, enfermedad parametrial o
márgenes quirúrgicos positivos) al momento de la cirugía primaria. [7-12]
Mientras que un examen que examinó este mismo régimen, no demostró beneficio
alguno.[3] A pesar de que los ensayos varían en algo dependiendo de la etapa de
la enfermedad, dosis de la radiación y los horarios de cisplatinos y radiación,
todos han mostrado de manera significativa una marcada ventaja de este enfoque de
modalidad combinada. El riesgo de mortalidad por cáncer cervical disminuyó en un
30% para quedar en 50% mediante el uso concurrente de quimioradiación. Sobre la
base de estos resultados, se debe tomar seriamente en consideración la
incorporación del uso de la quimioterapia a base de cisplatino con quimioterapia
de forma concurrente en aquellas mujeres que requieren de radioterapia para el
tratamiento del cáncer cervical.[7-14]
Opciones de tratamiento estándar:
Radioterapia más quimioterapia:
Radiación intracavitaria e irradiación pélvica de haz externo combinada con
cisplatino o cisplatino/fluoracilo.[7-12]
Bibliografía:
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El tamaño del tumor primario es un importante factor de pronóstico y debe ser
evaluado cuidadosamente al escoger la terapia óptima.[1] Después de
clasificación quirúrgica, las pacientes que se encuentra que tienen enfermedad
ganglionar paraaórtica con volumen tumoral pequeño y enfermedad pélvica
controlable, pueden ser curadas por medio de irradiación pélvica y paraaórtica.
Cinco ensayos clínicos aleatorios en fase III, han mostrado que existe una
ventaja en cuanto a la supervivencia en general, cuando se emplea una terapia a
base de cisplatino administrada conjuntamente con radioterapia.[2-7] Mientras que
un examen que examinó este mismo régimen, no demostró beneficio alguno.[8] La
población de pacientes en este estudio incluyó a mujeres en etapa de FIGO de IB2
a IVA de cáncer cervical tratado con radioterapia primaria y a mujeres en etapa
de FIGO con enfermedad de I a IIA con un factor pronóstico precario (enfermedad
metastática en los ganglio linfáticos de la pelvis, enfermedad parametrial o
márgenes quirúrgicos positivos) al momento de la cirugía primaria. A pesar de
que los ensayos varían en algo dependiendo de la etapa de la enfermedad, dosis de
la radiación y los horarios de cisplatinos y radiación, todos han mostrado de
manera significativa una marcada ventaja de este enfoque de modalidad combinada.
El riesgo de mortalidad por cáncer cervical disminuyó en un 30% para quedar en
50% mediante el uso concurrente de quimioradiación. Sobre la base de estos
resultados, se debe tomar seriamente en consideración la incorporación del uso de
la quimioterapia a base de cisplatino con quimioterapia de forma concurrente en
aquellas mujeres que requieren de radioterapia para el tratamiento del cáncer
cervical.[2-9]
Opciones de tratamiento estándar:
Radioterapia más quimioterapia:
Radiación intracavitaria e irradiación pélvica de haz externo combinada con
cisplatino o cisplatino/fluoracilo.[2-7]
Bibliografía:
-
Perez CA, Grigsby PW, Nene SM, et al.: Effect of tumor size on the
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alone. Cancer 69(11): 2796-2806, 1992.
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para-aortic lymph nodes: a Gynecologic Oncology Group and Southwest
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chemotherapy compared with pelvic and para-aortic radiation for
high-risk cervical cancer. New England Journal of Medicine 340(15):
1137-1143, 1999.
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Rose PG, Bundy BN, Watkins EB, et al.: Concurrent cisplatin-based
radiotherapy and chemotherapy for locally advanced cervical cancer. New
England Journal of Medicine 340(15): 1144-1153, 1999.
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hysterectomy compared with radiation and adjuvant hysterectomy for bulky
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1154-1161, 1999.
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Peters WA, Liu PY, Barrett RJ, et al.: Concurrent chemotherapy and pelvic
radiation therapy compared with pelvic radiation therapy alone as
adjuvant therapy after radical surgery in high-risk early-stage cancer
of the cervix. Journal of Clinical Oncology 18(8): 1606-1613, 2000.
-
Thomas GM: Improved treatment for cervical cancer - concurrent
chemotherapy and radiotherapy. New England Journal of Medicine 340(15):
1198-1200, 1999.
- Pearcey R, Brundage M, Drouin P, et al.: Phase III trial comparing
radical radiotherapy with and without cisplatin chemotherapy in patients
with advanced squamous cell cancer of the cervix. Journal of Clinical
Oncology 20(4): 966-972, 2002.
- Rose PG, Bundy BN: Chemoradiation for locally advanced cervical cancer:
does it help? Journal of Clinical Oncology 20(4): 891-893, 2002.
No existe tratamiento quimioterapéutico estándar para pacientes con cáncer
cervical en etapa IVB que proporcione paliación substancial. Todas estas
pacientes son candidatas apropiadas para protocolos clínicos que prueban agentes
únicos o quimioterapia de combinación que emplea agentes indicados a continuación
o pruebas clínicas de tratamientos anticancerosos nuevos en fase I
y II.[1]
Opciones de tratamiento estándar:
1. Terapia de irradiación puede emplearse para paliar la enfermedad central o
metástasis distantes.
2. Quimioterapia:
-
Los fármacos probados incluyen:
- cisplatino (tasa de respuesta 15%-25%) [1,2]
- ifosfamida (tasa de respuesta 31%) [3]
- paclitaxel (tasa de respuesta 17%) [4-6]
- ifosfamida-cisplatino [7,8]
- irinotecan (tasa de respuesta de 21% en pacientes previamente tratados
con quimioterapia.[9]
- paclitaxel\cisplatino (tasa de respuesta de 46%) [10]
- cisplatino\gencitabina (tasa de respuesta de 41%) [11]
Bibliografía:
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and cisplatin in patients with advanced, persistent, or recurrent
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No hay tratamiento estándar para el cáncer cervical recurrente que se ha
extendido más allá de los límites de un campo radioterapéutico o quirúrgico.
Todas las pacientes son candidatas apropiadas para pruebas clínicas que evalúan
combinaciones de fármacos o nuevos agentes anticancerosos. En el caso de
enfermedad localmente recurrente, la exenteración pélvica puede conducir a una
tasa de supervivencia de 5 años de un 32%-62% en pacientes selectas.[1,2]
Opciones de tratamiento estándar:
1. En caso de recurrencia pélvica, después de cirugía postradical, radiación en
combinación con quimioterapia (fluorouracilo con o sin mitomicina) puede curar
40%-50% de las pacientes.[3]
2. La quimioterapia puede ser empleada para paliación. Los fármacos probados
incluyen:
- cisplatino (tasa de respuesta de 15%-25%) [4]
- ifosfamida (tasa de respuesta de 15%-30%) [5,6]
- ifosfamida-cisplatino [7,8]
- paclitaxel (tasa de respuesta de 17%) [9]
- irinotecan (tasa de respuesta de 21% en pacientes previamente tratados
con quimioterapia.[10]
- paclitaxel\cisplatino (tasa de respuesta de 46%) [11]
- cisplatino\gencitabina (tasa de respuesta de 41%) [12]
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Date Last Modified: 09/2002
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