
Con frecuencia, la ansiedad se puede presentar en las personas mientras se hacen la prueba de detección del cáncer, cuando reciben un diagnóstico de cáncer o bien durante el tratamiento o la recidiva. A veces puede afectar el comportamiento de las personas en lo referente a su salud, contribuyendo al retraso o descuido de las medidas que pueden prevenir el cáncer. [1] [2] [3] Por ejemplo, cuando las mujeres con índices altos de ansiedad, se enteran de que tienen un grado genéticamente inferior de riesgo de cáncer de mama de lo que habían creído anteriormente, podrían hacerse el autoexamen de mama con más frecuencia. [4] Los pacientes pueden experimentar ansiedad moderada o grave mientras esperan los resultados de las pruebas de diagnóstico. [5] En los pacientes que reciben tratamiento, la ansiedad también puede aumentar la posibilidad de sufrir dolor, [6] [7] [8] otros síntomas de aflicción y trastornos del dormir, y puede ser un factor importante en la anticipación de la náusea y los vómitos. Se ha mostrado que, de dejarse sin tratar, la ansiedad puede conducir a una muerte prematura. [9] La ansiedad, independientemente de su grado, puede reducir de forma considerable la calidad de vida de los pacientes con cáncer y de sus familias; por lo tanto, debe evaluarse y tratarse. [10] [11] [12]
La ansiedad se presenta en grados variables en pacientes con cáncer y puede aumentar con forme la enfermedad evoluciona o el tratamiento se torna más intensivo. [13] Los investigadores han descubierto que el 44% de los pacientes con cáncer han declarado tener alguna ansiedad; de ellos, el 23% declaró tener un grado de ansiedad significativo. [14] [15] La ansiedad puede formar parte de la adaptación normal al cáncer. En la mayoría de los casos, las reacciones se limitan al momento y pueden motivar a los pacientes y sus familias a tomar medidas para reducir la ansiedad (por ejemplo, obtener más información sobre los beneficios), lo cual les puede ayudar a adaptarse a la enfermedad. Sin embargo, las reacciones de ansiedad que se prolongan o son extrañamente intensas se clasifican como trastornos de adaptación. Estos trastornos pueden afectar negativamente la calidad de vida y dificultar la capacidad de un paciente de cáncer para desenvolverse bien en el orden social y emocional, por lo que requieren intervención. [16] (Para mayor información, consultar el sumario del PDQ sobre Adaptación normal y sus trastornos.) Otros trastornos específicos de la ansiedad como la ansiedad generalizada, la fobia, o el trastorno de pánico no suelen ser comunes entre estos pacientes y preceden, por general, al diagnóstico de cáncer. El estrés causado por un diagnóstico de cáncer y su tratamiento puede precipitar una recaída de los trastornos de ansiedad preexistentes. Estos trastornos pueden incapacitar y dificultar el tratamiento, por lo que requieren de un diagnóstico inmediato y un control eficaz. [17]
Los factores que aumentan la probabilidad de incubar trastornos por ansiedad durante el tratamiento de cáncer incluyen los antecedentes de trastornos por ansiedad, dolor intenso, ansiedad al momento del diagnóstico, [18] limitaciones funcionales, carencia de apoyo social, [14] avance de la enfermedad e historial de trauma. [13] [19] Muchas afecciones e intervenciones médicas pueden causar trastornos de ansiedad, incluyendo las metástasis al sistema nervioso central, el cáncer de pulmón y el tratamiento con corticosteroides y otros medicamentos. La experiencia que haya tenido un paciente con el cáncer u otras enfermedades puede reactivar asociaciones y recuerdos de enfermedades anteriores y contribuir a la ansiedad aguda. Ciertos factores demográficos, como el ser mujer y haber padecido de cáncer en una edad temprana, se relacionan con una mayor ansiedad en situaciones médicas. [20] [14] Los pacientes que tienen problemas para comunicarse con sus familias, amigos y médicos también corren un mayor riesgo de padecer de ansiedad. [20]
Con frecuencia vemos que en el paciente con enfermedad avanzada, la ansiedad no la causa el temor a la muerte, sino otras cosas como la falta de un buen control del dolor, el aislamiento, el desamparo y la dependencia. [21] Muchos de estos factores pueden controlarse cuando se evalúan y tratan adecuadamente.
Los pacientes que presentan los siguientes síntomas pueden estar padeciendo un trastorno específico por ansiedad que ya estaba presente antes de que enfermaran con cáncer y que reaparece debido al estrés del diagnóstico y el tratamiento: temor intenso, incapacidad para captar información o incapacidad para cooperar durante los procedimientos médicos. Los síntomas somáticos incluyen disnea, transpiración, mareos y palpitaciones. Los pacientes con cáncer pueden padecer de los siguientes trastornos por ansiedad: trastornos de adaptación, pánico, fobias, trastornos obsesivo-compulsivos, trastornos por estrés postraumático, trastornos por ansiedad generalizada o trastornos por ansiedad causados por otras afecciones médicas generales. Estos pacientes están preocupados por sus síntomas y generalmente no rechazan las intervenciones conductuales y psicofarmacológicas. [1]
Los trastornos de adaptación se diagnostican en pacientes que manifiestan comportamientos de inadaptación o cambios en el estado de ánimo en respuesta a un estresante identificado. Los comportamientos de mala adaptación o cambios en el estado de ánimo incluyen nerviosismo intenso, preocupación, miedo y deficiencia en el funcionamiento normal, como la incapacidad para trabajar, asistir a la escuela, o relacionarse con otros. Estos síntomas son adicionales a las reacciones normales al cáncer y se presentan en un plazo de 6 meses después del incidente estresante; sin embargo, esto puede ser difícil de determinar en los pacientes con cáncer, donde el estresante es un factor constante. Los pacientes diagnosticados con un trastorno de adaptación en general no tienen antecedentes de otros trastornos psiquiátricos. Sin embargo, los pacientes con otros trastornos crónicos, posiblemente hayan tenido problemas anteriores de adaptación en sus vidas, que reaparecerán en el entorno del cáncer. Los trastornos de adaptación son comunes entre los pacientes con cáncer, en particular en momentos críticos como en un examen de diagnóstico, un diagnóstico o una recaída. La mayoría de los pacientes con trastornos de adaptación responden al lenguaje tranquilizador, las técnicas de relajación, dosis bajas de benzodiacepinas de acción corta y programas de apoyo y educación. [2] [3] (Para mayor información consultar el sumario del PDQ sobre Adaptación normal y sus trastornos.)
La ansiedad intensa es el síntoma predominante en los trastornos de pánico, aunque también pueden darse síntomas somáticos graves. Estos síntomas incluyen disnea, mareos, palpitaciones, temblores, diaforesis, náusea, sensaciones de cosquilleo, o temor a volverse loco. Los ataques o períodos discretos de malestar intenso pueden durar varios minutos u horas. Los pacientes con ataques de pánico a menudo comienzan con síntomas que pueden ser difíciles de diferenciar de otros trastornos médicos, aunque si se sabe que el paciente ha tenido antecedentes de trastorno de pánico, esto puede ayudar a clarificar el diagnóstico. El pánico en pacientes con cáncer se controla generalmente con benzodiacepinas y medicamentos antidepresivos. [1]
Las fobias son temores persistentes a objetos o situaciones circunscritas que hacen que la persona los evite. Las personas con fobias experimentan generalmente ansiedad intensa y evitan situaciones que potencialmente les puedan provocar miedo. Las fobias se presentan en los pacientes con cáncer de varias maneras, por ejemplo en forma de temor a ver sangre o lesiones en los tejidos (también conocido como fobia a las agujas) o claustrofobia (por ejemplo, durante una exploración de imaginología por resonancia magnética). Las fobias pueden complicar los procedimientos médicos y dar lugar al rechazo de una intervención médica o a las pruebas necesarias. [1]
Los trastornos obsesivo-compulsivos se caracterizan por pensamientos, ideas o imágenes persistentes (obsesiones) y por acciones repetitivas, que tienen un propósito o intención (compulsiones) que realiza una persona para controlar la intensidad de su aflicción. Para satisfacer los requisitos de diagnóstico de un trastorno obsesivo-compulsivo, los pensamientos obsesivos y los comportamientos compulsivos deben ocupar mucho tiempo en la mente del paciente y crear tal distracción que dificulten la capacidad de la persona para desempeñarse en situaciones laborales, académicas o sociales. Los pacientes de cáncer con antecedentes de trastornos obsesivo-compulsivos pueden comenzar a presentar comportamientos compulsivos como lavarse las manos, revisar todo varias veces o contar, hasta tal punto que no pueden cumplir con el tratamiento. En tales pacientes, la preocupación normal acerca del diagnóstico de cáncer y su pronóstico puede convertirse en síntomas totalmente obsesivo-compulsivos y provocar una grave incapacidad. Los trastornos obsesivo-compulsivos por lo general, se controlan con medicamentos antidepresivos serotonérgicos (inhibidores selectivos de reabsorción de la serotonina y clomipramina) y psicoterapia cognoscitiva-conductual. Este trastorno es poco común en pacientes con cáncer que no tienen antecedentes premórbidos.
El trastorno por estrés o tensión postraumática se diagnostica cuando una persona vuelve a experimentar un suceso traumático con evocaciones, sueños, escenas retrospectivas, o alucinaciones perturbadoras e indeseadas. Aunque la definición de un suceso traumático se centra en las experiencias humanas fuera de la gama de lo normal (por ejemplo, combates militares, torturas y desastres naturales), el diagnóstico de una enfermedad potencialmente mortal cumple ahora los requisitos para ser considerada un factor estresante traumático. [4] Además, la experiencia de una hospitalización o un tratamiento doloroso también puede reactivar recuerdos traumáticos. Los pacientes con cáncer que presentan trastornos por estrés postraumático pueden tornarse muy ansiosos antes de la cirugía, la quimioterapia, los procedimientos médicos dolorosos o los cambios de vendajes. Los medicamentos ansiolíticos administrados en preparación para el tratamiento pueden fomentar la adaptación y reducir la angustia. Sin embargo, no existen medicamentos que hayan mostrado de forma sistemática, ser los más eficaces, ni que se hayan estudiado en otras poblaciones de pacientes con trastornos por estrés postraumático. La psicoterapia sigue siendo el tratamiento preferido. (Para mayor información, consultar la sección sobre las Consideraciones postratamiento y el sumario del PDQ sobre el Trastorno por tensión postraumática.)
Los trastornos por ansiedad generalizada se caracterizan por una ansiedad continua, poco realista y excesiva, y preocupación acerca de dos o más aspectos de la vida. Algunos ejemplos son los temores del paciente de que nadie los cuidará, a pesar de contar con apoyo social adecuado, y el temor de agotar sus ahorros, aunque tienen seguro y cobertura financiera adecuada. Con frecuencia, un trastorno por ansiedad generalizada viene precedido de un episodio de depresión grave. Los trastornos por ansiedad generalizada se caracterizan por tensión motriz (excitación, tensión muscular y fatiga), hiperactividad autonómica (disnea, palpitaciones del corazón, transpiración y mareos) o vigilancia durante las exploraciones (sentimientos de nerviosismo e irritabilidad, y sobresaltos exagerados).
| Problema médico | Ejemplos |
|---|---|
| Dolor mal controlado | Medicamentos para el dolor que no resultan suficientes o no se administran cuando se necesitan. |
| Estados metabólicos anormales | Hipoxia, embolia pulmonar, sepsis, delirio, hipoglucemia, hemorragia, oclusión coronaria, o insuficiencia cardiaca. |
| Tumores secretores de hormonas | Feocromocitoma, adenoma o carcinoma tiroideo, adenoma paratiroideo, tumores que producen corticotropina e insulinoma. |
| Medicamentos generadores de ansiedad | Corticosteroides, neurolépticos usados como antieméticos, tiroxina, broncodilatadores, estimulantes beta-adrenérgicos, antihistamínicos y benzodiacepinas (a menudo se ven reacciones paradójicas en personas mayores de edad). |
| Enfermedades generadoras de ansiedad | Síndrome de abstinencia de sustancias (por ejemplo, alcohol, opioides o sedantes-hipnóticos). |
| *Adaptado de Massie. [5] | |
Las causas de ansiedad en los pacientes de cáncer pueden incluir otros factores médicos como dolor incontrolado, estados metabólicos anormales (por ejemplo, hipercalcemia o hipoglucemia) y tumores productores de hormonas. Los pacientes con dolor fuerte están ansiosos e inquietos, y la ansiedad puede potenciar el dolor. Para controlar adecuadamente el dolor, se debe tratar la ansiedad del paciente. [6] [7]
Un ataque agudo por ansiedad puede ser precursor de un cambio en el estado metabólico o de otro imprevisto médico inminente como un infarto miocárdico, una infección o una neumonía. La sepsis y las anomalías de los electrólitos también pueden causar síntomas de ansiedad. La ansiedad súbita con dolor en el tórax o dificultad respiratoria puede ser un indicador de embolismo pulmonar. Los pacientes hipóxicos pueden presentar ansiedad, al tener miedo de que se estén asfixiando.
Muchos medicamentos pueden precipitar la ansiedad en las personas enfermas. Por ejemplo, los corticosteroides pueden producir excitación motriz, nerviosismo y manía, así como depresión e ideas de suicidio. Los broncodilatadores y estimulantes de los receptores B-adrenérgicos empleados para tratar enfermedades respiratorias crónicas pueden causar ansiedad, irritabilidad y temblores. La acatisia, excitación motriz acompañada de sentimientos subjetivos de angustia, es un efecto secundario de los medicamentos neurolépticos, que se emplean generalmente para controlar la emesis. El síndrome de abstinencia de opioides, benzodiacepinas, barbitúricos, nicotina y alcohol puede dar lugar a ansiedad, nerviosismo y comportamientos que pueden ser problemáticos para el paciente que está en tratamiento activo.
Los tumores localizados en ciertos sitios pueden producir síntomas que se asemejan a los trastornos por ansiedad. Los feocromocitomas y los microadenomas pituitarios pueden manifestarse como episodios de pánico y ansiedad. [8] Los cánceres pancreáticos que no secretan hormonas pueden causar síntomas de ansiedad. Los tumores primarios del pulmón y las metástasis al pulmón a menudo podrían causar disnea, que puede provocar ansiedad.
El tratamiento eficaz de los trastornos por ansiedad empieza con una evaluación minuciosa e integral y un diagnóstico exacto. Los temores e incertidumbres normales asociadas con el cáncer son a menudo intensos. Por lo tanto, con frecuencia, no hay una distinción clara entre temores normales y aquellos que son más intensos y que cumplen con los requisitos para ser considerados trastornos por ansiedad. [1] Debe iniciarse un tratamiento que no se base exclusivamente en la definición del trastorno, sino que tome en consideración la calidad de vida del paciente. Para evaluar la gravedad de la ansiedad, es importante comprender el grado en que los síntomas de ansiedad están interfiriendo con las actividades cotidianas. Los exámenes de detección de la ansiedad podrían incluir un breve cuestionario que incluya un autoinforme en el que si se excede un límite previamente definido de puntuación, entonces podría dársele seguimiento con una entrevista clínica más completa. En la identificación de la angustia, se ha utilizado una gran variedad de cuestionarios de detección generalizados. También se han utilizado otros cuestionarios de autoinformes específicos a la ansiedad (por ejemplo, el State-Trait Anxiety Inventory) y se ha desarrollado y validado un cuestionario para la evaluación de la ansiedad relacionada con el cáncer de próstata. [2] [3] [4]
Lo siguiente es una lista de preguntas que pueden utilizarse durante el diálogo con el paciente para explorar sus síntomas de ansiedad y otros trastornos. Dependiendo de la respuesta del paciente, este puede ser referido al especialista pertinente.
Cuando la ansiedad es coyuntural (es decir, producida por dolor, otra afección médica subyacente, un tumor que secreta hormonas, o un efecto secundario de la medicación), el tratamiento inmediato de la causa conduce generalmente a un rápido control de los síntomas. [1] Algunas estrategias eficaces para hacer frente a la situación incluyen el animar a los pacientes temerosos de afrontar el problema directamente, a tratar de ver la situación como un problema a resolver o como un reto, a tratar de obtener información completa, a tratar de ser flexibles (tomando las cosas como vienen), a pensar en sucesos importantes como una serie de tareas que se deben realizar paso por paso, y a promover el uso de recursos y apoyo. [2]
El manejo inicial de la ansiedad implica promover información y apoyo adecuado al paciente. Los síntomas iniciales que demandan una consulta psicológica o psiquiátrica se deben comunicar primero al cirujano u oncólogo primario. [3] Los enfoques psicológicos consisten de combinaciones de técnicas terapéuticas cognoscitivas-conductuales, psicoterapia, intervención en crisis, terapia para la pareja y la familia, terapia de grupo, grupos de autoayuda [4] e intervenciones conductuales. Los enfoques conductuales (hipnosis, meditación, relajación progresiva, imágenes guiadas y biorretroalimentación) pueden emplearse para tratar los síntomas de ansiedad relacionados con procedimientos dolorosos, síndromes de dolor, situaciones de crisis, temores anticipados y síndromes depresivos. La combinación de enfoques diferentes puede resultar beneficiosa para algunos pacientes. Un estudio examinó la utilidad de una intervención integral que combinó estrategias positivas para hacer frente a las situaciones con base en la terapia de comportamiento cognoscitivo (por ejemplo, aplacar los pensamientos que perturban o relajación) junto con la educación sobre la enfermedad, tratamiento y efectos secundarios potenciales en 509 supervivientes de cáncer de mama sin recurrencia el estudio se llevó a cabo entre los 5 y 9 años después del tratamiento. [5] Los hallazgos de este estudio indican que las mujeres en el grupo de intervención (n = 244) usaron de manera regular los componentes de la intervención para lidiar con las causas del temor a la recurrencia del cáncer de seno y los efectos secundarios a largo plazo del tratamiento. La mayoría de las mujeres en el grupo de intervención encontró que las estrategias fueron muy útiles. [5] Pruebas preliminares indican que existen diferencias raciales en el uso y beneficio de estrategias específicas para hacer frente a una situación (por ejemplo, las estrategias religiosas como el rezar y la fe son utilizadas mayormente por las mujeres afroamericanas y proveen un mayor beneficio a estas mujeres). [5] [6]
| Medicamento equivalente | Dosis oral aproximada (mg) | Dosis inicial (mg) | Semivida de eliminación del metabolito (hr) |
|---|---|---|---|
| De acción corta | |||
| Alprazolam (Xanax) | 0,5 | 0,25–2,0 tid-qid | 10–15 |
| Oxazepam (Serax) | 10,5 | 10–15 tid-qid | 5–15 |
| Lorazepam (Ativan) | 1,0 | 0,5–2,0 tid-qid | 10–20 |
| Temazepam (Restoril) | 15,0 | 15–30 a la hora de acostarse | 10–15 |
| Acción Intermedia | |||
| Clordiazepóxido (Librium) | 10,0 | 10–50 tid-qid | 10–40 |
| De acción prolongada | |||
| Alprazolam (Xanax XR) | 1,0 | 1–6 qd | 10–15 |
| Diazepam (Valium) | 5,0 | 5–10 bid-qid | 20–100 |
| Clorazepate (Tranxene) | 7,5 | 7,5–15,0 bid | 30–200 |
| Clonazepam (Klonopin) | 1,0 | 0,5–2,0 bid-qid | 19–50 |
| tid = 3 veces al día; qid = 4 veces al día; qd = una vez al día; bid = dos veces al día. | |||
| *Adaptado de Breitbart W: Management of specific symptoms. In Holland JC, Breitbart W, Jacobsen PB, et al., eds.: Psycho-oncology. New York, NY: Oxford University Press, 1998, 439. | |||
| †Para información sobre la dosificación de los antidepresivos empleados en la ansiedad según se describe en este sumario, consultar el sumario de PDQ sobre la Depresión. | |||
A menudo se necesita un ansiolítico solo o en combinación con los enfoques psicológicos. La elección de una benzodiacepina depende de la duración de la acción que más convenga al paciente, la rapidez del inicio de acción necesaria, la ruta de administración disponible, la presencia o ausencia de metabolitos activos y los problemas metabólicos. El programa de dosificación depende de la tolerancia del paciente y requiere titulación individual. Las benzodiacepinas de acción corta (alprazolam y lorazepam) se dan tres o cuatro veces al día. Las benzodiacepinas de acción corta, en particular aquellas que pueden ser administradas por rutas múltiples (lorazepam y diazepam) son eficaces en pacientes con un alto grado de angustia. Las benzodiacepinas reducen la ansiedad diurna y el insomnio. (Para mayor información, consultar el sumario del PDQ sobre Trastornos del sueño.) Los efectos secundarios más comunes de las benzodiacepinas dependen de la dosis y se controlan mediante su titulación para evitar la somnolencia, la confusión, la falta de coordinación motriz y la sedación. La buspirona es útil en pacientes sin tratamiento previo con benzodiacepina y en aquellos que podrían abusar de las benzodiacepinas (por ejemplo, los que tienen antecedentes de abuso de sustancias ilícitas o alcoholismo). La buspirona, una nonbenzodiazepina, es también útil en la población geriátrica como un coadyuvante de la fluoxetina para el tratamiento de la ansiedad y la depresión. La dosis inicial es 5 mg tres veces al día y puede aumentarse a 15 mg tres veces al día, aunque también puede darse dos veces al día. Las dosis bajas de neurolépticos (por ejemplo, 10 mg de tioridazina tres veces al día) también se emplean en el tratamiento de la ansiedad grave cuando una dosis adecuada de una benzodiacepina no da resultado o si se espera que el paciente responda mal a las benzodiacepinas (por ejemplo, pacientes con metástasis cerebrales). También pueden emplearse dosis bajas de neurolépticos cuando las benzodiacepinas no dan resultado o cuando existe la posibilidad de delirio, demencia u otras complicaciones. En los casos de síntomas de ansiedad de otro origen médico, el mejor tratamiento es eliminar la causa física, de ser posible. En caso contrario, puede usarse una benzodiacepina (lorazepam o clonazepam), un neuroléptico (tioridazina o haloperidol) o una combinación de estas clases de medicamentos. Se tienen conocimientos anecdóticos de que los médicos han recetado antipsicóticos atípicos en dosis bajas como la olanzapina, 2,5 mg dos veces al día o risperidona, 1 mg dos veces al día. Aunque no se han realizado estudios al respecto, estos medicamentos alivian la ansiedad y se les relaciona con menos acatisia.
Todas las benzodiacepinas pueden causar cierto grado de depresión respiratoria, aunque en general esta es mínima en pacientes sin tratamiento previo con benzodiacepinas. Las bezodiacepinas deben emplearse con cautela (o evitarse) en caso de deficiencias respiratorias. Siempre que se administren sedantes a pacientes que tienen una función respiratoria dudosa, deben tomarse las precauciones de lugar. Es importante evaluar constantemente a estos pacientes. En tales situaciones, pueden emplearse con inocuidad utilizando dosis bajas del antihistamínico hidroxizina (25 mg, dos o tres veces al día). En pacientes con disfunción hepática, es mejor emplear benzodiacepinas de acción corta que se metabolizan principalmente mediante conjugación y se excretan por el riñón (por ejemplo, oxazepam, temazepam, o lorazepam). Otra ventaja de usar lorazepam es su falta de metabolitos activos. Por el contrario, se debe seleccionar otras benzodiacepinas para casos de insuficiencia renal.
Los pacientes de cáncer a menudo presentan síntomas tanto de ansiedad como de depresión causados por estresantes relacionados con el tratamiento del cáncer. Estos síntomas de angustia a menudo se resuelven con apoyo psicológico por sí solos. Sin embargo, si los síntomas son manifestaciones de un trastorno depresivo, se logra un manejo farmacológico mejor con antidepresivos con propiedades sedantes (es decir, amitriptilina o doxepina) o con un inhibidor de la reabsorción de la serotonina. [7] Un metaanálisis de ensayos clínicos con antidepresivos pediátricos [8] [8] encontró que los antidepresivos resultaron eficaces en comparación con el placebo en el tratamiento de los trastornos por ansiedad, con los efectos más fuertes en los trastornos que no eran obsesivos compulsivos (OCD, por sus siglas en inglés) trastornos por ansiedad (i.e., trastornos por ansiedad generalizada o trastornos por ansiedad social) y efectos intermedios en OCD. (Ver el sumario del PDQ sobre la Depresión el cual elabora sobre el riesgo de ideas suicidas e intentos de suicidio relacionados con el uso de antidepresivos.)
Generalmente, la acatisia puede controlarse rápidamente suspendiendo o cambiando el medicamento ofensor (si fuera posible) o agregando una benzodiacepina o un bloqueante beta como el propranolol. El tratamiento del síndrome de abstinencia depende del fármaco específico. A veces la meta es estabilizar al paciente con un fármaco (por ejemplo, una benzodiacepina) y a veces puede darse un sustituto apropiado (es decir, una benzodiacepina por etanol).
En general, el paciente de cáncer debe ser alentado a tomar las cantidades suficientes de medicinas para aliviar la ansiedad. Los medicamentos se reducen y se descontinúan fácilmente cuando los síntomas ceden. Las inquietudes sobre la adicción en los pacientes de cáncer tienden a ser exageradas y a menudo dificultan el alivio adecuado de los síntomas.
Consultar la lista del NCI de ensayos clínicos sobre cuidados médicos de apoyo y paliativos que se realizan en los Estados Unidos para anxiety disorder y que actualmente aceptan participantes. La lista de ensayos se puede reducir aun más por la ubicación donde se realizan, el medicamento que se utiliza, el tipo de intervención y otros criterios. Nota: los resultados obtenidos solo estarán disponibles en inglés.
Asimismo, se dispone de información general sobre ensayos clínicos en el portal de Internet del NCI.
Después del tratamiento, los pacientes confrontan varios problemas relacionados con la supervivencia del cáncer. Entre los problemas característicos se incluyen los temores al seguimiento médico y a la repetición de las pruebas de diagnóstico. El temor de recidiva es también una inquietud constante que disminuye con el transcurso del tiempo. Varios temas específicos pueden ser fuentes de ansiedad. Los temores relacionados con el regreso al trabajo, como hablar sobre el tratamiento con los empleados, los problemas e inquietudes relacionados con el seguro médico y las preocupaciones sobre la discriminación, pueden causar angustia. El temor a los exámenes, al seguimiento y al riesgo de segundas neoplasias malignas son amenazas físicas constantes que vienen acompañadas de ansiedad en ciertos subgrupos de pacientes. Los cambios de la imagen corporal, la disfunción sexual y los asuntos reproductivos también pueden causar ansiedad. Se ha diagnosticado trastornos por estrés postraumático en cerca de 3% a 5% de los pacientes que sobreviven al cáncer y sus efectos, según el sitio y la intensidad del tratamiento. En un estudio realizado en mujeres que tomaban tamoxifeno para el cáncer del seno, los rasgos de ansiedad presentados estaban relacionados con una tasa alta de abandono de la terapia con tamoxifeno debido a una mayor incidencia de efectos secundarios psicológicos adversos. [1] (Para mayor información, consultar el sumario del PDQ sobre Trastornos por tensión postraumática.) Los programas de supervivencia y los recursos, como la orientación en grupos e individual, pueden ayudar a facilitar la adaptación y a calmar inquietudes específicas. (Para mayor información, consultar el sumario del PDQ sobre Planificación del cuidado de transición.)
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National Cancer Institute: PDQ® Trastorno por ansiedad. Bethesda, MD: National Cancer Institute. Última actualización: <MM/DD/YYYY>. Disponible en: http://cancer.gov/espanol/pdq/cuidados-medicos-apoyo/ansiedad/HealthProfessional. Fecha de acceso: <MM/DD/YYYY>.
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